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Lago Titicaca - Cuna sagrada de los Incas
Escribe: punger
Hace tiempo atrás leí el diario de viajes de Mónica (MONIARGENTINA) y su visita a estas tierras despertó mis deseos de conocer este maravilloso lugar y vivir la experiencia de compartir un día en la vida de una familia amantaní. Y así lo hice. Dedico entonces, a esta querida viajera y amiga, el siguiente relato.
Isla Amantaní - Paraíso de la Flor Kantuta
Lago Titicaca, Perú — miércoles, 1 de abril de 2009
El paisaje había cambiado plenamente. Del puñado de islas amarillas de donde veníamos a esta isla de forma circular, en retazos de verde y terracota (debido al uso de terrazas de cultivo), había una gran diferencia.
Desde la lancha se podía ver un cordón humano bajando por el caminito que llega hasta el puerto. Eran las familias locales que venían a recibirnos y ofrecernos alojamiento. Esta isla no cuenta con hoteles sino que son los mismos habitantes que ofrecen un lugar a los visitantes para pernoctar allí, dando la posibilidad a los viajeros de insertarse en su comunidad, sus hogares, y ser partícipes de su forma de vida diaria, lo que es sin duda, una experiencia riquísima.
Una vez en el puerto, los guías coordinan con las familias el reparto de los visitantes en sus casas, tratando de alojar en la misma casa a aquellos que viajan juntos. Dependiendo de las comodidades del hogar, las familias pueden recibir desde dos hasta seis viajeros simultáneamente.
Antes de dejar la lancha, conversando con Laura y Soledad (las chicas argentinas) habíamos acordado que de ser posible, nos alojaríamos los cuatro juntos.
Y así lo hicimos.
Así fue que nos presentaron a Denis, un niño de unos catorce años que había venido en representación de la familia que nos daría hospedaje esa noche y con él nos fuimos por el mismo caminito que antes habían usado para llegar al puerto. Algunas familias quedaron vacantes y regresaron a sus casas sin huéspedes. Me resultó muy llamativa la vestimenta de las mujeres, con sus amplias polleras color rojo intenso, sus blusas bordadas y sus mantas negras cubriéndole la cabeza y espalda. El idioma que se habla en esta isla es el quechua, pero la mayoría de ellos hablan también el español, así que las presentaciones se hicieron sin inconvenientes de lenguaje.
Comenzamos a caminar rumbo a la casa y a los pocos minutos ya se empezaba a sentir los efectos de la altura en las piernas. La pronunciada cuesta se hacía difícil de dominar y debí hacer varias paradas para recuperar el aire. Mientras tanto aprovechaba el alto para admirar el hermoso paisaje de la isla. El día era espléndido y tanto el lago como el cielo se veían de un azul tan intenso como inverosímil. Me relajó mucho ver tanto verde, tantos colores brillantes y tanta calma. Mientras caminábamos, además de nuestra respiración agitada, solo se escuchaba el sonido de los pájaros y el viento y la sensación era como la de haber llegado a un paraíso. Nuestro guía nos iba mostrando las distintas plantaciones de la isla, nombres de plantas, frutos y flores como la Kantuta, flor nacional de Perú y muy común en esta isla. Allí sus habitantes cultivan básicamente papas, cebada, habas y quinua (el llamado "cereal de los incas") y crían ganado vacuno y bovino. Vimos muchas mujeres trabajando la tierra y arreando ganado lo que nos daba un indicio del rol protagónico que tienen las mismas dentro de la comunidad.
En realidad, la isla está dividida en 8 comunidades diferentes, cada una con su propio nombre (nuestra comunidad era Sancayuni) y en total viven allí unas 800 familias.
Su ocupación es anterior a período inca y estuvo en manos de los españoles quienes instituyeron el trabajo forzado para los isleños. La tradición fue continuada por sus descendientes hasta después de la independencia. Cuentan por ahí que tras varias revueltas los isleños lograron expulsar a los terratenientes que aún permanecían en la isla y se organizaron en campos comunales.
Al llegar a la casa, una construcción que no era de adobe pero sí muy sencilla y con comodidades básicas, Denis nos presentó a parte de su familia, su padre (Teófilo), su madre (cuyo nombre era muy difícil de retener en la memoria pero de inolvidable sonrisa) y su pequeña hermana. Más tarde vimos que allí vivía más gente pero nunca tuvimos contacto con ellos.
Nos instalamos en los dormitorios que eran amplios, cómodos y con una envidiable ventana que miraba al lago. Inmediatamente pensé en el amanecer: debería ser todo un espectáculo visto desde allí.
