Diarios de viaje > Londres, Europa

Gran bretaña fue una cuestion cultural.

Escribe: Quela
“Lo peor que puede pasar en un viaje es que no pase nada”. Esta frase no es mia, pero es una gran verdad, por eso, porque nos pasó casi de todo, y yo me encontré a mi misma fue un viaje muy especial, y que de alguna manera marcó para siempre un antes y un después en mis pensamientos.Un viaje en el que tuve que reconocer una serie de cuestiones que tenían que ver conmigo misma, y hasta entonces no quería ver.

 

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Capítulo 1
 

De Madrid a Gran Bretaña por sorpresa.

Londres, Reino Unido — lunes, 28 de junio de 2010

Había ido al colegio Británico desde los 5 a los 15 años. En él todo era inglés, no sólo los profesores, los libros, el material escolar, hasta el papel higiénico. Aprendí a leer en inglés antes que en español. Esto en la mentalidad de una niña, hizoc recer en mi un sentimiento anti británico. Odiaba todo lo que tuviera olor a inglés, y juraba que cuando terminara el colegio, jamás volvería a pronunciar una palabra en otro idioma que no fuera el español.

Pasó el tiempo, y a mis 25 años, yo seguía manteniendo muy pocas simpatías por todo lo británico. Un dia charlando con unos tios mios y otra sobrina de ellos, proyectamos un viaje que sería una sopresa, para la otra sobrina (Rosa) y para mi.

Salimos de Madrid una tarde de septiembre en el coche cama con destino a San Sebastián. Todo eran conjeturas, no había ninguna pista del destino. El primer pensamiento fue que sería un recorrido por Euskadi, pero no, recogimos el coche, y salimos rumbo a Francia. Tras un montón de horas de viaje, llegamos a Cherburgo, una ciudad que me pareció tristona, aunque bien es verdad que la lluvia imprimía un cierto aspecto melancólico a la ciudad. "¿Haremos un viaje por la Bretaña francesa?" era lo que nos preguntábamos Rosa y yo, pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos llevaron al puerto, y tomamos el barco para Inglaterra.

Llegamos a Weymouth bajo una lluvia torrencial. En el mismo momento que pisamos el pais, me comencé a dar cuenta de que algo raro ocurría en mi interior. No conseguía adivinarlo, pero algo me pasaba. Mis esquemas se comenzaban a romper. Por supuesto, me tocó hacer de traductora, y preguntar por el hotel Moon Fleet Mannor. Yo hablaba, y la gente me contestaba con toda naturalidad, y eso era lo que a mi me extrañó, me sentía como si fuera la prima lejana que llegaba de visita.

Comenzamos un viaje en coche por la mayor parte de la isla. En primer lugar, he de decir que fue el viaje más divertido que he hecho en la vida, por la gran cantidad de anécdotas y situaciones extrañas en las que nos vimos envueltos, y en cada situación, y en cada lugar, los británicos se desvivieron para ayudarnos.

El primer destino fue Gales, donde se nos estropèó el coche en un viernes por la tarde, lo cual supuso que tuvierámos que quedarnos en una granja tirados durante todo el fin de semana. Aprovechamos para visitar las playas guiados por el granjero.. La tarde de ese sábado paseábamos por el pueblito, cuando nos paró un coche y nos preguntó el conductor si éramos los españoles que se habían quedado tirados con el coche. Yo le contesté que si, a lo que nos dijo que nos invitaba a su casa a tomar el té. Le dimos las gracias pero dijimos que no, pero insistió tanto, que no tuvimos más remedio que subirnos a su coche e ir a su casa. Yo seguía siendo tranductora, y cada vez era para mi más natural todo ese entorno.

Si tuviera que definir Gales, diría que es un pais de colinas bajas, y de color gris pizarra. Pero sus paisajes, sus ríos, sus acantilados inacabables, mezclado con sus cielos casi siempre grises, producen una melancolía que de alguna manera enamora.

A estas alturas del viaje, mis esquemas estaban ya rotos por completo.

La siguiente etapa fue Escocia. En realidad fue una etapa inacabada, pues ya era octubre y la nieve comenzó a caer, así que no pudimos llegar a Inverness. Pero Edimburgo valió la pena. Típica ciudad escocesa, tan fría, tan verde, tan apacible, donde se puede apreciar el alma de lo escocés. La recomiendo muy especialmente. Ahí comprendí la razón de que siempre contesten "I´m British, not English" a nuestra contínua manía de confundir a todos los nativos de la isla con ingleses. Y es que los escoceses y los galeses, no tienen nada que ver con los ingleses, tienen su propia idiosincrasia, su cultura, idioma y costumbres.

