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South 920

Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.

 

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Peru: Magia & desierto

Lima, Perú — lunes, 2 de marzo de 2009

PERU
Domingo 1 de Marzo
 
Salí muy temprano rumbo a Huaquillas la ciudad fronteriza con Perú, mi aspecto no podía ser peor, estaba todo quemado con erupciones en la nariz y boca causadas por el sol de montañita, mi piel quemada más la capa blancuzca de protector solar que me cubría el rostro me hacían ver como el típico turista, cosa que me resultaba bastante incomoda, generalmente prefiero pasar como local en casi todos los lugares a donde voy, además después de todo no me considero un turista, sino un viajero, si quieres saber la diferencia entre ambas categorías la encuentras al principio de una de mis películas favoritas: el cielo protector de Bernardo Bertolucci.
 
Bien, una vez en el puesto de control ecuatoriano un hombre me abordo y me intento ayudar con las maletas a pesar de que yo le había dicho que yo podía encargarme de ellas, pues bien, después de sellar mi salida del Ecuador el hombre me guió a un taxi, los únicos que hay allí, salimos rumbo al puesto de inmigración peruano, una vez partimos y pasados dos minutos el auto hizo una parada sobre la carretera y subió al auto un tercer hombre que se sentó a mi lado en la parte trasera, éramos el conductor, el hombre que me ofreció aquel taxi, el reciente hombre en abordar y yo, ¿por qué tantas personas para llevar a un turista a la frontera? 
 
A esas alturas yo sabia que algo andaba mal, un conductor, un copiloto y otro hombre en el asiento trasero junto a mí, representaban no solamente algo que sobrepasaba mis dotes de combate sino que configuraba una verdadera asimetría en la correlación de fuerzas, ellos conocían el terreno, yo no, ellos eran amigos por no decir cómplices, yo estaba solo, ellos viajaban ligero, yo llevaba conmigo todo mi equipaje, dos maletas, ropas, cámaras, llevaba además conmigo todo el dinero en efectivo que se supone me llevaría hasta Buenos Aires, Sao Paulo o Santiago. Yo pensaba en los posibles hechos que me esperaban en el inmediato futuro, ¿seria victima de un atraco? ¿tenían estos hombres la intención de robarme? una situación bastante complicada, sin embargo, no aceptaría sus condiciones tan fácilmente, sin importar lo que estos hombres intentaran hacer con migo podían estar seguros que defendería mi viaje con violencia y sangre, por no decir a muerte.  
 
A pesar del sentimiento de inseguridad mi mente se encontraba tranquila tratando de visualizar todos los escenarios posibles de reacción ante cualquier acción potencialmente contraria a mis intereses por parte de aquellos sujetos. El sujeto que estaba a mi lado saco de repente un fajo de billetes y me dijo a tono de orden, cuanto va a cambiar, yo le mire como desconcertado primero a los billetes y luego a el y le contra pregunté: ¿Cambiar que?, a lo que repuso: “pues soles necesitas soles para ir al Perú pendejo”.
 
El truco es que te cambian soles por dólares a una tasa engañosa que hace que pierdas un 50% del dinero, y hacen todo lo posible por presionarte a que cambies todo tu dinero con ellos, emplean varias tácticas de intimidación haber cual resulta y son muy buenos en eso.
 
En un momento el auto se detuvo y me dijeron que me bajara que habíamos llegado, pero yo no veía el puente desde aquel lugar, según uno de los sujetos solo tendría que cruzar aquella calle que estaba en frente para llegar al puente; era una calle llena de personas comerciando toda clase de artículos, vendedores de fruta que arrojan las cáscaras a la calle, charcos y uno que otro perro de hambriento aspecto que caminaba por allí, un lugar no muy recomendable para una persona con aspecto de turista de playa, atravesar aquella calle seria bastante estúpido, considerando que llevaba una gran maleta a cuestas, algunos objetos de valor y todo el dinero conmigo. En esos momentos me pasaban por la cabeza cosas como esta: estos sujetos al ver que no me pudieron robar de la manera fácil, piensan intentarlo de la manera difícil, esto es, dejándome en algún lugar donde algunos de sus compinches o quizás ellos mismos puedan efectuar con total impunidad un robo a lo que ellos piensan es desprevenido turista.
 
Entonces me negué a bajar del auto, curiosamente el sentimiento de seguridad era más elevado dentro del auto, allí tenia un ligero dominio sobre las mentes de aquellos individuos, el poder de las palabras y la persuasión tiene como en las películas un poderoso efecto sobre los bandidos.
 
En cambio, afuera mi desventaja sé hacia total, pues bien, no estaba entre mis planes dejar que un grupo de indeseables arruinaran mi viaje, además ni siquiera tenían un buen estilo para robar. Finalmente, por instrucciones del copiloto me llevaron hasta el puente internacional, pero allí no terminaba la historia, apenas comenzaba.
 
Después de librarme de aquellos pequeños delincuentes del lado ecuatoriano, emprendí mi camino hacia el Perú, mientras cruzaba el puente se me acerco un señor gordito con su natural aspecto bonachón, me pregunto si iba al Perú, vaya pregunta eso era obvio. El señor a pesar de que yo rechazaba sus ofrecimientos de transporte, se fue caminando a mi lado entonces cuando llegamos al final del puente ya en territorio peruano, le pregunte: bueno en cuanto me lleva hasta el puesto de inmigración peruano, me dijo que en $2 dólares, a lo que respondí con un poco de risa: “no gracias, si las moto taxis me llevan en un dólar no veo motivo para pagar más, hasta luego” y me fui a donde un señor de un mototaxi que efectivamente me dijo que me cobraba un dólar.
 
Estaba prácticamente con un pie en el mototaxi pero en ese momento interrumpió bruscamente otro señor que resulto ser amigo del gordito, este nuevo personaje tuvo una ligera discusión con  el señor del mototaxi: “no seas metido que yo lo traigo desde la frontera vamos, vamos que yo te llevo en un dólar también, además vamos en auto con aire acondicionado y vas cómodo, además ellos te quieren robar”; una vez vi el auto pensé lo siguiente: “mismo precio, mejor servicio, vamos en el auto”.        
 
Seguramente mi inconsciente me advertía que “la comodidad es generalmente una trampa”, pero esta vez no le hice caso a mi intuición, estaba algo cansado por la reciente experiencia de lidiar con una banda de estafadores del lado ecuatoriano, así que solo quería relajarme, sellar el bendito pasaporte y continuar mi viaje lejos de estos parajes fronterizos donde la especulación, la corrupción, el pillaje, la estafa y el contrabando son las actividades principales de la gente por no decir las únicas. 
 
Todo marchaba correctamente, selle mi entrada al Perú y volví al auto con el señor gordito y el conductor, de repente la historia parecía repetirse, la táctica es confundirte para sacarte más dinero de lo normal. Ellos tenían que haberme dejado en el lugar desde donde salen los buses que lo llevan a uno a Tumbes la ciudad más cercana, pero en vez de eso me iban a llevar hasta Tumbes en el auto, todo para cobrarme mucho más dinero. Pasados ya más de cinco minutos sobre la carretera panamericana yo descubrí sus planes y nos involucramos en una tremenda pelea el conductor y yo, el señor gordito que iba en el asiento del copiloto trataba de calmar los ánimos. Finalmente yo me limite a decirles: “bien si me van a llevar hasta Tumbes por un dólar, pues vaya ganga que he conseguido” y me estire en el asiento trasero colocando mis manos tras la cabeza como si estuviera en la playa. 
 
