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South 920

Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.

 

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Bitácora: 15.926 Kilómetros. Parque Amacayacu, La Última Gran Aventura

Loreto Mocagua, Colombia — domingo, 27 de noviembre de 2011

Compre algunas provisiones por $11.000 ($4.78 dólares) haciendo un uso razonable del dinero, también compre unas pilas para mi cámara de fotos y me dirigí al puerto. Una vez allí pague mi boleto hasta el parque que era el ultimo disponible y me senté a esperar, entonces le pase revista a mi inventario: un racimo de bananos, dos pequeñas gaseosas de guaraná, un paquete de galletas y 40.000 pesos ($17.39 dólares) eran todo lo que me quedaba después de un viaje de 15.916 Kilómetros a través de la enjundiosa América del Sur.    
 
Justo cuando llego el bote comenzó a llover, el solo abordaje significo que me moje todo el cuerpo, partimos a gran velocidad con las ventanas empañadas y el cupo lleno, la entrada al parque Amacayacu se encuentra a unos 75 Kilómetros aguas arriba en dirección al Perú, los botes rápidos se tardan una hora en llegar, también se puede hacer el viaje en canoa es más barato pero se tarda 8 horas en llegar, existe también la posibilidad de los curacas, ellos frecuentan Leticia para comprar cosas que necesitan, luego regresan por el rió a sus respectivas comunidades, es posible que lo lleven a uno incluso gratis, el problema es que nunca se sabe cuando van a la ciudad, generalmente tienen un día a la semana para ir de compras, pero aun así no se puede predecir con exactitud su visita.
 
Cuando el barco llego a Amacayacu ya había escampado, un empleado del hotel Decameron me recibió y me dio las primeras instrucciones, el pensó que yo me quedaría en el Hotel, le dije: “no, pienso quedarme en mi hamaca, sabe de un lugar donde pueda colgarla”, el hombre se quedo sin palabras como si hubiera visto a un fantasma apenas me escucho; pronto todos en aquel lugar tenían que ver conmigo. Yo observaba a mi alrededor buscando un árbol adecuado para colgar mi hamaca, Amacayacu que significa “el rió de las hamacas” en dialecto Quechua de seguro tenia un buen lugar para colgar mi hamaca, “no puedes quedarte en una hamaca, hay serpientes” dijo, “entonces me regreso a Leticia después de visitar el Parque” repuse restándole importancia el tema de la quedaba, “ya no puedes regresar, no hay más botes, el bote en el que llegaste era el ultimo” me respondió, entonces antes de que yo pudiera decir nada, añadió: “sin embargo, déjame preguntarle a mi supervisor a ver que podemos hacer por  ti”
 
Todo aquello no me causaba ninguna preocupación, era obvio que no podía quedarme en un hotel donde la noche en la habitación más barata cuesta 110.000 pesos ($47 dólares) a no ser que aceptaran bananas como parte de pago. El funcionario del hotel regreso con Stella una mujer ticuna que trabajaba en el Parque, ella comprendió mi situación e insinuó que me ayudaría, dijo que pagara la entrada al parque 9.000 pesos ($4 dólares) y que ella me dejaría  quedarme en el centro de visitantes Yewae, entonces me fui con Stella que aprovecho para mostrarme el Hotel y el Museo. 
 
A igual que otros parques naturales de Colombia, Amacayacu esta en régimen de concesión, la empresa Aviatur es la encargada del manejo operativo, el hotel que funciona allí es el Decameron, una verdadera obra maestra, el hotel se encuentra todo construido sobre palafitos elevados varios metros de las aguas, todo se comunica entre si por un sistema de pasarelas, las habitaciones son muy cómodas, debe ser genial despertarse en la mañana y ver que la habitación en la que uno duerme esta prácticamente flotando sobre las aguas, la zona social del hotel es espectacular tiene una vista genial al rió y se encuentra toda rodeada de árboles.
 
Terminada la visita al Museo, caminamos con Stella hasta el área administrativa del parque por una larga pasarela de madera, en los árboles habían varios micos y algunas tortugas abajo en el agua, maravilloso, esta era una experiencia de contacto más cercano con la selva; al final de la pasarela hay un conjunto de casas y oficinas ya propiedad de la unidad de parque nacionales naturales, entonces allí me presento a un grupo de jóvenes universitarios que hacían su practica profesional en el parque, Stella dijo que era posible que me pudiera quedar con ellos.
 
