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Lago Titicaca - Cuna sagrada de los Incas

Escribe: punger
Hace tiempo atrás leí el diario de viajes de Mónica (MONIARGENTINA) y su visita a estas tierras despertó mis deseos de conocer este maravilloso lugar y vivir la experiencia de compartir un día en la vida de una familia amantaní. Y así lo hice. Dedico entonces, a esta querida viajera y amiga, el siguiente relato.

 

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Islas de los Uros - Pequeños mundos flotantes

Lago Titicaca, Perú — miércoles, 1 de abril de 2009

Nuestra lancha partió alrededor de las 8 am rumbo a las Islas Flotantes de los Uros y en poco menos de media hora desembarcábamos en la primera isla: Jachatata.

Nuestro guía, Rubén, nos contaba que en total forman un conjunto de aproximadamente 20 islas construidas con un junco que crece en el lago (la Totora). Con este junco, sus habitantes fabrican también sus casas, sus embarcaciones, escuelas, las artesanías que venden a los turistas e incluso utilizan las raíces mas tiernas para alimentarse (las probamos y es algo así como comer un "puerro" pero sin demasiado sabor).

Según la leyenda, otra, los Uros tienen la sangre negra, lo que les permite sobrevivir en el agua del lago durante las gélidas noches. Dicen por ahí, que la última mujer uro murió en 1959. Otros uros abandonaron las islas anteriormente debido a las condiciones de vida que habían empeorado luego de una importante sequía y se fueron mezclando con indígenas aymaras y quechuas celebrando entre sí matrimonios y dando origen a los actuales pobladores de estas islas, que pese a la mezcla de culturas, continúan practicando las tradiciones de los antiguos Uros. Su subsistencia se basa en la pesca, la caza de aves y el cultivo de plantas acuáticas y por supuesto, el turismo, a través de la venta de la artesanía.

Me encantó visitar estas islas, es algo completamente diferente a lo que se puede ver en el resto de Perú. Sin embargo, uno se va con la sensación de que todo está armado "for export". Nuestro guía, antes de llegar, nos había enseñado algunas palabras en aymara para poder comunicarnos (palabras que por supuesto no aprendí), pero al hablar con sus habitantes resultó que todos hablaban perfecto español (salvo los más ancianos que se han resistido al aprendizaje).

Al descender, fuimos recibidos por sus habitantes de rostros francos y amables y nos reunieron a todos para contarnos cómo fabricaban sus islas, cómo la mantenían (pues la totora se pudre con el agua y es necesario reemplazar sus capas cada cierta cantidad de días) y contarnos un poco de la historia que les acabo de relatar.

Recorrimos sus casas (en la isla habían unas 6 casas aproximadamente) para comprobar que todo, en un muy reducido espacio, estaba hecho de este junco. Pero no todo escapaba a la civilización moderna. Durante el gobierno de Fujimori, se les instalaron antenas que le permiten ver televisión y escuchar radio. El contraste entre los elementos rústicos de su vida diaria y los modernos medios de comunicación se torna muy curioso.

Las mujeres de la isla se encargan de elaborar distintos tipos de artesanías sobre todo textiles y adornos hechos en totora y por supuesto, nos lo ofrecieron a todos al finalizar el recorrido. Allí compre un lindo tapiz de alpaca bordado en tonos marrones mientras conversaba (en español!) con la señora que lo había hecho. Con mucho entusiasmo me presentó a su papá, un anciano de 80 años que no dejaba de sonreír desde que llegamos. Luego me condujo hasta un jardincito que tenía junto a su casa para mostrarme, orgullosa, las flores que allí cultivaba. Le pregunté si esas flores tenían un fin específico y me dijo que no, que tan solo lo hacía por placer. Me recordaron mucho a los canteros de mi padre, desbordantes de petuñas y pensamientos, las mismas flores que ella cuidaba con tanto cariño.

En esta isla permanecimos cerca de una hora y tras despedirnos de todos, navegamos 10 minutos hasta otra isla más pequeña donde había un pequeño mercado de frutas y comestibles. El objetivo era poder comprar allí lo que necesitáramos pero también poder buscar algo para llevarle a la familia con la que nos quedaríamos en Amantaní. Había leído sobre esta costumbre antes de mi viaje, por lo que previniendo desde temprano, había comprado en el mercado de Chivay algunas manzanas, bananas y mangos para dar en agradecimiento por su hospedaje, a la familia que nos recibiría. También aproveché aquí en la isla a comprarles algo de arroz que sabía les sería de mucha utilidad.