El conductor miro hacia atrás un par de veces a su acomodado pasajero, entonces reacciono sobresaltado: “pinche chamaco que me va a andar diciendo cuanto me va pagar, yo te voy a decir cuanto me tienes que pagar”;  después de la pelea, el conductor detuvo el auto y yo me baje sobresaltado. Una vez afuera el señor gordito bajo a pedirme dinero, le di 10 soles ($3 dólares) cantidad que yo consideraba un pago justo por el recorrido.
 
Camine hasta unas improvisadas tiendas donde unas señoras que vendían gaseosas, ellas habían presenciado todo, entonces me preguntaron porque me habían dejado allí botado, yo le respondí: “porque son unos hijos de ... “, ¿y cuanto te han cobrado por traerte hasta aquí? 10 soles les dije, ellas quedaron aterradas les parecía mucho dinero, compre dos gaseosas para relajarme después de mi accidentado cruce de frontera, me dijeron que tomara un colectivo que me llevaría hasta Tumbes por 1 sol, eso yo ya lo sabia pero no pude lograrlo impecable en el primer intento.
 
Una vez en la ciudad de Tumbes llegue hasta el puesto de venta de la empresa Cruz del Sur, una de las mejores de transporte terrestre del Perú. Sin embargo no habían buses para Lima sino hasta el otro día, muy mala noticia, por ningún motivo pasaría una noche en aquella ciudad. Yo solo podía pensar en el momento en que estuviera en un coche cama muy cómodo camino a la ciudad de los Reyes.

Tome un colectivo que iba hasta Mancora una playa muy linda a 1.165 Kilómetros al norte de Lima, no quería más playa después de montañita, pero a lo mejor cambiaria de opinión; Leonel me había contado varias historias sobre el lugar, según él Ernest Hemingway solía venir a este lugar en los años cincuenta cuando Mancora era apenas una pequeña aldea de pescadores, el escritor se había entregado allí a los más cálidos placeres sensuales y eróticos que lo inspiraban profundamente.   

 
El trayecto desde Tumbes a Mancora dura aproximadamente dos horas, una vez en el lugar pregunte en varios hoteles el precio de las habitaciones, quizás pasaría un par de noches allí. No había resuelto nada, quizás el hambre me tenia en la indecisión, lo mejor seria almorzar, pues bien entre a un lugar y pedí un bistec a caballo con gaseosa, durante el almuerzo busque $40 dólares entre el paquete grande y los deje en la mesa listos para cambiarlos por soles, decidí que iría a Lima cuanto antes, ya había tenido suficiente playa en montañita, además el sol había hecho estragos con mi piel, pague la cuenta y me fui en busca de una casa de cambios.
 
Caminaba hacia la calle donde salen los buses cuando de repente caí en cuenta que había dejado los $40 dólares en el restaurante, estaba como a unas cuatro cuadras de distancia, volví corriendo y entre sobresaltado al lugar, en la mesa que yo estaba había una pareja, me miraron como extrañados de mi actitud afanosa, en ese instante pensé: “hay no se van a hacer los locos con mi plata”, afortunadamente estaba equivocado y apenas pregunte por los dólares la señora muy amable me los entrego, me los habían estado guardando por si volvía, respire de vuelta y sentí un gran alivio, podría no ser mucho dinero pero había ajustado el cinturón en aplicación de mis políticas de ahorro para ir a cometer semejante estupidez de dejar la plata botada.
 
Después del susto fui a cambiar los dólares y a buscar un bus para Lima, pregunte en varias compañías hasta que conseguí uno que salía a las 4.30PM, negocie varias veces hasta que logre un precio increíble, 50 soles unos $16 dólares vaya precio, estaba feliz, de seguir así podría darle la vuelta entera al continente; era tal la dicha que saque mi celular e hice un calculo: ¿a como me había salido el kilómetro? 16 dólares entre 1.165 Kilómetros = 0.014 centavos de dólar por Kilómetro, “oh si” grite de la emoción mientras me decía a mí mismo “Juan eres el mejor”.
 
Ya con mi tiquete me fui a disfrutar de la playa, encontré un lugar muy agradable, el restaurante Las Peñitas que atendían unos niños muy simpáticos, lo primero que pedí fue un Pisco Souer, tenia muchos motivos para celebrar como mi ultima adquisición, un boleto a Lima a precio de huevo. La bebida no tardo en llegar para disfrute de mi paladar, una bebida exquisita, la introducción perfecta a la mejor comida del mundo, la peruana.
 
Después de reposar un rato y hacer algunas anotaciones en mi diario quise nadar un poco, la señora del restaurante me guardo mis cosas mientras yo fui a la playa, las olas eran demasiado pequeñas para hacer surf así que me limite a nadar por un par de horas en esta pequeña playa, además mi dolor de costilla me hacia pensar las cosas dos veces, no podía seguir arriesgando mi salud.
     
Deje la playa tras darle a los niños una buena propina que les ilumino el rostro y me hizo muy feliz. Justo a las 4.30PM llego el bus, un bus de dos pisos muy lindo, me puse muy contento al verlo, vaya puntualidad la de esta compañía pensé con asombro, sin embargo cuando iba a subir al bus me pidieron el boleto, el señor conductor lo observo y me dijo: “no tu pasaje es para otro bus, este es servicio elite” e hizo un gesto con la mano como diciendo apártate.
 
Efectivamente y con media hora de retraso llego el bus, no era servicio elite ni tenia dos pisos, y la pintura no brillaba con el sol como el bus anterior, pero que me importaba, mi política de ahorro me había servido para conseguir un boleto de bus de $16 dólares para más de 1.100 Kilómetros de recorrido; de solo pensarlo se sentía tan bien que subí con una gran sonrisa a ocupar una de las tres únicas sillas que venían vacías.
 
Rápidamente el bus se adentro por la sierra que bordea la costa, al lado izquierdo se ven las rocas y dunas del desierto, al derecho el mar que golpea furioso contra las playas de arena y roca, el televisor emitía los ruidos de una película que resultaban del todo encantadores, captan la atención de todos mientras yo era la única persona que estaba allí para apreciar el valor del momento, como si la belleza y magia del momento solo pudieran pertenecerme a mi, la escena la completaba el sol que enrojecido cubre el paisaje con un tórrido atardecer de colores naranja y ocre, un inusual espectáculo para los sentidos, el momento perfecto que desea todo viajero por en medio de aquellos parajes desolados.
 
Lunes 2 de Marzo
 
Como a las 10AM del día siguiente, el bus llego a la ciudad de Lima, capital del Perú. El lugar de llegada queda en la Victoria cerca del estadio Nacional, tome un taxi que me llevo hasta el Hostal Friend’s House (Manco Capac 36 en el barrio Miraflores, quizás una de las zonas más lindas para hospedarse en esta ciudad y a un precio muy cómodo de 20 soles en habitación compartida -$6.5 dólares la noche- las camas eran excelentes, un chico francés que estaba dando la vuelta al mundo y una chica norteamericana eran mis compañeros dormitorio.
 