A espaldas de la oficina principal queda la entrada al sendero que recorre el Parque Amacayacu, sin embargo por ser la estación de lluvias las pasarelas se encontraban inundadas en varios techos y el sendero estaba cerrado al publico, le insistí a Stella que me dejara ir que no me importaba “mojarme los pies” pero ella se negó, dijo que era peligroso y que no podía autorizar mi ingreso pues seria peligroso para mi pues habían grandes cocodrilos y serpientes por todas partes, terrible noticia, aunque era eso justo lo que yo quería hacer, poder ver aquellos animales en su hábitat natural, pero no importo cuando insistí Stella no me permitió hacer el recorrido. 
 
Stella hablaba por radioteléfono según me dijo para que su superior autorizara que yo me quedara allí esa noche, muy cerca de las oficinas del parque esta el muelle administrativo, había una canoa pequeña lista para ser embarcada, entonces le pedí a Stella que me la prestara para dar una vuelta por el parque, ella dejo por un momento sus labores de radio operadora, me consiguió un chaleco salvavidas y un remo, entonces después de escuchar todas sus advertencias partí en aquella canoa en dirección a la laguna y luego aguas arriba por un pequeño afluente del amazonas.     
 
Me encontraba dichoso, nunca antes había tenido un contacto tan directo con la selva, de repente comenzó a caer una lluvia suave, por todos mis alrededores se escuchaban toda clase de aves y monos que sin embargo permanecían ocultos a la vista. Recorrí un buen tramo del rió aguas arriba pero sin sobrepasar el limite que me había dicho Stella, pase junto a una estación de investigación biológica y regrese a la laguna, tenia tantas ganas de nadar que deje toda mi ropa en el muelle regrese a la mitad de la laguna y me puse a nadar alrededor de la canoa, fue algo fenomenal estuve muy relajado nadando allí y presenciado el gran verde de la selva que me rodeaba, maravillado además por sus olores y sonidos, entonces recordé todas las mortales criaturas que habitan esas aguas, cocodrilos enormes y letales serpientes venenosas, subí de nuevo a la canoa y regrese al muelle por mi ropa.    

Cuando por fin me reencontré con Stella me dijo que no me podía quedar en el parque, pero que no preocupara, me podía quedar en Mocagua, la comunidad indígena a la que ella pertenecía, muy cerca del parque, a unos cinco minutos en canoa. La mujer telefoneo a su hijo para que fuera a recogernos al parque pues no había espacio en una sola canoa para acomodar mi maleta, eran como las 7PM cuando por fin apareció el muchacho en el muelle.
 
Apenas vi el tamaño de la canoa en la que había llegado quede sorprendido ¿cómo rayos íbamos a caber todos? En esa canoa a duras penas cabía el muchacho; Stella no entendía porque su hijo había llegado en la canoa de su abuela, en vez de llegar en la de su madre que era más grande, como pudimos nos acomodamos en aquella canoa el muchacho y yo, parecía como si nos fuéramos a hundir, no más de dos centímetros separaban la superficie del agua del borde de la canoa, navegamos hacia Mocagua por el Amazonas mientras Stella nos seguía en otra canoa, vaya aventura aquella noche por el rió, yo me encontraba feliz.
 
Presenciaba el cielo repleto de estrellas mientras me dirigía a un lugar desconocido con personas desconocidas, la noche era profundamente oscura y mi destino estaba ya en manos de los ticunas que comandaban el rumbo de las canoas sin que pudiera siquiera notar sus rostros cobijados por la inmensa oscuridad, todo aquello era fantástico para mi. Por fin tocamos tierra en Mocagua y comenzamos a caminar hacia la casa de Stella, sin embargo, según las leyes de la comunidad solo el curaca podía autorizar el ingreso de un extraño en aquellas tierras, nos dirigimos hacia la casa del gran jefe curaca de Mocagua.
 
Apenas llegamos a la casa del Curaca el hombre se asomo y nos saludo, yo le extendí la mano e incline un poco mi cabeza en su dirección como una muestra de respeto, “si este hombre no me autoriza a quedarme allí, a donde rayos iré” pensé en ese momento, sin embargo la seriedad de su rostro era solamente parte de su físico más no un rasgo de su personalidad. El hombre me recibió en su casa muy amablemente, Stella le dijo que yo traía mi hamaca y que solo pensaba quedarme allí esa noche, entonces uno de los ayudantes del curaca colgó mi hamaca en todo el centro de la casa junto a las demás habitaciones.

