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La Gran Sierra Tarahumara

Escribe: un viajero
Memorias dispersas de un inolvidable viaje, en Semana Santa, por la majestuosa Gran Sierra Tarahumara. La expectativa del viaje en puerta en realidad me emocionaba hasta erizar mi piel: La Gran Sierra Tarahumara, uno de los sitios en México más abundantes en misticismo, magia, costumbres ancestrales y espectaculares atractivos naturales y culturales.

 

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Los Mochis, Topolobampo y El Mavíri: Iniciando con... ¿El pie derecho?

Los Mochis, México — viernes, 25 de septiembre de 2009

La forma más común de internarse en los misterios de la Gran Sierra Tarahumara es llegando en el tren que recorre la ruta que va de Chihuaha al Pacífico (La Costa del Oceano Pacífico, en el Estado de Sinaloa), por el que se le conoce con el sobrenombre de "El Chepe", que también es una de las formas coloquiales que se tienen en México para llamarle a aquellos que llevan por nombre "José".Yo quise iniciar la ruta del lado del Pacífico, de manera que pasé mi primera noche de este viaje en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, punto inicial de la ruta ferroviaria.Antes de abordar el Chepe, decidí tomar un día completo del viaje recorriendo Los Mochis y el cercano puerto de Topolobampo.Por la tarde me dirigí a la famosa playa conocida como "El Mavíri" en donde disfruté como un niño feliz la maravilla del mar tibio y el sol en plenitud.

Me encontraba internado en el mar, parado sobre la arena y con el agua hasta el pecho cuando sentí una especie de descarga eléctrica en el pie derecho, un dolor intenso y repentino que me hacía sentir como una corriente caliente y espesa recorriendo mi pierna desde el empeine hasta la ingle.

Tuve la sensación de que la pinza de un cangrejo enorme aprisionaba mi pie hasta que después de algunos segundos sentí que me liberaba dejando un dolor latiendo por toda la pierna. Sentí un miedo profundo: No sabía lo que había ocurrido y, como pude, nadé hasta la orilla. Al salir a la playa, que en esa zona se encontraba desierta, sentía un dolor tan intenso que me hacía revolcarme en la arena, tardé un poco en notar lo que me ocurría: una herida, que parecía hecha por un clavo mediano, sangraba justo arriba del dedo meñique, hacia el empeine, de mi pie derecho.Me sentía desconcertado y como pude caminé por la playa hasta una zona en donde se encontraban varios pequeños restaurantes, desde lejos hubo personas que me vieron cojear y caminar muy lentamente y llegaron corriendo hacia mí. Su primera pregunta fue, en realidad afirmación, aclarándome todo: ¿Te picó una Mantarraya? Asentí mientras una leve fiebre comenzaba a apoderarse de mi cuerpo.Pronto unos policías llegaron y comenzaron a preguntar -¿Sabes cómo te llamas?- y, mostrándome la mano entreabierta -¿Cuántos dedos ves aquí?. Me subieron en la parte de atrás de una cuatrimoto, no sabía a dónde me llevaban, pero me sentía más tranquilo pues, al menos, ya sabía lo que ocurría y había personas ayudándome.

Llegamos a un "Hospital de Campaña" instalado por los miembros de la Marina Armada Mexicana.

El primero en recibirme me hizo las mismas preguntas: -¿Sabes quién eres?, ¿Cuántos dedos ves?- me dirigieron en una camilla con un médico miltar en un consultorio instalado en una gran carpa. Las mismas preguntas: -¿Sabes quién eres?, ¿Cómo te llamas?, ¿Cuántos dedos ves?- La angustia regresó: -¿por qué me preguntan eso?- pensé, -¿acaso esperan que pierdan la conciencia o que, en verdad, me ponga mal?Desinfectaron mi pié y lo tallaron con algún líquido, recibí un par de inyecciones y me dieron a tomar unas tabletas.

Cuando me sentí mejor me acostaron en un catre y preguntaron: ¿Por qué estás solo, no ves que te puede pasar algo? En ese momento sentí ganas de llorar y, en verdad, me sentí solo. Era apenas el primer día del viaje y extrañaba a mi familia.Permanecí allí por un par de horas. En realidad desconozco que tan gravemente pudo haber evolucionado la picadura de la mantarraya.

A mí no me causó más que un intenso dolor en el pie y una punzada en la pierna que se quedaron conmigo por el resto de la semana, aunque no me impidieron continuar, lo que a mí más me asustó fue la incertidumbre y la actitud preocupada de todas las personas que me ayudaron. De ninguno se su nombre ni recuerdo su rostro, pero a todos les estoy muy agradecido.Cuando comenzaba a caer el Sol, un marino, me avisó que el último autobús de regreso a Los Mochis estaba por partir. Recuerdo sus palabras mientras me ayudaba a abordar: "Ya estás bien, llegando a Los Mochis mete los pies en agua caliente con mucha sal, cómprate unas pastillas contra la fiebre, por si te da en la noche...

Ya no andes solo, te podría pasar algo"

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Últimos comentarios

mayra_salazar dice:
suerte que fue sólo el dolor y el susto.
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Barcos pesqueros en Topolobampo, Sinaloa.

   

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