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Grecia

Escribe: enriqueletelier
Comencé a viajar a Grecia en julio de 2008 y dejé de ir hasta comienzos de 2011. En verano en Atenas hace un calor de los demonios; muchísima gente en Monasteraki y Plaka, pero bueno fue descubrir la amabilidad helena. Basta que sepas decir lo básico (ne, oji, efjarixtó poli, signomi, paracaló, kalimera, posso kani, pu ine, addio), te regalan una sonrisa y te ayudan en lo que puedan, medio en griego medio en inglés (algunos también tratan de venderte una camisa de lino). La ciudad es hermosa...

 

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Salto en el tiempo

Lefkáda, Grecia — lunes, 14 de julio de 2008

Este es un relato muy desordenado; omití un detalle de la historia. Mi primer viaje a Grecia comienza con el aterrizaje en el aeropuerto Venizelos y luego enfilo rumbo a Lefkada, una isla en el Jónico. 
Llegamos a madianoche, tarde, cansados; las carreteras no son lo más exportable de Grecia, pero sí los puentes. No me sorprende que los conductores adelanten por donde se les dé la real gana; algo he visto en otros países.
Lefkada resulta ser una isla maravillosa. Tiene zonas hiper turísticas, con mucha gente, comercio, automóviles, etc, pero adentrándose montaña arriba y luego montaña abajo -he visto la clásica imagen de la abuela griega vestida de negro vendiendo queso en el camino- se llega a unas playas casi desiertas, pequeñas bahías de un mar esmeralda. Todo un lujo y gratis. No será Mykonos ni menos Santorini, pero tiene el encanto de la playa más simple. 
Acá es puro verano. Sol, arena, playa, mar que invita a nadar incluso a los menos anfibios como yo.
Hay una carretera que circunda la isla y de lo alto se pueden ver las playas. Hay muchas, algunas vacías. En todas se adivina el mar cálido -para un hijo de la corriente de Humboldt esto es mar cálido- y aguas transparentes. Mar calmo. Es interesante esto de bañarse en un mar y no un océano. No lo sé, como si uno no se fuera a ahogar.
En fin, que Lefkada estuvo muy bien. En otro viaje podría ser una isla distinta y muchas playas más, y así tendría destino para muchos otros viajes. Me pregunto si Cortázar habrá conocido muchas cuando escribió el cuento sobre el avión que sobrevuela la isla griega. ¿Cuál será? Tarea para el regreso a casa.
Regresamos a Atenas el domingo por la tarde; ruta y caras congestionadas, lento avance de los autos (me recuerda otro cuento de Cortázar). Atrás queda Lefkada, con playas maravillosas y escondidas, y sus abuelas vestidas de negro vendiendo queso de cabra y aceitunas en los caminos. Traigo conmigo el infaltable imán para el refrigerador, un cenicero azul que aún conservo y muchos datos, detalles y recuerdos que se irán borrando de la memoria con el tiempo.

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