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Luxemburgo: donde lujo y paisajes medievales se funden
Escribe: Divagante
Un país que presume de hablar tres idiomas, tener la red de transporte más eficiente , levantar la primera institución de la Unión Europea y ser el más próspero del planeta en renta per cápita no promete un safari lleno de aventuras, pero de seguro podrás disfrutar de todas las comodidades y lujos que quieras, eso si tienes una billetera abultada o bien una bicicleta y tu mochila y carpa también puedes pasarlo en grande. Descubre esta tierra llena de castillos y pequeños pueblos medievales.
Luxemburgo: donde lujo y paisajes medievales se funden
Luxemburgo — martes, 28 de septiembre de 2004
Debido a su tamaño y la importancia de sus vecinos, Luxemburgo es más conocido por su papel en el mundo de la economía y las finanzas que por sus atractivos turísticos.
Este pequeño estado posee paisajes sumamente agradables. La parte más interesante es la que corresponde a las Ardenas, situada al norte a una altura media de 500 metros, que está poblada de tupidos bosques y verdes colinas.
El sur es una meseta baja y despejada. En el interior del país encontramos valles cubiertos de colinas en cuyas crestas, dominando el entorno, abundan los castillos.
Originariamente la historia de este territorio estuvo íntimamente ligada a la de los países vecinos. Comienza a tener historia por sí mismo cuando, en el siglo X se convierte en un condado perteneciente al Sacro Imperio Romano-Germánico. El emperador Carlos IV lo cedió a su hermano Wenceslao después de convertirlo en ducado. En 1555, con la conquista de los Países Bajos, pasó a convertirse en territorio de la Corona española para posteriormente, en 1714, pasar a manos de Austria como consecuencia del Tratado de Rastadt.
El país recobró su estatuto nobiliario en el Congreso de Viena, que le reconoció con el título de Gran Ducado. Sin embargo, pese a ello como territorio seguía estando sometido. En 1830 el país se sublevó contra Guillermo I, rey de los Países Bajos, consiguiendo su plena independencia mediante el Tratado de Londres de 1867. En 1890 el ducado pasó a la familia de Nassau.
En 1922, tras la Primera Guerra Mundial en la que fue invadido por los alemanes, el ducado firmó un pacto económico con Bélgica por el cual estrechaba los lazos con su país vecino. Durante la Segunda Guerra Mundial fue de nuevo invadido por las tropas alemanas y posteriormente liberado por los aliados en 1944.
En 1961 junto con Bélgica y Holanda creó el Benelux, el primer mercado de libre paso de mercancías del mundo.
Luxemburgo forma parte de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica.
¿Problemas? ¿Qué es eso?
Cinco minutos esperando las maletas en el aeropuerto de Luxemburgo son suficientes para que toda su esencia se pasee por los pasillos. Ejecutivos con maletines de la Unión Europea que se van de fin de semana, familias portuguesas que regresan al trabajo y luxemburgueses que vuelan a los estados vecinos. Tres tipos que engloban las estadísticas de un diminuto país –82 kilómetros separan el norte del sur– en el que todo está medido.
Este gran ducado da de comer a 80.000 inmigrantes –portugueses e italianos, fundamentalmente– y presume de ser el más rico del planeta. La prosperidad le viene de los años 70 cuando, después de la crisis de la siderurgia, asentada en la región de Les Terres Rouges, en la frontera con Francia, algún político inteligente pensó que era el momento de atraer a la banca. Esas concesiones, que entonces convencieron al sector financiero, hicieron posible que hoy haya 216 bancos. Una situación que las guías turísticas describen como paraíso fiscal y que, en el día a día, se traduce en un envidiable pleno empleo (sólo 6.000 de los 420.000 habitantes están en paro). Esta inusual bonanza puede ser una buena razón para conocer el más grande de los pequeños estados europeos. Aquí no hay, salvo en el cinturón industrial del sur, barrios deprimidos. Lo único gris es el cielo –llueve hasta mayo– y las calles, casi siempre tan solitarias como las belgas.
