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Viaje al Sur
Escribe: Patricia-Mariaca
La experiencia de 55 dias de viaje (Dic-3-2009 a Ene-26-2010). Saliendo de Pereira (Colombia), pasando por: Ipiales (Nariño - Colombia), Rumichaca (frontera colombo-ecutoriana), Otavalo, Quito y Cuenca (Ecuador) y las ciudades peruanas de Trujillo, Huaraz, Corredor Conchucos, Lima, Arequipa, Puno, Lago Titicaca, Cusco, Chiclayo, Tarapoto, Yurimaguas y la via fluvial por los rios Huallaga y Marañon hasta Iquitos y el Rio Amazonas hasta Leticia en la punta amazonica de Colombia. Bienvenidos
Titicaca - Puma de Piedra
Lago Titicaca, Perú — miércoles, 30 de diciembre de 2009
Si bien fue fundada en 1668 por colonizadores españoles, existen registros de poblaciones nativas que datan de 300 años antes de nuestra era. Ubicado en el altiplano peruano-boliviano a 3800 msnm, el Lago Titicaca es el segundo más grande de Sur América (después del Lago de Maracaibo) y el lago navegable más alto del mundo. Cerca de 42 islas naturales se encuentran en sus 8.500 kms cuadrados de superficie.
La entrada a Puno es impresionante por la visión del lago inmenso, azul y maravilloso pero la ciudad es desordenada, descuidada y con una deficiente inversión pública en infraestructura y vías. A dónde va el dinero que dejamos los visitantes? Mucho más si pensamos que Puno podría ser el segundo destino turístico del Perú mas visitado después de Cuzco y Machu-Pichu.
Antes de llegar a la terminal, en el bus, nos abordó un personaje de la ciudad que se dijo dueño del hotel Ollanta Inn. Con algunas buenas fotos, un pequeño descuento –S/. 40 por los tres-, cama doble y sencilla, la promesa de internet gratuito, agua caliente y taxi hasta el hotel, nos dejamos seducir. Inicialmente, no nos arrepentimos: la habitación era limpia y cómoda. Con lo necesario para quienes solo irán a bañarse y a dormir.
Puno tiene una población eminentemente indígena, un mercado callejero donde se encuentra hasta ropa y un gran mercado artesanal muy organizado, donde por precios módicos -después de un buen barequeo- se pueden comprar hermosas telas tejidas en las técnicas mas antiguas. Este está ubicado justo en la vía que todos los turistas tendremos que cruzar: la vía al puerto.
Hay pocos carros circulando por las calles y mucho mototaxi y bicitaxi. Incontables ventas ambulantes y pocos restaurantes hasta que se llega a una cuadra del puerto, allí se come rico aunque no muy barato.
Jaime, que así resultó llamarse el personaje del bus, es finalmente un negociante muy astuto. No es dueño del Hotel, ofrece una tarifa inferior a la que su propietaria pide por noche y a la hora de pagar el último día nos estábamos metiendo en un lío con ella porque aparentaba ignorar las tarifas que Jaime ofrece.
Este oscuro personaje (cuyos negocios rayan con la estafa) nos ofreció también un tour por el Lago, reservas para un Hotel en Cuzco y reservas para el trayecto en bus desde Puno hasta esa ciudad.
Finalmente, el famoso tour salía más costoso que si se contrataba directamente con la cooperativa indígena de lancheros en el puerto, en cada tiquete a Cuzco se embolsilló S/. 15 de sobre-precio y la reserva en el hotel de Cuzco aunque resultó ser cierta y eficaz, nos dejaba en manos de otra maquiavélica negociante cuzqueña que ofrece costosos paquetes turísticos de todo tipo y trata a sus clientes potenciales con un desprecio y un cálculo que saltan a la vista (con cada palabra sonriente de su discurso aprendido le suena la registradora).
Para hacer el viaje al Lago y la obligada visita a las islas flotantes Uros, a Taquile y Amantaní, lo recomendable es ir directamente al puerto y contratar con la cooperativa de lancheros. Así está uno seguro que el dinero que invierte queda realmente en manos de la comunidad indígena y no en las agencias turísticas que poco benefician a las comunidades de las islas.
Los lancheros de la cooperativa indígena son hombres honrados nativos de las islas, quienes por tarifas razonables, (S/. 90 por los tres) en botes artesanales pero seguros, hacen el viaje completo con visita de una hora a las Islas flotantes Uros. El capitán se encarga de ubicar la familia con la que uno puede alojarse uno o dos días en Amantaní y recogerlo luego para visitar Taquile y regresarlo al puerto de Puno.
La entrada a cada isla tiene un costo adicional: en Uros hay una especie de comité que se encarga de cobrar a cada visitante S/. 2,5 por persona. En Taquile cobran S/5 al tocar tierra. En Amantaní nos libramos del peaje porque pagamos para quedarnos. Esto puede ser comprensible pues muchos de los tours que llegan a las islas están organizados por agencias que nada tienen que ver con ellos y que en este caso no van a dejar ningún beneficio.
