En la noche del miércoles, fui a comprar el boleto de regreso a Guayaquil para hacerlo con tiempo. Y como les digo los cajeros no me dieron plata. La pasé un poco mal porque me ponían en la encrucijada de elegir si quería $ 20 ó $ 100 cuando yo solo quería sacar $ 40. Por lo tanto, andaba medio chira (desfinanciada) o misia como dicen en Perú.
Esa noche fuimos con mi anfitrión a conocer el
CIRCUITO MÁGICO DEL AGUA. Entrada a S/. 8. Este parque remodelado tiene 13 fuentes hermosas con diferentes nombres y temáticas y con un corredor a modo de sub-suelo en el que se le explica al visitante que Lima es una ciudad como El Cairo, ambas ubicadas en un desierto. Además de todo un homenaje a este elemento vital que hace más trascendente el desarrollo que tiene Lima debido a su posición geográfica.
En este sitio, estaba tan absorta con la belleza de las fuentes que no tomé tantas fotos pero me puse a jugar en la Fuente de los Niños cruzando de un lado al otro sin mojarme. Cosa que no le ocurrió a mi amigo porque en un descuido un chorro lo dejó empapado de la cabeza a los pies pegándole en plena espalda y en noche tan fría, jajajaja.
Al día siguiente, visité, por fin, el
CENTRO HISTÓRICO DE LIMA. Cabe recalcar que me paseé horas antes por el lugar conocido como
LA MONEDA para realizar compra de ropa a buen precio y cerca del área turística. Bueno, una vez frente al parque me topé con la novedad de observar como las quinceañeras con sus trajes fucsias y un séquito a su alrededor se tomaban múltiples fotos. Esto es muy frecuente y se repite esta escena en el Circuito Mágico de las Aguas. Fue muy graciosa esta escena en especial, porque pasaba por ahí un grupo de japoneses que le tomaban muchas fotos a la quinceañera del día. Y luego, unas chicas de colegio se acercaron a ellos para en un español muy accidentado comunicarse de una manera muy amable y una de las turistas les empezó a hacer animalitos en origami. Todas ellas y yo, maravilladas y mne quedó de conclusión que no importa la edad ni las raíces lo sublime siempre toca el alma y acerca a la gente.
Ví la Casa Presidencial por fuera y llegué otra vez tarde a la CASA DE LA GASTRONOMÍA PERUANA. Qué salada!!! Esa noche iba a salir a farrear, así que había que ir a arreglarse.