A Lunahuaná en bici, valle del río Cañete

Escribe: HAPM
Hola cicloturistas: El pasado 24 y 25 de febrero mi esposa y yo fuimos a Lunahuaná a bicicletear, relajarnos divertirnos y algo más... Para esos días estaba programado la realización del...

 

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Capítulo 1

A Lunahuaná en bici, valle del río Cañete

Lunahuaná, Perú — sábado, 31 de marzo de 2007

Hola cicloturistas:

El pasado 24 y 25 de febrero mi esposa y yo fuimos a Lunahuaná a bicicletear, relajarnos divertirnos y algo más...

Para esos días estaba programado la realización del Festival Internacional de Deportes de Aventura, en San Jerónimo, un pueblo a unos 4 km de Lunahuaná.

Originalmente planeamos salir de Lima el viernes en la noche, pero inconvenientes inesperados surgieron y postergamos la partida para el sábado por la tarde.

Partimos a las 5 pm en el bus Soyuz hacia Cañete, llegamos a las 7 pm, ya estaba oscuro, pero las calles de Cañete y el camino hasta Imperial están bien iluminadas. De todos modos montamos nuestras linternas frontales en los cascos y la bicicleteada nocturna fue agradable y tranquila bajo la luz de la Luna.

Al comienzo de la ruta el tráfico de vehículos es muy fluido en las inmediaciones de Cañete e Imperial pero después, en la medida que nos alejamos, el paso de vehículos se volvio escaso y esporádico.

El camino está en buenas condiciones, todo asfaltado, y a lo largo del camino atraviesa varios pueblos y caseríos tranquilos.

La primera parte del camino atraviesa una zona desértica entr cerros secos y es de subida hasta que se torna en una larga y rápida bajada que nos condujo hasta orillas del río Cañete que fluye con un suave rumor hacia el mar.

El camino a Lunahuaná sigue aguas arriba a lo largo del valle durante 35 km., después de algunas paradas en el camino para descansar, comer algo y beber rehidratante, llegamos a San Jerónimo, a eso de las 12:30 am. Hallamos el pueblo despierto, todo iluminado y había música en el aire que provenía de dos fuentes: una era la Yunsa, una tradicional fiesta peruana del mes de febrero en la que la gente danza alrededor de un arbol cargado de regalos, poco a poco a golpes de machete que se van turnando uno a uno lo llegan a derribar y al acer se reparten los regalos entre los danzantes, quien dió el útimo golpe de machete se hace cargo de organizar y sufragar la celebración el año siguiente.


La otra fuente de música provenía de la fiesta del Festival Internacional de Deportes de Aventura en un local denominado Camping san Jerónimo. Este lugar fue la sede central del evento que incluyó canotaje, kayak, escalada de pared artificial y ciclismo de montaña. Los organizadores ofrecieron a los asistentes áreas para camping gratuitas en los amplios jardines del local junto al río, servicois higiénicos y la fiesta. Esta última duró hasta el amanecer. Considerando que por la mañana estaban programadas competencias, probablemente los competidores alcoholizados no rindieron una buena performance.

Nosotros preguntamos por un hospedaje distinto al campamento y hallamos un hotelito básico con baño privado y agua caliente. Precio: S/. 25.00. Cansados como estábamos, una ducha y una cama limpia eran un gran premio para nosotros.

Llegó la mañana con hambre. Una breve búsqueda y hallamos el lugar justo frente a la puerta principal del festival. Mientras desayunábamos chicharrones con café y pan, planeamos a donde ir esa mañana, ya que el festival no resultó ser muy interesante, más bien decepcionante, para nosotros. Una visita a Lunahuaná y búsqueda de vino y pisco hecho en casa furon nuestros planes inmediatos.

