Escribe: Wi
El cercado o damero de Pizarro es un cuadrado lleno de joyas de arquitectura. Se puede encontrar una colección notable de Casonas, como el Palacio de Torre Tagle, la nueva casona-museo Bodega y Quadra, la impresionante casa de Pilatos, la Casa de las trece monedas, El Edificio del congreso, El Museo de la Inquisición o Tribunal del Santo Oficio, y hermosos templos como San Francisco y San Pedro nos acompañaran en este hermoso recorrido por el lado Este del Centro Histórico de Lima.
La Casa de Pilatos y la Casa de las trece Monedas
Lima, Perú — domingo, 5 de agosto de 2012
A solo unos pasos de la Iglesia San Francisco se ubica La Casa de Pilatos que mantiene intacta su fachada de lujo adornada por los escudos de los Esquivel y los marqueses de Valle Umbroso, primeros propietarios de la residencia. Es posible que antes del terremoto de 1740 tuviera una gran fachada. Se dice que entonces perdió sus balcones de corte neogótico. Se trata de una de las construcciones más viejas de Lima. La casa de Pilatos fue edificada alrededor de 1590.
Llama la atención el doble zaguán con muros y pisos de piedra y fuera de eje con relación al patio y a la escalera de piedra que lleva al segundo piso y que ha sido motivo de tantas conjeturas. Se sabe que sólo los conquistadores podían gozar del privilegio de tener escalera frente a la puerta de calle. ¿Por qué la tiene la Casa de Pilatos?
Otra característica notable son las columnas de granito del primer patio, pues no hay otra construcción colonial en Lima con columnas de piedra. Para mayor singularidad no tiene ni azulejos, ni verjas de hierro forjado, ni las expresiones de barroquismo que predominaban en la época. El por qué se llama la Casa de Pilatos, nadie lo sabe en realidad. El tradicionista Ricardo Palma recoge la leyenda de que judíos portugueses que ocuparon la casa hacia 1635 realizaban allí tenebrosas ceremonias heréticas con profanaciones de imágenes sagradas. La gente comenzó a llamar entonces Pilatos a Manuel Bautista Pérez, rabino de esa comunidad judía, pero el Padre Vargas afirma que el nombre ha sido denominado así por su similitud con la llamada Casa de Pilatos de Sevilla, que según otra leyenda es reproducción del Palacio que ocupo Pilatos en Jerusalén. El inmueble ha sufrido tantas transformaciones a través de los siglos que el mismo Palma cuando escribió sobre él en 1868, anotaba que ‘en los últimos cuarenta años ha sufrido el edificio tales y tantas reparaciones que, modernizado, como hoy se halla, no es ni sombra del que yo conocí’’
Leamos lo que nos cuenta Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas: ‘‘Frente a la capilla de la Virgen del Milagro hay una casa de especial arquitectura, casa sui géneris y que no ofrece punto de semejanza con ninguna otra de las de Lima. Sin embargo de ser anchuroso su patio, la casa es húmeda y exhala húmedo vapor. Tiene un no sé qué de claustro, de castillo feudal y de casa de ayuntamiento. Que la casa fue de un conquistador, compañero de Pizarro, lo prueba el hecho de estar la escalera colocada frente a la puerta de la calle; pues tal era una de las prerrogativas acordadas a los conquistadores. Hoy no llegan a diez las casas que conservan la escalera fronteriza. El extranjero que pasa por la calle del Milagro se detiene involuntariamente en su puerta y lanza al interior mirada escudriñadora. Y lo particular es que a los limeños nos sucede lo mismo. Es una casa que habla a la fantasía. Ni el Padre Santo de Roma le hará creer a un limeño que esa casa no ha sido teatro de misteriosas leyendas. Y luego, la casa misteriosa fue conocida, desde hace tres o cuatro generaciones, con nombre a propósito para que la imaginación se eche retozar. Nuestros abuelos y nuestros padres la llamaron la casa de Pilatos, y así la llamamos nosotros y la llaman nuestros hijos. ¿Por qué? ¿Acaso Poncio Pilatos fue propietario en el Perú? Entre mis manos y bajo mis espejuelos he tenido los títulos que el actual dueño, compadeciendo acaso mi manía de embelesarme con antiguallas, tuvo la amabilidad de permitirme examinar; y de ellos no aparece que el pretor de Jerusalén hubiera tenido arte ni parte en la fábrica del edificio, cuya área mide cuarenta varas castellanas de frente por sesenta y ocho de fondo.