Lo primero que hice fue tomar una ducha, según la señora encargada del Hostal yo traía un olor a pescado, me miro algo aterrada pero entonces me dijo que no me preocupara que eso era normal de la gente que llega de Mancora, yo no lo podía notar pero la expresión en el rostro de la encargada del hotel eran prueba suficiente. Pues bien, estaba bajo la ducha a punto de abrir la llave cuando me percate que no tenia jabón, no iba a quitarme el olor a pescado solo con agua, entonces me puse la toalla y salí del baño empecinado en encontrar alguno.
 
Afuera del baño me tropecé con una señorita extranjera y le pregunte  si sabia donde estaban esos pequeños jabones que hay en los hoteles, ella no entendía español pues era francesa, finamente una combinación de mi francés con mi mímica y ella me entendió, entonces me presto un jabón de esos líquidos, cuando lo utilice pude notar que era un jabón francés, ¿Por qué las chicas francesas utilizan esos jabones tan deliciosos? no lo sé, lo cierto es que disfrute de su fragancia, una vez fuera de la ducha el olor a pescado había sido remplazado por el refinado olor de un perfume francés, aquel jabón había impregnado todo mi cuerpo con una deliciosa fragancia que sé hacia más fuerte gracias a sus gránulos refrescantes.
 
Aquella tarde aliste mis cámaras y me fui al centro de la ciudad, eran las 12AM y el sol brillaba a su máximo esplendor, tome un bus que me dejo a cuatro cuadras de la plaza de armas, allí están el palacio municipal, el palacio del gobierno nacional, la catedral de Lima, y por supuesto la plaza que con sus palmeras y jardines hacen del lugar un punto de referencia bastante acogedor para apreciar. Lima merece su nombre de pila sin duda alguna, “la ciudad de los reyes”, es tan bonita e impenetrable a la vez, cada vez que la miras es como si te esquivara, nunca logras conocerla del todo. 
 
Fui a almorzar a un lugar cercano a la plaza, probé el famoso ceviche de camarones a pesar de que la comida de mar no es de mis favoritas y una sopa shambar, esta ultima una verdadera delicia, de acuerdo con mi política de viaje los lujos culinarios serian pocos, sin embargo el Perú seria una excepción, la austeridad en materia de comida le vendría mejor a Bolivia, después de todo un poco de ascetismo era justo lo que necesitaba para compenetrarme con el espíritu boliviano, pero no seria justo con la cocina peruana.
 
Estaba anocheciendo así que tome un bus de regreso al hotel, pero no habían pasado ni tres minutos cuando me baje del bus para ir hasta la plaza San Martín. La plaza es un lugar agradable donde se puede apreciar la arquitectura europea de los edificios alrededor, así como los pequeños cafés que llenan las callejuelas vecinas con sutil encanto. 
 
Muy cerca de allí había una agencia de viajes, entre para preguntar por vuelos a pesar de no haber decidido mi ultimo destino, pregunte una vez más por un vuelo desde Buenos Aires, Sao Paulo y Santiago que en un solo trayecto me llevara de regreso a Bogota. El vuelo más barato salía de Buenos Aires, pero ya había estado en esta ciudad y francamente no quería regresar, mucho menos si el motivo era un vuelo barato, salí llevándome la información conmigo.
 
Volví a la avenida Garcilasco de la Vega y regrese al Hotel, aquella noche conocí a un grupo de franceses, entre ellos la amable señorita que me había prestado su exquisito jabón, se trataba de Myriam Leray, una linda y taciturna francesa de unos 22 años de edad, viajaba con su novio Sebastián, junto con ellos estaba Clemence estudiante de teatro  y su novio Dimitri todos franceses.

Mis nuevos amigos muy amables me invitaron a cenar pasta boloñesa con pastis un vino francés muy bueno para acompañar la cena y la conversación, fue una noche muy tranquila en aquel modesto pero encantador hotel.
 
Martes 3 de Marzo
 
Me desperté bien temprano, había decidido marcharme al día siguiente de la ciudad así que tendría que aprovechar mi ultimo día. Leí sobre unas ruinas que me llamaron la atención y que quedan muy cerca de la ciudad, entonces por medio de indicaciones llegue a las ruinas de Pachacamac, un importante sitio arqueológico como a unos 15 Kilómetros de la ciudad. Las primeras ocupaciones de este lugar datan, aproximadamente, del año 200 a.C.
 
Por más de mil quinientos años Pachacamac fue el santuario más importante de la costa, su oráculo era consultado por curacas y jefes del antiguo Perú, durante la cultura Wari a partir del 650 D.C. El dios Pachacamac era muy temido pues se le atribuía el poder de hacer temblar la tierra. Con la llegada de los Incas, los sacerdotes del santuario adoptaron los símbolos del Tawantinsuyu y se construyo el templo del sol, sobre lo más alto de una montaña desde donde se puede apreciar el mar y el fértil valle de Lurin que sobresale como un Oasis en medio del desierto que rodea la ciudad de Lima. 
 
Me llamo mucho la atención el edificio Mamacona/Acllawasi construido para albergar mujeres exclusivamente dedicadas al culto y producción de bienes suntuarios, podrá sonar algo injusto pero la sola idea de que los bienes más inútiles sean producidos por las delicadas manos de mujeres enteramente dedicadas al oficio es tan agradable que yo me las imaginaba allí sentadas trabajando.
 
Desde la cima del templo del sol, le escuche decir al guía que este templo es también sitio de encuentro entre Mamacocha (el mar) y Pachamama (la tierra), pues se encuentran justo el uno frente del otro, alrededor de esta cercanía los incas elaboraron toda una clase de ritos con los cuales adoraban a sus dioses más importantes.    
  
A la entrada del lugar, hay un museo que alberga objetos arqueológicos, estos datan desde el periodo formativo (alrededor del año 200 a.C.) hasta el periodo Inca (1450 a 1532 d.C.) las piezas más importantes son el ídolo y la puerta de Pachacamac, hallados durante los trabajos de excavación efectuados por Alberto Giesecke en 1938. Estos objetos habrían sido descritos en las crónicas de los primeros españoles que llegaron al santuario, alrededor de 1533. El ídolo es una hermosa pieza tallada en madera que representa al dios Pachacamac; en la parte superior se encuentran tallados dos personajes que miran a lados opuestos como simbolizando las fuerzas antagónicas de nuestro universo y la parte central esta decorada con diferentes animales míticos y personajes antropomorfos. 
 
Después de visitar este magnifico lugar y llenar mi espíritu de la paz que solo los siglos de antigüedad logran transmitir a nuestra efímera existencia, me dirigí de nuevo a la ciudad, esta vez para visitar la sede de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el precario proceso de integración que agrupa a Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia desde hace ya unos 40 años con resultados importantes pero con un sesgo de mediocridad y descompromiso que empaña el futuro de los pueblos andinos.
 
Finalmente y después de pedir indicaciones llegue al lugar (Av. Aramburu con Paseo de la Republica), no hay mucho que ver, un edificio donde ondean las banderas de los países que conforman la organización; una estatua de Bolívar que a manera de leyenda sugiere un destino común que ningún país se empeña en volver realidad, también hay un montón de vehículos de los funcionarios que agrupan la estéril burocracia de la CAN. No tengo la menor idea de porque fui a este lugar, después de todo que esperaba encontrar allí, como ya había estado en la sede del MERCOSUR en Montevideo, imagino que visitar la sede de la CAN completaría mi paso por las instituciones que tienen como responsabilidad principal asegurar un mejor futuro para nuestros países.
 
