Escribe: AbrahamQ
En diciembre de 2010, mi amigo el Padre Cedeño me invitó a dictar un taller de historia eclesiástica de Venezuela a los jóvenes seminaristas de la diócesis. Con gusto acepté. ¿Quién va a negarse a la hospitalidad "oriental"? Puerto La Cruz tiene una buena oferta gastronómica y Barcelona, la capital de estado Anzoátegui, ofrece lugares de interés histórico.
De Puerto La Cruz a Los Altos de Sucre
Los Altos, Venezuela — miércoles, 23 de febrero de 2011
Eduardo hizo honor a la hospitalidad anzoateguiense y se esmeró en atenciones. Prácticamente hacía milagros porque casi no tiene tiempo libre, pero él abría un espacio para recibir al amigo. Así son los venezolanos de Oriente. Quiso que conociera Los Altos de Sucre (hay muchos pueblos de Venezuela que se llaman sí, incluso en el estado Sucre hay otro Los Altos. Estos quedan cerca de Santa Fé, con vista al Parque Nacional Mochima). En esa zona, me dijo, podríamos almorzar donde Chepina, que ofrece una comida de gusto casero elaborada con productos frescos, además de disfrutar de una vista espectacular y un clima primaveral. No hay que ser incrédulo. El restaurant de Chepina llenaba todas las espectativas, incluyendo café preparado de lo que ella cosecha en su propiedad, una vista única sobre el Mar de las Antillas y una temperatura primaveral con flores y todo.
Para llegar a Los Altos, tomamos la carretera Barcelona-Cumaná, pasamos el puerto de Guanta y nos adentramos en el estado Sucre. Al llegar a la bifurcación, dejamos la ruta que conduce a las playas y comenzamos a subir una cuesta empinada y llena de curvas, con paisajes pintorescos y gratos. A los 5 minutos empieza a apreciarse una naturaleza feraz, con la temperaturas que descienden a medida que uno asciende; girones de neblina ocultan aquí y allá el sol y las playas. El lugar ya es montaña. Es allí donde van los porteños y barceloneses a refrescarse en los días de calor. El paseo es relajante, sin dudas.
Pasando la Casa de Retiros de los salesianos y un colegio, llegamos donde Chepina. Es una casa discreta, con un terreno amplio al frente que sirve de estacionamiento a los clientes de fin de semana y de lugar de recreación a las gallinas y pollitos del patio durante la semana. El restaurant estaba cerrado, pero Chepina siempre está dispuesta a atender a sus clientes. Nos abrió y de una vez fuimos a la terraza. Una vista espectacular cubierta por la bruma. El barranco empinado sembrado de todo tipo de frutales y profusión de flores de todos los colores. Al fondo el mar y las islas se velaban con la bruma. Es un lugar fresco, tranquilo y agradable donde provoca quedarse.
De la oferta del día, escogimos un plato muy venezolano: cochino frito, que Chepina sirvió con arroz, arepas, ensalada y tajadas de plátano frito. Nos tomamos un jugo de guayaba consechadas al momento del jardín (gran diferencia en el sabor). Lamentablemente debíamos regresar a Puerto La Cruz, pero antes nos detuvimos en una casa cercana donde venden cerámica y jabones artesanales. ¡Qué tarde tan sabrosa!
Bajamos al Puerto, de vuelta al tráfico, el bullicio y el calor. Al día siguiente Eduardo no podría atenderme, ni habría taller con los seminaristas. Había muerto el padre Quinto Della Bianca a la edad de 96 años y había entregado toda su vida a Puerto La Cruz (en el período construyó unas 20 iglesias). Se efectuarían las exequias en la Iglesia de la Santa Cruz y yo tendría el día libre. Podría escoger entre Barcelona y Cumaná. Preferí Barcelona porque Cumaná requiere de más tiempo, si se desea visitar bien.
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Últimos comentarios
Ese paseo es bello, y es un contraste, salir de Puerto la Cruz, que mayormente es un destino de playa, aquel camino de montaña, me encanta, me hicistes recordar cuando lo hice y con muchisimas ganas de volver a repetir...
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También lo quiero repetir. Mi próximo viaje a Anzoátegui, ya me lo dijeron mis amigos, será para visitar ruinas e iglesias antiguas, utilizando como guía el libro de Gasparini.
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La bruma desde la terraza de Chepina. La humedad del mar se condensa con la altura y nos da un ambiente de montaña
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