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El Danubio en bici (III)
Escribe: juankypunky
De Schlögen a LinzHoy nos espera una etapa dura (casi 60 km.), así que, en vez de desayunar copiosamente, como el resto de mis compañeros, prefiero reservar algo para media mañana. Tomo un...
Capítulo 1
El Danubio en bici (III)
Linz, Austria — jueves, 29 de septiembre de 2005
De Schlögen a Linz
Hoy nos espera una etapa dura (casi 60 km.), así que, en vez de desayunar copiosamente, como el resto de mis compañeros, prefiero reservar algo para media mañana. Tomo un panecillo y lo relleno con algo de queso y embutido. Lo tengo encima de la mesa, envuelto en unas servilletas. Cuando nos vamos a levantar de la mesa, viene una camarera con cara de pocos amigos y nos dice algo que no acertamos a entender. Ni siquiera las intérpretes. Regina le dice si lo puede repetir en inglés. Lo triste es que ya lo estaba diciendo en inglés. Ninguno sabemos lo que quiere hasta que señala el bocadillo. Mi pequeño bocadillo envuelto en servilletas. Rápidamente entendemos todo. La comida no se puede llevar. Muertos de vergüenza, nos levantamos y, humillados, nos fuimos.
El cielo sigue totalmente despejado, sin embargo, la temperatura es de lo más fresca, así que tenemos que abrigarnos más. Continuamos por el lado derecho del Danubio, por el carril que sale de Schlögen. A los pocos km. el Danubio vuelve a recuperar su curso normal. Cruzamos saludos con otros ciclistas. Unos responden, otros no. El paisaje, de un verde muy intenso con el sol ya alto, repentinamente se oscurece debido a la pared de árboles altos y tupidos que hay en el lado derecho del carril. En esos momentos, puedes notar que la temperatura baja varios grados.
Mi estómago, ya vacío (sólo había tomado un café con leche y algo de fruta), empieza a protestar. De pronto, como caída del cielo, una señal sobre el asfalto anuncia muy gráficamente la proximidad de un merendero en Aschach, a pocos km.
Entramos en Aschach recorriendo un bulevar con numerosos terracitas frente al Danubio. Escogemos una y nos sentamos. Es una buena ocasión para pedir algo sólido con que acompañar la cerveza. He pensado en unas salchichas para compartir. Me levanto para pedir 4 wurst, que sé que significa salchichas en alemán, y la camarera parece que me entiende. Le pregunto si son suficientes para los cuatro, no vaya a ser que sean demasiado pequeñas y nos quedemos a medias... Me dice que sí, que están bien de tamaño.
Cuando viene la camarera con cuatro enormes platos de embutido en rodajas, acompañando una inmensa ensalada y sin ninguna salchicha, casi nos da algo. Decidimos compartir uno de los platos y guardar el resto para el camino, por lo que pedimos a la camarera que nos envuelva el resto para llevar. Dos momentos de vergüenza, con tan pocas horas de diferencia, es algo a lo que no estamos acostumbrados.
Antes de ponernos en camino, compramos en un supermercado el resto de provisiones que necesitamos para organizar un picnic a la hora de comer. Compramos una botella de vino tinto austríaco, algo de fruta y algunos antojos para picar. Pasamos por delante de un puesto de loterías y compramos un boleto del Euromillón (de ilusión también se vive).
Seguimos la ruta paralelos al Danubio y a los 9"5 km., divisamos el puente que cruza a la localidad de Ottensheim, al otro lado del río. Sabemos que debemos cruzar ese puente ya que a los pocos km. el carril bici desaparecerá. La desventaja es que, una vez en el otro lado, habrá que retroceder como 1 km. para volver a tomar el carril bici. La ventaja es que podemos olvidarnos del ferry que, de otro modo, a la finalización del carril, obligatoriamente deberíamos tomar.
Cruzamos el río pasando el puente junto al transformador eléctrico que hay justo en medio, y retrocedemos como 1 km río arriba. Pronto encontramos el carril bici que nos llevará en la dirección correcta, permitiéndonos reanudar nuestra ruta por el lado izquierdo hasta llegar a Linz.
Siguiendo el carril, y ya sobre el mediodía, encontramos diversos merenderos al aire libre todos ellos ocupados. Localizamos un pequeño llano entre el carril y el río y nos disponemos a preparar el picnic. Rápidamente comprobamos que la calidad del vino no se corresponde con el precio que hemos pagamos por él (sobre 10 euros en el Spar), sin embargo nos bebemos hasta la última gota. Debemos componer una imagen bucólica, todos sentados alrededor del mantel sobre la yerba. Dos parejas de ciclistas de edad nos saludan. Les devolvemos el saludo con alegría. En cuanto se percatan de que somos españoles, todavía nos saludan con mayor entusiasmo.
La última etapa, de unos 10 km. hasta Linz, resulta un tanto agotadora; tanto por las ligeras pendientes, como por el intenso tráfico de coches que circula por la autovía paralela al carril bici. A la entrada de Linz preguntamos, en lo que parecía una comisaría de policía, por la dirección del hotel. Con la explicación y la ayuda de nuestros folletos, rápidamente llegamos a nuestro hotel, el Arcotel Nike, que se encuentra justo al lado del museo de Arte Moderno.
Bastante agotados, el resto de la jornada consistirá en dar un paseo por la ciudad y hacer algunas compras. Finalmente, nos vamos al hotel a cenar. Tras la cena visitamos el pub Beluga (en el mismo hotel), en cuya terraza se está realizando un cursillo de bailes latinos. Poco animados a participar, excepto Regina, que es la reina de las danzas, nos retiramos a dormir.
