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China y tibet. septiembre 2010

Escribe: voladora
La verdad es que resulta complicado escribir un diario sobre el viaje a China. Es difícil hablar del país más poblado del mundo, de ciudades con millones y millones de habitantes, de una cultura que mira hacia el progreso más de frente que cualquier país de occidente, en definitiva, se me hace complicado describir al gigante asiático, ahora más gigante que nunca.

 

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Capitulo 14: qomolagma (everest)

Lhasa, China — jueves, 24 de noviembre de 2011

La carretera que lleva hasta el Everest es bastante tortuosa pero merece la pena porque los paisajes son un pasada.
Unas horas después de salir de la ciudad ya se empieza a ver Qomolagama a lo lejos y otros 4 picos de más de 8000 metros.
 
Decidimos que íbamos a dormir en el campo base del Everest, cuando ya nos encontramos ahí, con el gigante cara a cara no teníamos palabras. Dejamos nuestras cosas en una de las tiendas de campaña del campo base situado a 5200 metros de altura y nos fuimos a contemplar el Everest un poquito más de cerca.
 
Es increíble como va cambiando de color, pasa de blanco luminoso a naranja cuando  atardece y un gris mágico al amanecer. Cuando se hizo de noche y nos habíamos tomado nuestro té calentito dentro de la tienda salimos a contemplar las estrellas y nos quedamos alucinados de ver que la mole blanca del Everest brilla hasta de noche. Precioso.
En las tiendas del campo base se duerme muy bien, no pasamos nada de frío. Después de contemplar el amanecer y de seguir viendo los cambios de color fuimos al monasterio Rongbu donde estuvimos un ratito hablando con un monje muy majo y emprendimos de nuevo el camino a Shigatse para hacer noche el mismo lugar que a la vuelta.
Por el camino pinchamos la rueda de la furgo pero no nos pareció nada mal porque aprovechamos para pasear por un pueblecito encantador.
 
De vuelta a Lhasa después de la noche en Shigatse paramos en Gyantse para visitar el monasterio Pelkor, conocido también como el de los 10.000 budas y llegamos de nuevo a Lhasa a dar un último paseo por el Bakhor, a contemplar Potala de noche y a ver como la ciudad pasa del bullicio de cientos de peregrinos a la tranquilidad de la noche.
 
Al día siguiente nos despedimos de Lhasa. Nos quedaban dos días en Beijing antes de regresar a España.
La verdad es que acabar el viaje en el Tibet fue lo mejor, fueron 9 días increíbles, mágicos e inolvidables.

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