Por supuesto, como no podia ser de otra, fuimos a visitar un castillo, de los que tienen fantasma (je, je). En la entrada daban unos folletos informativos sobre la historia y la distribución del castillo, en varios idiomas. Yo los pedí, por supuesto, en español, pero me dieron tres en español, y uno en inglés. Confieso que me encantó ese detalle, porque para esas alturas yo ya me había dado cuenta del porqué se me habían roto los esquemas nada más pisar la isla. Por mucha manía que hubiera tenido a todo lo británico, yo había mamado esa cultura, de manera que se había metido tan dentro de mi, que ya era mía, tanto como la española. De ahí que todo en ese país me pareciera tan natural. Había entrado en ese país que de alguna manera también era el mio propio.

La última etapa fue Londres. Hay miles de diarios escritos sobre Londres, así que no vale la pena contar todas las maravillas de esta ciudad. Lo que sí quiero comentar son mis propios sentimientos sobre ella. Sencillamente me enamoré. Me impactó sobremanera ver esa ciudad tan cosmopolita, tan abierta. Esto me alucinó, y es que por esa época en Madrid sólo se veian turistas suecos . Pero a mi me encantó ver mujeres con sari, y hombres al modo sij, y negros y chinos, y oir tantos idiomas diferentes. Amo esa ciudad, ninguna ciudad del mundo me produce ese sentimiento, ni París, ni Roma, ni Lisboa. He vuelto muchas veces, pero sigue siendo la ciudad a la que siempre, siempre quiero volver. Junto con Madrid, son mis ciudades.

A la vuelta de aquel viaje, todo fue diferente para mi. Reconocí un error en el que estaba sumida, y admití que lo inglés no es malo, sino estupendo. Amo todo lo inglés.
Su cultura es mi cultura.

Quiero dedicar este diario a mi padrino, artífice de aquel viaje tan maravilloso y esclarecedor para mi. El ya no está, pero en mi mente vive cada día.

Había ido al colegio Británico desde los 5 a los 15 años. En él todo era inglés, no sólo los profesores, los libros, el material escolar, hasta el papel higiénico. Aprendí a leer en inglés antes que en español. Esto en la mentalidad de una niña, hizoc recer en mi un sentimiento anti británico. Odiaba todo lo que tuviera olor a inglés, y juraba que cuando terminara el colegio, jamás volvería a pronunciar una palabra en otro idioma que no fuera el español.

Pasó el tiempo, y a mis 25 años, yo seguía manteniendo muy pocas simpatías por todo lo británico. Un dia charlando con unos tios mios y otra sobrina de ellos, proyectamos un viaje que sería una sopresa, para la otra sobrina (Rosa) y para mi.

Salimos de Madrid una tarde de septiembre en el coche cama con destino a San Sebastián. Todo eran conjeturas, no había ninguna pista del destino. El primer pensamiento fue que sería un recorrido por Euskadi, pero no, recogimos el coche, y salimos rumbo a Francia. Tras un montón de horas de viaje, llegamos a Cherburgo, una ciudad que me pareció tristona, aunque bien es verdad que la lluvia imprimía un cierto aspecto melancólico a la ciudad. "¿Haremos un viaje por la Bretaña francesa?" era lo que nos preguntábamos Rosa y yo, pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos llevaron al puerto, y tomamos el barco para Inglaterra.

Llegamos a Weymouth bajo una lluvia torrencial. En el mismo momento que pisamos el pais, me comencé a dar cuenta de que algo raro ocurría en mi interior. No conseguía adivinarlo, pero algo me pasaba. Mis esquemas se comenzaban a romper. Por supuesto, me tocó hacer de traductora, y preguntar por el hotel Moon Fleet Mannor. Yo hablaba, y la gente me contestaba con toda naturalidad, y eso era lo que a mi me extrañó, me sentía como si fuera la prima lejana que llegaba de visita.

Comenzamos un viaje en coche por la mayor parte de la isla. En primer lugar, he de decir que fue el viaje más divertido que he hecho en la vida, por la gran cantidad de anécdotas y situaciones extrañas en las que nos vimos envueltos, y en cada situación, y en cada lugar, los británicos se desvivieron para ayudarnos.

El primer destino fue Gales, donde se nos estropèó el coche en un viernes por la tarde, lo cual supuso que tuvierámos que quedarnos en una granja tirados durante todo el fin de semana. Aprovechamos para visitar las playas guiados por el granjero.. La tarde de ese sábado paseábamos por el pueblito, cuando nos paró un coche y nos preguntó el conductor si éramos los españoles que se habían quedado tirados con el coche. Yo le contesté que si, a lo que nos dijo que nos invitaba a su casa a tomar el té. Le dimos las gracias pero dijimos que no, pero insistió tanto, que no tuvimos más remedio que subirnos a su coche e ir a su casa. Yo seguía siendo tranductora, y cada vez era para mi más natural todo ese entorno.