Su historia se ha construido a golpe de guerras. Borgoñones, franceses, españoles, austriacos y prusianos dominaron y lucharon en estas tierras desde el siglo X. Hoy, ese crisol de culturas y batallas ha cambiado por otro mucho más pacífico. Su situación geográfica, entre Francia, Bélgica y Alemania, ha conseguido dotar al país de tres idiomas oficiales aunque, curiosamente, el luxemburgués sólo lo hablan. Ni siquiera hay prensa en esta lengua, y las primeras novelas se publicaron en 1980. Tampoco hay que molestarse en cambiar moneda si se llega a Luxemburgo desde estos países: la ecuación mental es rapidísima para los empleados de cualquier comercio, hotel o restaurante. Aquí casi todos los visitantes llegan en coche, durante el viaje de rigor por los Países Bajos. Luxemburgo nunca ha sido un destino único.
El país está dividido en cinco regiones. Al sur, Les Terres Rouges, que reciben su nombre de la piedra rojiza que salpica el paisaje. Es zona de minas, aunque poco queda ya del esplendor que conoció a principios de siglo, después de sufrir hace ya casi 30 años una crisis que la condenó a un segundo plano entre los principales sectores económicos. Aun así, quedan para el viajero muestras de esta riqueza en forma de museos en los que explorar antiguas minas, pueblos industriales del siglo pasado y huellas de celtas, romanos y señores feudales.
Cultura
El pequeño ducado de Luxemburgo, por su situación entre naciones con más peso específico, se ha visto notablemente influida por ellas. Los elementos artísticos más interesantes los encontramos en la propia capital, Luxemburgo, donde aparece una extraordinaria arquitectura militar en su fortín, buenos ejemplos de arquitectura civil en muchas de sus viejas mansiones y el Palacio Ducal. Pero tal vez el mejor ejemplo de la influencia artística que ha sufrido esté en la catedral que recoge diferentes estilos.
El Museo Nacional es, tal vez, el mejor lugar para conocer el desarrollo artístico del ducado, ya que aquí se exponen descubrimientos arqueológicos romanos, esculturas medievales, maquetas de mansiones, modelos de fortificaciones de la ciudad, pinturas, etc.
En la ciudad medieval de Clervaux se encuentra la que se ha denominado «mayor colección fotográfica de todos los tiempos» fruto del ambicioso proyecto de un luxemburgués, Edward J. Steichen, que a mediados de los cincuenta se propuso conseguir una exhibición fotográfica que hiciera tomar al hombre conciencia de sí mismo. «The family of Man» es el resultado.
Luxemburgo
La ciudad de Luxemburgo está estratégicamente protegida por las profundas hoces que forman los ríos Alzette y Pétrusse. Fue originariamente un fortín defensivo que, más tarde se convirtió en ciudad. La parte más antigua es la que ofrece los puntos más interesantes para el visitante. Esta zona histórica se aglutina, a través de calles estructuradas en cuadrícula, en torno a las plazas d'Armes y Guillaume II. La primera se encuentra rodeada de cafés y restaurantes, la segunda alberga el principal mercado de la ciudad y en su derredor se sitúan los principales edificios administrativos del ducado. La catedral de Notre-Dame se encuentra en uno de sus flancos. Esta construcción fue levantada entre 1613 y 1618 y alberga numerosos estilos, desde el gótico al renacentista, su principal elemento distintivo es su esbelta aguja negra.
El Palacio Grand-Ducal es otro de los edificios emblemáticos que encontramos en la población. Inicialmente era el ayuntamiento de la ciudad, pero la familia real de Luxemburgo lo convirtió, en el siglo XIX, en su residencia oficial.
Los otros puntos interesantes de la ciudad son el Museo Nacional, formado por varias mansiones antiguas reformadas; el museo Pescatore y el Centro Europeo. Mención aparte merece la visita del recinto amurallado formado por las antiguas defensas: el fuerte Rocher de Bock. Este bastión, que aprovecha la abrupta orografía del terreno, todavía permite una magnífica visión de su carácter inexpugnable. Las fortificaciones más grandes y más interesantes son las casamatas del Bock y, pasado el arco que describe el río en su recorrido, las casamatas de la Pétrusse excavadas por los españoles en 1674.