Luego de esta decepcionante visita fui a almorzar cerca del parque central de miraflores, pedí unos deliciosos ravioli tres quesos que me devolvieron la energía que había perdido en este día tan agitado. Entonces cuando caminaba en el parque Kennedy me encontré con mis amigos franceses, todos estaban allí observando los objetos que se vendían en la feria, poco antes me había llamado la atención una anciana pitonisa que sentada sobre un banco repetía con su voz lúgubre y misteriosa: “leo la mano, las cartas, la suerte”, sus gafas parecían las de un ciego y sus ademanes lentos le daban el aire de una vidente experimentada.  
 
Bastante intrigado me dirigí a donde aquella anciana, ella tomo mi mano izquierda y me empezó a relatar varios aspectos que describían a la perfección hechos pasados de mi vida. No puedo compartir todo lo que me dijo con mis lectores, ya es suficiente con escribir este diario al máximo detalle. Pero hubo algo que me dejo perplejo, según la vidente anciana, yo tenia una “mala Biblia”, algo así como un hechizo maléfico que una mujer a quien yo conocía, había hecho en mi nombre para perjudicarme, una especie de venganza de esas de: “si no eres para mi no serás para nadie más”.
 
Vaya sorpresa, me venia a enterar en el Perú de que una chica me había hecho una brujería o maleficio con el fin de espantar mi suerte con las mujeres. No había tenido mucha suerte con las chicas últimamente pero más importante que eso era quien podría haber hecho semejante cosa, pues bien, comencé a pensar y de pronto note que la lista de sospechosas era bastante larga, muy pocas mujeres logran despertar en mi el interés suficiente para encender mi felina curiosidad, y más pocas aun son las que logran mantener a flote la diversión, la risa y el placer de estar junto a ellas.   
 
No era agradable recibir aquella noticia, después de todo mi comportamiento con las mujeres siempre a sido muy caballeroso, cuando alguien no me gusta se lo hago saber con suavidad y cariño, sin duda mi hechicera amiga debe ser una persona egoísta y ruin. 
 
Aquella noche fuimos todos a comer a un restaurante chino cerca del Hotel, luego visite al centro comercial Larcomar pues quería conocer el lugar por dentro y ver un poco de la movida nocturna en esta ciudad. A la entrada encontré algo muy interesante, se trataba de algo así como un experimento ecológico: habían varios recipientes de vidrio que albergaban un millón de tapas de botellas plásticas, no solamente era una fotografía muy colorida que tomar sino algo verdaderamente urgente que te hace pensar el destino de las cosas que utilizas, este experimento había evitado enviar a la basura mucho material plástico, una muestra artística de cómo conservar nuestro planeta.
 
Bien dejando la naturaleza de lado, les puedo contar que este lugar es un sitio excelente para salir de noche, las chicas van todas muy arregladas, sus cabellos relucientes, bien maquilladas y cuidadosamente vestidas, supongo que se trata del ritual de seducción femenino y por lo visto a las limeñas les resulta bien productivo. Encuentras grupos grandes de chicas que con sus risitas y carcajadas son fáciles de detectar, los chicos que igualmente se dirigen al lugar en grupos grandes dirigen atenta su mirada sobre ellas, el ambiente es bien interesante, las hormonas están a flor de piel y ello ocasiona algunas escaramuzas entre los más jóvenes, la naturaleza humana en acción una muestra perfecta de nuestros instintos animales en función de la conquista.   
 
La vista nocturna desde allí es privilegiada, se puede ver toda la bahía, las luces de los autos que pasan junto al mar por la autopista que esta abajo, una cruz iluminada a lo lejos y se escucha el sonido de las olas que empujan constantemente las rocas contra la playa en un constante y relajante crujido. Hay bastantes bares y restaurantes para todos los gustos, desde los más románticos hasta los más ruidosos; un lugar excelente para ir en pareja así que lo recomiendo. 
 
Bien una vez de vuelta en el hotel mis amigos franceses me invitaron a un vino, charlábamos de todo, entonces de repente uno de ellos me pregunto: ¿y bien Juan, a donde te diriges mañana? voy a Paracas les dije, “nosotros también vamos para allá” respondieron entusiasmados, entonces me ofrecieron unírmeles en el viaje.
 
Miércoles 4 de Marzo
 
La noche anterior yo propuse que nos levantáramos a las 6AM pero todos me miraron como si estuviera loco, entonces quedamos de levantarnos a las 9.00AM. Entrada la mañana pague mi cuenta del hotel y nos fuimos todos de taxi para la agencia de buses Flores (Paseo de la Republica con Av. 28 de Julio). El bus salió a las 11AM, llegamos al atardecer, el bus nos dejo sobre la carretera panamericana a la altura de Pisco, tuvimos que tomar un taxi hasta el pueblo de Paracas, el auto iba adentrándose en el desierto mientras el sol languidecía y se veían unas cuantas palmeras.  Una vez llegamos al pueblo todo fue un circo, buscábamos una habitación para cinco personas pero no habían, los franceses examinaron un lugar donde habían habitaciones pero no tenia baño, mientras yo exploraba otros pequeños hoteles.
 
Pues bien lo cierto aquí es que la líder del grupo de franceses Clemence, armo todo un alboroto y complico bastante la situación, de no ser por mí habrían perdido la mejor opción de hospedaje con baño incluido en un hotel que había negociado para ellos previendo que debía anticiparme ante su indecisión, si no era posible quedarnos todos en una habitación para cinco lo mejor era tomar una para cuatro o dos habitaciones de pareja, yo me las podría arreglar solo como siempre, pero ellos debían apurarse pues no habían muchas opciones económicas y los lugares se estaban agotando.
 
Viajar solo es definitivamente una experiencia hermosa, no solo porque te ayuda a conocerte mejor a ti mismo, explorar tus limites y vencer una serie interminable de miedos y prevenciones que nos acompañan desde niños, sino que soluciona de un solo tajo las complicaciones, no tienes que administrar una democracia mientras viajas, funcionas bajo una dictadura, tu eres el único responsable de tus actos, corres los riesgos que quieres, vas a donde te plazca en el momento en que quieras, puedes cambiar los planes, las rutas y las actividades, no tienes que rendirle cuentas a nadie, ni mucho menos lidiar con nadie para tomar decisiones estúpidas, es lo que llamo plena libertad.
 
Finalmente, me hospede en el Hotel el Amigo justo al lado del hotel de mis amigos franceses, pague 25 soles -$8 dólares- por una habitación sencilla. El hotel es un precioso lugar con todo el encanto de Paracas, mi habitación tenia una cama súper confortable, tenia un parasol, una hamaca afuera y una vista privilegiada desde la terraza.
 
Inmediatamente después de instalarme tome una ducha  y me dirigí a la playa; sobre el costado sur había un pequeño muelle donde había gente pescando, muy amables se pusieron a hablar conmigo, muchos de ellos eran trabajadores del Hotel Paracas, uno de los más lujosos que se encuentra en el pueblo. 

