Diarios de viaje > Lom, Europa
Paseo por noruega iv glaciares de briksdal y nigardsbreen
Escribe: maraton
...era en verdad chocante ver a la gente esquiando en bañador!
Glaciares de Briksdal y Nigardsbreen
Lom, Noruega — martes, 5 de julio de 2005
GLACIARES DE BRIKSDAL Y NIGARDSBREEN
..era en verdad chocante ver a la gente esquiar en bañador
Agradecí que mi amigo, excelente conductor y que además disfruta haciéndolo, se ofreciera una vez más a tomar las riendas del vehículo. Así pude relajarme en un tramo de por sí harto complicado.
Decidimos hacer un pequeño Tour por una carretera que venía muy recomendada por su belleza y además está catalogada dentro de las “rutas pintorescas” del Gobierno Noruego, la Rv258 que va de Grotli a Videsaeter y pasa por la Estación de Esquí “Strynefjell” cuyo punto culminante alcanza los 1658 metros.
Como había cedido mi asiento de co-piloto a mi Señora caí en un sopor que me evitó sufrir la angustia, que según me contaron todos, experimentaron en una estrechísima carretera encajonada entre altas paredes de hielo contra las que casi rozábamos a ambos lados.
Afortunadamente sólo se cruzaron y precisamente con una autocaravana en un lugar en que para pasar un puente la carretera momentáneamente se ensanchaba. Por lo visto este puente era de tal precariedad que de no haber visto a la otra autocaravana arriesgarse a pasarlo nosotros hubiéramos dado la vuelta, aunque tampoco sé si tal cosa hubiera sido posible.
Como he indicado, todo esto me viene de referencias ya que yo dormía como un bendito! A pesar de la gran belleza del recorrido prefirieron no despertarme.
Desperté al detenernos en la Estación de Esquí a la que normalmente se accede por el otro lado y por este motivo la carretera ya tenía una configuración mas normal.
Era de verdad chocante ver a la gente esquiar en bañador en un paisaje de suaves pendientes rodeados de fragmentos del glaciar que asomaba a lo lejos entre la nieve de mas reciente formación.
Ahora que el camino estaba despejado, permitía un respiro y con ello poder admirar las blancas llanuras enmarcadas por blancos picos, recortados con un intenso azul en el cielo.
Después de detenernos un par de veces en los repletos dos únicos lugares habilitados para tal fin, la carretera inició el descenso serpenteando siguiendo las eses naturales marcadas por el propio río con una cascada tras otra.
Antes de llegar a Videsaeter, las autoridades han habilitado un balcón que ofrece una vista del valle impresionante.
Realmente el panorama que desde allí se divisa, es digno... digamos... de la “Pastoral” de Beethoven.
Como muchos de los pueblos noruegos, las casas están algo dispersas, solo un pequeño grupo se forma no lejos de la preciosa capilla. El río a aquella hora brillaba mientras serpenteaba caprichoso en el valle. Todo el paisaje se recrea en ofrecernos toda la gama del verde... desde el tamizado de rojo, amarillo o siena hasta el más puro y fresco verde primavera... un derroche de color que hasta ahora solo he sido capaz de apreciar con la ayuda del aire tan limpio que ofrece este País.
Afortunadamente, a pesar de que solo disponíamos de dos dignas cámaras digitales, hoy en día ampliamente superadas, conseguimos unas tomas que recrean con bastante precisión unas vistas que me reaseguran en la bondad de mis recuerdos...
Llegados abajo emprendimos el viaje de regreso al punto de partida Langevatn, pero esta vez directamente, a través de varios túneles bastante largos.
La amiga que nos acompañaba sufría de claustrofobia y tenía pánico a estos pasajes. Con ánimo de distraer su atención, propuse que cada uno contase una anécdota o chiste e inevitablemente todos fuimos rebobinando experiencias...
En cualquier caso, el objetivo se cumplió con creces y nadie se percató en lo sucesivo de estos “agujeros negros”... nuestros pensamientos inconscientemente retrocedían a estos pasajes vividos por cada uno... y no vean lo que dio de sí cuando pasamos el túnel de Laerdal con 24,5 kilómetros de largo!
Bueno, como venía diciendo, rodeamos el glaciar de Jostedalsbreen siguiendo por la 15 hasta Lom, dónde nos detuvimos para visitar la preciosa Iglesia de Madera construida en 1.150.
Aquí dejamos la 15 para adentrarnos en la 55 otra de las carreteras calificada de “Pintoresca” por las Autoridades Noruegas en el tramo hasta Gaupne y ciertamente lo merece cumplidamente.