Y nuevamente partimos, dejando atrás esos pequeños mundos de color oro, que flotaban en el intenso azul del lago sagrado. Las visiones desde la lancha eran impactantes. Mientras navegábamos veía como transcurría la vida en cada una de las islas, sus habitantes en coloridos atuendos, realizando sus tareas domésticas, cocinando y comiendo al aire libre, recibiendo visitantes, navegando de una isla a la otra en sus botes también hechos de junco.

Recordé en ese momento la insistencia de los cabanas y collaguas en mantener una identidad que desconocían y pensé en que también estos habitantes se habían aferrado a un pasado, a ciertas tradiciones que mantenían vivas pese a lo difícil que es vivir en ese entorno tan rudo para la vida humana, transcurriendo sus días y noches sobre las frías aguas, viviendo de lo poco que pueden obtener en esas condiciones y con sus pertenencias reducidas a la mínima expresión.

Y admiré una vez más ese apego que tiene la sociedad peruana por lo ancestral, por lo que fue el origen de sus pueblos, su identidad más profunda.

Quizás mis pensamientos, a esa hora brillante de la mañana, habían anidado en las sensaciones del Colca. Quizás no era solo eso, y se habían entreverado con algunas emociones ya traídas desde casa, con algunas ausencias, de esas que nos hacen incompletos aquí o allá. Quizás solo era el cansancio que se hacía sentir, o todo esto a la vez. Esas tres horas hasta la Isla de Amantaní se hicieron largas mientras luchaba contra algunas emociones que afloraban en forma de lágrima y me preguntaba: ¿porqué?, así como lo hacía Annie Lennox desde mi mp3.

Pero eso tienen los viajes; remueven, liberan, transforman; a veces sonreímos ante una ventana que atardece, y otras, cerramos los ojos para que el sol nos seque alguna añoranza.

Al otro lado de la fila, Enrique había entablado una animada conversación con dos chicas argentinas que luego serían nuestras compañeras por el resto del viaje. Siempre admiré en él esa capacidad para conversar, hacer nuevos amigos, esa inquietud por relacionarse y pensaba si no sería ya hora de que dejara mis pensamientos por ahí, flotando en el lago sagrado, y unirme a ellos.

En ese momento nuestro guía anuncia la llegada a Amantaní y ya no habrían decisiones que tomar: allá vamos!

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Últimos comentarios

falca dice:
que lugar tan pintoresco y único realmente, cuando ví las primeras fotos me parecían mentira!
Lindas las fotos y el contraste de tanto colorido con el de la totora... no parece que fueran flúo, jajaja el color, el color...

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punger dice:
será por eso que estoy viendo la vida de muchos colores? ;o)
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MARCEDIAZ dice:
Que lugar mas que interesante..me encantaria conocerlo..pintoresco a pesar de los detalles for export que pueda tener..

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madeinperu dice:
hola paty....de nuevo por aca,y decirte q me moria d ganas x leer este diario ya sabia q contarias cosas maravillosas como tu solo sabes hacerlo...casi tengo todo listo para mi viaje y creeme no veo la hora de recorrer todos estos lugares preciosos y te digo desde ya q x cada lugar q pase mis pensamientos iran hacia ti y un gracias enorme aparte x la ayudas q me has dado,ojala se de la oportunidad de conocernos un abrazo ....karina!!!
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punger dice:
Si Marce, es asi.....es un lugar "demasiado" turistico, pero bueno...tambien es el modo de vida de ellos, viven del turismo y entonces, nuestra visita aporta a una buena causa....Y como decis, pese a eso, es un lugar precioso que vale la pena conocer y disfrutar....
Karina, buenisimo!! ya me contaras tus experiencias en Peru...te vas a enamorar creeme!!....me alegra saber que llevaras en tu mochila un trocito de mis relatos!

besotes a las dos y gracias!

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MONIARGENTINA dice:
Los Uros viven en las islas, sino ... por qué tienen escuelas y centro de salud ? es cierto que muchos han ido a establecerse en Puno para estudiar, pero también muchos se han quedado y mantienen sus tradiciones. Es el turismo el que les permite seguir flotando en el Titicaca que vio nacer a sus ancestros.
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punger dice:
si claro Moni!!..es increible que puedan vivir ahi, sobre todo en la noches, con ese frio!!..y en tan poco espacio.....es increible como el ser humano se puede adaptar a casi cualquier habitat....Justamente ayer comentaba en otro capitulo, que pese a que todo es muy turistico, eso les permite a ellos vivir asi y mantener sus tradiciones vivas...entonces: enhorabuena!!...
besos!

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