Le Coeur du Bon Pays es la región que acoge la capital de Luxemburgo, con tres ejes bien diferenciados. Por un lado la gran explanada, a las afueras, donde se levantan las sedes de las instituciones europeas –en esta ciudad nació la CECA y desde entonces ha sido el perfecto territorio neutral para el crecimiento de la UE–. Por otro, el llamado Plateau de Kirchberg, una zona residencial de principios de siglo cuyas mansiones son hoy sedes bancarias. Y por último el casco antiguo, escondido tras la fortaleza diseñada por los monarcas españoles –de Carlos V a Felipe IV– en los siglos XVI y XVII.
Éstos no hicieron más que continuar la obra que el conde de las Ardenas comenzó en el año 963, ayudado por el promontorio rocoso donde se asienta la capital. Así recibe al viajero la ciudad, con murallas de 23 kilómetros de galerías subterráneas y un enorme puente construido por los prusianos para proteger la fortaleza. El clima juega un papel fundamental en una primera visita, porque en los días de lluvia no asoma ni un hilo de luz, y hasta los colores pastel de las casas se confunden con el gris. Pero la tranquilidad de las calles –silenciosas y limpísimas– y las afiladas agujas de las iglesias valonas hacen de ella una hermosa ciudad, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1994.
El centro forma una pequeña almendra que se reparte entre el Palacio Gran Ducal, la Catedral de Notre-Dame, las sedes administrativas, la zona comercial y algunas plazas como la de Guillermo II, donde se celebra el mercado todos los miércoles y sábados. También está lleno de brasseries, aunque para verlas en su punto hay que esperar hasta media tarde, la hora de la cerveza. Los locales de copas se concentran en el barrio de la estación: sólo abren hasta la una de la madrugada, después hay que coger un taxi hasta alguna discoteca de las afueras. Y no hay jóvenes en edad universitaria, por lo que el público nocturno no supera los 20 años. Pero en verano, con el sol, la cosa cambia: las calles se llenan de terrazas y los luxemburgueses alargan las horas de calle.
Exposiciones
Sin duda la más interesante del Gran Ducado es la muestra permanente de fotografía situada en el castillo de Clerveaux y titulada The family of man. Un proyecto diseñado por el fotógrafo estadounidense de origen luxemburgués Edward J. Steichen basado en la dignidad humana e inaugurado en 1955 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Las imágenes están firmadas por fotógrafos como Cartier-Bresson y repasan, a través de un inteligente montaje, todos los aspectos de la vida del hombre. En la capital hay que visitar el Museo de Historia de la Ciudad, no tanto por su contenido como por el edificio, una perfecta combinación de piedra, madera y cristal que ocupa un antiguo convento. En primavera, el bar del museo monta una terraza en la muralla muy recomendable para un descanso.
La Pequeña Suiza
Además de la propia ciudad de Luxemburgo, una de las zonas más interesantes de este pequeño país se encuentra en la zona centro-oriental, entre Echternach y la población de Diekirch, y se la conoce como «la Pequeña Suiza». Este enclave está salpicado de pueblecitos de ambiente medieval, magníficos paisajes, antiguas ruinas y castillos románticos situados en lo alto de las colinas. La propia población de Echternach, la pintoresca villa de Vianden y la ciudad cervecera de Diekirch completan el recorrido básico por el Gran Ducado.
Müllerthal
La región de Müllerthal tiene en Echternach, ciudad fundada en el siglo VII, su principal atractivo. Merece la pena conocerla antes de llegar a las Ardenas, el pulmón verde del país, una tierra devastada en la Segunda Guerra Mundial y salvada para los aliados por el ejército americano. Extensos bosques, un paisaje de colinas suaves y tierras cultivadas y, entre ellos, pueblos medievales –como Vianden o Clerveaux– con castillos y abadías perfectamente conservados y recuperados para el incipiente turismo y, sobre todo, para alimentar y salvaguardar el folclore y la identidad luxemburguesa. Aquí pervive la antigua esencia de este territorio neutral en el corazón de Europa.
