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Nocturno en la ciudad de los muertos: Cementerio de Lima
Escribe: Wari
¿Te atreverías a pasear de noche, iluminado solo por la débil luz de unas antorchas, en una ciudad de muertos? Si eres de los que dicen que en verdad hay que tener miedo a los vivos y no a los muertos y eres capaz de pasear por sus aposentos a altas horas de la noche pues este recorrido es para ti.
El lenguaje de los muertos
Lima, Perú — sábado, 1 de noviembre de 2008
Con mucho cuidado de no tropezar en un escalón o caer en algún hueco o, peor aún, dentro de un nicho, caminamos a la luz endeble de las antorchas casi devoradas por el reino de sombras y así llegamos hasta una tumba donde la estatua de un niño está adornada de flores frescas que son dejadas por sus devotos. Al infante enterrado allí se le considera poseedor de poderes divinos y responde al nombre de Ricardito Spiell, muerto de intensas fiebres en el siglo XIX a los 7 años. Está enterrado al lado de su padre. La escultura es hermosa, tiene la indumentaria de los niños de esa época: un conjunto con pantalones cortos, botines y corbatín. Se le atribuyen milagros y no hay día que no tenga flores. Lo más llamativo son las cartas y papelitos que le dejan sus devotos en la mano; le consideran protector de los niños y la gente desempleada.
En muchas tumbas se pueden ver estatuas o símbolos con una intención claramente comunicativa, como si los difuntos intentaran decir cómo querían que les recordáramos. El Presbítero Maestro es ubérrimo en representaciones de las virtudes teologales, cardinales y morales (así el muerto no los haya puesto en práctica); además de símbolos que aluden a la profesión y trabajo. Pero al mismo tiempo se ven imágenes cristianas como Cristos, la piedad, los ángeles guardianes o adornos que sugieren la idea de lo efímero de la vida: mariposas, clepsidra con alas. Por otro lado se ven emblemas más antiguos y clásicos como el ciprés que alude a la longevidad o el caduceo (emblema de Hermes) que representa el equilibrio moral y la buena conducta.
Pasamos también por el sepulcro de José Santos Chocano, poeta peruano que pidió ser enterrado de pie y por la del gran pensador peruano José Carlos Mariátegui, cuya tumba es cubierta por una piedra inmensa y en la que se lee: “¿Sabéis quién es Mariátegui? Pues bien, es una nueva luz de América; el prototipo del nuevo hombre americano (Henri Barbusse).” Más allá, adornado con una “Piedad” de color sombrío, está la cripta del ex dictador peruano Sanchez Cerro; asesinado en 1933 mientras pasaba revista a sus tropas.
Visitamos luego la tumba de Carlos Alberto Saco, hombre de la bohemia de Lima y compositor de valses que falleciera muy joven, un año antes de su amigo, el gran compositor Felipe Pinglo. Al morir sus compañeros hicieron un círculo musical llamado CARLOS A. SACO que fue la que gestó e impulsó la creación de el “Día de la Canción criolla” en 1944.
Luego aparece un nicho adornado con un balón de fútbol ¿A quién corresponderá tan peculiar tumba? A un ídolo de multitudes: Alejandro “Manguera” Villanueva, figura del equipo peruano Alianza Lima cuyo estadio lleva su nombre. Dicen que tenía un juego quimboso y alegre que inspiró a muchos compositores. Villanueva también fue otro bohemio que moriría joven.
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Últimos comentarios
MONIARGENTINA dice:
Que interesante tu diario, y que recopilacion de datos, cuanto trabajo !!
aqui en bs.as. tambien tenemos nuestro cementerio con visita guiada, el de la recoleta, que guarda ademas de restos famosos, obras de arte en esculturas y bovedas.
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Capítulos de este diario
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1
Visitando a los muertos
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2
Historia de un cementerio
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3
El lenguaje de los muertos
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4
De hechizos, brujos y almas en penas…
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5
Erotismo y muerte (tips)
En Lima...
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