Y sin embargo, la casa se llama de Pilatos. ¿Por qué?
Voy a satisfacer la curiosidad del extranjero, contando lo mismo que las viejas cuentan y nada más. La casa se fabricó en 1590, esto es, medio siglo después de la fundación de Lima y cuando los jesuitas acababan de tomar cédula de vecindad en esta tierra de cucaña. Fue el padre Ruiz del Portillo, Superior de ellos, quién delineó el plano; pues ligábalo estrecha amistad con un rico mercader español apellidado Esquivel, propietario del terreno. Con maderas y ladrillos sobrantes de la fábrica de San Francisco y que Esquivel compró a ínfimo precio, se encargó el mismo arquitecto que edificaba el colegio máximo de San Pablo de construir la casa misteriosa, edificio sólido y a prueba de temblores, que no pocos ha resistido sin experimentar desperfecto. Por medio de una ancha galería, sótano o bóveda subterránea, de seis cuadras de longitud, está la fábrica en comunicación con el convento de San Pedro que habitaron los jesuitas. Ese subterráneo que, previo permiso del actual propietario de la casa, puede visitar el curioso que de mis afirmaciones dude, les vendrá de perilla a los futuros escritores de novelas patibularias. En el sótano pueden hacer funcionar holgadamente contrabandistas, y conspiradores, y monederos falsos, y caballeros aherrojados, y doncellas tiranizadas, y todo el arsenal romántico romancesco. ¡Cuando yo digo que la casa de Pilatos está llamada a dar en el porvenir mucha tela que cortar!
¿Para qué se hizo este subterráneo? Ni lo sé ni me interesa saberlo.
La casa hasta 1635 sirvió de posada y lonja a mineros y comerciantes portugueses. Treinta y siete mil pesos de a ocho había invertido Esquivel en la fábrica, y los arrendamientos le producían un interés más que decente del capital empleado. Época hubo también en que, hallándose la plaza del mercado situada en San Francisco, fue el patio de la casa de Pilatos ocupado por los vendedores de fruta. Heredó la casa doña María de Esquivel y Járava, esposa de un general español; y muerta ella, la Inquisición, que por censos tenía un crédito de ochocientos pesos, y otros acreedores, formaron concurso. Duró tres años la tramitación del expediente, y en 1694 se decretó el remate de la finca para satisfacer acreencias que subían a doce mil pesos. Don Diego de Esquivel y Járava, natural del Cuzco, caballero de Santiago y que en 1687 obtuvo título de marqués de San Lorenzo de Valleumbroso, no quiso consentir en que la casa de su tía abuela pasara a familia extraña; y después de pagar acreedores, dio a los herederos veintiocho mil pesos. Después de la Independencia cesó la casa de formar parte del mayorazgo de Valleumbroso y pasó a otros propietarios, circunstancia muy natural y sin importancia para nosotros. Olvidaba apuntar que en tiempo del virrey Amat, a propósito de la expulsión de los jesuitas, se dijo que del sótano de la casa se había sacado un tesoro. No afirmo, consigno el rumor. Pero a todo esto, ¿por qué se llama esa la casa de Pilatos? No digas, lector, que se me ha ido el santo al cielo. Ten paciencia, que allá vamos.
Cuenta el pueblo que por agosto de 1635 y cuando la casa estaba arrendada a mineros y comerciantes portugueses, pasó por ella, un viernes a media noche, cierto mozo truhán que llevaba alcoholizados los aposentos de la cabeza. El portero habría probablemente olvidado echar cerrojo, pues el postigo de la puerta estaba entornado. Vio el borrachín luces en los altos, sintió algún ruido o murmullo de gente, y confiando hallar allí jarana y moscorrofio, atreviose a subir la escalera de piedra, que es, dicho sea de paso, otra de las curiosidades que el edificio ofrece. El intruso adelantó por los corredores hasta llegar a una ventana, tras cuya celosía se colocó, y pudo a sus anchas examinar un espacioso salón profusamente iluminado y cuyas paredes estaban cubiertas por tapices de género negro. Bajo un dosel vio sentado a uno de los hombres más acaudalados de la ciudad, el portugués D. Manuel Bautista Pérez, y hasta cien compatriotas de éste en escaños, escuchando con reverente silencio el discurso que les dirigía Pérez y cuyos conceptos no alcanzaba a percibir con claridad el espía. Frente al dosel y entre blandones de cera había un hermoso crucifijo de tamaño natural. Cuando terminó de hablar Pérez, todos los circunstantes menos éste fueron por riguroso turno levantándose del asiento, avanzaron hacia el Cristo y descargaron sobre él un fuerte ramalazo. Pérez, como Pilatos, autorizaba con su impasible presencia el escarnecedor castigo. El espía no quiso ver más profanaciones, escapó como pudo y fue con el chisme a la Inquisición, que pocas horas después echó la zarpa encima a más de cien judíos portugueses. Al judío Manuel Bautista Pérez le pusieron los católicos limeños el apodo de Pilatos, y la casa quedó bautizada con el nombre de casa de Pilatos.