Inmediatamente nos avisaron que el almuerzo estaba listo y como estábamos hambrientos bajamos al comedor que solo constaba de una mesa pequeña con cuatro sillas, junto a la cocina. Les entregué las frutas y el arroz que había llevado y lo recibieron con tal agradecimiento que claramente se notaba en sus ojos.
El almuerzo consistió en sopa de verduras, tortilla de papas y té de muña para ayudarnos a contrarrestar los efectos de la altura. Era la primera vez que probaba la muña, con un sabor muy parecido a la menta, muy rica. Luego durante nuestro paseo de la tarde, Teófilo arrancó unas hojitas de esta planta para que su aroma nos ayude a recuperar algo de energía. Una de las tantas plantitas milagrosas que existen en Perú!
La cita era con nuestro guía, Rubén, a las 4 pm y la misión: subir hasta la cima del cerro Pachatata (Coanos) para ver la puesta de sol. El otro cerro importante es el Pachamama (Llaquistiti) donde se alcanza en la cima a los 4150 msnm (la parte más alta de la isla). Así que rápidamente luego de almorzar, salimos guiados por Teófilo, al encuentro de nuestro cicerone, que nos esperaba con otra gente del grupo frente al estadio de Amantaní.
Yo dudaba realmente en subir al cerro. Los efectos de la altura, que antes no se habían notado, este día parecían estar pasándome factura. Me cansaba muy fácilmente y sentía un pequeño pero molesto dolor de cabeza. Pero, no sé si alguna vez se los conté, soy amante de las puestas de sol así que mis ganas de verla fueron mas fuerte que la pereza de escalar cerros e iniciamos la subida de aproximadamente una hora.
Ya a esa hora se comenzaba a sentir el viento frío que se intensificaba a medida que íbamos subiendo. En el pedregoso camino encontrábamos mujeres tejiendo y vendiendo su artesanía textil así como también pequeños niños (en su mayoría niñas) vendiendo pulseritas de hilo, chullos, etc.
La subida, de unos 300 metros, se hizo pesada, sobre todo considerando que se está caminando en altura y el aire comienza a escasear, la respiración se agita y las piernas pesan el doble!. Pero la clave es sencilla: hacer paradas "cortas" cada vez que uno lo sienta necesario y cada uno a su ritmo, sin mirar demasiado al que ya está arriba, allá lejos, donde se ve un pequeño punto. No, jamás hagan eso! O se verán tentados a regresarse.
Al llegar a la cima nos encontramos con que el Templo de Pachatata (ruina inca, cuyo nombre significa Padre Tierra) estaba rodeado de viajeros que habían llegado hasta allí con la misma intención que nosotros: ver al sol hundirse en las aguas del Lago Titicaca. Las ruinas están formadas por una estructura simple de base rectangular a diferencia de la de Pachamama (Madre Tierra) que es circular.
Ambos templos fueron construidos en honor a la fertilidad de la tierra y en ellos hasta el día de hoy se practican ritos ceremoniales de veneración a la misma ("Pago a la Tierra") realizados por los sacerdotes andinos (denominados Pacos).
Buscamos un lugar para sentarnos cómodamente a esperar la puesta de sol y aprovechar para descansar antes del descenso. El viento allí arriba ya era helado.
Provocaba emoción ver a tanta gente en ese lugar, de distintas procedencias, hablando en variadas lenguas, todos congregados por el fin del día. Era hasta un poco gracioso ver a todos los extranjeros con sus "chullos" multicolores en la cabeza, tiritando de frío y sin embargo, se oían más risas que castañeo de dientes! Es que el panorama que iba pasando de leves tonos de rosa a intensos naranjas reflejados en el lago que ya lucía como un espejo de plata, hacía olvidar cualquier sensación de frío y cansancio.
Pocos minutos antes de irse el sol el silencio se apoderó del lugar. Creo que todos quedamos absortos con tanta belleza. Algunos, como yo, no paraban de tomar fotografías, mientras otros simplemente se entregaban a la observación y la calma.
Jamás olvidaré la sensación única de ese momento, un momento definitivamente "sagrado".
Al ver que la noche se nos venía encima, comenzamos a bajar rápidamente. En ese instante nos dimos cuenta de que habíamos perdido a nuestro guía, así que no teníamos ni idea hacia dónde estábamos yendo, pero si teníamos claro que había que bajar!. A diferencia de la subida, al bajar íbamos los cuatro conversando animadamente, ya no nos faltaba el aire y nos sentíamos muy contentos de lo que estábamos viviendo, mucho más relajados.
