De fondo el horizonte, de costado la frialdad de los autos, lentamente encendimos las luces rojas traseras de nuestras bicis, el tiempo nos gritaba al oído, fue cuando pedal tras pedal, el cansancio se hacía sentir, intercambiamos bicis ya que la mía era muy lenta. Finalmente llegamos a Moreno, se podría decir que era de noche, el sol estaba descansando, yo iba por delante con la motivación de llegar rápidamente, mientras miraba tímidamente hacia atrás pude ver que mi amigo, charlaba con un par de ciclistas… sospechoso, pensé dentro mío.
Recorrimos unos cuantos kilómetros, cuando sentí que mi pedal se está deslizando, no lo podía creer, fue ahí en medio de la oscura y fría noche en moreno donde ausentamos nuestros movimientos para solucionar esta incidencia, entrando en amistad con nuestros compañeros de ruta, me aconsejaron que lo vaya ajustando, que corría el riesgo de seguir a pie si se salía por completo el pedal, para colmo todas las gomerias ya habían bajado la persiana, solo restaba confiar en Dios, mirar al cielo o en este caso a Lujan.
Guiados por el GPS de mi celular, seguimos por la colectora aunque notamos que en un punto lo único que seguía era solo autopista, decidimos rodear la colectora, cruzamos negligentemente la autopista… con las bicis por el medio, esto fue algo increíble…! Pero gracias a Dios no paso nada…!
Con mi pedal casi al aire, avanzamos por la autopista, al lado de la banquina, con el miedo de que podía rozarnos un auto, esto es algo que está prohibido, pero a esa hora de la noche y por un sector que no era para nada seguro, era la única opción, sobre todo para mí que deseaba con desesperación, admirar esa famosa catedral que parecía cada segundo más lejos…