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Presentes de lucha, pasados de gloria: Un viaje a través del tiempo, la resistencia y la libertad

Escribe: osorojo
La mística y el sentir revolucionario de una Bolivia que resiste y construye. El impacto frente a esa maravilla que es el Lago Titicaca. La sensación de quedarse sin palabras en cada centímetro del magnánimo Cusco. Sus calles esconden una historia y una cultura riquísimas. Machu Picchu, qué más agregar. Sólo contemplarlo con ojos bien abiertos, corazones dispuestos a latir y alas desplegándose para volar. Un sinfín de imágenes junto a la persona que más amo en el mundo. Un...

 

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Brindo porque me olvido los motivos porque brindo

Lima, Perú — sábado, 7 de febrero de 2009

Con un despertador generoso, amanecimos a las diez y nos brindaron un excelente desayuno: café con leche y pan con manteca o mermelada. En la avenida principal de Miraflores, al costado del Kennedy, nos tomamos un bus a la capital peruana. La parada donde bajamos se ubicaba a 6 cuadras de la Plaza Mayor sobre la avenida Tacna. Un episodio porteño había sacudido mi espíritu antes de partir. Recibí un mail de Mamá donde me contaba el enojo de Papá al haber recibido dos avisos de visitas médicas del laburo, sin entender qué pasaba, dado que teóricamente su hijo se encontraba en el período oficial de vacaciones pagas. Se armó el tole tole porque mi vieja le contó mi idea de irme de Ticketek y que estaba haciendo "todo lo posible" para que me rajen. Obviamente, el hecho de que no haya confiado en él y la locura que le generó pensar que me estaban cagando y no saber qué decirme (no fue un descontento por mi actitud desprolija frente al trabajo), fue un impacto fuerte. Entre otras cosas, mi viejo decidió no ir a buscarnos a nuestro regreso a Buenos Aires. Hablé por teléfono con Mamá en Lima y aunque arrancó muy nerviosa la conversación, se fue calmando hasta concordar en que todo se iba a arreglar. Mientras, Maru habló con Fide y con Nancy y se enteró de una lamentable noticia: a Miranda, una de sus mejores amigas, le habían detectado un cáncer de mama. Venía denso el tercer sábado del viaje. Visitamos una librería, un lugar de artesanías y tejidos (salió púlover para la Osa), foto frente a una fuente, cambio de guardia militar y estábamos en el centro del bonito Casco Histórico de Lima: la Plaza Mayor. A sus alrededores, la casa de gobierno, la Catedral y la Municipalidad local, donde asistimos a una muestra del prolífico artista peruano Víctor Delfín, un símil León Ferrari en su compromiso con determinadas causas y con obras, que datan de 40 años atrás hasta la actualidad, de una calidad extraordinaria. No sólo pinturas, sino esculturas, muchas de ellas (de ambas) reflejando críticas al régimen dictatorial de Fujimori en la década del 90. De allí salimos quedándonos un rato mirando la Plaza, apreciando los edificios amarillos y viendo los carteles que anunciaban la fiesta nacional del Pisco Sour. Descubrimos un par de librerías con precios muy baratos donde todavía no dimos rienda suelta al consumo, no pudimos entrar a la Catedral porque ya estaba cerrada, caminamos por lo que sería la calle Florida limeña, aprovechamos una promo y nos tomamos un pisco cada uno sintiendo una leve borrachera a las dos de la tarde, nos topamos en el recorrido con la Plaza San Martín, dimos media vuelta por la paralela a "Florida" (¿se llamaba Unión?) en busca de un lugar para comer, no cualquier cosa ya que Maruchi sí o sí quería pizza, barata estaba costando encontrar, un lugar que vendía CD´s piratas nos dio la posibilidad de traernos música de variados estilos (Sabina-Serrat, Omara Portuondo, Queen, Manu Chao; además de que ya teníamos de Cusco al Grupo 5 y de El Alto, a Los Kjarkas), finalmente nos sentamos a almorzar en una de las esquinas de la plaza seis gigantes porciones de pizza por apenas 15 soles (a cada porción le correspondía un vasito de jugo). No teníamos realmente demasiadas motivaciones en esta anteúltima jornada viajera, así que ante la falta de un deseo puntual que mejor qué caminar. Fuimos hasta la Alameda donde se celebraba la fiesta del Pisco y después de bastante preguntar por fin hallamos "El paraíso de los libros", una feria a lo Parque Rivadavia donde los precios impactan por lo bajitos y hay cierta variedad interesante. Mariategui (un libro sobre él), fotos de Chambi, Galeano y Capote se vinieron para Buenos Aires. El calor no amainaba y yendo hacia un cafecito, me compré una remera verde con el calendario de Nazca inscripto en ella. En el bar Cordano, un histórico bar de la ciudad, con 90 años de historia, nos tomamos una cerveza y comimos un sanguchito entre los dos. De allí nos separaba una cuadra de la Iglesia de San Francisco de Asís, lugar donde podríamos hacer un paseo por los diferentes salones y visitar las famosas catacumbas. Antes de que se crearan los cementerios, los cadáveres de toda persona del pueblo eran enterrados en los sótanos eclesiásticos. Las catacumbas por otra parte han resistido todo tipo de terremotos u otro estilo de catástrofes. Y la pregunta de Maru fue respondida por la guía: se estima en unas 20 o 25 mil las personas que fueron sepultadas bajo tierra. Hoy allí se pueden observar una notable cantidad de huesos, predominando las extremidades (piernas: tibias, fémures; y brazos) y los cráneos. A la salida de la institución franciscana, presenciamos el ingreso de los novios a la iglesia de al lado (¿de la Soledad?) y viniendo a la mente los recuerdos del casorio en mi anterior paso por Bolivia, le saqué una foto a la novia y luego a la limusina que la había trasladado. Después de ese momento, había llegado la hora de partir. La Plaza Mayor se iluminaba notoriamente, sin embargo Lima en general se iba oscureciendo. Volvimos a Tacna donde, como he comentado, nos había dejado el bus miraflorense y nos tomamos otro, del lado contrario, camino a la perla limeña. Esa noche no habría salida. Tanto andar en los días cusqueños había causado su efecto. Sólo había espíritu para apoliyar cómodamente en una cama (que obviamente, y más allá de que fuese una plaza, nos encontró durmiendo juntos, tal como la noche anterior). Le mandé un mail a Papá tratando de recomponer la situación o por lo menos para tener una vía de comunicación con él. Fui a ver si encontraba algo para comer y me vine con Pringles y gaseosas. Era la última noche del viaje. Cuando a mitad del mismo, enunciábamos lo que faltaba nos embargaba la emoción y pensábamos todo lo que habíamos hecho como una pequeña parte de algo grandioso. Ya no sucedía lo mismo. Muy pocas horas nos quedaban en tierras tan extranjeras como verdaderamente latinoamericanas. Se estaba haciendo tiempo de volver. Aunque los instantes que restaban nos incitaban a seguir celebrando.

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Últimos comentarios

madeinperu dice:
ohhhh veo q no se perdieron el centro d lima y q bacan q hayan encontrado la feria del PISCO muy bueno verdad!!!! lindo relato y ala vez un poco penoso x lo de la amiga de tu enamorada.....espero se encuentre bien y echandole ganas un abrzao
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