Islandia 2008
Escribe: Gato_perplejo
Esto es lo que me decía mi compañera Bea cuando le dije que nos veníamos a Islandia. Y claro, le doy la razón, en Cádiz se está de lujo, hace calor, hay playitas, el pescaíto... Pero uno de mis sueños desde hace tiempo es visitar Islandia, un país tan atractivo como desconocido. Una isla que en invierno es imposible visitar debido al durísimo clima, así que ahora en verano es la época ideal para volar hasta Reykiavjk, alquilar un coche y recorrer el país durante 11 días con Clar
Empezamos la subida
Laugarvatn, Islandia — lunes, 28 de julio de 2008
Nos levantamos con el ánimo hecho y en la ducha empiezo a contar los días que llevamos de alquiler de coche y los que nos faltan para llegar a Reykjavik, donde lo tenemos que devolver. Según mis cuentas de memoria tenemos que devolverlo el martes por la mañana, así que si echamos dos horas en los caballos vamos a ir muy justos por que tendríamos que ver hoy también Gulfoss, Geyser y el parque Pingvellir, los tres vértices de lo que aquí llaman el triángulo
de oro. Nos mentalizamos de que tendremos que cancelar la excursión equina, pero al llegar al coche revisamos el contrato y son nueve días de alquiler, así que hasta el miércoles por la mañana no tendremos que devolver el coche. Seguimos con el plan previsto.
Llegamos a la granja y cuando aparece el rubiales que nos hará de guía caigo en una cosa: casi no nos queda efectivo, sólo euros. Le pregunto y me dice que no se puede pagar con tarjeta (el primer sitio en toda Islandia que vemos, por que hasta en el bus se puede), pero me dice que acepta euros: ¡viva la moneda única!
Nos proporciona los cascos y nos muestra los jamelgos. Sólo somos Clara y yo, grupos reducidos, atención personalizada. El caballo islandés, que pasta libremente por todos
sitios, es bastante más pequeño que el español pero más reciote. Por eso subirse es muy sencillo; otra cosa es ponerlo en marcha. El guía sale con el suyo y el mío detrás de él. A Clara se le cala y no arranca; el rubio nos dice que le de con los talones pero a ella le da pena y casi ni lo toca. Por fin el caballo nota el contacto y sale detrás de nosotros. Al cabo de unos minutos le pillo el truco a la silla, hay que apoyar bien los pies haciendo fuerza en los estribos por si el caballo da una “espertugá”. Cogemos tole-tole hacia la ladera de la que ayer caía la cascada.
Por cierto, el alcalde de Skogar no ha tenido la delicadeza de apagarla por la noche y no hemos parado de oir agua con las consecuencias que os imagináis.
Vemos una cascada a la izquierda y empezamos la subida hasta llegar a un pequeño río. “Aquí parará” me digo, puesto que le dijimos que éramos beginners. Pues no, el tío se mete con el caballo por el río y los nuestros detrás, claro. Nos empapamos los pies, lo que unido al chiri miri que no para desde que salimos hace que estemos totalmente en remojo a la media hora. Llegamos a la base de la cascada y me siento un aventurero; miro a Clara orgulloso, le veo el casco y recuerdo que yo llevo otro igual de ridículo, así que la imagen de Marlboro Man que me había creado se desvanece.
Damos la vuelta y otra vez por el río, remojón seguro. Enfilamos hacia el sandur, el desierto de arena negra que se forma a los pies de cada glaciar que tiene un volcán debajo, como el nuestro. Ahora el terreno es casi liso y el rubiales ha acelerado, por lo que vamos al trote. Se me mueve “tó”. Mi escroto rebota contra la silla de montar y a la vez los testículos se chocan entre sí: el dolor es infrahumano. Me suelto de manos con grave riesgo para mi integridad, reorganizo paquete y noto algo de alivio.
Intento poner firmes todos los músculos de mi cuerpo, pero si me quedo así mucho rato el pantalón resbala de la silla y yo detrás. A pesar de todo, y aunque resulte
increible, lo estoy pasando bien. Clara se ha hecho con su caballo y se pone en segundo lugar.
Ya ha pasado una hora y el rubio se sigue alejando, espero que recuerde que ayer le dije que dos horas de tour. Llegamos a una playa de arena negra y el guía dice de hacer un descanso. “Venga”, digo yo.
El tío no saca tabaco ni ná, yo no fumo pero un momento así parece que lo requiere. ¿Alguien se imagina a un granjero español que monta a caballo sin tabaco?
Diez minutos después seguimos camino y por fin parece que enfilamos el regreso por otro sitio. Mi cuerpo se ha asentado un poco y parece que voy mejor. Cruzamos la carretera y
cogemos el camino, parece que la vuelta será plácida. Pero de repente aparece un señor río y me temo lo peor. El tío va bajando y se mete dentro, esta vez con el caballo semi sumergido. Y otra vez nosotros detrás, ahora que nos habíamos secado un poco. La operación se repite tres veces, ya que hay como dos subdivisiones más del río. Mi caballo, que es el más viejo, parece que le cuesta más y por un momento veo mi necrológica en un diario islandés. Pero sacando fuerzas del mismo sitio de donde las saca la vaquilla del Grand Prix, asciende por la orilla y sale victorioso a tierra.
