Perú

Escribe: dgdb
Despues de cinco meses viajando por Ecuador, me adentro en tierra santa en busca de nuevas experiencias...Cruzamos Aguas Verdes y llegamos al puesto fronterizo. Nos bajamos del bus y caminamos hasta las oficinas de sellado, rellenamos el formulario y hacer cola de nuevo...

 

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Visita a Lamas

Lamas, Perú — domingo, 26 de septiembre de 2010

Hoy había carrera de F1 y puse el despertador a las 06.45. Cuando sonó, vi la salida y mi cansancio pudo a mi afición (eso de que sea a estas horas me mata) así que a dormir otro rato. Cuando desperté de nuevo Javier estaba chateando con la familia, así que hasta que no terminó no pusimos pies en polvorosa.
 
Sobre las 11.00 salimos de la habitación y de nuevo un sofocante día por delante. Como no teníamos hambre, salimos directos al paradero de los carros para Lamas (un pueblo cercano que queríamos visitar). Está en la cuadra 10 del Jr. Alfonso Ugarte y el pasaje esta a 4 lucas por persona. Fue llegar y salir porque ya había otras 2 personas esperando. Ya me cuesta creer agarrar un colectivo solo con 4 pasajeros jejeje.
 
Tardamos en llegar unos 20 minutos y nos dejó cerca de la plaza. Lamas esta en dividido en tres fases, cada una a diferente altura, por lo que nos pusimos a caminar hasta la más alta y comenzaríamos la visita desde el mirador. Caminamos menos de 15 minutos y llegamos a un bar que está en lo alto de una montaña a lo que llaman el mirador. El lugar esta bonito pero hoy nos está persiguiendo las nubes, así que muy buenas vistas no tenemos. Como allí se estaba a gusto, nos pedimos una jarra de Jugo de uva (5 soles) y nos sentamos en una mesa a tomarla a la sombra y  charlar un rato.
 
Desde ahí comenzamos a descender hasta un castillo de un empresario italiano que se está haciendo y vaya castillito!!! Llama la atención ver eso entre todo lo que le rodea. Lo bueno es que se puede visitar, lo malo es que hay que pagar 5 soles los adultos y 2 los niños, así que lo siento mucho, pero a mi cuenta no financias el castillo. Con ver lo de fuera me bastó, además aun está en obras, así que proseguimos el camino después de unas fotos.
 
Seguimos descendiendo hasta una calle por la que nos desviamos a la comunidad nativa Wayku. Es de “reclamo” turístico porque aun hablan quechua y llevan vestimenta típica, aunque ya me imaginaba que no les agradaría nuestra visita. Supongo que se tienen que sentir como en un “zoo” que viene la gente a tomar fotos y se va. Yo creo que lo bonito es perderse por ahí sin más sin necesidad que te anuncien como una comunidad nativa, ya que hay dos tienditas de artesanía y nada más. Aquí son famosas sus fiestas del 30 de agosto porque todos llevan sus trajes típicos. Hoy en día (ya nos ha pasado en varios lugares) la gente viste como quiere y no es que vallan con sus trajes todos los días, pero siempre hay excepciones. Paseamos un rato y no vimos nada de lo que nos dijeron, lo que más nos llamó la atención es la simpatía de la gente, y un hombre que estaba en su casa nos saludo incitando a que nos acercáramos. Como salíamos de ahí y Javi no tenía una foto de nadie con sus trajes, él se obcecó en que tenía que conseguirla, así que acabó convenciendo a la nieta del hombre a que se vistiera para tomarla unas fotos (menos mal, ya me veía yo con un tambor y un pañuelo en la cabeza para que me tirara una foto y se fuera contento).
 
Como dije, la gente muy amable y después de estar un rato con ellos, pasamos a la casa de al lado y entre unas cosas y otras, nos invitaron a plátanos, cacahuetes, chicha, así sin más, ver la humildad con lo que lo hacían era gratificante, ya cambio mi concepto por total. Nos dieron de comer, de beber, incluso nos dieron asientos para sentarnos y conversar con ellos un rato. Al final más de lo mismo, la nieta, la sobrina, la abuela y el cuñado, acabó vistiéndose allí media familia y Javi se puso las botas, solo se escuchaba el disparador de la cámara.
 
Pasamos allí un rato muy agradable y caminamos en busca de una moto que nos subiera la cuesta que bajamos, que tenía miga la cosa. Encontramos una y nos llevó hasta el paradero de carros para Tarapoto, pero la moto no podía subir por la cuesta, así que se tuvo que dar una vuelta del carajo para llevarnos. Al final, en vez de ir al paradero, nos quedamos en la plaza y entre foto y foto, valoramos que el irnos para ir a la cascada de Ahuashiyacu ya era un poco tarde, por lo que nos quedamos allí a pasar la tarde.
 
Nos sentamos en un banco a la sombra y vinieron unas niñas a tomarnos unas fotos (me hace gracia que seamos a los que quieren tirar fotos) y después de hablar con ellas un rato, entablamos conversación con el hombre que andaba vendiendo cocos y le compramos un par de ellos. Estaba cojonudo, y por 1 sol un coco, me puse ciego y luego nos lo abrió para comerlo, así que entre los plátanos de antes y ahora el coco ya solo falta el postre. De casualidad, apareció por ahí el heladero y preparaba unos helados apetecibles, con su galleta encima, caramelo y demás, así que un par de esos de postre. Hoy me he puesto ciego y me he gastado 2 soles. Al final entre una cosa y otra salimos de ahí a las 17.00 de la tarde y con el día tranquilito pero enriquecedor. La verdad es que este pueblo tiene su encanto y es recomendable perderse por las calles para charlar con la gente que es muy agradable.
 
Regresamos a Tarapoto no sin que antes, Javier se liara a hablar con otra mujer que vendía algo que no sabiamos que era y de repente aparece con una bolsa de infarto. No sabe lo que es, pero él lo  tenía que comprar. Resultó ser pan de árbol y es como una castaña, estaba muy bueno, así que fuimos comiendo eso de regreso a Tarapoto. Como fuimos contándole al conductor que nos iríamos a Yurimaguas al día siguiente, nos dijo que más debajo de su paradero había una compañía que iba y nos dejó allí mismo para que preguntáramos.
 
La compañía se llama Gilmer Tours, salía cada hora y el pasaje estaba a 15 soles. Nos pareció un poco caro para un trayecto de 2 horas “supuestamente”, pero como no estaba muy lejos del hotel y los horarios son a convenir, agarramos una moto al hotel y mañana ya decidiríamos. De camino nos encontramos con otro par de compañías que iban a Yurimaguas, así que mañana ya preguntaremos antes de salir.
 
La moto nos acercó una cuadra más, hasta la panadería de ayer, pero estaba cerrada, por lo que media vuelta y de camino al hotel. Ya en la habitación, secuestré el ordenador de Javier mientras se duchaba y me puse a subir diarios que falta me hacía, ya iba algo retrasado. Luego me tocó a mí refrescarme y salimos a cenar a la pollería de debajo del hospedaje.
 
El pollo estaba riquísimo, jugoso y una patatada del carajo, salimos contentos, por ganas me comía otro cuarto, pero no voy a mal acostumbrar al estomago que ya va tolerando estas cantidades. De ahí a la habitación y a descansar, mañana iremos a la cascada de mañana y por la tarde saldremos a Yurimaguas, al menos eso es lo que pensamos, si no se cambian los planes.  



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