Diarios de viaje > Europa

Antigua Yugoslavia y Venecia (Septiembre 2011)

Escribe: danielhr
Unos días donde visitaríamos una parte de dos de los países que formaron la poderosa Yugoslavia del Mariscal Tito, cuya muerte causaría, sin mucho tardar, la desintegración de la misma y la creación de nuevos estados como Croacia y Eslovenia, entre otros. Sería por estos por donde nos moveríamos. Por otro lado y como guinda a esta escapada, volvería, de nuevo, a la siempre maravillosa Venecia.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 3 4 Capítulo 5 6 7 8 Siguiente >
 

Ljubljana

Liubliana, Eslovenia — viernes, 23 de septiembre de 2011

Hoy queríamos cambiar de aires, por lo que decidiríamos marcharnos para ello, al país vecino, Eslovenia. Un enorme desconocido para nosotros, pues no teníamos ni idea de lo que podía ofrecernos.

Y qué mejor que empezar a descubrirlo por su capital, Ljubljana. Esta la teníamos tan sólo a 130 km desde Umag, siendo prácticamente la gran mayoría de ellos por autovía, por lo que sobre las 10.30 estábamos ya allí. Habíamos tardado una hora y media, incluyendo el pase de la frontera de la Unión Europea y la parada en una gasolinera para comprar el distintivo rosa que te permite circular por las autovías del país. Este consiste en una pegatina adhesiva que tienes que situar en la luna de tu vehículo, pudiendo a partir de entonces, transitar por todas las autovías del país sin tener que pagar peajes y sin aguantar las multas de la policía.

Hay de varios tiempos de estancia, pero el mínimo son de siete días (15 euros), por lo que si como nosotros sólo estás un día, pues te sale un poco caro, pero es lo que hay, salvo que te quieras arriesgar a no llevar nada, que es otra opción. El límite de velocidad aquí era de 130 km, pero todo dios iba a 150 o más por lo que como “Allá donde fueras, haz lo que vieras”, pues yo también me animé. Por cierto, en Eslovenia la moneda volvía a ser el Euro.
Para no perder mucho tiempo, decidimos nada más llegar y sin pensarlo mucho, dejar el coche en un parking en el corazón de la ciudad. (8,30 euros por casi cinco horas).

Cuando salimos a la calle nos encontramos con lo que teníamos previsto, que era salir a la zona peatonal. Estábamos exactamente en la plaza del Congreso, llamada así en recuerdo del Congreso de la Santa Alianza, que acabó con las pretensiones napoleónicas. En este inmenso espacio podríamos admirar varios edificios importantes como el palacio para albergar a la Filarmónica Eslovena, la Universidad de Ljubljana y la iglesia de la Trinidad.

Vista esta nos dirigimos a cruzar el río Ljubljanica, para atravesado este, acabar en la plaza Mestni y la calle Ciril-Metodov, donde en la primera veríamos  la fuente de los tres ríos de Carniola y el Ayuntamiento. Y en la segunda nos encontraríamos la catedral de San Nicolás con sus cúpulas de tonos verdes y sus  espectaculares puertas de bronce. Siguiendo esta misma calle, llegaríamos hasta la plaza Vodnikov, donde a diario hay un gran mercado con puestos de ropa y de frutas y verduras. Aquí nos tomaríamos medio kilo de uvas, que nos supieron a gloria, para una vez que acabamos con ellas, continuar hacia uno de los puentes más significativos de la ciudad, el del Dragón, con cuatro de estos enormes monstruos, vigilando en sus cuatro esquinas. Este se hizo para conmemorar la coronación de Francisco José como emperador austro-húngaro.

Una vez atravesado este, bajaríamos por la ribera del río hasta otros dos puentes, el de los carniceros y el, más famoso de todos ellos, el puente Triple, que brinda una de las entradas más elegantes de la ciudad.

Después de comprar unos recuerdos, decidiríamos irnos a la plaza Krekov, para una vez en esta, tomar el funicular que nos subiría hasta el castillo (3,5 euros por persona), desde donde se ven unas vistas muy chulas de la ciudad, pero nada más, ya que la fortaleza en si ha sido totalmente reconstruida y no merece mucho la pena. Estaríamos un rato por aquí y en una media hora volveríamos a bajar para irnos a comer a un restaurante llamado Sokol  (52 euros), donde nos pondríamos ciegos degustando algunas de las especialidades eslovenas. De primero, una sopa de cebolla, pero servida en un pequeño recipiente hecho de pan, por lo que la miga interior de este se iba soltando y se mezclaba con el caldo y, buah, estaba riquísimo.

De segundo, nos comeríamos unos medallones de ternera con cerezas y salsa de estas, acompañados con un roll de queso… ¡sin palabras! Y para terminar, de postre, un Gibanika Sokol, que era un pastel compuesto por cacahuetes, queso y manzana que estaba de muerte.

Casi a punto de explotar y para bajar un poco la comida, daríamos una vuelta por el actual corazón de Ljubljana, la plaza Presernov, con una estatua dedicada al poeta francés Preseren y a cuyos pies se sientan un montón de jóvenes, para desde aquí seguir todo recto hasta la zona de los museos, donde nos encontramos con enormes avenidas plagadas de elegantes e ilustres edificios como la Ópera, la Galería Nacional, el Parlamento, etc. Y de esta manera llegaríamos hasta las inmediaciones del parque Tivoli, donde ya no pudimos adentrarnos porque el tiempo mandaba y teníamos que continuar hacia nuestro siguiente destino.
 

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

Gostilna Sokol Ljubljana

Comida: Comida Variada en Liubliana, Eslovenia

Una comida con una calidad excelente y platos típicos del lugar. Merece mucho la pena, pero está hasta arriba, hay que ir temprano para coger sitio.

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Negocios, Entretenimiento, Cocina local, Al aire libre
Plato sugerido: Sopa de Cebolla


Publicado
Modificado el
Leído 354 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 3 4 Capítulo 5 6 7 8 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Universidad y Filarmónica en Plaza del Congreso

   

Capítulos de este diario