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Luxemburgo: donde lujo y paisajes medievales se funden

Escribe: Divagante
Un país que presume de hablar tres idiomas, tener la red de transporte más eficiente , levantar la primera institución de la Unión Europea y ser el más próspero del planeta en renta per cápita no promete un safari lleno de aventuras, pero de seguro podrás disfrutar de todas las comodidades y lujos que quieras, eso si tienes una billetera abultada o bien una bicicleta y tu mochila y carpa también puedes pasarlo en grande. Descubre esta tierra llena de castillos y pequeños pueblos medievales.

 

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Luxemburgo

Luxembourg, Luxemburgo — jueves, 18 de febrero de 2010

La ciudad de Luxemburgo está estratégicamente protegida por las profundas hoces que forman los ríos Alzette y Pétrusse. Fue originariamente un fortín defensivo que, más tarde se convirtió en ciudad. La parte más antigua es la que ofrece los puntos más interesantes para el visitante. Esta zona histórica se aglutina, a través de calles estructuradas en cuadrícula, en torno a las plazas d'Armes y Guillaume II. La primera se encuentra rodeada de cafés y restaurantes, la segunda alberga el principal mercado de la ciudad y en su derredor se sitúan los principales edificios administrativos del ducado. La catedral de Notre-Dame se encuentra en uno de sus flancos. Esta construcción fue levantada entre 1613 y 1618 y alberga numerosos estilos, desde el gótico al renacentista, su principal elemento distintivo es su esbelta aguja negra.

El Palacio Grand-Ducal es otro de los edificios emblemáticos que encontramos en la población. Inicialmente era el ayuntamiento de la ciudad, pero la familia real de Luxemburgo lo convirtió, en el siglo XIX, en su residencia oficial.

Los otros puntos interesantes de la ciudad son el Museo Nacional, formado por varias mansiones antiguas reformadas; el museo Pescatore y el Centro Europeo. Mención aparte merece la visita del recinto amurallado formado por las antiguas defensas: el fuerte Rocher de Bock. Este bastión, que aprovecha la abrupta orografía del terreno, todavía permite una magnífica visión de su carácter inexpugnable. Las fortificaciones más grandes y más interesantes son las casamatas del Bock y, pasado el arco que describe el río en su recorrido, las casamatas de la Pétrusse excavadas por los españoles en 1674.

Le Coeur du Bon Pays es la región que acoge la capital de Luxemburgo, con tres ejes bien diferenciados. Por un lado la gran explanada, a las afueras, donde se levantan las sedes de las instituciones europeas -en esta ciudad nació la CECA y desde entonces ha sido el perfecto territorio neutral para el crecimiento de la UE-. Por otro, el llamado Plateau de Kirchberg, una zona residencial de principios de siglo cuyas mansiones son hoy sedes bancarias. Y por último el casco antiguo, escondido tras la fortaleza diseñada por los monarcas españoles -de Carlos V a Felipe IV- en los siglos XVI y XVII.

Éstos no hicieron más que continuar la obra que el conde de las Ardenas comenzó en el año 963, ayudado por el promontorio rocoso donde se asienta la capital. Así recibe al viajero la ciudad, con murallas de 23 kilómetros de galerías subterráneas y un enorme puente construido por los prusianos para proteger la fortaleza. El clima juega un papel fundamental en una primera visita, porque en los días de lluvia no asoma ni un hilo de luz, y hasta los colores pastel de las casas se confunden con el gris. Pero la tranquilidad de las calles -silenciosas y limpísimas- y las afiladas agujas de las iglesias valonas hacen de ella una hermosa ciudad, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1994.

El centro forma una pequeña almendra que se reparte entre el Palacio Gran Ducal, la Catedral de Notre-Dame, las sedes administrativas, la zona comercial y algunas plazas como la de Guillermo II, donde se celebra el mercado todos los miércoles y sábados. También está lleno de brasseries, aunque para verlas en su punto hay que esperar hasta media tarde, la hora de la cerveza. Los locales de copas se concentran en el barrio de la estación: sólo abren hasta la una de la madrugada, después hay que coger un taxi hasta alguna discoteca de las afueras. Y no hay jóvenes en edad universitaria, por lo que el público nocturno no supera los 20 años. Pero en verano, con el sol, la cosa cambia: las calles se llenan de terrazas y los luxemburgueses alargan las horas de calle.

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