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Lisboa, tan cerca y tan lejos

Escribe: rmaj
Lisboa es una ciudad que hacía mucho tiempo que me apetecía conocer. Por varios motivos, el primero es la gran cantidad de comentarios que había oído sobre ella, todos muy buenos, así como la...

 

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Capítulo 1
 

Lisboa, tan cerca y tan lejos

Lisboa, Portugal — lunes, 5 de noviembre de 2007

Lisboa es una ciudad que hacía mucho tiempo que me apetecía conocer. Por varios motivos, el primero es la gran cantidad de comentarios que había oído sobre ella, todos muy buenos, así como la "cercanía" que tiene con España que la hace accesible, bien por aire o tierra. Por esto el pasado puente del Pilar un grupo de amigos organizamos una escapada a la capital lusa. Ante todo hay que decir que nuestro despliegue de medios era amplio ya que viajamos cinco personas en dos coches y una sexta en avión.

Miércoles 10 de octubre - La Baixa Pombalina

El trayecto en coche duró siete horas aproximadamente, con una hora repartida en un par de descansos. La hora de salida fue las 8 de la mañana y a las 2 de la tarde hora local (1 hora menos que España) estábamos entrando por la Avenida Almirante Reis donde teniamos nuestro alojamiento para estos cinco días. Una vez que nos hubimos instalado y deshecho las maletas comenzamos con la primera toma de contacto con la ciudad. Bajamos toda la avenida hacia el centro de la ciudad dejando a nuestra izquierda Alfama y Castelo. Al cabo de veinte minutos andando llegamos a las Praças da Figueira y Don Pedro IV, en pleno corazón del barrio del Rossio.

Desde allí nos encaminamos hacia el Elevador de Santa Justa, un original ascensor construido por un discípulo de Gustave Eiffel, desde el que se tiene una completa panorámica de toda la ciudad ya que está en el centro del casco antiguo. En la parte superior hay una terraza en la que se puede hacer una parada mientras se toma un refresco. Después de reponer fuerzas, nos acercamos a las ruinas del Convento do Carmo, sede del Museo Arqueológico de la ciudad.

A continuación, bajamos por la Baixa, tomando la Rua Augusta hacia la Praça do Comercio, uno de los puntos emblemáticos de la ciudad. Más tarde, retrocediendo sobre nuestros pasos, pusimos rumbo al Elevador da Gloria, un tranvía bastante tradicional que sirve para salvar el abrupto desnivel de una calle que lleva al Bairro Alto. Ya estaba anocheciendo por lo que volvimos hacia Chiado buscando un restaurante donde cenar, a ser posible escuchando fados, algo que conseguimos los días siguientes. Después de probar nuestra primera ración de bacalao, fuimos a tomar una cerveza y de ahí al hostal en metro, ya que el cansancio era más que evidente y el día había comenzado muy temprano.

Jueves 11 - Sintra y Cascais

Preguntamos en la recepción del hostal por indicaciones para ir a Sintra en coche y más nos hubiera valido no hacerlo y guiarnos por nuestros planos y mapas ya que aunque la intención fue buena (los portugueses son gente extremadamente amable y solícita) el resultado fue un paseo por la carretera del litoral que hizo que un recorrido de 20 minutos por autopista se convirtiera en un tostón de más de una hora. De cualquier forma, una vez que llegamos a Sintra y aparcamos en el pueblo (os recomiendo hacerlo en el Palacio), estuvimos esperando el autobús que nos subiría al Castelo Dos Mouros, unas ruinas más o menos conservadas de lo que en tiempos fue una fortaleza musulmana.

A continuación, subimos hasta el Palacio da Pena. Es un recorrido de apenas diez minutos andando desde el Castelo que aunque empinado se hace bastante ameno. El Palacio es de una decoración bastante recargada (estilo manuelino creo recordar que se llama) aunque tanto su visita como las vistas panorámicas son bastante buenas. Por la tarde, cogimos los coches y fuimos al Cabo da Roca. Es el punto más occidental del continente europeo y una parada obligatoria de los autocares de turistas que durante todo el día abarrotan la zona. Acto seguido, continuamos nuestro recorrido por la costa hacia Cascais, bordeando la playa de Guincho, famosa por la cantidad de surfistas que suele haber y haciendo una breve parada en la Boca do Inferno.

Es un espectacular acantilado en días tormentosos (según dicen) y un mirador al Océano Atlántico con el sol en lo alto. Tras nuestra vuelta a Lisboa, por la noche volvimos al Bairro Alto y despues de culebrear por las empinadas calles decidimos cenar en un restaurante de la zona más turística en el que nos deleitaron con un espectáculo de fados por el importe de la cena (20 E aprox.). Cumplimos el tópico y el recital colmó nuestras expectativas fadísticas. En el camino a casa, hicimos una breve parada fotográfica a las puertas de la cafeteria A Brasileira (Rua Garrett) para inmortalizar nuestra visita con la estatua de Fernando Pessoa que preside la entrada.

