Diarios de viaje > Estados Unidos, América del Norte
Costa Oeste USA
Escribe: roquito
Cuadernos de viaje por Estados Unidos, visitando las ciudades de San Francisco, Las Vegas y Nueva York, y realizando un viaje en coche de 11 días por algunos Parques Nacionales del Oeste Americano. Un gran viaje por el país de las hamburguesas y de la comida rápida, el país del consumismo, el país de las casitas con jardín y los coches familiares, el país de las oportunidades para mucha gente, el país de los Parques Nacionales y de los moteles, el país de tantas cosas...
Las Vegas
Las Vegas, Estados Unidos — domingo, 23 de noviembre de 2008
Temprano recogemos todo, y nos ponemos en marcha hacia donde será nuestra última parada de nuestro particular viaje en coche por el oeste americano: Las Vegas. La distancia son unos 450 km, en tiempo suponen cinco horas y media, por autopista prácticamente el 90 % del trayecto.
Nosotros, que somos unos románticos en el fondo, al llegar a la altura de Seligman, dejamos la autopista 40 y nos vamos en dirección a Peach Springs, para hacer un corto trayecto (90 km) de la emblemática y legendaria ruta 66. Hoy en día gran parte de está ruta se encuentra abandonada, y sustituida por grandes autopistas. Pero en este trayecto que hacemos aún podemos observar vestigios de antiguos moteles, gasolineras, tiendas, etc a ambos lados de la carretera, y que acompañaban en su camino a miles de viajeros que cruzaban los 4000 km que separan las dos costas del país.
Volvemos a incorporarnos a la macro autopista, camino ya de la archifamosa (por lo menos para los americanos), presa de Hoover, situada muy cerca de la ciudad de Las Vegas. A mí solo me sonaba de cuando el bueno Superman intentaba arreglar una grieta en la película. He de reconocer que es enorme, una de las más grandes del mundo, y proporciona energía y agua a varios estados, por tanto a un montón de gente. Vamos, una obra maestra de la ingeniería americana, de la que se sienten orgullosísimos (designada Lugar Histórico Nacional), por eso al cruzarla parece que estés cruzando un gran parque temático.
Al dejar la presa atrás, y en poco tiempo comenzamos a atravesar los grandes complejos residenciales que se han formado cerca de Las Vegas. Ciudad que continua creciendo a marchas forzadas, y como consecuencia estas urbanizaciones de casas típicas americanas que han ido ganando terreno al desierto.
El entrar en Las Vegas, sobretodo en el Strip (la avenida principal y más moderna), supone un gran impacto visual, por la cantidad de gente y sobretodo por la exageración de los macrohoteles, todo parece un impresionante decorado. Damos un par de vueltas por el Strip, más que nada porque no encontramos la entrada al hotel donde hemos de dejar nuestro coche, y al final nos metemos en parking del Planet Hollywood, donde dejamos las llaves y nos despedimos después de más de 3000 km de nuestro Ford Focus. Cargados con las maletas, hacemos un recorrido de unos 20 minutos andando, hasta nuestro super hotel: el Mirage. Cogemos nuestra tarjeta o llave de la habitación, y ya en el camino hasta el ascensor cruzamos entre cientos de máquinas tragaperras, mesas de juego, restaurantes, bares, discotecas, y un largo etc ocioso y vicioso diría yo. Y confirmamos definitivamente el lev motiv de esta ciudad: sacarte todo el dinero posible.
Tras un merecido baño y descanso en nuestra lujosa habitación (y no tan cara), nos vamos a explorar la ciudad, o mejor el parque de entretenimientos más grande del mundo para adultos. De noche el mencionado impacto visual es más grande, luces y más luces, gente y más gente, resulta hasta divertido mezclarse entre tanto lujo y pomposidad, y contemplar a la gente casi extasiada delante de la máquinas tragaperras o en las mesas apostando.
Mi primer contacto con el juego, aprovechando que Susana va al lavabo, se salda con beneficios, con un dólar en una de estas maquinitas gano 13, que automáticamente voy a cobrarlos (ganancias que perderíamos al día siguiente, claro está). Acabamos el día tan movidito con una copiosa cena en uno de los innumerables buffetes libres que se encuentran dentro de uno de los innumerables casinos.
Dia 24. Leaving Las Vegas.