Ya acomodado en la casa de la principal figura política y primera autoridad de la comunidad le agradecí a Stella por su ayuda y me quede allí en compañía del curaca, su hija Maridoneli (vicecuraca) y el hijo de esta, todos muy queridos me invitaron a cenar con ellos esa noche, comimos bocachico, arroz y yuca; al principio eran muy callados pero pronto tomaron más confianza con migo. Durante la noche escuche varios cantos y alabanzas, la vicecuraca me dijo que provenían de la iglesia evangélica, como era mi deseo visitarla le pidió a su hijo que me acompañada para que no me perdiera, entonces el muchacho me llevo hasta aquel lugar, entre al recinto para presenciar aquella escena de la vida cotidiana en Mocagua, el chico permaneció afuera pues era católico, estuve un rato allí escuchando el sermón del predicador, luego regresamos a la casa.
 
Miércoles 22 de Abril
 
Mocagua es una pequeña comunidad ribereña a orillas del Amazonas, quizás el pueblo más pequeño y apartado de los que estuve en todo el viaje, era el lugar más adecuado para reflexionar sobre el pasado y pensar en el futuro. El mapa de Colombia que antes se me hacia grande lo veía ahora empequeñecido por la magnitud del viaje y las distancias recorridas.
 
Aquella mañana me desperté con una gran sonrisa al ver donde me encontraba, el rancho de aquella familia era muy humilde pero me sentía muy bien estando allí, me llenaba de paz aquel ambiente apartado de Mocagua. Muy temprano salí a recorrer el pueblo que despertaba lentamente a medida que el sol cubría el cielo con su luz. 
 
Casi todas las casas están construidas sobre palafitos aislándose del suelo, las gentes del lugar son muy tranquilas, viven de la pesca y de algunos cultivos de pancoger, hay una gran variedad de frutas amazónicas, como la acerola y el cupuaçu; justo en frente a la casa del curaca había un gran árbol, lleno de torombolos gigantes así como una enorme palma de açaí.        
 
Volví a la casa por mi cámara fotográfica, Maridoneli me sirvió el desayuno: café, bocachico y plátano frito, todo muy sabroso, luego junto con su amigo Francisco un artesano ticuna, me mostraron varias de las artesanías que hacían en Mocagua, Francisco había tallado un par de tortugas lindísimas en una madera muy robusta color rojizo, así como un armadillo perfectamente realizado en madera, atravesaban muchas dificultades para vender aquellas piezas de arte, me pidieron su ayuda pues tenían la intención de viajar a una feria de artesanías en Alemania a la cual les habían invitado por sus meritos como artesanos.    
 
Tome nota de toda la información necesaria para ayudarles desde Bogota, entonces apenas terminamos aquella conversación volví a salir para recorrer la parte que me faltaba del pueblo. Las mujeres ticunas son muy exóticas, sus rasgos indígenas son muy fuertes y aquella contextura delgada y sus miradas intensas las llena de misterio, por su parte los niños son muy curiosos aunque resultan tímidos cuando se encuentran con el hombre blanco, en varias ocasiones se asomaban por las ventanas de sus casas para verme, pero entonces rápidamente se escondían.
 
En un lugar en la mitad del pueblo hay una laguna llena de victorias amazónicas, aquellas hermosas plantas flotantes que llenaban fácilmente con su diámetro la superficie de la laguna. Regreso a la casa muy contento con las fotos que había tomado, aliste mis cosas para salir pues tenia mi vuelo programado a las 2PM, sin embargo, Maridoneli insistió en que me podía quedar más tiempo si quería, dijo que no me cobraría nada por quedarme en su casa, tendría techo y alimentación si me quería quedar, entonces fuimos en compañía de un amigo suyo hasta la escuela para que un profesor me prestara su celular y así cambiar mi vuelo para otro día.
 
Llamamos a la aerolínea pero no fue posible comunicarnos, si logre hablar con mi mama quien insistió en que volviera ese día, después de mucho pensarlo decidí que lo mejor era partir, estaba muy contento en Mocagua pero no tenia dinero. Regrese a la casa para recoger mis cosas y despedirme de la familia que me había acogido, la vicecuraca al igual que yo lamentaba mi partida, le di 5.000 pesos a Maridoneli en pago por la comida y el hospedaje, se trataba de muy poco dinero, de buena gana le habría dado mucho más pero solo me quedaban 24.000 pesos de los cuales 22.000 eran para pagar el bote de regreso a Leticia, ella no me pidió dinero en ningún momento, antes bien me ofreció su casa a sabiendas de que no le podría pagar, una persona maravillosa, llena de bondad.