Noemí una señora que trabajaba en el Hotel Paracas con su esposo me presto una tablita con un anzuelo, así que me puse a pescar Tramboyos, unos pequeños peces. Hablábamos de todo, me preguntaba porque estaba viajando, le interesaba saber más específicamente porque viajaba solo, luego me pregunto que si tenia enamorada, ante mi respuesta negativa, repuso con elevado acento de sorpresa: “¿solo eres?”, todavía no podía creer que estuviera realizando un viaje así solo por el placer de viajar. 
 
La pequeña hija de Noemí empezó a hablar conmigo, quería ser promotora de turismo cuando fuera grande, era una niña muy inteligente, quería hablar ingles y francés, una pequeña bastante adelantada para su edad y para los medios materiales de su familia, nos hicimos amigos, ella me pidió que hablara en ingles y francés, cuando escuchaba mis palabras se ponía muy contenta, aquella linda pequeña alegro mi momento de pescador con sus gracias infantiles y con sus elevados propósitos profesionales.  
 
Después de una hora quizás y cuando ya el sol se retiraba, todos se fueron, yo me quede en el lugar para presenciar el atardecer junto con varios pelícanos que se agolpan sobre las embarcaciones cercanas y que al igual que yo dirigían su atenta mirada sobre la puesta del sol, creo que estos animales al igual que nosotros tienen un sentido de admiración, saben apreciar lo hermoso y les reconforta estar en su presencia. El atardecer en estas latitudes es único, los últimos rayos del sol se despiden majestuosos sobre las aguas mientras se respira una gran paz con el silencio del pueblo.
 
Una vez finalizado aquel espectáculo natural me dirigí a donde mis viajeros amigos, ellos estaban reunidos formando un circulo sobre la arena a pocos metros de donde yo estaba. Sin embargo, habían dos nuevas personas entre ellos, unos chicos de Québec Verónica y Eric, viajaban juntos desde hacia poco tiempo desde que se  reunieron en Lima.
 
Pasamos un buen rato charlando, Verónica me preparo un par tragos y Clemence me presto su cobija para arroparme, luego caminando por allí se me enterró una astilla de madera en el pie derecho que junto con mi dolor de costilla viajaría conmigo varios Kilómetros más. 
 
Por la noche fuimos a comer todos juntos, la deliciosa comida de mar del Perú acompañada de Pisco Souer fue prácticamente una elección unánime, disfrutamos un buen rato de charla y risas en aquel restaurante que nos sirvió para fortalecer la amistad entre todos, en especial con los recién llegados.    
 
Jueves 5 de Marzo
 
Al amanecer quedamos de encontrarnos todos en el muelle para ir a las Islas Ballestas, un santuario de aves y mamíferos marinos. Los franceses se embarcaron todos en la misma lancha conmigo, mientras Eric y verónica se fueron juntos en otra. Después de unos cinco minutos de iniciado el trayecto hacia las islas, observe a mi izquierda unos preciosos animales saltarines, de inmediato grite: “delfines”, mientras señalaba el lugar donde saltaban.   
 
Todos bordo se pusieron de pie dirigiendo sus miradas hacia los delfines a pesar de los esfuerzos del capitán por mantener sentados a los pasajeros. Luego hicimos una parada en frente al tridente, una figura gigante esculpida sobre la arena de una montaña, esta figura mide unos 168 metros largo, 75 metros de ancho y 1.5 metros de profundidad. Se cree que fue hecha por la cultura de los Paracas como una señal de navegación, también se la relaciona con Nazca pues apunta por la constelación Cruz del Sur directamente a este misterioso pajare famoso por las líneas talladas sobre la superficie terrestre y que solo se pueden apreciar desde el aire.
 
Después de unos treinta minutos más llegamos a las islas, el espectáculo natural es asombroso, miles de aves vuelan por todas partes, sobre las rocas se pueden observar decenas de leones marinos que allí pernoctan recibiendo largos baños de sol sobre las playas, también hay algunos pingüinos humboldt que se encuentran bien camuflados entre el resto de las aves; varias arañas de mar corretean por las rocas desafiando a las olas y muchas otras especies de aves y mamíferos viven allí, es genial. 
 
En un momento el bote se acerco a lo que se conoce como la sala de maternidad, una gran playa sobre las islas donde las madres se dedican a cuidar de sus bebes. Los gritos de toda esta manada de animales son bien potentes; es fácil ver como los machos traban feroces peleas por ejercer un dominio sexual sobre las hembras  asegurando así que su herencia genética se reproduzca con éxito, algo similar a lo que hacemos los seres humanos con tácticas algo más refinadas.       
 
Poco después una vez habíamos dado la vuelta a las islas, una pequeña bebe león se acerco nadando al bote, de inmediato me cambie de lado para observarla mejor y luego de un impulso puse mis manos en el agua para tocarla, la sorpresa vino cuando la bebe se acerco tanto que la pude sostener por unos segundos entre mis brazos, su piel era tan suave, sus bigotes todos estirados y sus gritos de bebe encantadores, segundos después su madre se percato de lo que estaba pasando y de inmediato fue a ver que pasaba con su hija, entonces el guarda ambiental me dijo: “suéltala, suéltala que hay viene la mama y es peligroso”, no tuve tiempo para despedirme de beso así que solté con suavidad a esta hermosa bebe para que fuera a reunirse de nuevo con su madre.   
 
Lo extraño de la situación fue que la bebe león daba pequeños brincos desde la superficie del agua intentando subir al bote, al parecer disfrutaba la compañía de los humanos, sin embargo, su madre ya no se aparto de ella, si alguien más quería imitarme tendría que correr el riesgo de un ataque fatal. En las Islas Ballestas, la fauna es bastante protegida, de allí que algunas especies ignoren el hecho de que se encuentran en contacto con una de las especies más devoradoras y peligrosas del planeta, los humanos. 
 
Al regresar de aquel mágico lugar nos separamos, yo me fui con Verónica y Eric para la Reserva Nacional Natural de Paracas, no alcance a despedirme de los franceses, así que pensé que esa seria la ultima vez que los vería. Nuestro recorrido inicio a la salida del pueblo donde hay un obelisco en homenaje a San Martín, luego nos dirigimos hasta la Catedral, un hermoso lugar donde el mar encuentra al desierto en un deslumbrante espectáculo de colores, una playa de arenas blancas, el intenso azul del mar como el cielo  y las montañas que se elevan frente al mar en gigantes riscos amarillos formando un contraste alucinante de elementos y colores.
 
 
Enseguida atravesamos el desierto de Paracas hasta la playa roja,  una playa fascinante de arenas rojas, tuve que deslizarme por uno de los riscos para llegar hasta las aguas donde tomaría un baño, el oleaje es muy fuerte, el conductor me había advertido antes del peligro de aquella playa, varias personas se habían ahogado allí, anote las precauciones pero no pude resistirme a bañarme, así que jugué al gato y al ratón con aquellas olas por unos 15 minutos, es tan poderosa la fuerza del agua en aquel lugar que me arrastraba con ansia devoradora, un descuido allí puede ser fatal.  
 
En un momento caminando por la playa me tropecé con un león marino adulto, muerto por alguna extraña causa, reposaba su cuerpo sobre la arena, tenia una grave herida ovalada en él estomago; es inevitable eludir la pregunta sobre el valor de la vida, su fragilidad y fugacidad, somos seres temporales tenemos el tiempo en nuestra contra,  aquello me asusto un poco pero la magnificencia de aquellos instantes donde la vida se puede sentir a plenitud aliviaron mis pensamientos y me dedique a seguir jugando en la playa.
 