La carretera vuelve a ascender y después de recorrer unos 25 Km vimos un letrero que nos invitaba a acercarnos al Parque Nacional de Jotunheimer dónde hay el Glaciar de Galdhopiggen de 2469 metros de alto (perdón por los nombres, pero todavía me queda otro) para ello después de dejar unas buenas coronas en una cajita de madera sin vigilancia y a modo de peaje, nos adentramos en una carretera angosta pero asfaltada de unos 15 Km y que asciende hasta (ahí va) Gjuwashytta... ¡uf! dónde unas buenas instalaciones rurales (hotel-restaurante) dan cobijo a excursionistas e inocentes turistas como nosotros.
Totalmente rodeados de nieve en una inmensa planicie, solo en la lejanía y con esfuerzo se vislumbraban unos picos que enmarcaban este sobrecogedor paisaje. Imagino que a aquella hora los huéspedes estarían dispersos por la montaña, pues no vimos a nadie.
Tomamos un café y después de comprobar que sería una locura adentrarnos en la nieve sin equipo apropiado y siendo la hora de comer, aparcamos dónde pudimos y sacamos mesa y sillas y comimos en un día de sol radiante en medio de la nieve, una incomparable delicia.
La carretera terminaba allí, así que empezamos a descender y en el recorrido algunas ovejas se acercaron sin temor cuando nos detuvimos para admirar desde bastante lejos un glaciar. Había una senda practicable que permitía acercarse pero ya sabíamos que con este aire tan cristalino, las distancias se confunden fácilmente y lo que parece a tiro de piedra, resulta que está a kilómetros.
Por otro lado habíamos ponderado tanto la maravilla de los glaciares a nuestros amigos, que éste aparentemente de menor entidad sería algo desilusionante.
Retomada la 55 seguimos hasta Gaupne.
Aquí voy a confesarles algo... ¡me he perdido!
Llevo tres días intentando reconstruir el recorrido, pero no consigo atar los datos de que dispongo.
Hay varios factores: La cámara fotográfica de mis amigos no tenía la fecha actualizada y en esta parte del recorrido muchas de las fotografías que podrían situarme no disponen del dato de fecha y hora correctos.
Segundo, el seguimiento del itinerario que confeccioné a priori lo introdujo en el navegador mi amigo, liberándome de éste engorro que mucho agradecí, pero que ahora no me facilita recordar el camino seguido.
El caso es, que aquí me tienen hundido en un mar de dudas y datos contradictorios... tengo claro dónde estuve pero no cuando ni en qué orden.
Así que ruego me disculpen los que hasta aquí han intentado seguir en un mapa nuestras andanzas ya que ahora solo me limitaré a hablarles de lo que consiga recordar y constatar.
Por otro lado, siendo cierto que hicimos una ruta enrevesada para poder ver lugares escogidos y a desmano, también nuestra orientación se vio perjudicada por la maldita repetición de nombres topográficos, como cuando buscando una población altamente recomendada por la ingente acumulación de aves de todas las especies... acabamos en una insulsa población homónima sin ningún interés...
Bien, vamos pues a la visita al Glaciar Briksdal del que solo puedo mencionarles que llegamos el 6 de Julio de 2005 a las 11 de la mañana y que por lo tanto ocurrió antes del pasaje anteriormente descrito.
Recuerdo que aparcamos en una explanada acondicionada a tal fin. Desde aquí, aún en recientes años o bien seguías andando o alquilabas un “calesín” tirado por un caballo que por un camino asfaltado iba subiendo lentamente hasta las inmediaciones del glaciar. Ahora, unos pequeños vehículos eléctricos suplen aquellos románticos carruajes... es una pena.
Solamente los usan los Japoneses que tienen los minutos contados.
Probablemente nosotros y la mayoría de los que subíamos aquél día andando y bajo una persistente lluvia, nos habríamos refugiado bajo el toldo de una evocadora “calesa” o “calesín”.
La ascensión nos llevó una hora larga, dejándonos la lluvia, la bruma y el vapor de agua, entrever en contadas ocasiones pedazos de la mole de hielo que se erguía frente a nosotros.
El impetuoso río que provenía del deshielo del glaciar, jugaba con nosotros... venga, ahora a seguir por la derecha y hala! a pasar otra vez por un puente y quedar doblemente remojados por la lluvia y el vapor de agua de las múltiples cascadas. Ojo! que aquí viene uno de estos silenciosos carritos repleto de imperturbables rostros orientales.
Por qué será que sólo en los japoneses jóvenes podemos descubrir signos de alegría como risas y alegre parlotear... puestos a reflexionar sobre esto... por un momento he dudado de sí verdaderamente nosotros somos tan diferentes... pero... sí! al menos en los países mediterráneos somos “muy diferentes” incluso en la edad madura... vaya jolgorio armamos cuando vamos en grupo!
Sin dejar de llover, pero con espasmódicos instantes de claridad que nos dejan entrever una impresionante imagen de unos cientos de metros hacia arriba, llegamos al pié del glaciar.