Finalmente nos despedimos, entonces nos dirigimos hacia el puerto, el padre de Maridoneli y su nieto viajarían con migo a Leticia pues el muchacho se sentía muy mal, tenia los síntomas propios de la malaria, así que era preciso que lo viera un medico. Justo frente al puerto queda la escuela de Mocagua que a esa hora estaba repleta de estudiantes, no pude ocultar mi curiosidad por los niños, en uno de los salones estaban los más pequeños haciendo su tarea, yo les tomaba fotos desde la ventana sin que ellos lo notaran, entonces cuando la profesora me vio, me dijo que podía entrar al salón pues los niños estaban en recreo.
 
Aquella fue la mejor parte del viaje, apenas salude a los niños varios de ellos de acercaron a mi para abrazarme, eran todos muy tiernos, les tome varias fotos que luego les mostraba en la pantalla de la cámara, también hicimos un video en que ellos se ponían a saltar, fue todo un relajo, las niñas por su parte permanecían atentas a sus deberes escolares sin prestarme mucha atención. Luego terminada la hora de clase todos salieron y se quedaron allí con migo mientras yo esperaba el bote, pronto habían más de cincuenta niños a mi alrededor, entonces el bote apareció y se acerco para recogernos.
 
Se trataba del bote de las once de la mañana, el único capaz de llevarme a tiempo para no perder el vuelo. Apenas aborde la embarcación todos los niños comenzaron a despedirse moviendo sus manos, fue un momento muy triste, quería quedare allí con ellos, yo les había llevado algo de felicidad y ellos me hacían muy feliz, estuve a punto de llorar, pero la imagen pronto se desvaneció con la velocidad del bote, esa había sido la ultima y más digna pagina de un viaje maravilloso por la América del Sur.
 
Mi paso por Mocagua fue maravilloso, una contingencia me había llevado hasta allí como otras muchas desviaciones de una ruta improvisada que ejecute con la precisión de un vagabundo.  El viaje me enseño a comprender mejor las diferencias de nuestro países, sus culturas, desafíos y problemas, pero también me enseño a conocerme mejor a mi mismo, siento que soy ahora una mejor persona, he aprendido el arte de esperar ante la inmensa geografía de un continente como nuestra América es fácil aprender la virtud de la paciencia,  me siento también una persona más fuerte en todos los aspectos, así como una persona de mejor actitud hacia todas las personas.
 
Medite sobre todas aquellas cosas antes de llegar a Leticia, una vez en la ciudad con solo 1.000 pesos en el bolsillo fui hasta una tienda de artesanías donde compre una hermosa artesanía ticuna para mi hermana, el truco lo hizo mi tarjeta de crédito con los últimos 15.000 pesos de saldo, entonces pare una moto que en esta ciudad hacen las veces de taxi, el conductor acepto llevarme hasta el aeropuerto en 1.000 pesos, me subí un poco asustado pero llegamos sin contratiempo.
 
Después de sellar mi ingreso al país en el puesto de DAS, me dirigí a la fila de Aerorepublica para esperar mi turno, entonces una señorita empleada de la aerolínea me pregunto si conocía el programa “pasajero voluntario”, no tenia ni idea, pero una vez me lo explico cualquiera que me viera en ese momento podría ver en mi al hombre más feliz del mundo.    
 
Se trataba de un programa que utiliza la aerolínea para vender tiquetes a ultima hora por un precio exorbitante, yo le cedía mi puesto a otro pasajero que tuviera una urgente necesidad de viajar y a cambio recibía una noche en uno de los mejores hoteles de la ciudad, alimentación y transporte hacia el hotel y de regreso al aeropuerto el día siguiente, apenas la señorita termino de explicarme todos los detalles lo siguiente que escucho de mis labios fue “trato hecho”. Sin embargo, no era seguro que pudiera ceder mi silla, tendría que hacer todo el tramite como si yo fuera a viajar, hasta el ultimo segundo sabría si me quedaba o si tomaba el vuelo.     
 
Cuando me llamaron a la ventanilla presente la boleta que me identificaba como pasajero voluntario y entonces comencé a negociar las condiciones del negocio, no quería una noche en un hotel cinco estrellas, ni deliciosa comida, ni piscina, ni un bono para futuros vuelos, todo lo que quería era unos boletos de barco ida y regreso Mocagua-Leticia, la señorita no podía entender el porque de semejante trato que parecía tan desventajoso, pero una vez le conté la historia de los niños y de la infinita paz que se encontraba en ese lugar prometió hacer todo lo posible por cambiar mi plan de estadía.
 