Viernes 12 - De Alfama a Almada

Era fiesta nacional (en España) por lo que esperábamos una avalancha de visitantes españoles inmensa. Así fue, y hasta el final del fin de semana nuestros oídos no dejaron de escuchar conversaciones muy fluidas para nuestro nivel de portugués. El día comenzó con el recorrido en el tranvía nº 28. Es el más famoso de la ciudad, ya que su recorrido es desde Baixa hasta Graça, pasando por Alfama y Castelo. Por esta razón, siempre está atestado de turistas y tuvimos que esperar más de veinte minutos en la Rua da Conceiçao a que llegara uno con espacio para poder montar. Tras varias paradas nos bajamos en el Mirador de Santa Luzia, con unas vistas muy buenas del Tajo y Alfama, así como del Mosteiro de Sao Vicente de Fora. A continuación subimos hacía el Castelo, allí hay otro mirador desde el que las vistas son todavía mejores, esta vez del Puente 25 de Abril, Bairro Alto y Baixa.

Después de comer en un coqueto restaurante junto a la Sé nos dirigimos a la estación Cais do Sodré para coger el ferry que nos llevaría a la otra orilla del Tejo, a Cacilhas y Almada, ambas unidas en una sola localidad. Allí y por medio de un autobús urbano nos acercamos al monumento a Cristo Rei, replica del de Río de Janeiro y desde el que se tienen a mi juicio las mejores vistas de toda Lisboa, sobretodo del puente 25 de abril. Por la noche, cenamos en el barrio de Lapa, en un restaurante brasileño llamado Picanha (Rua Janelas Verdes) que nos habían recomendado unos conocidos. Despues y tras una ardua busqueda, conseguimos llegar al Bairro Alto y conocer de primera mano el ritmo de la vida nocturna lisboeta.

Sábado 13 - Os pasteis de Belém


El tranvía para ir a Belém se puede coger en la Praça do Comercio. Es un trayecto de media hora aproximadamente. Una vez allí, la primera parada fue para probar los famosos pasteis de nata del mismo nombre. Hay un local muy muy famoso pero tampoco es necesario comerlos allí ya que suele haber colas que llegan hasta la calle y en todas las pastelarias te lo venden. Está muy bueno, lo sirven caliente y se toma con azúcar y canela.

A continuación, se llega al Mosteiro dos Jerónimos, cuyo claustro es espectacular y en cuya iglesia se encuentra la tumba de Vasco da Gama, un personaje ampliamente conocido por estos lares y que podríamos comparar a nuestro Francisco de Pizarro, más o menos. Más adelante, se llega al Padrao dos Descobrimentos, un monumento flanqueado por estatuas de personajes históricos que nos conformamos con ver desde abajo ya que nuestra sed de vistas panorámicas estaba saciado. Tras un brevísimo paseo por la orilla del río nos encontramos con la Torre de Belém, antigua fortaleza defensiva y punto de vigilancia de la entrada a la ciudad por mar.

Una vez volvimos al centro de la ciudad, nos encaminamos a la Avenida da Liberdade, donde encontramos un restaurante italiano (Rua do Jardim do Regedor) bastante chulo en el que nos sirvieron a las 5 de la tarde, algo complicado fuera de España. Más tarde y para bajar la comida-merienda nos dimos un paseo a lo largo de dicha avenida, topándonos con la estatua del Marques de Pombal y el Parque Eduardo VII, donde se encuentra la Estufa Fría. Es un invernadero bonito de ver, aunque cuando llegamos estaba cerrado y por tanto no pudimos echarle un vistazo.

Sobre las once de la noche, en la que iba a ser nuestra ultima cena en la capital lusa, volvimos a la zona candente, esto es, al Barrio Alto. Después de probar fortuna en varios sitios, conseguimos mesa (es algo complicado encontrar hueco para seis personas) en un pequeño local donde escuchamos las interpretaciones de un hombre y dos mujeres. Nos gustó sobremanera la segunda de ellas, una chica joven que embaucó a todas las mesas para acompañar sus canciones con palmas. Realmente mereció la pena, aunque ahora mismo no recuerdo el nombre del restaurante para poder compartirlo con los demás.

Guía de viajes recomendada:

Título: Lisboa
Autora: Margarida Amado do Santos
Editorial: Anaya Touring
ISBN: 978-84-9776-180-2

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Últimos comentarios

buvar dice:
José me encanta que tu primer diario haya sido dedicado a una ciudad tan linda como Lisboa, me encanto leerlo, disfrute junto a ti y a tus amigos cada uno de los paseos. Me parecio muy bien que hayan atravesado a Almada, no todo el mundo lo hace y es un paseo muy lindo cruzar el Tajo. Espero que despues de esta experiencia vuelvas muchas veces. Un abrazo
Maria Eugenia.

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