Hay mucha gente que hace de un tirón el tramo que va de
Palas de Rey a
Arzúa. Son casi 29 kilómetros y, además, es de esas etapas que llaman "rompepiernas". Nosotros optamos por hacer de Palas a Melide, y de
Melide a Arzúa, que es más llevadero.
Salimos de
Palas de Rey y tras una serie de bajadas y subidas llegamos a
Casanova. Seguimos el camino hasta cambiar de provincia, dejando Lugo atrás y entrando en A Coruña para bajar hasta
Leboreiro. En Leboreiro nos encontramos la
iglesia románica de Santa María y su curioso cabeceiro, que es de los pocos que subsisten en Galicia. Un cabeceiro o
cabaceiro (lo he oído llamar de ambas formas) es como un enorme cesto redondo hecho con palos trenzados y cubierto de paja que se apoya en una base de piedra y se utilizaba para conservar el maíz. Como un hórreo primitivo, pero con pinta de cabaña de Astérix.
Por lo visto, eso de leboreiro vine de liebres... deduzco que antiguamente habría muchas liebres, pero nosotros sólo vimos en todo el viaje un pobre conejo que cruzaba la carretera asustado.
Salimos de Leboreiro y cruzamos el Río Seco por un puente medieval. Hasta ahí muy bien, pero después vino un trozo de camino feo por el que tuvimos que atravesar un polígono industrial. Al bajar al
río Furelos, que cruzamos por otro
puente medieval, el paisaje ya vuelve a ser más agradable y de pronto todo mejora porque nos damos cuenta de que ya estamos llegando a
Melide. Tras atravesar el puente, encontramos la Iglesia de San Juan, donde muchos peregrinos sellan sus credenciales.
Melide resultó ser un pueblo muy bonito y que, además tiene bastante marcha (considerando que era, miércoles claro). Además Melide tiene un gran atractivo:
Ezequiel, una de las pulperías más famosas (yo diría que del mundo). El local es feo... pero el pulpo con sus cachelos está de muerte, así que merece la pena muchísimo.