Los viñedos
Los romanos inauguraron otra de las riquezas de Luxemburgo, esta vez en la frontera con Alemania. Comenzaron a cultivar viñedos en la fértil región de La Moselle, atravesada por el río del mismo nombre. Desde entonces, los luxemburgueses están orgullosos de sus vinos blancos, afrutados y jóvenes, como se puede comprobar en las degustaciones de las numerosas bodegas que se reparten por estos pequeños pueblos.
Tanto les gusta esta zona que ven en ella uno de los grandes reclamos turísticos y, para mostrarla, un barco de recreo recorre el río y sus cultivos desde 1966.
Para andar en bicicleta
El turismo activo en el país tiene un nombre propio: la bicicleta. Existen en todo el territorio numerosos lugares donde es fácil alquilarlas y su red viaria está perfectamente adaptada a esta modalidad de transporte. Respecto a otras modalidades deportivas relacionadas con el turismo tal vez se deba destacar el trekking, que sobre todo en la zona norte, es muy agradecido por los paisajes que se pueden contemplar.
Gastronomía
La gastronomía luxemburguesa, a diferencia que su vecina Bélgica, es más germana en su condimentación y menos variada en sus platos. Pese a ello se puede comer muy bien en el ducado donde se encuentran todo tipo de restaurantes. Las truchas, el pastel de carne o el cochinillo son algunos de sus elementos gastronómicos más característicos.
Uno de los productos que el viajero no debe pasar sin probar son los buenos vinos blancos de la región del Mosela.
La guía
* Alojamiento
La oferta hotelera no es muy amplia, aunque suficiente teniendo en cuenta la extensión del Gran Ducado. Al lado del aeropuerto se encuentra el funcional Hotel Ibis (43 88 01), a siete kilómetros de la capital. En el barrio de la estación, en una construcción de mediados de siglo, se levanta el Hotel Carlton (29 96 60), y en el valle de la Petrusse está el tranquilo Le Chatelet (40 21 01). Por otro lado, en las principales ciudades hay albergues de juventud que pertenecen a la red oficial y numerosas casas rurales que se convierten en la mejor opción para quienes viajan en coche por las cinco regiones de Luxemburgo. Los hoteles de las ciudades turísticas de las Ardenas tienen más encanto, y suelen ocupar edificios de arquitectura tradicional.
* Clima
El clima del país es templado y húmedo con veranos frescos. Los inviernos son más benignos en el sur y fríos y con nieve en la zona norte, en las estribaciones de las Ardenas.
* Moneda
El 1 de enero del 2002 entraron en circulación las monedas y billetes en euros en Luxemburgo, tal y como sucedió en otros 11 países europeos.
No existe problema alguno para pagar con tarjetas de crédito ya que son comúnmente aceptadas.
Luxemburgo está considerado como un paraíso fiscal y numerosas empresas tienen su sede oficial en el país.
* Transporte
Dadas las escasas dimensiones territoriales del país el mejor sistema para desplazarse por él y poder acceder a todos sus puntos interesantes es en coche.
Para los que no dispongan de este medio de locomoción está el tren, cuya vía principal discurre de norte a sur y pasa por la capital, pero carece de ramificaciones que permitan el acceso hasta las pequeñas poblaciones. Para ello hay que tomar los autobuses que tienen una excelente cobertura.
Una buena manera de recorrer el país es en bicicleta ya que existen muchas facilidades para este medio de transporte y pueden alquilarse en todo el país. Para los interesados hay que indicar que existen guías, que facilita la propia oficina de turismo luxemburguesa, sobre las diferentes rutas que se pueden realizar.
* Souvenirs
Luxemburgo no es un lugar especialmente indicado para las compras, no es una ciudad barata y tampoco posee productos típicos o característicos que merezcan la pena. Pese a todo, sobre todo en el centro de la ciudad se encuentran pequeñas tiendas en las que se pueden encontrar oportunidades interesantes.
Las porcelanas, los objetos de hierro forjado y la cerámica son posiblemente las mejores opciones. En algunas poblaciones pequeñas del territorio se pueden encontrar mejores oportunidades. El viaje es una buena excusa para comprar alguna botella del vino blanco de las Ardenas.
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publicado el 24/oct/2008, 17.45 |
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