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Viaje de Gerti y Guillermo Asia 2011

Escribe: guillegarcia
Si te encuentras entre aquellos que buscan, debes saber que en el puerto hay una nave que te aguarda. No trates de averiguar tu destino, lo importante es partir . . .

 

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Tren nocturno Hanoi - Sapa, Dos dias en la belleza en nieblas

Lào Cai, Vietnam — lunes, 11 de abril de 2011

El tren nocturno parte puntualmente de Hanói  a las 21,30 hs. A pesar de no ser modernos, es confortable, y permite un buen descanso, valga la aclaración, si uno tiene el pasaje más caro, en un camarote “blando”. Al pasar en busca de nuestra plaza podemos observar los camarotes duros y los asientos de madera, que es otra forma de viajar. Nuestros compañeros de viaje fueron una pareja de israelíes muy simpáticos, incluso él hablaba algo de castellano, pues había estado en Argentina, ella jugo con Gerti al domino y yo pude inaugurar mi “sleeping bag” de “seda”, diría mi bolsa de dormir de rayón, que había conseguido regateando por 6 dólares en Hanói, la doble matrimonial, y 5 dólares la simple que compro Gerti.Es verdaderamente cómoda para dormir, y el tren te ofrece un edredón para taparte. La puerta trabada por dentro te permite dormir tranquilo sin que haya visitantes no deseados... Los golpes en la puerta para despertarnos y vendernos algo para desayunar anuncian la llegada.
 A las seis de la mañana se llega a Lao Cai, una ciudad fronteriza con China. Al salir de la estación una muchedumbre de agentes turísticos buscan sus pasajeros, otros ofrecen sus servicios a los no organizados, y como toda actividad aquí en Vietnam se resuelve en el momento, todo se acomoda, esa es la regla,” la no regla”, si se es controlador, en este país vas muerto, confía y déjate llevar por los acontecimientos, todo se resuelve, si se rompe un bus, en el instante te suben a otro, no entiendes como es , pero la solución es instantánea, no preguntar, es así. El paisaje que recorremos es bellísimo, un adelanto de lo que serán las próximas 48 hs. Las terrazas en las laderas de los cerros se suceden,  en una demostración de la lucha diaria de estos pueblos agrícolas, por lograr su sustento. Un rio al cual están embalsando viborea en el fondo del valle, la imagen es muy bonita.
Luego de una hora aproximadamente arribamos a un local, que hace las veces de centro de operaciones de una agencia de viajes de Hanói. Siguiendo con la rutina, dejamos nuestro equipaje, nos indicaron un lugar a unos 50 ms. donde desayunar y asearnos un poco, luego alquilar unas botas de goma para nuestro paseo de 10 km. Aquí el turista es una gran billetera, todo se negocia, el precio es tan relativo, que no se puede tener una referencia, por suerte el que alquilaba las botas, era coleccionista de billetes así que me compro 5 pesos argentinos. Afuera del local, mientras esperábamos completar el grupo de caminantes, comenzaron a agruparse un montón de mujeres con sus vestidos negros con guardas multicolores, en las cabezas sus tocados típicos y en sus espaldas un canasto dispuesto como mochila, dentro el infaltable paraguas. Cuando alguien sale se arremolinan a su alrededor y gritan ofreciendo algo. Pertenecen a la minoría Hmong negros, pues es el color que visten, el otro grupo de la zona son los Dzao rojos, por su puesto la vestimenta tiene ese color. Mientras hacíamos tiempo lo cotidiano se ofrece para observar; llega la moto con su carga de cochinillos haciendo equilibrio sobre el asiento trasero y la balanza, sale el dueño del comedero, y los pobres chanchos atados son pesados, elige uno, paga en efectivo y adentro, arranca y sigue su reparto.
