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Nocturno en la ciudad de los muertos: Cementerio de Lima

Escribe: Wari
¿Te atreverías a pasear de noche, iluminado solo por la débil luz de unas antorchas, en una ciudad de muertos? Si eres de los que dicen que en verdad hay que tener miedo a los vivos y no a los muertos y eres capaz de pasear por sus aposentos a altas horas de la noche pues este recorrido es para ti.

 

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Historia de un cementerio

Lima, Perú — sábado, 1 de noviembre de 2008

José Bocanegra es uno de los historiadores y guías, muy bien informado y con muy buen manejo de grupo. Por él nos enteramos que este camposanto fue el primero de Lima y debe su nombre a la persona que creó los planos y administró su construcción, el sacerdote Matías Maestro, polémico personaje que se hizo célebre por ser el representante del “furor anti barroco” por lo que mandó demoler las más famosas y vistosas capillas y altares de las iglesias de Lima para renovarlas en el estilo entonces imperante: el clasicismo.  

Fue fundado el 31 de mayo de 1808, como Panteón General de Lima (desde la época del presidente Augusto B. Leguía se le conoce como cementerio Presbítero Maestro) y acaba de cumplir 200 años, nada menos. Aquí yacen los restos de los más famosos héroes y ciudadanos de la cultura peruana pero también conviven (es un decir) los menos ilustres, los anónimos; aquellos a los que la vida no les dio esos cinco minutos de gloria que todos apetecemos. Esto la convierte en una especie de resumen de la historia peruana. 

Es sabido que desde la época del cristianismo primitivo se enterraron muertos en las catacumbas y luego en el subsuelo de las iglesias pero llegó un momento en que las galerías se coparon y se empezaron a usar los claustros de los templos. Pero en el siglo XIX los conceptos de la medicina e higiene se desarrollaron y en 1804 Napoleón Bonaparte prohibió los entierros en zona urbana dando inicio a la idea del cementerio como un espacio civil. Los intelectuales peruanos de esa época acusaron influencia de las luces francesas y presionaron a las autoridades para construir un cementerio fuera de la gran muralla que encerraba Lima.

Gracias a esto se ofreció un extenso terreno ubicado en los extramuros de la ciudad (hoy Barrios Altos) el que se convirtió en el primer cementerio público de la Lima virreinal y de Latinoamérica. Pero, he aquí un problema: cómo convencer a los limeños, habitantes de una ciudad devota y santona, de ser enterrados lejos de las iglesias, lejos de “tierra santa”, lejos de un lugar que les garantizaba la cercanía a Dios en la otra vida. Pues bien, fue el mismo Arzobispo Juan González de la Reguera, protector de Maestro, quien en su testamento ofreció su cadáver para ser enterrado en el nuevo cementerio “Para el convencimiento de las gentes”. Y la gente se convenció.

  Durante 150 años, este cementerio fue el único panteón público de Lima (hasta la creación del cementerio El Ángel). Fue declarado Patrimonio Monumental en 1972 y Museo por el Consejo Internacional de Museos-Perú en 1999. Hoy cuenta con más de 200.000 tumbas (entre nichos y mausoleos), aunque el número puede ser muchísimo más grande debido a que no hay hasta ahora una catalogación. La sección más antigua  corresponde a la puerta cuatro, donde se pueden encontrar la capilla del Cristo Yacente, la Cripta de los Héroes (donde están sepultados los héroes de la “Guerra del Pacífico”) y la Avenida de la Muerte, a cuyos lados están sepultados presidentes y escritores famosos. El cementerio reproduce una ciudad en pequeñas proporciones ya que tiene amplias avenidas (dispuestas radialmente), calles, cuarteles a modo de edificios, capillas, mausoleos y jardines. Todo esto, más que un espacio para los muertos la parece convertir en un espacio para el uso de los vivos y para sus rituales fúnebres.

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