Pequeñas historias en L.A.
Los Angeles, Estados Unidos — sábado, 14 de febrero de 2009
Los Ángeles La primera impresión que tuvimos cuando llegamos a Los Ángeles fue la de una ciudad pensada y diseñada exclusivamente en función del automóvil. Por todos lados abundan interminables freeways (autopistas), y lo que se ve a ambos lados de las mismas son inmensos centros comerciales, estaciones de servicio y diversos lugares donde parar a comer. El peatón casi no existe, y parece una escasa especie a punto de desaparecer. ¿Yanqui yo?
Los Ángeles Parece mentira, pero lo que menos se ve por estos lados es el estereotipo de yanqui que tenemos todos, ese loco medio grande, rubio y con un gorrito de béisbol. Por el contrario, abundan los orientales de todo tipo (chinos y japoneses), mejicanos (muy parecidos a los anteriores) y árabes e hindúes en abundancia. Por momentos uno se encuentra rodeado por ellos y pierde las referencias del lugar .En el aeropuerto, nos quedamos unos instantes observando a una supuesta japonesa que se encontraba comiendo un hotdog (desde que llegué erradiqué la palabra pancho de mi vocabulario). Mientras una considerable cantidad de mayonesa comenzaba a chorrear por uno de sus dedos y se chupaba los otros nueve, la mujer se levantó y habló. Resultó una sorpresa que su frase culminara «... pero te digo que no, chamaco!», por lo que en un repentino ataque de lucidez dedujimos que se trataba de una mejicana. Incluso caminando un día en pleno Hollywood Boulevard, tuve la oportunidad de ver una larga y ruidosa manifestación de armenios que pasaba con pancartas, recordando el genocidio del 24 de abril por parte de los turcos (la comunidad armenia en Los Ángeles llega a 400.000). Ciudad cosmopolita, si las hay. Recuerdos del Chui
Los Ángeles Llegamos a Hollwood Boulevard y, ante nuestro asombro transformado luego en desencanto, vimos por todas partes tiendas vendiendo productos estrafalarios, sex shopp´s, negocios de máscaras y disfraces inverosímiles. Hasta encontramos tiendas atendidas por una extraña clase de palestinos que me trajo añoranzas de la reconocida ciudad fronteriza del Chui, quienes en un segundo de distracción son capaces de venderte cualquier baratija a precios increíbles. En éstos lugares las cosas no tienen un precio fijo, por lo tanto: ¡es tiempo de regateo!Luego averiguar el costo de una cámara fotográfica que en Montevideo sale 250 dólares y aquí me dieran un precio de 120 dólares, proseguí la comparación de precios y entré a otra tienda. El palestino que la atendía me vio entrar, levantó su cabeza y se quedó impasible observándome por un breve instante. Luego preguntó en tono desafiante:– ¿Quieres comprar o estás solo molestando?– Solo quiero saber el precio de ésta cámara... – respondí con sorpresa.– Pues no te lo voy a dar porque se que no la vas a comprar – contestó secamente, bajando su mirada.– Eso no lo sabes, si el precio es razonable capaz que la compro – dije.– ¿Que precio te dieron en otras tiendas?– Cien dólares – contesté, intentando de ésta manera un petit-garroneo.– Yo te la dejo en setenta y cinco dólares – dijo a modo de oferta, puso cara de tener todo solucionado y se aprontó a envolver la cámara para regalo.Pero tal rebaja en el precio despertó mis sospechas, evidenciando que estaba cayendo en las garras de ésta ave de los negocios, por lo que decidí retirarme. Di media vuelta y me encaminé rumbo a la salida, escuchando los gritos del ofuscado musulmán a mis espaldas.– ¡Eres mal negociante, te dije que no comprarías! – ladró desde la lejanía. Y la verdad es que tenía razón, no pensaba comprarle nada.Este es el ambiente que se respiraba. Aunque eso si, en el piso podían verse muy brillantes y lustradas las famosísimas estrellas de Hollywood. ¿Qué pasa allá afuera?
