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Descubriendo el Sudeste Asiático

Escribe: Napos
Itinerario Indonesia, Singapur, Malasia (Borneo), Filipinas, Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya y de vuelta al sur de Tailandia.

 

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La tierra del millón de elefantes, Laos

Luang Prabang, Laos — miércoles, 7 de diciembre de 2011

Desde Chiang Mai tomamos el bus hacia Chiang Kong donde se encuentra el paso fronterizo hacia Laos, cruzando el río Mekong se llega a Huay Xai, un pequeño pueblo de paso donde pernoctamos una noche. La mayoría de los turistas toma el Slow Boat hacia Luang Prabang, pero nosotros deicidimos irnos en bus porque era más económico y tardaba menos. Desconozco si era más seguro porque entre la imprudencia de los conductores de bus y las peligrosidades del río cuando hay bajo nivel de agua hacen que ambas rutas involucren un riesgo. Gracias a Dios llegamos sin novedades a Luang Prabang a las 6 de la mañana, después de un largo viaje nocturno de 12 horas en un supuesto Sleeping bus que de sleeping no tiene nada. Las camas son para Laosianos, es decir, no más de un 1.5 metros de largo y de 60 cm de ancho, sin considerar la falta de higiene y el olor que emana del baño hacen del viaje una ardua e inconfortable travesía. Del terminal a la ciudad tomamos un tuk tuk compartido con otros turistas, al llegar al centro nos percatamos que habíamos dejado la cámara de fotos en el bus. Le pedimos al chofer que nos llevara de vuelta de inmediato para tratar de interceptar al bus antes de que se fuera del terminal, llegamos ahí, pero el bus no estaba.

El idioma fue un problema, no entendíamos nada, queríamos saber dónde estaba el bus, afortunadamente el conductor de tuk tuk hablaba algo de inglés y nos sirvió de intérprete. El bus se había ido al otro terminal. En menos de lo que canta un gallo estábamos en el segundo terminal, pero no había rastro del bus. Uno de los tipos de boletería le dijo al chofer del tuk tuk que intentáramos en la casa del conductor, el tuk tuk nos llevó por caminos de tierra a un lugar completamente inhóspito, llegamos a una casa de madera y afuera estaba el bus. No habían limpiado nada y la cámara apareció tal dónde la habíamos dejado, fue un alivio. Le pagamos al tuk tuk lo que le correspondía más propina ya que si no hubiera por él, habríamos perdido la cámara.


Luang Prabang antiguamente fue la capital de Laos que luego se trasladó a Vientián. Esta ciudad dice mucho de toda la historia de Laos, desde el bombardeo norteamericano desde el 1965 al 1973 que pretendía cortar suministros desde el norte hacia Vietnam por la llamada ruta de Ho Chi Minh, hasta la ocupación y gobierno del grupo comunista Pathet Lao en 1975 y que generó la abdicación del último rey de la monarquía laosiana. El antiguo rey y sus predecesores habitaban en el palasio de Luang Prabang, sin embargo después de la abdicación de Savana Vattana, la riqueza cultural del lugar se vió interrumpida. Es más, no se ha sabido con certeza cuál fue el destino del rey posterior a su abdicación, se dice que el Pathet Lao instaló a la familia real en un campo de educación comunista, otros dicen que murieron poco después, en definitiva es una historia incierta y que probablemente nunca será revelada. Periodistas reconocidos como el australiano Christopher Kremmer han tratado de dilucidar que pasó con la familia real, sin embargo su conclusión un poco dura es que el pueblo laosiano no pretende averiguar que sucedió, al parecer la identidad del país y su pasado no están dentro de las prioridades de un pueblo que hoy en día intenta salir de la lista de los países más pobres del mundo. Personalmente creo que desconocer el pasado es un error, aquel que no aprende de su pasado o su historia está destinado a cometer los mismos errores que sus antepasados.

En fin, Luang Prabang en tiempos de monarquía giraba en torno a la familia real, tiendas de telares, joyerías y numerosos templos se disponían alrededor del palacio real. Todo fue intervenido durante el régimen del Pathet Lao, sin embargo posteriormente cuando los ideales socialistas y comunistas se fueron suavizando y el país abrió sus puertas a los extranjeros fue cuando gran parte de esa riqueza cultural restringida floreció nuevamente siendo el turismo hoy en día uno de los pilares de la economía laosiana.

Aunque la historia es importante no dejamos de lado nuestras actividades extremas, nos dispusimos en un tour por un día en rafting con previa visita a unas maravillosas cascadas de agua cristalina. El rafting pintaba bien, sin embargo tendríamos algunas sorpresas en el trayecto.

Iniciamos en una zona de conservación de elefantes donde tomamos los kayaks con 8 turistas más. Después de remar intensamente durante 1 hora y media nos detuvimos a almorzar sticky rice y escuchar algunas historias del guía respecto al origen de los búfalos y los elefantes. Continuamos nuestra travesía remando durante una hora más y llegamos a los primeros rápidos, debíamos pasar en fila unos tras de otros. La baja cantidad de agua hacía que golpear una que otra roca fuera algo frecuente. Llegamos al tercer rápido y sentí que mis brazos estaban cansados y el kayak más pesado, culpé a mi falta de estado físico después de tantos meses viajando sin deporte y continuamos río abajo, sin embargo después del cuarto rápido el kayak empezó a perder el balance, la popa comenzó a hundirse y en ese momento grité al guía que iba a unos 150 mts disponiéndose a tomar otro rápido, no nos escuchó.

Perdimos flotabilidad y nos volteamos, minutos antes bromeábamos como era posible que alguien se diera vuelta, nos comimos nuestras palabras, estábamos en el agua con el kayak volteado y se acercaban los siguientes rápidos, mi temor era golpearnos con alguna roca y sufrir alguna lesión severa, grité a la Fernanda para que nadara a la orilla pero era demasiado tarde, ya estábamos en plena corriente, nos asimos fuertemente tratando de mantener las piernas los más cerca de la superficie posible, en algunos tramos traté de hacer pie pero la corriente era demasiado fuerte y no permitía mantener estática la embarcación más 2 personas. A duras penas logramos pasar los rápidos y fue ahí cuando recién llegó la ayuda del guía y su ayudante. Revisamos en la orilla y el diagnóstico era claro, habíamos golpeado una roca que rompió el material y generó que entrara agua. No sé cómo el guía y su ayudante encontraron una especie de pegamento a orillas del río y nos entregaron otro kayak para continuar, mientras ellos tratarían de llegar con el dañado hasta destino. Afortunadamente llegamos sin más novedades.


El siguiente día fue mejor, agendamos en una compañía no muy conocida o por lo menos no estaba mencionada en nuestra guía de viajes para visitar a un par de elefantes. Fuimos con una pareja de ingleses muy simpáticos. Llegamos hasta el campo y elegimos al elefante más joven, tenía 28 años de edad. Nos llevó en un paseo de 1 hora a su zona de alimentación, donde comía principalmente tallitos de bamboo. Después de eso nos llevó al río y nos sumergimos con él en el río para tomar un baño. Nuestro travieso amigo nos sumergía con él aguantando la respiración, obviamente nosotros teníamos que salir del agua antes que él y cuándo salíamos pareciera que se reía de nosotros y nos invitaba a subir en su lomo nuevamente. Fue una experiencia única, el animal se veía feliz y para que decir nosotros, jugando con una bestia de más de 2 toneladas, es algo que no haces todos los días.

Terminamos nuestra visita en Luang Prabang, un lugar mágico sin lugar a dudas que quedará en nuestro recuerdo y que nos dio más de una alegría y anécdota que contar.

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