Conversando con la señora que nos sirvió el desayuno, nos dijo que prepararían sopa seca para el amuerzo, una deliciosa comida típica de los pueblos del cercano sur de Lima. De pueblo en pueblo el plato tiene variantes locales. Como en este caso que incluye camarones y pasas. Para asegurar nuestro almuerzo pagamos por adelantado, por si acaso regresáramos tarde a almorzar y considerando la limitada capacidad de la cocina del lugar y la cantidad de gente congregada por el festival. Más tarde confirmamos que hicimos bien.

Bajo un sol radiante y caluroso, pero convenientemente protegidos contra la radiación solar emprendimos la ruta a Lunahuaná. A lo largo del camino existen varios establecimientos: hoteles de varias categorías, desde básicos hasta de lujo, restaurantes, tiendas, etc. La vista de los racimos de uva y de las manzanas colgando de las ramas es muy interesante y se pueden ver no sólo en las chacras sin por todas partes. El vale de Cañete es rico en el cultivo de frutales y en la producción de vino y pisco.

Lunahuaná es un pueblo interesante . El domingo es el día más activo de la semana, debido al número de turistas (nacionales y extranjeros). La plaza central está rodeada de una feria colorida donde se ofrecen productos variados: vino, pisco, pisco sour, frutas, comida, artesanías, etc. En las calles circundantes hallamos numerosas agencias que ofrecen tours de canotaje, kayak, ciclismo de montaña, etc. a todos los que pasan delante de sus puertas. Los precios son negociables

Después de escuchar a una convincente chica ofrecernos experimentar las emociones del canotaje, decidimos tomarlo. De acuardo a lo que nos dijo: hay 3 niveles: expertos, intermedios y principiantes. Los precios varían segun esto. Contratamos el nivel de principiantes, ya que nunca antes habíamos subido a uno de esos botes inflables. Precio S/. 25.00 cada uno, incluye: guía, chaleco salvavidas, casco, remos y traslado ida y vuelta.

La experiencia de canotaje fue realmente emocionante. Es la cosa más divertida que hayamos hecho alguna vez. Casi inmediatamente después de abordar el bote entró en unos rápidos que nos sacudieron y nos hicieron gritar como locos a los 6 que íbamos en el bote. Parecía que le bote se ina hundir devorado por la enormes olas que se formaban delante de nosotros, pero pasamos por encima de algún modo. Una experiencia que vale la pena e inolvidable que duró como media hora. El viaje en bote terminó algunos kilómetros aguas abajo, de donde nos recogieron y trasladaron al punto de partida en Lunahuaná. Por supuesto que terminamos el viaje 100% mojados, nosotros no estábamos preparados para esto, no había modo de resolverlo en ese momento, solo quedaba seguier adelante.

El vaije de retorno fue un fácil descenso. El hambre estaba en su nivel máximo. Llegamos al restaurant que habíamos pagado por adelantado en San Jerónimo, nos dijeron que habían vendido todo lo que tenían, excepto nuestros dos platos de sopa seca. Que banquete!

Después del almuerzo tardío, fuimos a recoger nuestras cosas del hotel y alistarnos para retornar a Cañete en colectivo, estábamos muy cansados para hacerlo en bici. Antes de tomar el colectivo, compramos vino y pisco del lugar más recomendado localmente: bodega de Felipe Lira, un hombre amable, gentil, cristiano, hospitalario y un poquitín borracho, que nos vendió lo mejor de su producción a muy buen precio.

Así, listos y cargados tomamos el colectivo que por S/. 3.00 nos llevó hasta la estación del bus Soyuz en Cañete.

El viaje final a Lima duró 2 horas

RECOMENDACIONES

· Bus: SOYUZ, S/. 20.00 por persona. Bicis 15.00 c/u.
· En San Jerónimo
o Hostal San Jerónimo
o Bodega Felipe Lira: el mejor vino y pisco hecho artesanalmente.
· En Lunahuaná
o Agencia de canotaje: Sol y Río.

Visiten nuesta web: www.geocities.com/anibpm


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Yahoooooooo!!!!!!!

   

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