Transmongoliano Verano 2008
Escribe: Gor-K
El viaje que me permitió recorrer prácticamente el continente asiático de punta a punta. Desde Pekín (China) hasta Moscú (Rusia), un viaje de unos 6 000 km donde pudimos ver culturas muy dispares, así como parajes increibles: desde desiertos áridos, lagos inmensos, profundos bosques de coníferas, junglas asfixiantes y urbes masificadas. Claramente, algo de lo que estaré orgulloso el resto de mi vida.
El lago más profundo del planeta
Listvyanka, Rusia — domingo, 10 de agosto de 2008
Se le conoce como el Ojo Azul de Siberia, o la Perla de Asia, por sus aguas puras en las que habitan una fauna y flora específica del lugar y única en el mundo. La más célebre de su fauna es la foca nerpa, o foca del Baikal, que es la única foca que pasa su vida entera en agua dulce. Desgraciadamente, esta joya de la naturaleza viene deteriorándose con el paso de los años. Ya desde mediados del siglo XX con industrias madereras que se implantaron allí, y más tarde, con el turismo, las aguas del Ojo Azul empiezan a ensuciarse. Aún así, la zona sigue estando muy virgen aún, pero claro, para ver una nerpa creo que había que explorar la zona norte del lago, la menos visitada por el turismo.
Realmente la visita al lago la habíamos planificado de otra manera desde España. En un principio, y siguiendo las indicaciones de las guías del transmongoliano, pretendíamos llegar hasta la isla más grande del lago, la isla Olkhon, y hacer noche en ella. Pero como no vimos claro cómo llegar hasta ella, no parecía que en la isla los alojamientos abundaran, y no disponíamos de muchos días en el Baikal, decidimos apostar por Litsvyanka, aunque este fuera algo más feo. De todas formas, a todos los que vayáis al Baikal, si podéis, intentad pasar una noche en Olkhon porque me parece que merecerá la pena. Yo, me quedé con las ganas.
Y es que Litsvyanka no es que sea especialmente bonito. Es un pueblo alargado, debido a que linda parte de la costa suroeste del lago y también porque, del lado de la tierra, enseguida surgen multitud de laderas de monte. El paraje del lago es montañoso y boscoso, con lo cual las casas se han ido haciendo hueco donde veían que no había una ladera, y crecían formando ramificaciones, como ríos que bajan de las montañas a morir al lago. Nuestra casa estaba adentrándose en una de estas ramificaciones, por ejemplo. Descubrimos de paso la gran habilidad de los rusos para la construcción de estas casas de madera, puesto que vimos alguna en proceso de ser levantadas, y ya tenían pinta de ser unas portentosas casas que muchos de nosotros nos gustaría tener algún día. Litsvyanka estuvo volcado a la industria naviera, maderera y algo, a la pesca y se notaba que hacía poco tiempo que habían empezado a explotar el turismo. Aún conviven las casas de los habitantes del pueblo originarios, con restaurantes y hoteles, eso sí, estos muy escasos. Esto dejaba una imagen algo descuidada, algo caótica, del pueblo.
Pero esto no quiere decir que no disfrutáramos de nuestros 2 días en el Baikal. Yo guardo muy buenos recuerdos de mi estancia en el isbá de la señora rusa, así como las cortas excursiones por los alrededores del lago, e incluso por encima y debajo de él. El primer día, como mandan los cánones, llegamos desde el isbá a la orilla y empezamos a pasear por ella. Nos íbamos topando con casas de pescadores, pequeñas navieras, hoteles, restaurantes...hasta que vimos un pequeño puerto en el que ofertaban visitas del lago en barco. Allí compramos nuestros pasajes en uno de esos barcos y nos dimos a la mar....bueno al lago más bien. El paseo fue agradable, aunque no te llevaba muy lejos. Simplemente salía de Litsvyanka, iba unos pocos kilómetros hacia el norte, y enseguida se daba la vuelta. Pero las vistas merecieron la pena.
Y de la misma que nos bajábamos del barco, vimos una escuela de buceo que ofrecía inmersiones en “el lago más profundo y cristalino del mundo”. Dicho así suena apetecible, pero es que estábamos en Siberia, y con sólo meter un dedo en el agua, estaba helada a rabiar. El único de nosotros que tenía licencia de buceo se animó al día siguiente a hacer una pequeña inmersión. Otros de nosotros, preferimos alquilar unos equipos de snorkel para ver cómo de cristalinas eran las aguas. Equipo con traje de neopreno, ¡claro! Yo me imaginaba que, con las gafas de buceo y hasta donde los rayos del sol alcanzaran, vería las profundidades del lago adentrarse en la oscuridad. Sería casi como volar....mojado claro, y podría incluso darse el caso de experimentar vértigo ante tal “altura” bajo mis ojos. Pero no fue así. Desgraciadamente la inmersión fue pegada al puerto y allí, las aguas, muy limpias no estaban. El que sí que vino maravillado (y un poco congelado) fue el que se sumergió con botella. Comentaba que el frío era horroroso, pero que la sensación de profundidad era increíble. Recordaba ver una pared vertical de roca que se adentraba en las entrañas del lago, aunque claro, enseguida se perdía la luz y había que ver con la luz artificial del monitor. Aún con eso, le dio la sensación de ser infinta. En resumen, una maravilla para los ojos.
Conocimos también a un joven ruso estudiante de español que, al oírnos hablar, se acercó muy simpático a saludarnos. Enseguida se ofreció a enseñarnos la zona si, a cambio, le permitíamos practicar el español con nosotros. ¡Eso estaba hecho! Nos llevó a una estación de esquí cercana, inoperante en verano por no haber aún nieve, pero que era una buena excursión para tener unas vistas privilegiadas del lago. Los telesillas estaban operativos, pero nosotros preferimos llegar a la cumbre a pie, que tenía más gracia. Una vez más, el Baikal se mostraba ante nosotros como un inmenso mar al que, a diferencia de estos, se veían las montañas de la orilla opuesta puesto que el lago es más bien alargado y estrecho. Este chico ruso nos dejó después de esa pequeña excursión, puesto que había quedado con otro grupo de turistas al que guiarle de buen grado. Daba gusto de nuevo saber que no todos los caracteres de esta gente eran fríos y los había bien simpáticos.
Al final, como todo, la estancia en el lago también llegó a su fin, después de pasar 2 noches en el isbá. Habíamos estado muy a gusto y nos íbamos satisfechos por la estancia. De nuevo volvimos a la oficina de información y turismo del primer día, que es de donde salían los buses y furgonetas hacia Irkutsk. Esta vez concertamos ir con otro grupo de turistas, como nosotros, en un minibus, y el camino de vuelta lo disfrutamos más al no tener la incertidumbre del alojamiento de la ida. Llegamos pronto a la estación de trenes y teníamos aún un par de horas hasta que saliera el nuestro. Aprovechamos para hacer algunas compras, comer y estudiar qué nos vendría después. Tocaba llegar hasta Moscú pasando 3 días consecutivos en el tren y había que estar preparado para un largo viaje...
Tips:
Si os gusta el pescado, probad la gastronomía del lugar. Es en el único sitio donde podréis degustar el omul, pescado blanco específico del lago. Se hace a la plancha, en sopa (Ukha) o se puede tomar ahumado. De cualquier manera, es un bocado único.
Tiene que ver con: Alimentación
En Listvyanka, Rusia
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