Diarios de viaje > Estados Unidos, América del Norte

Las Vegas (Nevada)

Escribe: MARANESTLE
Este año nuestras vacaciones serán 10 días en Las Vegas, una ciudad que no podremos creer que estemos en ella hasta que no estemos paseándola. Siempre nos ha hecho muchísima ilusión este destino, esperamos disfrutarlo y que se cubran nuestras expectativas.

 

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10 Días en Las Vegas. (8º día, Martes, 16 de Agosto de 2011)

Las Vegas, Estados Unidos — sábado, 20 de agosto de 2011

El lugar y hora de encuentro era en la parada de Treasure Island a las 6,30 de la mañana, pero claro, con eso de que nos entendimos en spanglish con el que nos vendió los boletos en un stand de venta de excursiones para el Gran Cañón en medio de la calle, pues siempre te queda la duda…. Allí llega un autobús, el chófer mira su lista y no, no estamos, abajo, … allí llega otro… tampoco, y así algo más hasta que por fin llegó uno conducido por una americana de metro y medio de ancho de espalda, rubia, miedo daba pensar cuando se pusiera en pié, y dijo: come on.  Bien!, ahora sí que vamos para el Gran Cañón!. 

Recogimos gente en varios hoteles y en el último paramos a desayunar, que estaba incluído, te daban unos tickets que un mejicano en un stand, muy superado por las circunstancias de la cola de gente que se le avecinaba, te cambiaba por el dulce que escogieras y te daba también agua o café. El mejicano tenía unos dulces de cada tipo posible en el stand y nosotros cogimos directamente lo que nos pareció de allí, pero el agobiado mejicano nos lo quitó de las manos, jajajja para dárnoslo de otras cajas…. así que llegamos a la conclusión de que aquellos eran de muestra, jajajjaj, tampoco era pa ponerse así, jajajaj. 

Luego, de nuevo al autobús panorámico, ya camino al Gran Cañón. La chófer, que ya habíamos visto en pié a estas alturas y era grande como ella sola, tenía sin embargo un nombre cortito, se llamaba Caty.

Caty, aunque no nos enterábamos de nada, era muy charlatana, fue una gran parte del trayecto, imaginamos, contando en qué iba a consistir la excursión, dando datos de la construcción del Sky-Walk y alternando algún que otro chiste porque nuestros compañeros de viaje se reían mucho. Luego empezaron a proyectar un vídeo del Sky-Walk que más valía no mirar mucho porque el gusanillo del estómago empezaba a ponerse nervioso. 

Las imágenes que veíamos tras los cristales empezaron a cambiar, dejamos atrás los hoteles y los carteles de neón para entrar en largas autovías que dieron paso a un paisaje montañoso, árido, donde empezaban a verse árboles que, sin ser cáctus, en vez de hojas tenían algo parecido a espinas, y ahí ya empiezas a hacer fotos, sin pensar que lo verdaderamente bonito está por llegar. Finalmente entramos en la Router 66, una carretera muy famosa que atraviesa todo EEUU de Este a Oeste, y después empezamos a entrar con ese autobús en caminos de tierra, en auténtico desierto ya, en el Desierto de Mohave, algo impensable en España, meterse por ahí con un autobús de ese tipo, donde los botes son constantes todo el trayecto.

Tardamos unas dos horas hasta llegar a un punto en el que debíamos cambiar de autobús, nos bajamos y Caty hablando muchísimo empezó a repartir unos tickets en una mesa insistiendo mucho a todo el que se los daba en las two o’clock, nosotros ni idea de todo aquello que contaba, y teníamos que enterarnos, porque ella se quedaba allí y a partir de ese punto parecía que ibas por tu cuenta hasta las two o’clock, todo lo que había que saber en medio de ese mensaje: ????. 