La visita a las Islas Flotantes Uros lo llena a uno de sentimientos e imágenes contradictorios. El entorno es ciertamente mágico: ese color azul oscuro del agua del lago en el que flotan esas áureas islas familiares íntegramente elaboradas en totora, la vestimenta colorida y bella de sus alegres mujeres, la graciosa y a la vez maravillosa crónica que le cuentan al turista en la isla donde se llega, sus pequeñísimas casas algunas con paneles solares, tv y equipo de sonido, y esa actitud evidentemente utilitaria ante el turista. Llegan incluso al sentimiento de frustración, desengaño y reproche cuando uno no se anima a adquirir alguna de sus artesanías, muchas de ellas compradas al por mayor en Puno.
Nos encantaron sus botes y catamaranes elegantes y dorados, lo recursivos que han resultado algunos de ellos al desarrollar complejos proyectos de auto-abastecimiento isleño con peceras, jardines flotantes con flores, plantas medicinales, cultivos de papa y un proyecto de “turismo vivencial” elitista donde por USD 40 por persona los visitantes se alojan y reciben charlas bilingues sobre la experiencia y el desarrollo social en el Titicaca.
Nosotros decidimos quedarnos a pasar la noche del 31 de Diciembre en Amantaní. Nos alojamos con una familia indígena donde por S/. 75 recibimos una habitación muy sencilla pero limpia (la única sin luz en toda la casa), almuerzo, cena y desayuno absolutamente rutinarios pero comestibles y un trato distante con un inocultable interés financiero.
La economía de estos indígenas es precaria y los ingresos del turismo se convierten en indudable prioridad. Detrás del manido “turismo vivencial” que se ofrece en el Titicaca se esconde un negocio donde el trato al turista como mera mercancía deja traslucir la miseria de una relación utilitarista.
El contacto vivencial es pobre y unidireccional, siempre propuesto por nuestra apreciación dignificante del indígena ahora sometido a sus propias reglas de intercambio. A la entrega espontánea de unos presentes que le llevábamos a la familia que nos alojaba (por sugerencia de una cronista de viajeros.com) recibimos a cambio sonrisas destempladas y miradas de sospecha por parte de la abuela de la casa.
La parte mas vivencial de este intercambio se da con algunos (pocos) niños menores para quienes somos extraños y mágicos, fuente de juego y novedad. Porque los niños mayorcitos de Amantaní han aprendido bien la lección que sus mayores les enseñan: utilizar al turista para sacarle dinero. Se acercan con quenas y flautas a tocar melodías destempladas o a posar con sus sonrisas hermosas para luego exigir a cambio unos cuantos soles. Nunca el acercamiento es gratuito o espontáneo.
La noche de año nuevo nos acostamos temprano y dejamos a la familia en su celebración. A la mañana siguiente nos saludaron con cierto aire de agradecimiento por haberlos dejado solos y en paz. Y el abrazo de año nuevo fue más un símbolo de agradecimiento por respetarles su privacidad.
Amantaní es una isla casi circular de unos 4 kilómetros de diámetro localizada a 3 horas de Puno. Es habitada por unas 800 familias repartidas en 8 comunidades que subsisten de la actividad agrícola, pecuaria y turística. En las islas peruanas sobre el Titicaca la seguridad es absoluta (algo que para nosotros los colombianos, por desgracia, se va tornando extraño y pasmoso) y se respira una paz indescriptible.
Tiene un encanto su arquitectura que se diferencia en dos sectores muy claros: uno sencillo y bucólico en la parte baja donde abundan los niños, las ovejas y los pequeños lotes de sembrado y otro más gamonal – digamos- con acabados mas elaborados y decoraciones sencillas en las fachadas en la parte alta. Hay un lindo sendero que rodea la parte urbana desde el parque central hasta el cerro.
Los habitantes de Amantaní se notan orgullosos y altivos y en no pocos de sus mayores se observa un dejo de desprecio silencioso por el visitante. Es comprensible que exista cierto malestar por la presencia constante de personas extrañas con cámaras fotográficas fisgoneando tras los portones. Como en todos los lugares turísticos de este tipo en el Perú, en los mercados y tiendas todo tiene un precio diferencial (más alto, por supuesto) para el turista.
Un poco más al sur se encuentra la pequeña isla Taquile, con unos 2000 habitantes dedicados a la actividad agrícola y turística. Mientras nuestros compañeros de viaje se enfrascaban en el obligado ascenso al cerro por unos exigentes escalones verticales, nosotros nos quedamos refrescándonos en la orilla y disfrutando de la mañana soleada de aquel primero de enero, oteando en el lejano paisaje hacia el sur las aguas y tierras bolivianas.
Soñamos desde allí con visitar algún día el salar de Uyuni donde en tierras bolivianas se evaporan las aguas del Rio Desaguadero al salir del inmenso y hermoso lago Titicaca.
Tips:
Para el viaje de visita al Lago Titicaca y sus islas, si piensa quedarse a dormir en alguna de ellas le recomendamos que lleve un poco de comida porque la brindada por sus hospederos no es buena ni abundante.
En Lago Titicaca, Perú
Opiniones:
| Servicio | |
| Ubicación | |
| Limpieza | |
| Precio/calidad |
Ollanta Inn
Alojamiento: Hotel en Puno, Perú
El hotel es limpio, tiene internet gratuito aunque en un solo computador, tiene agua caliente y buenas cobijas. Pero no duerma usted en las habitaciones que dan a la calle, un mercado callejero donde además se anuncia la venta de música a altos volúmenes hasta altas horas de la noche podría quitarle el sueño. Haga el contacto directo con la dueña, sin intermediarios, para evitar malos entendidos.
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Publicado el 6/mar/2010, 23.59 |
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