Mis amigos, aún no repuestos de la emoción se unen a nosotros y jugamos como niños pisando el hielo... ora acomodándonos en una cavidad que forma el hielo... ora bebiendo unas gotas derretidas de un enorme pedazo de hielo. Bromeando les digo... anda que esta agua que estamos bebiendo... posiblemente cayó en forma de nieve cuándo en el Éxodo de Egipto caía el Maná del Cielo... por decirla... que sea gorda!
Pero ahora compruebo que lo que sin razonar dije en su momento, no andaba tan lejos de la posible verdad... si acaso me quedé corto.
Verán, esta primavera pasada (200
Retomemos la narración... fue entonces cuando sucedió lo que narré en un capítulo anterior...
La inmensa montaña helada, dio una especie de “estertor” y algo así como un gigantesco resoplido provinente de sus entrañas se extendió de arriba abajo de la montaña y a mí me cogió en un instante de precario equilibrio sobre la masa helada... aun así pegué un enorme salto (para mis escasas fuerzas) y aterricé a cuatro gatas sobre tierra firme. Pensando que sería el hazmerreír de todos, levanté la vista al tiempo que recobraba azorado mi compostura, pero señores, aquello había sido sálvese el que pueda... todos habíamos buscado un sólido refugio cercano.
Rivalizando con los pálidos visitantes orientales, tardamos unos minutos en recobrarnos y comentar lo experimentado. Entonces fue cuando recordamos que habíamos visto trozos de hielo desplazarse río abajo y lo que pensamos que era habitual, eran desprendimientos posiblemente acelerados por un cada vez más evidente cambio de clima.
Voy a dar un salto y paso a describirles nuestra visita al otro Glaciar que visitamos en éste viaje: el de Nigardsbreen.
Afortunadamente, en esta ocasión el sol nos acompañó y pudimos gozarlo en plenitud. Aparecía al fondo desde donde aparcamos y a pesar de que daba la impresión que podíamos alcanzarlo con la mano... cuando nos percatamos que unos minúsculos puntitos en la base eran personas, desistimos de seguir por un camino que al parecer conducía hasta allí y regresamos al embarcadero para tomar la barca que los “sensatos” usaban para llegar a la base.
En realidad los dos Glaciares son lenguas opuestas que forman parte de uno solo el Josterdalbreen que inmenso se extiende en una superficie de 487 kilómetros cuadrados entre los Fiordos de Sognefjor y Nordfjor.
Su punto más alto alcanza los 2.018 metros y en la base, el Glaciar Nigardsbreen que nos ocupa baja hasta los 350 metros sobre el nivel del mar, Su máximo espesor es de unos 600 metros.
La antigüedad de éste Glaciar no va mas allá de los 2.500 años ya que no forma parte de la última “edad de hielo” de hace 12.000 años, sino que se formó en un posterior enfriamiento del planeta.
De regreso al Parking y en unas mesas de picnic, estratégicamente dispuestas para contemplar el fabuloso panorama, dimos cuenta de unas baratísimas gambas frescas que habíamos comprado en un Super. Con ellas confeccionamos una suculenta Paella (sui generis).
Así, cuándo nos preguntan qué comíamos en Noruega dejamos a la gente pasmada contestando todos al unísomo...
Paella Marinera!
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
lita_gd dice:
Mi hermana vive en Oslo...
y me ha invitado hacer un trip el otro año!
Publicado
maraton dice:
Aprovéchalo Lita... no te arrepentirás!
Publicado
entropia2002 dice:
Viaje inolvidable sin lugar a dudas además de alucinante.El relato denota fluidez y conocimiento del lugar.FElicitaciones.
Publicado
MARCEDIAZ dice:
Me encantó tu relato....y las fotos de los lugares...¡hermosos!....
Me atrapan esos paisajes helados...
espero ir alguna vez tan al norte,ya que tuve un abuelo danés y me gustaría conocer su patria...
y de paso recorrer estos lugares que nombras en tu relato...
Te invito a visitar mi diario de viajes a los glaciares de la Patagonia....
Publicado
un viajero dice:
Muy lindo relato de un precioso lugar. Te felicito Maraton.
Publicado
dice:
o Cancelar
El comentario ha sido borrado. ¿Deshacer?
maraton dice:
Gracias a todos. MARCEDIAZ, acabo de leer tu relato de Chile... precioso. Te acabo de incluir en mis amigos para no perderme nada tuyo. Al igual que a entropia 2002 ya en mis amigos, te invito a leer un escrito que envié ayer pero que no le han dado mucha difusión, lo acepto y lo entiendo ya que no es en verdad un relato, si gustas pincha en http://www.viajeros.com/diarios/barcelona/definiciones-de-viajero-capitulo-i
Saludos cordiales
Publicado
Kiowa dice:
Impresionante, y qué fotos!!!
Buen diario, saludos!
Publicado
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Lom...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Glaciares de Briksdal y Nigardsbreen” con tus amigos en Facebook?