En un momento entro estrepitosamente al aeropuerto un señor muy afanado, se acerco a la ventanilla y le pidió a la señorita que lo enviara en el próximo vuelo a Bogota, ella le dijo que tendría que hacer la fila como todos, entonces el hombre dijo “no usted no entiende, tengo que llegar a Bogota hoy”, ante semejante oportunidad le dije que yo le cedía mi silla si me pagaba 50.000 pesos ($21 dólares), el hombre acepto dichoso, pero entonces la señorita me reprendió diciendo que no era esa la forma en que funcionaba el plan de pasajero voluntario, que el señor tendría que solicitar su tiquete como todos los demás sin ninguna preferencia, es decir, en orden de llegada; mientras el señor discutía con la señorita yo pensaba “soy un idiota, este tipo esta realmente afanado, he debido pedirle más dinero”.
 
Hubo una pausa en la que parecía que el hombre había ganado el pulso con la señorita, entonces le dijo como cerrando el trato,  “bueno, bueno deme el boleto del muchacho” y en seguida me pregunto ¿cuánto te tengo que dar a ti?, 100.000 pesos ($43 dólares) respondí, con ese dinero le llevaría de todo a los niños de Mocagua y les haría una fiesta que no olvidarían jamás. Al escuchar mi nueva tarifa el hombre me miro con picardía, insinuando con su mirada que yo era un tramposo, pero entonces la señorita interrumpió el negocio que estaba por cerrarse, “señor por favor, aun si usted le paga al muchacho yo no puedo asegurarle que usted vaya a conseguir esa silla, haga la fila por favor”, el hombre se retiro desanimado, mientras yo le preguntaba a la señorita porque no me había ayudado a venderle mi silla al señor.          
 
Minutos después los pasajeros comenzaron a abordar, entonces se acerco una señorita hasta mi para comunicarme que mi silla había sido cedida, me puse muy contento, entonces vi como la nave despego mientras yo permanecía allí, tuve un sentimiento extraño, no vería a mi familia ese día, pero volvería a Mocagua, genial. De regreso a la ventanilla del hotel comenzaron las complicaciones pues mis condiciones se salían del reglamento de la aerolínea, después de mucho rogarle a la señorita la convencí de intentar con su superior, entonces justo frente a mi ella tomo el teléfono y llamo a su jefe, le menciono todos los detalles de mi propuesta, yo permanecía a la expectativa, apenas su jefe le dijo que aceptaba mis condiciones salte de la alegría, la señorita también celebraba con migo mientras escuchaba las ultimas ordenes de su jefe.
 
Maravilloso el trato había sido aceptado, consistía en cambiar todos los beneficios por unos boletos de lancha rápida hasta Mocagua y de regreso. La señorita se retiro a su oficina para llamar a la agencia fluvial y comprar los boletos, luego salió de su oficina con la mala noticia pintada en su rostro, el ultimo bote había salido hace 20 minutos, intente otras formulas para cambiar los beneficios por $50.000 con lo que pensaba llegar a Mocagua en las lanchas lentas, pero finalmente decidí aceptar el trato del hotel, Jazmín, la señorita de la aerolínea que había estado al tanto de todo, me convenció de que lo mejor era quedarme en el Hotel que pagaba la aerolínea, ¿para que te complicas tanto la vida ? dijo.
 
Me encontraba algo decepcionado por haber fracasado en mi intento de volver a Mocagua, entonces Jazmín completo mi papeleo, me entrego el nuevo tiquete aéreo para el día siguiente, el voucher para el Hotel y los tiquetes para los taxis. Entonces nos despedimos, le hice prometer que si lograba conseguir transporte a Mocagua ella me ayudaría a aplazar mi vuelo una semana.
 
El conductor del taxi que me llevaría al hotel se hizo cargo de las maletas desde el interior del aeropuerto, hacia rato que no sabia lo que era eso, yo iba un poco triste en el auto, así que el conductor trataba de animarme, diciéndome que me iba a quedar en el hotel Anaconda, el mejor de la ciudad, que una noche allí era muy costosa y que tenia una piscina muy grande, pero nada de eso surtía efecto en mi pues mi mente seguía en Mocagua, pero una vez en la habitación del hotel me cambio el animo, tenia una suite enorme solo para mi con un lindo balcón con vista al rió , lo primero que hice fue saltar sobre la cama, el colchón era muy cómodo, había olvidado lo que era dormir en un colchón así, mi cuerpo se había acostumbrado a las hamacas y a las sillas de los buses, me quede un buen rato sobre la cama contemplando la situación, es increíble como en poco tiempo se puede llegar uno a acostumbrar una vida llena de incomodidades y privaciones, minutos antes no cambiaba el rancho del curaca en Mocagua por ninguna suite en un hotel cinco estrellas, pero ahora que me encontraba arrullado en la comodidad de mi suite aceptaba con placer aquel afortunado designio del destino.