Si tuviera que definir Gales, diría que es un pais de colinas bajas, y de color gris pizarra. Pero sus paisajes, sus ríos, sus acantilados inacabables, mezclado con sus cielos casi siempre grises, producen una melancolía que de alguna manera enamora.

A estas alturas del viaje, mis esquemas estaban ya rotos por completo.

La siguiente etapa fue Escocia. En realidad fue una etapa inacabada, pues ya era octubre y la nieve comenzó a caer, así que no pudimos llegar a Inverness. Pero Edimburgo valió la pena. Típica ciudad escocesa, tan fría, tan verde, tan apacible, donde se puede apreciar el alma de lo escocés. La recomiendo muy especialmente. Ahí comprendí la razón de que siempre contesten "I´m British, not English" a nuestra contínua manía de confundir a todos los nativos de la isla con ingleses. Y es que los escoceses y los galeses, no tienen nada que ver con los ingleses, tienen su propia idiosincrasia, su cultura, idioma y costumbres.

Por supuesto, como no podia ser de otra, fuimos a visitar un castillo, de los que tienen fantasma (je, je). En la entrada daban unos folletos informativos sobre la historia y la distribución del castillo, en varios idiomas. Yo los pedí, por supuesto, en español, pero me dieron tres en español, y uno en inglés. Confieso que me encantó ese detalle, porque para esas alturas yo ya me había dado cuenta del porqué se me habían roto los esquemas nada más pisar la isla. Por mucha manía que hubiera tenido a todo lo británico, yo había mamado esa cultura, de manera que se había metido tan dentro de mi, que ya era mía, tanto como la española. De ahí que todo en ese país me pareciera tan natural. Había entrado en ese país que de alguna manera también era el mio propio.

La última etapa fue Londres. Hay miles de diarios escritos sobre Londres, así que no vale la pena contar todas las maravillas de esta ciudad. Lo que sí quiero comentar son mis propios sentimientos sobre ella. Sencillamente me enamoré. Me impactó sobremanera ver esa ciudad tan cosmopolita, tan abierta. Esto me alucinó, y es que por esa época en Madrid sólo se veian turistas suecos . Pero a mi me encantó ver mujeres con sari, y hombres al modo sij, y negros y chinos, y oir tantos idiomas diferentes. Amo esa ciudad, ninguna ciudad del mundo me produce ese sentimiento, ni París, ni Roma, ni Lisboa. He vuelto muchas veces, pero sigue siendo la ciudad a la que siempre, siempre quiero volver. Junto con Madrid, son mis ciudades.

A la vuelta de aquel viaje, todo fue diferente para mi. Reconocí un error en el que estaba sumida, y admití que lo inglés no es malo, sino estupendo. Amo todo lo inglés.
Su cultura es mi cultura.

Quiero dedicar este diario a mi padrino, artífice de aquel viaje tan maravilloso y esclarecedor para mi. El ya no está, pero en mi mente vive cada día.

Había ido al colegio Británico desde los 5 a los 15 años. En él todo era inglés, no sólo los profesores, los libros, el material escolar, hasta el papel higiénico. Aprendí a leer en inglés antes que en español. Esto en la mentalidad de una niña, hizoc recer en mi un sentimiento anti británico. Odiaba todo lo que tuviera olor a inglés, y juraba que cuando terminara el colegio, jamás volvería a pronunciar una palabra en otro idioma que no fuera el español.

Pasó el tiempo, y a mis 25 años, yo seguía manteniendo muy pocas simpatías por todo lo británico. Un dia charlando con unos tios mios y otra sobrina de ellos, proyectamos un viaje que sería una sopresa, para la otra sobrina (Rosa) y para mi.

Salimos de Madrid una tarde de septiembre en el coche cama con destino a San Sebastián. Todo eran conjeturas, no había ninguna pista del destino. El primer pensamiento fue que sería un recorrido por Euskadi, pero no, recogimos el coche, y salimos rumbo a Francia. Tras un montón de horas de viaje, llegamos a Cherburgo, una ciudad que me pareció tristona, aunque bien es verdad que la lluvia imprimía un cierto aspecto melancólico a la ciudad. "¿Haremos un viaje por la Bretaña francesa?" era lo que nos preguntábamos Rosa y yo, pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos llevaron al puerto, y tomamos el barco para Inglaterra.

Llegamos a Weymouth bajo una lluvia torrencial. En el mismo momento que pisamos el pais, me comencé a dar cuenta de que algo raro ocurría en mi interior. No conseguía adivinarlo, pero algo me pasaba. Mis esquemas se comenzaban a romper. Por supuesto, me tocó hacer de traductora, y preguntar por el hotel Moon Fleet Mannor. Yo hablaba, y la gente me contestaba con toda naturalidad, y eso era lo que a mi me extrañó, me sentía como si fuera la prima lejana que llegaba de visita.

