Desde que llegué siento algo en el aire. No sé. Como si hubiera en el ambiente algo que no está en orden. Y entonces ayer encontramos aquellos carteles donde indican que hay algo malo en todo el estado de California. Y entonces me doy cuenta que eso malo son los desechos químicos, el uso indiscriminado del mercurio para el oro de California, y las armas militares que producen daños cancerigenos.
Algo me lo decía. Y ahora, a minutos de salir a ver qué hacemos con el departamento, si alquilarlo o no alquilarlo, nos debatimos en continuar o no en Los Ángeles. Las deformidades de personas en la calle, que hemos notado, no se debe sólo a la comida. Las descargas continuas de estática que estoy largando desde que llegué, o la diarrea que tengo desde hace días no se debe a que estoy nervioso en un nuevo lugar. Como digo, y como sentí al llegar, hay algo más.
Por eso en los kioscos venden las pastillas para tonificar y dar energía. Venden bolsas con pastillas energizantes, bebidas, GinSeng, etc. Porque la contaminación ambiental que hay atrofia músculos, debilita, y al cerebro lo hace rendir mucho menos, e incluso daños al sistema nervioso y retardos al desarrollo cerebral.
Claro, de esto nadie habla. El conserje del Hotel nos dijo que es porque la gente fuma. Un mexicano nos dijo que era por el cloro de la piscina. La realidad es el mercurio y los desechos usados en el estado americano.
Si hay trabajo y dinero está todo bien. Por algo será que no veo gringos en Los Ángeles, al menos no el típico sajón rubicundo.
Como sea, da para pensar eso. Sobre todo, si uno no se siente a gusto donde está, y eso lo siento desde el primer día de llegado.