Hoy nos espera una etapa dura (casi 60 km.), así que, en vez de desayunar copiosamente, como el resto de mis compañeros, prefiero reservar algo para media mañana. Tomo un panecillo y lo relleno con algo de queso y embutido. Lo tengo encima de la mesa, envuelto en unas servilletas. Cuando nos vamos a levantar de la mesa, viene una camarera con cara de pocos amigos y nos dice algo que no acertamos a entender. Ni siquiera las intérpretes. Regina le dice si lo puede repetir en inglés. Lo triste es que ya lo estaba diciendo en inglés. Ninguno sabemos lo que quiere hasta que señala el bocadillo. Mi pequeño bocadillo envuelto en servilletas. Rápidamente entendemos todo. La comida no se puede llevar. Muertos de vergüenza, nos levantamos y, humillados, nos fuimos.
El cielo sigue totalmente despejado, sin embargo, la temperatura es de lo más fresca, así que tenemos que abrigarnos más. Continuamos por el lado derecho del Danubio, por el carril que sale de Schlögen. A los pocos km. el Danubio vuelve a recuperar su curso normal. Cruzamos saludos con otros ciclistas. Unos responden, otros no. El paisaje, de un verde muy intenso con el sol ya alto, repentinamente se oscurece debido a la pared de árboles altos y tupidos que hay en el lado derecho del carril. En esos momentos, puedes notar que la temperatura baja varios grados.
Mi estómago, ya vacío (sólo había tomado un café con leche y algo de fruta), empieza a protestar. De pronto, como caída del cielo, una señal sobre el asfalto anuncia muy gráficamente la proximidad de un merendero en Aschach, a pocos km.
Entramos en Aschach recorriendo un bulevar con numerosos terracitas frente al Danubio. Escogemos una y nos sentamos. Es una buena ocasión para pedir algo sólido con que acompañar la cerveza. He pensado en unas salchichas para compartir. Me levanto para pedir 4 wurst, que sé que significa salchichas en alemán, y la camarera parece que me entiende. Le pregunto si son suficientes para los cuatro, no vaya a ser que sean demasiado pequeñas y nos quedemos a medias... Me dice que sí, que están bien de tamaño.
Cuando viene la camarera con cuatro enormes platos de embutido en rodajas, acompañando una inmensa ensalada y sin ninguna salchicha, casi nos da algo. Decidimos compartir uno de los platos y guardar el resto para el camino, por lo que pedimos a la camarera que nos envuelva el resto para llevar. Dos momentos de vergüenza, con tan pocas horas de diferencia, es algo a lo que no estamos acostumbrados.
Antes de ponernos en camino, compramos en un supermercado el resto de provisiones que necesitamos para organizar un picnic a la hora de comer. Compramos una botella de vino tinto austríaco, algo de fruta y algunos antojos para picar. Pasamos por delante de un puesto de loterías y compramos un boleto del Euromillón (de ilusión también se vive).
Seguimos la ruta paralelos al Danubio y a los 9"5 km., divisamos el puente que cruza a la localidad de Ottensheim, al otro lado del río. Sabemos que debemos cruzar ese puente ya que a los pocos km. el carril bici desaparecerá. La desventaja es que, una vez en el otro lado, habrá que retroceder como 1 km. para volver a tomar el carril bici. La ventaja es que podemos olvidarnos del ferry que, de otro modo, a la finalización del carril, obligatoriamente deberíamos tomar.
Cruzamos el río pasando el puente junto al transformador eléctrico que hay justo en medio, y retrocedemos como 1 km río arriba. Pronto encontramos el carril bici que nos llevará en la dirección correcta, permitiéndonos reanudar nuestra ruta por el lado izquierdo hasta llegar a Linz.
Siguiendo el carril, y ya sobre el mediodía, encontramos diversos merenderos al aire libre todos ellos ocupados. Localizamos un pequeño llano entre el carril y el río y nos disponemos a preparar el picnic. Rápidamente comprobamos que la calidad del vino no se corresponde con el precio que hemos pagamos por él (sobre 10 euros en el Spar), sin embargo nos bebemos hasta la última gota. Debemos componer una imagen bucólica, todos sentados alrededor del mantel sobre la yerba. Dos parejas de ciclistas de edad nos saludan. Les devolvemos el saludo con alegría. En cuanto se percatan de que somos españoles, todavía nos saludan con mayor entusiasmo.
La última etapa, de unos 10 km. hasta Linz, resulta un tanto agotadora; tanto por las ligeras pendientes, como por el intenso tráfico de coches que circula por la autovía paralela al carril bici. A la entrada de Linz preguntamos, en lo que parecía una comisaría de policía, por la dirección del hotel. Con la explicación y la ayuda de nuestros folletos, rápidamente llegamos a nuestro hotel, el Arcotel Nike, que se encuentra justo al lado del museo de Arte Moderno.
Bastante agotados, el resto de la jornada consistirá en dar un paseo por la ciudad y hacer algunas compras. Finalmente, nos vamos al hotel a cenar. Tras la cena visitamos el pub Beluga (en el mismo hotel), en cuya terraza se está realizando un cursillo de bailes latinos. Poco animados a participar, excepto Regina, que es la reina de las danzas, nos retiramos a dormir.
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Publicado el 29/sep/2005, 10.50 |
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