Comenzamos un viaje en coche por la mayor parte de la isla. En primer lugar, he de decir que fue el viaje más divertido que he hecho en la vida, por la gran cantidad de anécdotas y situaciones extrañas en las que nos vimos envueltos, y en cada situación, y en cada lugar, los británicos se desvivieron para ayudarnos.

El primer destino fue Gales, donde se nos estropèó el coche en un viernes por la tarde, lo cual supuso que tuvierámos que quedarnos en una granja tirados durante todo el fin de semana. Aprovechamos para visitar las playas guiados por el granjero.. La tarde de ese sábado paseábamos por el pueblito, cuando nos paró un coche y nos preguntó el conductor si éramos los españoles que se habían quedado tirados con el coche. Yo le contesté que si, a lo que nos dijo que nos invitaba a su casa a tomar el té. Le dimos las gracias pero dijimos que no, pero insistió tanto, que no tuvimos más remedio que subirnos a su coche e ir a su casa. Yo seguía siendo tranductora, y cada vez era para mi más natural todo ese entorno.

Si tuviera que definir Gales, diría que es un pais de colinas bajas, y de color gris pizarra. Pero sus paisajes, sus ríos, sus acantilados inacabables, mezclado con sus cielos casi siempre grises, producen una melancolía que de alguna manera enamora.

A estas alturas del viaje, mis esquemas estaban ya rotos por completo.

La siguiente etapa fue Escocia. En realidad fue una etapa inacabada, pues ya era octubre y la nieve comenzó a caer, así que no pudimos llegar a Inverness. Pero Edimburgo valió la pena. Típica ciudad escocesa, tan fría, tan verde, tan apacible, donde se puede apreciar el alma de lo escocés. La recomiendo muy especialmente. Ahí comprendí la razón de que siempre contesten "I´m British, not English" a nuestra contínua manía de confundir a todos los nativos de la isla con ingleses. Y es que los escoceses y los galeses, no tienen nada que ver con los ingleses, tienen su propia idiosincrasia, su cultura, idioma y costumbres.

Por supuesto, como no podia ser de otra, fuimos a visitar un castillo, de los que tienen fantasma (je, je). En la entrada daban unos folletos informativos sobre la historia y la distribución del castillo, en varios idiomas. Yo los pedí, por supuesto, en español, pero me dieron tres en español, y uno en inglés. Confieso que me encantó ese detalle, porque para esas alturas yo ya me había dado cuenta del porqué se me habían roto los esquemas nada más pisar la isla. Por mucha manía que hubiera tenido a todo lo británico, yo había mamado esa cultura, de manera que se había metido tan dentro de mi, que ya era mía, tanto como la española. De ahí que todo en ese país me pareciera tan natural. Había entrado en ese país que de alguna manera también era el mio propio.

La última etapa fue Londres. Hay miles de diarios escritos sobre Londres, así que no vale la pena contar todas las maravillas de esta ciudad. Lo que sí quiero comentar son mis propios sentimientos sobre ella. Sencillamente me enamoré. Me impactó sobremanera ver esa ciudad tan cosmopolita, tan abierta. Esto me alucinó, y es que por esa época en Madrid sólo se veian turistas suecos . Pero a mi me encantó ver mujeres con sari, y hombres al modo sij, y negros y chinos, y oir tantos idiomas diferentes. Amo esa ciudad, ninguna ciudad del mundo me produce ese sentimiento, ni París, ni Roma, ni Lisboa. He vuelto muchas veces, pero sigue siendo la ciudad a la que siempre, siempre quiero volver. Junto con Madrid, son mis ciudades.

A la vuelta de aquel viaje, todo fue diferente para mi. Reconocí un error en el que estaba sumida, y admití que lo inglés no es malo, sino estupendo. Amo todo lo inglés.
Su cultura es mi cultura.

Quiero dedicar este diario a mi padrino, artífice de aquel viaje tan maravilloso y esclarecedor para mi. El ya no está, pero en mi mente vive cada día.

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Últimos comentarios

un viajero dice:
Hermoso diario !!
Me encanto y lo lei 3 veces jajajaj

Publicado

un viajero dice:
jajajajjaaj,Eres demasiao,jajjaaj
Efesarba,Efesarba
Quela, buen diario.

Publicado

Quela dice:
Perdon, pero es que me lié con eso de los capítulos. Voy a ver si lo arreglo.
Publicado

un viajero dice:
Me ha encantado Raquel, acabo de volver de Londres y coincido contigo, es una ciudad maravillosa, cosmopolita, acogedora y divertida, no me canso de verla.... Tu diario no lo arregles, asi es tres veces bueno ¡¡ un abrazo.
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