Cuando nos tocó a nosotros y Caty observó nuestra cara de póquer, dijo: you understand?, a lo que rápidamente contestamos: nothing, y esos dos metros de mujer se levantaron de la mesa diciendo en voz alta: oh, algún español aquíiii????, pero nada,no había ni uno, así que dijo follow mi, y la seguimos hasta la taquilla de venta de tickets donde ella buscó a un mejicano, y menos mal, porque teníamos que coger un autobús hasta el sky walk, desde allí a las 12,00 otro hasta Guano, otro lugar, y desde allí, cambiar de autobús e ir a las 13,00 hasta Hualapi, donde comíamos y nos encontrábamos de nuevo con Caty como máximo a las 14,00, a las two o’clock tan repetidas.

Llegamos al Sky Walk, que es una plataforma construída a 400 pies de altura sobre el Gran Cañón, de cristal, que te ofrece una panorámica magnífica y te permite sobrevolar a pie y observar a vista de pájaro esa maravilla.Antes de entrar nos hicimos algunas fotos casi al filo del Gran Cañón, te acojona bastante acercarte porque, llama la atención, pero no hay ninguna barrera de protección, ni siquiera una simple cuerda. Antonio, que tiene vértigo, estaba nerviosísimo, no sólo por ver donde estábamos y saber que a continuación íbamos al Sky-Walk, sino por ver cómo la gente se hacía fotos justo en la piedra que estaba más al filo, en las posturas más inverosímiles…. La gente no tiene medida, de verdad, no nos extrañaría nada que de vez en cuando alguien se despeñe por allí, viendo lo que veíamos. 

Y por fin, el momento esperado por mí, la cagueta oficial habitualmente, y temido por Antonio, pero es que a mí no me impresiona la altura y más si no hay velocidad y encima estás protegido, por cristales en este caso, él, sin embargo, estaba nerviosísimo por el vértigo, le costó mucho soltarse de la barandilla y andar por el cristal del centro, pero lo hizo, hay testimonio gráfico, jajajjaja. Las fotos te las hacen ellos, entras desprovisto de todo, tienes que dejar todo lo que lleves en una taquilla, icluída cámara, teléfono, etc. Es una experiencia altamente recomendable, las vistas son inolvidables. 

El resto de la mañana transcurrió con la visita de Guano, otro lugar con vistas al Gran Cañón para tomar fotos, donde una familia india bailaba al son de los tambores y si querías podías comer allí o esperar a llegar a Hualapi que fue nuestra opción. 

Hualapi era una especie de poblado vaquero, comimos nuestro menú muy típico, en plan rancho, con música country de fondo que un señor tocaba y cantaba en directo. Cuando terminabas te distraías por allí hasta la hora de salir haciendo fotos en el poblado, la barbería, la carcel, la horca, observando a un ilusionista que hacía trucos con barajas de cartas… estuvo bastante bien. 

En eso, Caty ya andaba por allí, efectivamente como estaba previsto nos encontró en Hualapi y a las 14,30 salimos con destino a la presa Hoover, bestialmente grande, con el segundo puente más alto de los EEUU construído sobre ella y el río Colorado y que hace de frontera entre los Estados de Nevada y Arizona. Parada para fotos nuevamente y vuelta al Hotel. En ese trayecto Antonio se dio cuenta de que se había dejado el Iphon en la taquilla del Sky Walk, horror!..., a ver cómo se lo explicaba a Caty… y sobre todo, a ver si lo encontrábamos.

Sería muy largo describiros la conversación con Caty (esa mujer conduciendo por el desierto y Antonio sentado en un escalón de los de al lado del conductor haciendo aspavientos), tendría que haceros hasta dibujitos, jajajaja, pero la cuestión es que esta maravillosa guía antes de llegar al lugar en el que nos tenía que dejar, ya sabía que el Iphon de Antonio se encontraba en efecto en las oficinas del Sky Walk y que mañana ella lo recogería y nos lo entregaría por la tarde en el mismo punto en el que nos dejaba hoy, ¿no es maravilloso?, ¡es genial!. 

Ya en el hotel, ducha, descanso, diario y por la noche cena en el Restaurante Canaletto (Antonio se ríe porque dice que tiene premio), en el centro de la Plaza de San Marcos. Había muchísimo ambiente, si te dejas llevar te puedes ver en la verdadera Venecia, es genial, por la mañana en el desierto y por la noche en Venecia, eso sólo pasa en Las Vegas.

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