Tal es la leyenda que el pueblo cuenta. Ahora veamos lo que dicen los documentos históricos. En la Biblioteca de Lima existe original el proceso de los portugueses, y de él sólo aparece que en la calle del Milagro existió la sinagoga de los judíos, cuyo rabino o capitán grande (como dice el fiscal del Santo Oficio) era Manuel Bautista Pérez. El fiscal habla de profanación de imágenes; pero ninguna minuciosidad refiere en armonía con la popular conseja. El juicio duró tres años. Quien pormenores quiera, búsquelos en mis Anales de la Inquisición de Lima. Pérez y diez de sus correligionarios fueron quemados en el auto de fe de 1639, y penitenciados cincuenta portugueses más, gente toda de gran fortuna. Parece que al portugués pobre no le era lícito ni ser judío, o que la Inquisición no daba importancia a descamisados. Y no sé más sobre Pilatos ni sobre su casa’’
Volviendo a nuestros tiempos la casa Fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación el 23 de enero de 1973. Para visitarla es preciso enviar una carta solicitando el permiso de ingreso. En estos momentos la casa la ocupa el Tribunal constitucional que al parecer se mudara a un nuevo local próximamente.
Antes de cruzar la Avenida Abancay me detengo un momento para observar otra vez detenidamente esta mansión tan comentada a través de los siglos, y ya me encuentro frente a otra famosa casona de fachada interesante por sus adornos y color: es la Casa de las Trece monedas, hermoso ejemplo de estilo rococó del siglo XVIII. La elegante portada está adornada con floreadas cornisas y unas pequeñas ventanas con paneles curvos. La casa perteneció a la familia López-Flores, Condes de Puente Pelayo. En su hermoso patio se encuentra el escudo de armas de la familia en el cual se pueden ver trece monedas. Actualmente es la sede del Museo Nacional Afro Peruano.
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Últimos comentarios
Me encanta tu diario, la información buenísima y ni que decir de las fotos. Yo también tengo un intento de guía limeña, pero estos meses anda un poco abandonado. Más bien siempre he querido entrar a esta casa .. cómo hiciste tú?
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ah, te dire que es dificil..hay que pedir permiso, tienes que estar dias persiguiendo al encargado porque no lo encuentras, te preguntan mucho, etc. Con relacion a lo que comentas de los dias es verdad, no hay una buena luz debido al clima, por el momento ya casi termine, solo estoy haciendo clasificacion de fotos y algunas que faltan...esto de escribir las guias parece facil, no?
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Capítulos de este diario
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1
La Casa de la Literatura Peruana y el Museo Bodega y Quadra
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2
Basílica de San Francisco de Jesús (El grande)
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3
Basílica de San Francisco de Jesús (El grande) Parte 2
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4
La Casa de Pilatos y la Casa de las trece Monedas
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5
El Museo del Tribunal de la Santa Inquisición
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6
El Palacio Legislativo
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7
La desacralizada Iglesia de Santo Tomas de Aquino, (G.U.E.) Mercedes Cabello
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8
El Barrio Chino
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9
El Mercado Central de Lima
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10
El cuartel o fuerte de Santa Catalina
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11
Una joya virreinal perdida: El Monasterio de la Concepción
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12
La Basilica menor y Convento de San Pedro
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13
La Basilica menor y Convento de San Pedro – Parte 2
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14
El Palacio de Torre Tagle
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15
El Museo del Banco Central de Reserva
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16
El Partenón de Lima
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17
La casa Rímac
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