Escribe: anilou
Desde agosto Lima se volvió mi nueva ciudad, lo digo en total sentido de pertenencia, ha cautivado y logrado adoptar a esta hija de Arequipa. Eso sí nunca desplazarla jejejeje.
Lima tiene lugares hermosos por mostrar a los visitantes y a sus mismos habitantes. Museos, casonas, parques, restos arqueológicos, reservas, santuarios, etc. Me dejas mostrarte?
Iglesia de San Pedro
Lima, Perú — miércoles, 7 de septiembre de 2011
Uno no puede visitar el centro historico de Lima sin visitar la Iglesia de San Pedro de la orden de los jesuitas, debido a su gran valor arquitectonico y decorativo donde comulgan diversos estilos como el renacentista, plateresco, barroco, churrigueresco y neoclásico. Cabe remarcar, que para su construccion se tomó como modelo a la iglesia de Gesú de la ciudad de Roma.
La Iglesia se encuentra a unas pocas cuadras de la plaza de armas, muy cerca del Palacio de Torre Tagle donde se encuentra la Cancillería del Perú otra joya arquitectonica. La iglesia se encuentra entre el cruce de Jiron Azangaro con Jiron Ucayali.
Su exterior neo clasico es muy sobrio y tal vez no le atraiga ingresar, pero el exterior oculta la mas bella iglesia no sólo de Lima, sino hasta del Perú reconocida por tener la más bella cupula.
Uno puede visitarla dentro del horario de culto por lo que pude averiguar en las mañanas es hasta la 1 pm, y en las tardes de 5 a 8 pm.
Les adjunto cierta información obtenida de la pagina oficial que les será util, pues imagino que ninguna guia turistica brinda mayor informacion.
Breve reseña historica
Desde sus inicios la iglesia tuvo de titulares a los apóstoles San Pedro y San Pablo. Sin embargo, por brevedad, desde el principio se la llamó Iglesia de San Pablo, hasta el año 1770 en que, ya no estando los jesuitas en la conducción del templo, éste toma el nombre de San Pedro.
Hasta el año 1763, los padres y hermanos de la Compañía fueron embelleciendo y enriqueciendo la iglesia con valiosos ornamentos y alhajas, hasta que Carlos III, rey de España, decretó la expulsión de los jesuitas de todos sus dominios. Durante la etapa de ausencia de la Compañía de Jesús del territorio peruano, San Pedro fue inmediatamente despojado del oro, plata y demás joyas. La depredación alcanzó también a las pinturas: no se pueden contar las que han ido desapareciendo desde entonces.
Los padres del Oratorio, llamados filipenses por su fundador San Felipe Neri, estaban a cargo del Hospital de San Pedro para señores Sacerdotes, y de la iglesia anexa, de nombre también San Pedro. Ellos fueron invitados a trasladarse con su obra benéfica a los locales de los desterrados jesuitas, de modo que tomaron posesión de ellos en 1770. Como no cambiaban de obra sino sólo de sitio y la obra llevaba el nombre de San Pedro, San Pedro llamaron también a su nuevo local. El Colegio de San Pablo se convirtió en el Hospital de San Pedro, y la Iglesia de San Pablo en Iglesia de San Pedro, que es como se la conoce, desde entonces.
Los nuevos poseedores hallaron la iglesia despojada: pero su fisonomía arquitectónica y la disposición interna seguía siendo la misma. Sin embargo, comenzaron a deformarla a principios del siglo XIX. Primero reemplazaron el retablo barroco del altar Mayor por el actual retablo neoclásico. Años más tarde levantaron un nuevo altar en el crucero de la derecha, formando esquina con el de San Ignacio
Descripción del interior
Toda la riqueza ornamental se concentra en el interior del templo, por contraste con la fachada de sobrias líneas clásicas. Sus retablos e imágenes, al igual que los azulejos y paños de pintura, fueron concebidos como una unidad decorativa de gran efecto. Ello remarcaba, instantáneamente, las diferencias entre el mundo exterior y el espacio sagrado.
Aquella profusión cromática de cuadros y esculturas era potenciada por el brillo de los retablos, cubiertos de pan de oro; similar apariencia se prolonga sobre las paredes laterales, con sus arabescos de talla y medallones pintados. Incluso el muro de ingreso -desfigurado por repintes y por la incrustación de un coro alto-, debió ofrecer igual aspecto.
Sin duda los retablos fueron el eje de este programa decorativo. Ellos conjugaban diversas manifestaciones artísticas -pintura, escultura y ante todo arquitectura-, configurando universos iconográficos de fácil lectura para el público religioso. Tanto su estructura jerarquizada como la ornamentación y los contenidos sacros se ajustaban a las funciones didácticas que debían cumplir.
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