Iniciamos nuestro paseo por el barro, totalmente nublado y con amenaza de lluvia. En el punto que dejamos el pavimento un grupo de chicos “casualmente” te ofrecen una vara de caña que a cambio de un dólar, hace las veces de bastón  para no resbalar en el  barro. El grupo marcha rodeado de mujeres Hmong  que se acercan y te ofrecen ayuda para cruzar el lodo, bajar la cuesta, etc. ellas están atentas y se van adueñando de cada uno de nosotros, son muy amables y solicitas, posan para las fotos en los lugares más bonitos, siempre una sonrisa, según cuentan hacen ese recorrido todos los días, a la madrugada van al pueblo y a media mañana regresan acompañando a algún grupo, mientras caminan van hilando una fibra. En algún punto del camino toman unos juncos y con mucha habilidad mientras caminan a tu lado fabrican artesanalmente una figura de algo parecido a un ciervo, cosa que te regalan “desinteresadamente”. A pesar de las nubes y la niebla las colinas aterrazadas y la inundación de esos arrozales ofrece un espectáculo magnifico, cada tanto se ve la actividad de los pobladores, que trabajan las parcelas con arados de bueyes, mantienen  las paredes  de los diques, etc. el camino sube y baja por las colinas.
Al llegar el mediodía, cruzamos un puente hasta el comedero para almorzar, mi “novia” y “la amiga” de Gerti, en un rápido movimiento desenfundan una artesanía y tras un breve regateo circundados por todas ellas, en “señal de reconocimiento” pagamos el servicio, la artesanía y la correspondiente foto, a modo de regalo sacan una cinta que te atan en la muñeca y sirve de salvoconducto para no tener que comprarle a las otras. Es parte del paseo. Compartimos la mesa con unos vietnamitas que hablaban castellano, pues habían emigrado a centro américa, despectivamente se rieron de lo que habíamos pagado por las artesanías.
 Luego de almorzar algo, continuamos nuestra caminata ya en soledad un pequeño grupo de mujeres Dzao se acerca para vendernos algo, pero abandonan. La niebla vuelve, y más adelante nos recoge un minibús que nos deposita en un hotel en Sapa, bastante primitivo y tercer piso por escalera.
En medio de la neblina y una pequeña garua,  recorremos el centro y sus negocios con ropas de seda de lo más variado, “Columbia” y similares, artesanías. Gerti consigue un pantalón  y dos cuadras más adelante en diez minutos una costurera le hace el dobladillo por dos dólares. La cena que estaba incluida la hicimos como a diez cuadras del hotel, en el mismo sitio del desayuno, nuestro guía pasó a buscarnos con su paraguas y en el medio de una densa niebla nos acompañó hasta el lugar, espero que cenáramos y regreso caminando con nosotros. Nuestro cruce a China el día siguiente fue imposible de entender, ellos nos van a cruzar, pero no tengo los pasajes, no se el horario, y ante cada pregunta una respuesta diferente, como diciendo” no te preocupes déjate llevar”, bueno lo mejor es confiar y seguir disfrutando.
Por la mañana y sin cortejo de mujeres, nos unimos a dos parejas jóvenes para ver la otra villa de originarios, y sus artesanías expuesta a los largo del camino. Igualmente abstrayendo los negocitos de artesanías, el paseo por el sube y baja de las colinas es muy bonito a pesar de la niebla. Un grupo de chicos juegan en una acequia que baja al costado del camino, cada tanto el chorro de agua hace funcionar una oxidada rueda o mueve algún ariete, más para decoración que por algún uso. Antes de almorzar, en uno de los puestos exponen unos animales y entre ellos un mono, bastante malo, que con una rapidez imposible de evitar salta sobre una chica para arrebatarle algo que tenía en la mano, y enfurecido le muerde el brazo, para que la soltara el novio a las trompadas con el animal. No hay mayor reacción en el grupo, el dueño del animal dice algo que no suena a disculpas y se acabó el episodio.
 Cerca de las dos de la tarde y previas comunicaciones telefónicas se acelera nuestra evacuación de Vietnam, seguimos sin entender las distintas versiones que se suceden a cada rato, pero nos dejamos llevar por los acontecimientos, que sea lo que dios quiera (sin connotaciones religiosas).

 
 
 

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