Al llegar al pie del cerro, la oscuridad era casi total y solo se veían sombras recortadas que iban y venían. No habíamos tomado la precaución de preguntar cómo volveríamos, pero vimos que otros visitantes eran recibidos por quienes los habían alojado así que nuestro instinto nos decía que debíamos buscar a nuestro jefe de familia. Encendí mi linterna (la única que teníamos) para que él pudiera vernos y Soledad comenzó a caminar rumbo al estadio gritando: Teófilooo!
Una de esas sombras que daban vueltas por el campo se fue haciendo más visible y con alegría vimos la inconfundible sonrisa de Teo, que nos había estado buscando entre la multitud.
Nuestra preocupación era que sin él, no podríamos llegar a la casa. La Isla Amantaní carece de electricidad y agua potable. Todo en la noche está envuelto en penumbras. Muchas casas cuentan con paneles solares que utilizan para iluminarse o ver televisión, etc. Nuestra casa lo tenía, pero en nuestro dormitorio teníamos velas, y para ir al baño que estaba fuera de la casa, debíamos portar nuestras linternas y utilizar el agua de un recipiente exterior al baño.
Llegamos a la casa con mucho frío pero no resistimos la tentación de quedarnos en el balcón (la vivienda tenía dos plantas) a observar las estrellas y la luna que a esa hora ya eran protagonistas de la noche.
La cena no tardó en hacerse anunciar. El comedor estaba iluminado también con velas y la cocina era un mundo lejano, extraño y oscuro, de donde provenían voces, aromas, ruidos a cacerolas y un humo blanco que no permitía ver nada de lo que allí sucedía. Imaginamos que la esposa de Teofilo era la cocinera, pero también se sentía alguna otra voz femenina que no supimos a quien pertenecía.
Si bien nos atendieron siempre muy amablemente, y la familia fue muy afectuosa al recibirnos y despedirnos, sentimos que no habíamos interactuado mucho con ellos, solo con Teófilo quien se había hecho cargo de nosotros como un padre adoptivo por pocas horas. Me hubiese gustado que comiéramos juntos y compartir un poco más con toda la familia, pero notamos que para comer, lo hacían por turnos (ellos antes o después que nosotros, y siempre de a cuatro, por lo pequeño que era el espacio destinado al comedor).
Esa noche los platos fueron sopa de quinua, pasta, pan casero y el infaltable té de muña. Las comidas, si bien no eran muy abundantes, eran muy ricas y tenían el sabor de lo hecho en casa.
Nuestro perdido guía nos había avisado que a la noche, habría una peña donde concurríamos todos los visitantes a escuchar música y bailar danzas típicas. Sería más o menos a las 9 pm y ya eran casi las 8. Nos fuimos a la habitación a descansar un rato y ahí fue cuando decidí quedarme. Solo de pensar en la pronunciada cuesta que debíamos emprender para llegar hasta el salón comunal hizo que mis ganas de volver a salir se esfumaran. Estaba agotada y necesitaba recuperar energías para seguir viaje. Me terminó de convencer la noticia de que debíamos ir vestidos con trajes típicos. Realmente me hubiese gustado ver el espectáculo pero la idea de vestirme como ellos me hacía sentir que seríamos parte de un show armado para el turismo, y que todo eso le quitaba un poco de espontaneidad a la cosa (pero no me hagan caso, a veces me pongo así de quisquillosa...). De todas formas, nos divertimos mucho cuando Enrique apareció vestido con su poncho y chullo y las chicas con sus amplias faldas y blusas bordadas y bien ajustadas (que hubiesen sido mucho más seductoras sin las camisetas y los pantalones debajo jaja, pero el frío no permitía otra cosa). Eran unos amantaníes muy peculiares!
Ellos partieron hacia la peña mientras yo los observaba risueña con las frazadas hasta la nariz. Apague las velas y corrí la cortina de la ventanita que había sobre la cabecera de mi cama para mirar el cielo nocturno durante los cinco minutos que tardé en dormirme.
Las diez horas de sueño fueron realmente reparadoras. Solo fueron interrumpidas por un instante en el que me asome a la ventana con la intención de ver el amanecer, que por cierto se veía hermoso. A lo lejos, se divisaba una sospechosa franja de tormenta.
A las 7 am, Teofilo llamaba a la puerta avisándonos que el desayuno estaba listo. Debíamos estar en el puerto a las 8.30 am para salir rumbo a Taquile. En ese momento sentimos que las gotas de lluvia comenzaban a sonar sobre el techo de chapa y el diluvio (con granizo incluido) no tardó en desplomarse sobre la isla.
Nos sentimos desconsolados pensando en nuestro paseo por Taquile bajo lluvia.