Amanece, y casi a trompicones llego a la ventana, corro la cortina, y ante mí un poco más allá la plaza de San Marco de Venecia. Recapacito un poco, hasta que mis dormidas neuronas me situan otra vez en USA, en Nevada, en Las Vegas. Nuestro esplendoroso hotel, el Mirage, esta situado en pleno Boulevard de la ciudad, frente al Venetian, otro casino-hotel que reproduce copias exactas de la ciudad de Venecia (la mencionada plaza San Marco, canales y sus respectivas góndolas, el puente Rialto, etc).
Bajamos a desayunar, y nos decantamos por un café para llevar en una de las cafeterias del hotel, y nos lo tomamos en las hamacas de la piscina-jardín. Pleno noviembre, pero la temperatura tan agradable invita al baño. Nosotros, escasos de tiempo, preferimos perdernos por la locura y la excentricidad que desprende esta ciudad.
La visita consiste en ir de hotel en hotel, pasarelas y escaleras automáticas e incluso una especie de tranvías ayudan a ello. Visitamos el Ceaser Palace, el lujosísimo Bellagio con su lago y su espectáculo de agua, el Paris-Las Vegas con su particular torre Eiffel, el Excalibur y su castillo, el New York-New York y sus rascacielos, el Tresor Island y su barco pirata que se hunde y todo, y como no, los canales del Venetian.
En resumidas cuentas, en espectáculo de cartón piedra, que se debate entre lo hortero y lo sofisticado, pero que a todas luces resulta divertido de ver. Realizamos alguna compra que otra en alguna de las numerosas tiendas de recuerdos, y al final nos decidimos por asistir a uno de los 6 espectáculos que tiene la compañía del Cirque du Soleil, en diferentes hoteles. Las entradas las compramos en una especie de taquillas, dedicadas a la reventa o a las entradas con descuento.
Para comer, nos decantamos por irnos a la parte vieja de la ciudad o "dowtown". Para ellos solo tenemos que coger un autobús que recorre toda la Strip hasta esta zona. Aquí es donde se encuentran los originales y antiguos casinos y hoteles de la ciudad, las famosas capillas para esas bodas de mentirijillas, y sobretodo la calle Fremont.
Pasear por ésta también resulta toda una experiencia, bajo un larguísimo techo de tubos de neón, sobre los que se proyectan imágenes y efectos visuales, formando la pantalla más grande del mundo. Saciamos el hambre en otro baratísimo buffete libre de otro casino. Aquí me quedo un momento solo, y me llama la atención una señora de unos 90 años, en silla de ruedas, sentada frente a una máquina tragaperras, y levantando a duras penas su brazo para darle al botón. Un ejemplo más, de que aquí la ludopatía se vive con total naturalidad y está hasta bien vista.
Damos otro paseo por la calle Fremont, y su particular show de luces (la factura de la luz me gustaría verla), y nos asomamos también a alguna calle adyacente, donde enseguida notamos la marginalidad que también existe en Las Vegas. Nos volvemos al Strip, a nuestro hotel, apuntado también a esa competencia de espectáculos hoteleros, y asistimos nada más y nada menos que a la erupción del volcán que se encuentra en sus jardines.
Nos subimos a nuestra habitación para asearnos y descansar algo, no si antes perder las ganancias de ayer, los 13 dólares, en otra máquina tragaperras (es lo que tiene Las Vegas).
Acabamos el día asistiendo al espectáculo del Cirque du Soleil, que tiene lugar en el espectacular teatro de nuestro hotel. Nosotros lo acabamos, pero otros muchos empiezan una noche larga de diversión donde no faltará nada.
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Últimos comentarios
un viajero dice:
Cuando dices "las famosas capillas para esas bodas de mentirijillas"... ¿A qué te refieres? Te hago saber que esas bodas que tu llamas de mentirijillas son tan válidas como si te casara el alcalde o concejal de turno en el Ayuntamiento de tu ciudad. Lo único que tienes que hacer es pasar por el Registro Civil y registrar la "licencia de matromonio" que has sacado en el Ayuntamiento de Las Vegas y que va firmada por el alcalde, por el pastor de la capilla que ofició la ceremonia y por un testigo. Lo sé porque yo me casé en Las Vegas. Para gustos, colores ....
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roquito dice:
en ningún momento mi intención es criticar a la gente que se casa allí, para gustos colores como tu dices. Incluso mi intención era hacer una de esas bodas de mentirijillas como muy bien digo (y no hicimos por falta de tiempo y presupuesto) y tu misma me das la razón de que son así, al decir que has de pasar por un Registro Civil para que tengan validez, si no haces este trámite, la boda no deja de ser un "teatrico", que me parece totalmente respetable y divertidisimo.
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