Llegamos a
Heathrow y compramos la
Travelcard para coger el metro allí mismo en dirección a Picadilly, para luego llegar a Liverpool St, donde teníamos el hotel:
Andaz de
Hyatt (un lujazo absoluto, pero como es corporativo, nosotros viajábamos en fin de semana y no era agosto... conseguimos un precio magnífico). La impresión ya de entrada es notable: un edificio victoriano que te transporta a lo mas "in" del s.XXI sólo con cruzar las puertas.
Alucinamos ya en el check in, sentados en increíbles sillones de diseño, sin mostradores ni barreras. Nos ofrecieron infusiones, zumos ecológicos, fruta y unas galletitas exquisitas mientras nos tomaban los datos y después nos llevaron a la habitación. Simplemente preciosa. Salimos del hotel y nos dirigimos andando hacia el
Gherkin, que se encuentra muy cerca. Con sólo girar la calle ya vimos asomar la punta del enorme pepinillo diseñado por Foster. Fue sencillo orientarse entre las calles del distrito financiero y llegar hasta su base (plagada de tiendas y bares caros) para dejarse sorprender por la armonía de los inmensos cristales que lo conforman.
Realmente parecido a la torre Agbar de Barcelona, pero notablemente mejor integrada en el paisaje londinense. Con mi beneplácito al premio Stirling que le valió a Foster este genial diseño "inteligente" (consume un 50% menos de energía que los edificios de una oficina normales, tiene sistemas de iluminación ventilación naturales...etc)... nos encaminamos a London Brigde, que también está accesible a pie desde el hotel, para tomarnos unas pintas en los barcos/pubs que están atracados en el Támesis. Después fuimos a visitar la
Torre de Londres y volvimos hacia la zona de London Brigde (concretamente a Bank End) para ver
Vinópolis. Hicimos el tour más sencillito, con una iniciación a la cata, 5 copas y un cocktail de Bombay Saphire por menos de 20 libras. Después, nos dimos el gustazo de cenar en su restaurante y volvimos andando al hotel, cruzando el puente de la torre de Londres envueltos en su típica y tópica niebla.