Luego fuimos a un pequeño poblado cerca de playa lagunillas, allí frente a una pequeña playa almorzamos todos juntos, verónica y yo nadamos hasta unos riscos donde varias aves y algunos leones marinos retozaban, el agua es muy fría así que pronto comenzó a volver el dolor de mi costilla salí de inmediato. Existen otras playas muy lindas, lagunillas y playa la mina, yo recomiendo preguntar muy bien sobre los lugares que se quieren visitar antes de contratar un coche.
 
El pueblo donde estuvimos fue devastado en agosto del 2007 durante el terremoto que también destruiría la ciudad de Pisco, hubo varias victimas mortales en ese lugar, de hecho para llegar allí tuvimos que evitar varios kilómetros de arenas que desde entonces habían sido inundadas y que se mantenían movedizas a causa del tsunami que devasto aquella región del país. 
 
De nuevo en Paracas mientras nos despedíamos le pregunte a Verónica cual seria su próximo destino, vamos al Oasis de la Huacachina dijo, ¿cuando irían a ese lugar? pregunté: de inmediato repuso Eric, eso fue estupendo era exactamente mi plan, dejar Paracas para dirigirme al Oasis que esta ubicado en cercanías de la ciudad de Ica. Como estábamos en hoteles diferentes, quedamos de encontrarnos en la calle en quince  minutos para irnos juntos; fui a mi hotel, tome una ducha, me despedí de una anciana francesa que estaba de vacaciones con su esposo y fui en busca de mis nuevos compañeros de viaje. Como nos les encontré en la calle volví al hotel, aun no estaban listos, entonces ocurrió algo bastante curioso e irónico a la vez, Eric empacaba sus cosas mientras Verónica alistaba su equipaje, en un momento hice una pregunta dirigiendo mi mirada a un estuche ovalado: ¿qué es eso? “una carpa” replico Eric ¿y cuantas personas caben? volví a preguntar, dos personas dijo Eric, solo dos personas.
 
Advertí que no había cupo para un tercero, tendría que pagar hotel en el Oasis, no era problema para mí, solo pensé por un momento que podría ahorrarme ese dinero, pero la respuesta de Eric, fue contundente y resonaba en mi cabeza: “solo dos personas, verónica y yo, así que no hagas planes chico” imaginaba yo.  
 
Tomamos un pequeño bus que nos llevo hasta Pisco, había leído que la playa en esta ciudad es extremadamente peligrosa, así que cuando el bus pasaba por allí pude detallar exactamente a que se refería, tuve un poco de miedo de no saber en que clase de sitio se detendría el bus para dejarnos pero finalmente nos dejo en un lugar aceptable, tuvimos que caminar como un kilómetro hasta la carretera panamericana, tomamos un bus que nos llevo a Ica por un cómodo precio en confortables asientos de lujo.     
 
Una vez llegamos a Ica cenamos e hicimos un pequeño mercado de frutas, luego nos fuimos en taxi hasta el Oasis. Fue bastante extraño llegar de noche, parecía que hubiéramos llegado a cualquier otro lugar menos a un Oasis, pero lo cierto es que estábamos en medio de las dunas de aquel magnifico lugar, mis amigos escogieron el lugar después de ojear un par de hoteles. Esta vez el Hotel Carola del Sur fue el anfitrión de tres andariegos como nosotros, la trafica fue muy conveniente solo 17 soles la noche cada uno -$5.6 dólares- podíamos escoger entre una habitación para todos o el dormitorio general, Verónica dijo que prefería el dormitorio, así que la seguimos pero una vez en el lugar yo propuse la habitación, todos estuvimos de acuerdo, entonces fuimos a la habitación, mismo precio más comodidad: un buen trato.

La habitación era sencilla, tenia baño privado y tres camas, el camarote fue para Eric y Verónica, alguien sugirió que yo tomara la cama grande para que pudiera descansar mejor y reponerme de mi costilla. Estuve un poco alarmado esa noche, el dolor no cesaba y parecía hacerse más profundo, Verónica hacia las veces de una madre que reprende y consiente a su hijo, me decía que debía ir al medico que eso era peligroso, me contó que a aun amigo suyo un hueso roto le perforo un pulmón causándole un paro respiratorio, pero apenas me notaba alarmado me decía otras cosas más agradables para tranquilizarme, después de un rato fuimos al bar a tomar unas cervezas y luego a dormir.

 
Viernes 6 de Marzo
 
El amanecer en el Oasis es cálido y te acaricia con suavidad, fuimos temprano con Verónica a la piscina del Hotel, desde allí se levanta imponente una duna gigantesca, esculpida por el viento con sofisticadas y tersas líneas que a la vista sugieren la suavidad del terciopelo. Yo animaba a Verónica para que subiéramos juntos a la cima, pero ella dijo que prefería quedarse, antes de comenzar el camino un señor que hacia aseo en el lugar me advirtió: “si vas subir sube ahora porque más tarde el sol calienta la arena y le quema a uno los pies, póngase medias también”, solo hice caso a su primera sugerencia, subí de inmediato pero no me puse medias. Es un ascenso un poco pesado, los pies se hunden profundo en la arena y es algo complicado subir rápidamente, pero hay una gran recompensa desde la cima, la vista es maravillosa.
 
Cada paso más arriba y el Oasis comienza a mostrarse diferente, es como si se transformara, igualmente cambia la percepción que uno tiene del lugar, se puede ver mejor, donde comienza y donde termina, sus aguas verdosas invitan a beber y sus palmeras alrededor recuerdan aquellas películas de aventuras en el medio oriente, las tramas sobre jeques, tribus, petróleo y arriesgados romances le transportan a uno a un mundo de nómadas, camellos y demás detalles que vienen fácilmente a la imaginación con una calidad cinematográfica. 
 
Tras el Oasis solo resta la inmensidad el desierto, que mire absorto por varios minutos, su silencio es impenetrable, solo interrumpido por mis gritos: “Verónica, ven, sube”. El desierto es como un lugar en la mente del creador donde este encuentra paz “el silencio no tiene límites, para mí los límites los pone la palabra” decía Marcel Marceau, ahora el medio del Oasis más fácil comprender el significado de aquellas palabras, el desierto es como la puerta al infinito, allí parecía estar la entrada a la mente divina, al todo.   
 
De repente una figurilla de ropajes negros se asomo a lo lejos,  disipando mis pensamientos, parecía un hombre pero después de unos minutos se revelo femenina y sutil; era un mujer que vestía ropas propias del desierto y que atravesó una gran franja de tierra hasta el Oasis desapareciendo después, quizás era la manifestación física de mí dialogo en con el silencioso desierto, quizás simplemente una mujer.
 
Decidí entonces descender para internarme en el desierto a espaldas del Oasis, tras unos cuantos pasos la vista del lugar desaparece y se siente una inmensa soledad, un silencio avasallador que estremece el cuerpo. Baje hasta un pequeño Oasis que hay al respaldo y volví por un atajo a la laguna principal, esta vez tuve una gran sensación de melancolía pero no propia, más bien parecía un sentimiento ajeno que yo captaba por el solo hecho de estar allí, el Oasis pareciera estar muriendo desapareciendo lentamente en el desierto, fundiéndose en la mente infinita del creador, se muere y yo podía sentir eso como si hablara, como si se despidiera para siempre.
 