Los Ángeles En este momento estoy escribiendo desde la Ciudad Universitaria de Los Ángeles, la U.C.L.A., cómodamente instalado en la biblioteca a la que me introduje sigilosamente hasta una de las numerosas computadoras de la sala. Con un ojo miro el monitor, mientras permanezco atento con el otro para ver si no viene alguien a sacarme.La U.C.L.A. es un mundo dentro de un mundo. Ubicada en un extenso barrio de una zona céntrica de la ciudad, sus habitantes permanecen totalmente aislados de la misma. Si la gente de Los Ángeles no tiene la más pálida idea de que sucede fuera de su ciudad, menos idea tienen los de la U.C.L.A. de lo que pasa en Los Ángeles. ¿Autopistas, tránsito, polución? ¿Dónde? Aquí dentro tienen todos los servicios que se puedan imaginar: supermercados, transporte colectivo interno, tiendas de ropa con artículos exclusivamente U.C.L.A. (con las típicas camperitas americanas que nos hartamos de ver en las películas), hasta un Departamento de Policía propio dentro de la universidad. Su extensión es gigantesca, consistiendo en espectaculares parques que le dan una atmósfera de una tranquilidad muy relajante. Si hasta el cielo, que desde afuera se lo ve como un celeste pálido debido al smog, desde aquí dentro parece más vivo e intenso.A medida que uno la recorre puede ver estudiantes-especimenes de lo más diversos. Se mueven en grupos, diferenciándose unos de otros según su indumentaria, que indica el clan al que pertenecen. Están los chetos, impecablemente vestidos y en excelente línea; los hippies (pero caros, ya que su ropa parece comprada ayer); los pseudo-punk, que caminan por los corredores haciéndose los recios y mirando con furia a todo aquél que se atreva a pasar cerca suyo, cuando todos sabemos que papá les paga todo; los japoneses, que se mueven en malón y parecen los más joviales; los latinos que son los que más gritan, y podríamos seguir con los backstreet boys, las spice girls, etc. Todos sus conjuntitos los compran, obviamente, en la infinidad de tiendas que rodean la U.C.L.A., por lo que si un día me levantara pensando «Hoy tengo ganas de ser un hippie», podría convertirme al flower-power en cuestión de minutos, tarjeta de crédito mediante. Luego me retiraría en uno de los tantos Porsche 911 estacionados en el parking pisando a fondo el acelerador.Por cierto, entramos aquí buscando la Facultad de Arquitectura, pero nadie tenía mucha idea donde quedaba. Finalmente, luego de cuatro horas de caminata, alguien nos dijo «Y yo que se... ¡no debe existir man!». Y de esa manera, nos retiramos cabizbajos.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
maratial dice:
Excelente tu diario, me encanto!!! Una visión del sur del continente de una tipica peli holiwodense. Saludos!
Publicado
vicvil dice:
Me gusto, buenas criticas y muchas verdades.
Yo fui a ver un partido de futbol americano a UCLA y la universidad era inmensa.
El parking par el partido fue .... el cmapo de golf!!
gracias sigo con tus relatos
Publicado
NANCYEDGARDO dice:
Hola compatriota; tu relato está buenisimo, nos encantaría que nos ayudaras en nuestro viaje, que creo que va en camino de ser igual al de Uds.
Estamos dudando de hacerlo por la nuestra o contratar una excursión.
Estamos viendo los presupuestos.
¿Viven en Montevideo?¿Podríamos encontrarnos y charlar personalmente?
Saludos
Nancy
Publicado
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
Pequeñas historias en L.A.
Los Angeles, Estados Unidos | 14 de febrero de 2009
-
2
Una vuelta hasta el Gran Cañon, Las Vegas y mas
Phoenix, Estados Unidos | 14 de febrero de 2009
-
3
Destino San Francisco
San Francisco, Estados Unidos | 14 de febrero de 2009
En Los Angeles...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Pequeñas historias en L.A.” con tus amigos en Facebook?