Ya acomodado en la suite tome una ducha caliente, aquella sensación del agua saliendo en pequeños y refinados chorritos bañando mi cuerpo era exquisita, la disfrute como si fuera una experiencia que nunca antes hubiera conocido, me había estado bañando en las improvisadas duchas a bordo del Stenio Araujo y el Voyager III con un grueso chorro de agua de rió, una vez hube terminado el baño, me afeite y me perfume, entonces fui hasta el puerto, estaba en una acomodación de lujo en el Hotel Anaconda, pero aun tenia la firme determinación de hacer el ultimo intento de llegar a Mocagua.
 
En el puerto hable con varios lancheros para ver si me podían llevar a Mocagua sin cobrarme nada, les pagaría con trabajo aseando sus lanchas o cargando cosas, pero nadie viajaba tan lejos ese día, hable incluso con la señorita de la agencia de botes rápidos que ya me conocía, como había perdido el ultimo bote tendría que esperar hasta las once de la mañana del día siguiente pero solo su jefe podía autorizar que yo viajara gratis, la otra opción era esperar hasta el Viernes que es el día en que los curacas van a Leticia para hacer mercado, pero aquella no era una muy buena opción ¿donde iba a dormir la noche del Jueves? ante semejante panorama abandone definitivamente mi intención de regresar a Mocagua, lo había intentado, el resto de la tarde recorrí solitario las calles de Leticia.      
 
Jueves 23 de Abril
 
Me levante como a las diez de la mañana, tome una ducha y fui a desayunar, después de reposar nade un buen rato en la piscina del hotel, aquel día era el gran final de mi viaje me tomaría con calma, pensaba en lo afortunado que había sido, el plan de la aerolínea por medio del cual cedí mi silla el día anterior, me había brindado la oportunidad de hacer una cómoda pausa, que mejor manera para culminar una travesía continental, se había cumplido ya mi deseo de viajar libremente por la América del Sur, todo cambiaba de perspectiva, lo que antes parecía un sueño difícil de alcanzar era ya parte del pasado, las metas que antes parecían grandes las veía ese día más pequeñas.
 
Después de almorzar volví a mi habitación para tomar una siesta, luego empaque todo y volví al aeropuerto, Jazmín se sorprendió de verme, me dijo que pensaba que yo llegaría a Mocagua así fuera nadando, pero ya todo era diferente, tenia muchas ganas de volver a Bogota, por fin estaría de regreso en mi ciudad natal, extrañaba sus montañas, a mi madre a mi hermana y a mis animales, solo dos horas me separaban de mi hogar, del lugar que abandone meses atrás con solo $920 dólares y la idea de recorrer 5.000 Kilómetros, aborde la nave después de darle un gran beso a Jazmín y agradecerle por toda su ayuda, en escasos 45 minutos aterrizamos, mi madre me esperaba en el aeropuerto salí corriendo para abrazarla, sentí mucha alegría de verla de nuevo pero al mismo tiempo tuve un sentimiento de nostalgia, el viaje había terminado.

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Últimos comentarios

eltipo dice:
Tu ADN es el de un viajero sin dudas! lo llevas en la esencia!

Publicado

tanzania90 dice:
¿En serio todo eso sucedió en la realidad? bastante prolífico.
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Ratisol dice:
Gracias Eltipo, en verdad no lo sé capaz que si soy un viajero esta en mi ADN y es inútil luchar contra eso, aunque de momento prefiero pensar que soy mitad-mitad. Y si todo ha sucedido Tanzania, pero no es merito mío, son estas tierras las que engendran tanta experiencia, misterio y distancia. Un Abrazo.
Y bien, ¿sois viajero, turista o mitad-mitad? averígüenlo en el minuto cuarenta. http://www.youtube.com/watch?v=DjpM5dffKPA&feature=related

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MIKECOAL1953 dice:
Buena experiencia. Gracias por tu relato.
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