Volví algo afligido al Hotel por aquella sensación, encontré a Eric leyendo mientras una tortuga caminaba a la entrada en la habitación,  la alimentamos con plátano comprobando su voraz apetito y su insaciable curiosidad. Yo seguía algo triste por el Oasis, Verónica estaba en la cocina preparándonos algo así que fui a la piscina arrastrando mi bucólico animo conmigo. Allí todo tuvo un giro inesperado, una hermosa rubia retozaba bajo la sombra de un palmar acompañada de una amiga, creaba una paisaje perfecto para mis ojos, tenia unos rizos rubios y rebeldes, tenia puestas unas gafas de sol que hacían de su mirada un misterio, la duna sé elevada a sus espaldas imponente, como si fuera el trono de una diosa.
 
Es el espíritu del Oasis” pensé, entonces me acerque lentamente y me acosté sobre una cama junto a su amiga para tomar el sol, esta vez exagere un poco mi expresión de dolor al recostarme, eso causo su curiosidad. ¿Qué te pasa, estas bien?  pregunto mientras se quitaba sus gafas y me envolvía en el vértigo que producían sus maravillosos ojos azules, “nada es solo que tengo un hueso roto” repuse, aquella noticia la alarmo, tuve que explicarle mejor, “en realidad no esta roto, solo me golpee fuerte con una tabla de surf”.
 
Entonces se mostró algo indiferente, “este chico no esta tan mal como para merecer mi atención” debió pensar entonces, porque regreso al placer de tomar el sol, se puso sus gafas y me ignoro por completo. Poco después reiniciamos nuestra conversación, esta vez yo me encontraba nadando en la piscina justo en frente a ella, hasta que me acerque a la orilla para interrogarla. Se llamaba Cristina, era inglesa de nacionalidad y trabajaba como voluntaria en Pisco tras el terremoto que devasto la ciudad; fue así como logre entender su actitud indiferente, tenia un espíritu bondadoso, solo le preocupaban las personas que necesitaban su ayuda, fue entonces cuando volví a exagerar mi dolor y preocupación respecto de mi salud solo para ver como esto rendía cuantiosas ganancias con esta chica, que parecía alarmarse cada vez más por la compañía de un enfermo potencial, recipiente de su preocupación y porque no también de sus cuidados.
 
Había algo maternal en sus encantos, se preocupaba por mi como una madre, pero había una sutil sensualidad en sus gestos y miradas que fueron suficientes para enamorarme. Fue el momento más especial de mi estancia en el Oasis, aquellos minutos en la piscina con esta mujer frente a mi, era como estar en el paraíso, solo me importaba lo que ella hacia y el tiempo transcurría lento como si el sol se detuviera allí solo para nosotros.
 
Existía una inmensa atracción entre nosotros, en un momento me dijo refiriéndose a su experiencia de viajar con su amiga: “viajar solo debe ser genial; viajar acompañado es toda una experiencia de conocer a otra persona y de cierto modo tolerarla y discutir los planes con ella todo el tiempo”; además “entre ella y yo no hay ninguna atracción sexual como la que podría haber con un hombre”, vaya, eso era demasiado, no supe como reaccionar ante aquella insinuación erótica, de repente llego Verónica a la piscina y tuvimos que disimular la intensidad de nuestros afectos mutuos.
 
Mi amiga canadiense no solo traía consigo su preciada compañía en el instante perfecto, sino que era portadora de malas noticias que hizo publicas a viva voz: “Juan nos cambiaremos de hotel a uno donde podamos tender la carpa, debemos ahorrar dinero para el viaje, vamos alista tus cosas si quieres venir con nosotros”, aquello me cayo como un balde de agua fría, no quería que Cristina me viera como un vagabundo pobre que se valía de toda clase de artimañas para viajar, algo bien cercano a la realidad. Sin embargo, le reste importancia a la noticia y me dedique a tomar el sol a la orilla de la piscina, justo a los pies de la diosa de los ojos azules.
 
Cristina me sorprendió entonces con un magnifico detalle, justo cuando yo iba regresar a la cabaña para alistar mis cosas dijo: “Juan, espera, tengo algunas píldoras para el dolor que te servirán” se levanto y fue a su habitación a traérmelas, note una expresión de celos en Verónica, cuando Cristina volvió me entrego las píldoras en mi mano, mientras me miraba intensamente como diciéndome “no te vayas”, fue una horrible sensación de adiós combinada con la invitación a quedarme en sus brazos para siempre.
 
Me fui a empacar mis cosas mientras las dudas me acechaban, Cristina era perfecta para mi, esta mujer tenia la capacidad de envolverme con su mirada, su poder podría hacerme cambiar de planes, dejaría el viaje para quedarme con ella en el Oasis, luego  viajaríamos juntos hasta donde fuera preciso para conservar su amor. Todo eso eran puras ilusiones naturalmente, sin embargo, quedaba un ligero tormento, abandonar mi viaje por una mujer seria fantástico, pero aun no estaba convencido del todo, era doblemente vulnerable a los encantos de una mujer: a la debilidad que me producía el dolor de la costilla solo le hacia falta los cuidados y mimos que solo una mujer podía proporcionar para convertirme en su esclavo, entonces ya no podría escapar, me atraparía. 
 
Después de mover todo a un sitio llamado “banana” armamos la carpa y fuimos a almorzar, Verónica y Eric tenían problemas que solucionar, no eran pareja, pero sus planes de viajar juntos parecían desbaratarse con el paso del tiempo.
Al termino del almuerzo volví a la carpa para llevar mi equipo de video a un paseo en Boogy, por el camino me tropecé con Cristina que estaba inquieta por mi salud, me enseño entonces unos ejercicios de yoga para la espalda y se fue después de darme un embriagador beso en la mejilla. Durante mi paseo de Boogy encontraría las respuestas que buscaba.
 
A las 4.30 de la tarde iniciamos el recorrido en el Boogy, a medida que se avanza la vista de la Cordillera se hace espectacular, la ciudad de Ica y todo el desierto se pueden ver con claridad a los alrededores. El paseo incluye varias sesiones de SandBoard, la primera fue emocionante, una duna con unos 10 metros de alto, la velocidad que se alcanza es tal que uno siente que las piernas se prenden en llamas por la fricción con la arena.
 
El Boogy es una atracción que no se puede perder quien venga al Oasis, tiene mucha adrenalina hay momentos en que se sube a toda velocidad una duna, sola para descubrir que una vez alcanzada la cima hay un profundo abismo que el auto baja aun más rápido a toda velocidad, es absolutamente más emocionante que la mejor montaña rusa en la que me haya subido.
 
El SandBoard es magnifico, practicarlo de pie puede ser algo rudo, hay que prepararse para fuertes golpes, pero una vez dominado es sensacional, yo no pude siquiera intentarlo, una caída así y terminaría por fracturarme, así que solo pude practicarlo acostado, en todo caso fue espectacular, se baja muy rápido, aun en esa modalidad si me hubiera caído tendría que haber ido directo al hospital, en realidad corrí un riesgo bastante tonto, pero bueno, era la única vez que estaría en ese lugar, no podía perdérmelo. También visitamos también un Oasis seco en la mitad del desierto, aun conserva un poco de agua la vegetación muy verde pero su destino irreversible es ser consumido por la arena, incluso antes que el Oasis de la Huacachina. 
 