Bajamos a desayunar (algo parecido a las "tortas fritas" nuestras, con té de coca y muña), mientras Teo nos pronosticaba que la lluvia no cesaría en todo el día. Los chicos me contaban que no habían tardado mucho en regresar la noche anterior, qué había muy poca gente en la peña y que al parecer, muchos viajeros exhaustos como yo, habían decidido quedarse a descansar. Pero de todas formas se habían divertido y disfrutado de la música.
Alistamos nuestras mochilas y nos despedimos de la señora de Teofilo y sus dos hijos ya que él nos acompañaría hasta el puerto. Cuando salimos ya no llovía, y comprobamos que en Amantaní, los meteorólogos también se equivocan!!
Con los primeros rayos de sol que se filtraban tras las negras nubes, toda la isla se fue tornando en una bella pintura de colores mojados. Las terrazas de cultivo, el lago, y hasta el cielo que nos regalaba un precioso arco iris, parecían lucir sus mejores vestidos como despedida a los tantos viajeros que iban llegando al puerto.
Saludamos y agradecimos a Teo por habernos recibido en su hogar y partimos de Amantaní llevándonos todo su encanto en nuestras retinas, nuestra memoria y por supuesto, en el corazón.
Tips:
Se recomienda llevar algunas frutas frescas y alimentos tales como arroz o pastas para las familias amantaníes en caso de hospedarse en alguna de sus casas. Los alimentos escasean en la isla y ellos lo valoran mucho.
En Lago Titicaca, Perú
Llevar suficiente agua para la estadía ya que no se consigue facilmente en la isla.
En Lago Titicaca, Perú
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Últimos comentarios
MONIARGENTINA dice:
Cómo te perdiste el baile ? No sabes lo que es bailar a casi 4000 m de altura y los ojitos pícaros de los niños esperando verte desmayar !!
Yo no senti que fuera un show armado, al contrario, vivi la felicidad contagiosa de ese pueblo que recibe con los brazos abiertos, comparte su casa, sus vestimentas (que por otra parte vienen muy bien para abrigarse !!) y al menos yo, tuve la bendición de compartir bastante con la familia.
Me voy pa' Taquile ...
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falca dice:
Una belleza Amantaní! hiciste una descripción muy completa y sensitiva...
esos atardeceres deben ser alucinantes... ya quiero ir!!
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punger dice:
jaja..Moni, sabía que me ibas a retar cuando lo escribí! Pasó que realmente estaba muerta y no era capaz de dar un solo paso más...y por otro lado, el hecho de ponerme las ropas típicas me hacían sentir como que no era yo, pero les adelanté que soy algo quisquillosa para algunos menesteres jaja..asi que asumo todas mis faltas..Desde niña siempre me gustó ser observadora y muy pocas veces protagonista y de alguna manera sentia que alli formaría parte de un espectaculo....no se...digamos mejor que estaba cansada y listo! jaja...Pero me parece genial que la gente se divierta y disfrute de esas fiestas...Me hubiese gustado mucho "verlo"...
Besos a las dos!
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mel_ss dice:
Sencillamente espectacular!!! La próxima escritora de viajeros.com!!! ![]()
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Gigi76 dice:
Noooo nooooo yo tamb queria verte en la fiesta!! es u nrecuerdo muy lindo que tengo de Amantaní!! q lindo tu relato amig!!! me encantóoooo estoy recordando mi viaje!!! buuuuu y pronto ya será 1 año en donde pise ese lindo lugar!! q rápido!!
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Buganvilia dice:
Que buen relato!, siempre he querido conocer el Titicaca, pero ahora lo unico que quiero es ir a la Isla Amantaní!! que fotos más lindas...esos colores del altiplano son maravillosos,
slds
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MARCEDIAZ dice:
Tienes dotes para escribir..me hiciste sentir alli...
Yo tambien me senti asi por la altura cuando fui a las lagunas altiplanicas en Chile...
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madeinperu dice:
sin palabras....BELLISIMOOOO|!!!
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punger dice:
Gracias chicas!!...no tengo palabras para seguir agradeciendo que me lean...sin duda es un incentivo para seguir haciendolo....
Abrazos!!
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DairoSan dice:
Buenas de nuevo; leyendo este relato lindo me asalta una duda :
¿ Cuánto consideran ustedes justo pagar por el alojamiento a las familias de Amantani y cómo y cuándo se hace ? ... Es que yo para hacer mercado y llevarles depronto me da pereza o se me olvida.
Un saludos y hasta pronto.
DS
Publicado
Xtian dice:
Muy lindo relato...espero hacer el recorrido cuando vaya a Puno.
Saludos.
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Capítulos de este diario
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Puno - Corazón del Folclore Peruano
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Islas de los Uros - Pequeños mundos flotantes
Lago Titicaca, Perú | 1 de abril de 2009
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Isla Amantaní - Paraíso de la Flor Kantuta
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