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Lisboa y sus barrios, sus tranvías, su río... inolvidable

Escribe: cibeles
Ya desde la primera incursión que hicimos en las vacaciones (en septiembre), nos dimos cuenta que Lisboa era una ciudad diferente. Habíamos dejado el coche aparcado en el parking subterráneo de la Plaza Restauradores y nos llamó la atención, al lado del hotel Paladium, un “tranvía” amarillo. Pensamos que sería para los turistas, pero no, es uno de los medios de transporte más usados, y ahí radica lo que los distingue... “esta es nuestra ciudad y nosotros somos así... pasen y disfruten”.

 

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El Barrio de Belém

Lisboa, Portugal — domingo, 7 de diciembre de 2008

El domingo nos levantamos con la intención de pedir información en algún kiosko cercano “ask me” (que hay bastantes) y comprar el abono transporte; pues bien, cierran los domingos. Sólo un par de puntos muy céntricos se encuentran abiertos. En el de plaza del Comercio nos informaron de que todos los museos y edificios de interés estaban cerrados los domingos por la tarde, y que también cerraban el lunes 08 porque era fiesta, con lo cual era el mejor día para visitar Sintra, que allí sí abrían. ¡¡Vaya!! ¡¡Nosotros ya habíamos visitado Sintra!!, y ya que nos quedaba cerca del hotel ¡¡queríamos haber ido al museo Gulbenkian el lunes por la mañana!!, ¡¡Uff, teníamos unas pocas horas nada más para visitar alguna cosa!!.
Compramos el abono de Lisboa Card para tres días.
Nos detuvimos unos instantes a ver una carrera de media maratón que pasaba por allí.

Pasamos por los soportales de la plaza. Curioso nos resultó ver que todo un lado estaba sólo transitado por los indigentes, que allí habitan (tienen sus mantas, cartones, y ropa –unos bien recogido, otros todo por el suelo-); y en el otro lado el mercadillo que ponen los domingos, con los puestecillos abarrotados de gente.
Después, con “cara de póquer” nos dirigimos hacia el barrio de Belém.

Llegamos en tren.

Pasamos por su famosa pastelería, pero no entramos porque estaba abarrotada de gente y había muchas cosas que ver y poco tiempo para hacerlo (y de todos modos, los bollos y pasteles están riquísimos en cualquier pastelería, ya no de Lisboa, sino de Portugal entero).
Caminábamos hacia el monasterio de los Jerónimos, cuando empezó a llover.

El Monasterio precioso. De estilo manuelino, que se caracteriza por la mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y del renacimiento. Destacan los portales principal y lateral, el interior de la iglesia y el claustro. Las capillas fueron remodeladas en puro estilo renacentista en la segunda mitad del siglo XVI y contienen las arcas funerarias de Manuel I y su familia, además de otros reyes de Portugal.
Se hallan también las tumbas (neomanuelinas) de Vasco de Gama y el poeta Luis Camoes. En una capilla del claustro descansan, desde 1985, los restos del escritor Fernando Pessoa.

Su construcción se inició en 1502 y terminó a finales del siglo.

En un anexo construido en 1850 se  ubica el Museo de Arqueología, el Museo de Marina se encuentra en el ala oeste.

Le restó belleza al lugar, ya no tanto la lluvia que incluso le dio un toque diferente a las gárgolas (de sus bocas salía un gran chorro de agua), sino la cantidad de gente que había; estaba atestado de gente, en cualquier recoveco gente, gente por todas partes, entrando y saliendo, empujando… gente y más gente… y casi todos españoles (tres días muy golosos para hacer una escapadita al país vecino).
Vimos la torre de Belém y el monumento a los descubrimientos.Desde aquí se disfruta de unas vistas incomparables: el Tajo, el puente 25 de Abril, el Cristo.
El monasterio, la Torre  y el Monumento a los descubrimientos simbolizan la “Era de las exploraciones portuguesas”.
Y llegó la hora de comer. Cruzamos al otro lado del río, para lo cual cogimos un barco (¡¡ojo!! ¡¡no vale la Lisboa Card!!, hay que sacar un billete para las “7 colinas” -que cuesta algo más de 2 € , ida y vuelta-).

Muy bien recomendados por un compañero de mi marido, en el restaurante Porto Brandao nos zampamos una carvoada de langosta y gambas (en una especie de barbacoa pequeñita con carbón, que te lo preparas tú mismo), que sirven con varias bandejas de acompañamiento: ensalada, coliflor y espárragos, patatas y arroz, varias salsas (había una de ajo y arándanos que me gustó especialmente), y frutas (lo cual nos sorprendió; y luego nos enteramos de que hubieran estado mejor pasadas también por la barbacoa –“en otra ocasión”- nos sonrió el camarero).
Al salir, el cielo nos brindó un arco iris precioso al otro lado del río, que contemplamos un breve instante antes de que desapareciera.

Tuvimos que esperar cerca de una hora hasta que salió el próximo barco (acababa de partir uno; por lo que es aconsejable enterarse de las horas en que zarpan).

Opiniones:

Mi calificación promedio:
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Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

Restaurante Porto Brandão

Comida: Pescados/Mariscos en Porto Brandão, Portugal

De ambiente acogedor, con sala climatizada. Trato estupendo. La comida está fantástica. Su especialidad: carvoada, fondues y cataplanas. Precio: no es barato, pero merece la pena. Dirección: Rua Bento Jesus CarÇa, 25/27. Porto Brandao (Caparica)


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Últimos comentarios

buvar dice:
Que bonito Carmen que pudieron ir al Monasterio los Jeronimos y pasar frente a la tumba de Fernando Pessoa, solo recordar ese momento se me pone la piel de gallina, y que rico el menu, nada mas lindo hay que cruzar el rio y almorzar al otro lado. Para otra vez te recomiendo un retaurante que se llama Ponto Final, al otro lado del Rio abajo del Cristo Redentor. !!! Felicidades!!!
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escapadadefinde dice:
Bueno....al final el día no estuvo mal....visita al Monasterio,a la Torre de Belem....cruzar el río ( cuando visite Lisboa ni se me ocurrio eso del barco,lo apunto para la próxima vez) y la comida (también apunto el restaurante) y el arco iris...¿que más se puede pedir?
Me voy a Alfama ....

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martindaco dice:
Fue arreglándose el mal comienzo, el tiempo empezó a acompañar
y degustasteis una sabrosa comida.
¡Empieza a pintar bien ya vuestro viaje!.

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