Diarios de viaje > Los Altos, América del Sur

Parque Natural La Silleta

Escribe: Milenario
Entre las costas del Mar Caribe y las Faldas de la Serranía de El Turimiquire, se yerguen unas enigmáticas piedras que a manera de monumento megalítico deformado inescrupulosamente por unas dinamitas comparten espacio entre una sabana irregular salidas de la espesura del follaje. Ya había viajado y acampado varias veces entre La Gran Sabana, ya había recorrido dos veces algunas rutas intentando dar con La Silleta, pero esta ocasión era Sábado de Semana Santa...

 

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Rumbo a La Silleta

Los Altos, Venezuela — sábado, 9 de abril de 2005

Ya era momento de continuar mi viaje, ya habría recorrido unas 2 horas desde que me baje del jeep, pero ahora es cuando empezaba el trayecto hacia La Silleta.

Ya estaba internado entre la espesura de la montaña, caminaba observando todo el paisaje, árboles a la derecha, árboles a la izquierda y albores tapando la mirada hacia el cielo,  los más pequeños de aproximadamente 10 metros de alto se disparaban buscando la energía solar, mientras me asombraba viendo los árboles de mango con un diámetro en el tronco difícil de abrazar, seguía caminado viendo como las plantas enredaderas le cambiaban el color a los árboles de más de 20 metros de altura, el sonido de los pájaros que no se dejaban ver ya que estaban en las copas de los árboles junto con el agradable clima completaban la experiencia de un lugar mágico a poca distancia de Puerto La Cruz.

Después fueron apareciendo unas irregulares piedras a cada lado del camino, dando cierto ambiente de misterio y gótico. No recuerdo si me pare algún momento a descansar, lo que si recuerdo fue que pase por algunos caminos que subían y otros que bajaban, creando dudas y expectativas de cuando terminaría el recorrido.

De un momento a otro diviso una tubería grande de agua a un poco distante siguiendo el camino, entiendo que ya estaba cerca de La Silleta, luego el camino me lleva hasta la orilla de una cota, a mano derecha un pequeño farallón cubierto de mucho follaje y al cabo de unos minutos: Los árboles desaparecen y queda al descubierto una especie de Mirador hacia el Mar Caribe, mi emoción interna fue tan grande, fue como un premio después de una larga travesía. La brisa fuerte y fresca refrescaban el cuerpo y me producían sonidos en el oído.

Minutos siguiente ya seguía el camino, el cual luego se mete entre otra espesura de árboles gigantes, creándome otra expectativa, la cual fue solo momentánea porque al cabo de un rato empiezo a subir descubriendo la parte alta de una montaña (loma) sin árboles, subo y veo a unos 100 metros un tanque de más de 20 metros de diámetro elaborado de metal, es el que surte de agua al pueblo.

Me quito el morral y me siento a descansar, desde aquí miro al mar caribe, puedo ver a una parte de la playa de Arapito, La Piscina y la isla Arapo, un poco más lejos veo a unas formaciones montañosas que se disminuían hacia el mar, se veía casi tapado por las nubes, pensé que seria la Península de Araya.

Regresando mis pensamientos al objetivo del viaje, veo mucho más abajo de donde estoy, otra loma a aproximadamente  500 metros de distancia, con asombro diviso las "formaciones megalíticas", el lugar donde pasaría la noche.

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