El paseo termino presenciando el atarceder en una gran meseta de arena en el desierto de Ica, fue allí donde tome la decisión de dejar el Oasis al día siguiente, le había anotado mi correo a Cristina en su agenda, viajaríamos juntos por Bolivia si ese era su deseo, mi viaje seguía siendo mi prioridad y aun tenia las fuerzas suficientes para librarme incluso del encanto de una mujer encantadora como Cristina.   
 
Una vez de regreso en la Huacachina me encontré con mis amigos, Eric había decidido marcharse rumbo Arequipa, Verónica y yo lo acompañamos hasta la estación de bus en Ica y nos fuimos al lugar donde se celebraba el festival internacional de la vendimia. Un gran lugar para eventos, el momento cumbre fue la pisa de la uva, que estuvo a cargo de la reina de la vendimia quien junto con el alcalde de la ciudad y otras autoridades hicieron la pisa de la uva al son de tambores y guacharacas acompañados luego de varias jovencitas que se meneaban sobre las uvas con mucho ritmo y sabor.
 
La noche finalizo con un concierto de una agrupación amazónica, el tema principal y más esperado “ya se ha muerto mi abuelo”, fue todo un espectáculo, Verónica y yo en medio de la multitud observando aquella expresión popular de la cultura peruana. En varios momentos el líder de la banda, un abuelo como extraña coincidencia lanzaba los afiches de la banda al publico, que como cualquier multitud enloquecía fervorosamente por atrapar aquel preciado pedazo de papel. Aquello me ponía en aprietos, el Boogy y el sand board me habían dejado un poco lastimado de la costilla, en varias ocasiones Verónica tuvo que protegerme, en especial cuando un afiche cayo bastante cerca de mi que todos se abalanzaron para agarrarlo. Ya cansados regresamos de taxi a nuestro remanso de paz, el Oasis, habíamos tenido ya suficiente de Ica, una ciudad aun más ruidosa con motivo del festival.
 
Pasada ya la media noche nos acomodamos en la carpa con Verónica, yo recordaba las palabras de Eric cuando estábamos en Paracas: “es una carpa para dos personas, solo dos personas” vaya ironía, fui yo quien termino usándola en vez de él, de hecho tenia razón, efectivamente era solo para dos; yo pase una noche aceptable, Verónica me presto su sleeping y yo puse una cobija bajo mi costilla para amortiguar el peso de mi cuerpo protegiendo mi lastimado hueso del duro piso sobre el que dormíamos.
 
Sábado 7 de Marzo
 
Nos despertamos como al medio día, aquel sábado lo tome como un día de descanso dormí en una hamaca como un bebe arropado con una pequeña cobija en medio de los cálidos vientos del Oasis.
 
Verónica se había contagiado del paseo en Boogy del que yo le había hablado, inicialmente dijo que $30 soles -$10 dólares- le parecía demasiado dinero y que no lo haría, pero luego de escucharme se decidió a hacerlo. Yo estaba en la piscina cuando ella se preparaba para irse, me recomendó sus cosas: la carpa, su computador portátil y las demás cosas, yo le decía que era muy tonto de su parte confiar en mi, pues que era posible que empacara todo y me fuera sin dejar rastro, dijo que me buscaría hasta el fin del mundo si me atrevía a hacer eso, yo disfrutaba en llenarla de dudas respecto de mi honestidad, pero ya hastiado de tanta diversión le dije que fuera tranquila sin preocuparte, ella por su parte me señalo con la mano y dijo que confiaba en mi que no fuera a traicionar su confianza, fue muy divertido molestarla.
 
Al volver nos despedimos, ella se quedaría unos días más en el Oasis, yo me dirigía al sur hacia el Cuzco. Después de un fuerte abrazo, deje atrás a Verónica una de mis más queridas compañeras de viaje, de vuelta en Ica, compre el boleto de la compañía CIAL hacia el Cuzco por 84 soles -$28 dólares- el bus salió como a las 7PM, hizo una ligera parada en Nazca donde se subió el que seria mi nuevo compañero de viaje Matthew, el mismo joven ingles que viajo conmigo hasta Ipiales, nos reconocimos de inmediato y nos pusimos a hablar de nuestros respectivos viajes, luego a dormir.
 
El trayecto nocturno fue horrible, una vez el bus comienza a subir la cordillera las vueltas son interminables, como iba en el segundo piso, tuve que ir al baño varias veces para vomitar, estaba totalmente mareado y todo me daba vueltas, finalmente me pase para el primer piso donde descubrí que Matthew también se había acomodado, una de las pasajeras, una señora de edad se quejo con la azafata,  habíamos hecho un desorden según ella y no la dejábamos descansar en paz, tuvimos que volver al segundo piso.
 
Domingo 8 de Marzo
 
Eran las 11AM, el bus descendía tranquilamente por la carretera hacia el valle, cuando tuvimos un accidente, por el carril contrario subía a toda velocidad una tractomula, en una curva esta invadió nuestro carril, el conductor maniobro rápidamente a la derecha, de repente el abismo parecía nuestro inminente destino, pero entonces el conductor giro rápidamente a la izquierda en una hábil maniobra para evitar el choque, todo esto lo presenciamos atónitos en el primer asiento del segundo piso con una vista panorámica del suceso, fue tan rápido que no hubo tiempo para sentir miedo. 
 
Nuestro hábil conductor salvo nuestras vidas, pero el frente del vehículo quedo destrozado, todo el frente fue arrancado por la tractomula que continuo su camino sin apenas molestarse en detenerse. Después de detenernos a inspeccionar los daños continuamos el viaje, yo aproveche para causarle remordimiento a la señora que la noche anterior nos había obligado a regresar al segundo piso ¿se encuentra bien señora? le pregunte con un ligero tono de preocupación, “si, gracias” me dijo con una expresión de vergüenza en su rostro.
 
Una chica israelita que viajaba con nosotros nos contó una historia espeluznante, hace apenas un año varios de sus amigos murieron en el mismo lugar donde tuvimos aquel pequeño incidente, era una muchacha delgada, muy bonita, de piel morena, no paraba de temblar del susto mientras se arropaba con una cobija, Matthew y yo tranquilizamos pues estaba muy impactada.
 
Antes de llegar al Cuzco se pueden observar varias cumbres nevadas, sembradíos de maíz y varios aldeanos que cuidan de sus parcelas a la orilla de la carretera. Por fin como a las 3PM llegamos a la ciudad, tomamos un taxi hasta el Albergue Municipal (Kiskapata 240) cuya tarifa es de 15 soles la noche -$5 dólares-, el albergue queda en las inmediaciones de la plaza de armas y desde el balcón hay una vista magnifica de la ciudad, inmediatamente después de instalarnos fuimos en busca de comida, luego a la estación de tren para planear nuestra salida a Machu Pichu al otro día.
 
Pasamos el resto de la tarde recorriendo el centro histórico de la ciudad y visitando algunos monumentos: la iglesia de San Pedro, la Merced, Santa Clara y la Compañía. Matthew parecía no tener interés alguno en estos lugares, así que yo limite mis entradas el tiempo justo para satisfacer mi curiosidad. 


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