Después de un cuarto de hora llegamos a la granja molidicos. La excursión son 54 euros, así que le damos 50 euros y el resto en coronas, y tan contentejo que se queda.
Aunque teníamos el coche cargado volvemos al hostel para cambiarnos pantalones, calcetines y botas. Chorreandico.
Subimos al coche de nuevo y tomamos dirección a Hella, el siguiente pueblo. Pero en el mapa que llevamos hay un anuncio de un outlet de prendas de lana en Hvolsvövur, el siguiente pueblecillo. Outlet, que gran palabra en estas tierras de tanto gastar.
Llegamos enseguida, ya que está muy bien señalizado por encontrarse la tienda junto al museo vikingo de las sagas. Pero la tienda, que tiene un horario de 9 a 16 está cerrada, aunque con un cartel que suponemos dirá “vuelvo enseguida”.
Como la excursión nos ha dado hambre vamos a un restaurante que recomienda nuestra guía y encontramos lo mismo que ayer: el restaurante sólo es por la noche, a mediodía
hamburguesas y sandwiches. Pues nada, pon dos. Hoy probamos unos conos de nata con un chocolate sólido por encima que llevamos días viendo y no habíamos probado.
Volvemos al outlet y sigue cerrado, así que nos vamos pero antes le echamos una nota por debajo al dueño diciendo que eso no es así, que ha perdido dos clientes.
Seguimos hacia Hella y a la derecha vemos el volcán más destructivo de Islandia, el Helka, Como desde 1970 ha entrado en erupción cada diez años y la última fue en 2000 decidimos verlo desde la carretera y en marcha, por si acaso. Pasamos de largo por Hella y al llegar a Sellfoss giramos en dirección Eyrarbakki, un pequeño pueblo costero que tiene un grupo de casitas de principios del siglo pasado muy pintoresco. Además, es la patria de uno de los primeros vikingos que llegaron a América, incluso en su estatua pone: Bjarmi Herjólfsoon, discover of America. Toma ya.
Volvemos a Sellfoss y hacemos una parada, que esto ya parece más civilización. Encontramos otro outlet cerraaaaaaaadoooooooooooo. Llegamos a una librería que tiene zona de
café e internet y por fin puedo actualizar el blog después de varios días. Muchas gracias a “los seguidores” que nos pedían más noticias del viaje.
En la librería no atiende nadie y hay libros chulísimos, pero esperamos pacientemente y sale un imberbe que nos hace un té de la India y un Capuccino para quitarse el sombrero.
Gracias a sus habilidades con la cafetera rechazo la idea de robar algún libro que me venía rondando.
Seguimos paseando y en una tienda de rebajas con el cartel de Útsala (rebajas) Clara se compra un impermeable molón y yo un pantalón de excursionista decente, que los que llevo son de pena.
Cogemos el coche rumbo a Laugarvatn, justo en el centro del triángulo de oro. La pareja de españoles que conocimos anoche nos dijeron que había mucho turista por esta zona y
como además hoy tampoco tenemos habitación doble nos tememos lo peor.
Pero llegamos a las siete y lo que parecía iba a ser Benidorm es un pueblo con menos de mil habitantes junto a un lago precioso. El hostel son tres casas anexas y la manager nos dice que tienen habitaciones dobles libres, ¿se puede pedir más? Sí, que nuestra habitación de al
lago, que sea buhardilla, que en realidad sea una cuádruple, que la casita tenga una pileta de agua termal y que haya poca gente. Todos esos deseos son concedidos y flipamos.
Damos un paseo por el lago y llegamos a las fantásticas instalaciones deportivas que todos los pueblecilllos tienen aquí: piscina termal cubierta y al aire libre, campo de prácticas de deportes de lanzamiento de peso, campo de fútbol de hierba con pista
de atletismo y canchas para otros deportes. Igualito que allí.
Volvemos y vamos directos a la pileta.
A pesar de que el día ha estado revuelto ha quedado buena tarde y estaremos a 14º, con el agua a 36. Un placer que te deja la tensión por los suelos. Cenamos con la compañía de otras dos parejas que son los únicos habitantes de la casa y a las diez se van a dormir, algo muy común en los hostels. Aquí la gente madruga y mucho.
Mañana visitaremos el triángulo de oro y por la tarde llegaremos a Reykjavik,
con sus tiendas, sus escaparates, sus bares y sus restaurantes, que andamos un poco asalvajaos con tanta naturaleza.
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Últimos comentarios
campurriano dice:
Muy bueno todo!!!!
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Gato_perplejo dice:
Gracias!!
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Capítulos de este diario
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A Islandia pasando por Londres
Londres, Reino Unido | 19 de julio de 2008
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En el avión con Pete Doherty
Londres, Reino Unido | 20 de julio de 2008
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Reikiavik y en ruta
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Y por fin, el sol...
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Una vueltecita por el norte
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Las aguas termales de Islandia
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Bajando por los fiordos del este
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La laguna del río glaciar
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De ruta por el sur
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10
Empezamos la subida
Laugarvatn, Islandia | 28 de julio de 2008
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El triángulo de oro
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12
Vaya calor en la ciudad!
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13
¡Hasta pronto, Islandia!
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14
La vuelta siempre es lo peor
En Laugarvatn...
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