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Ecuador

Escribe: dgdb
Mi esperado viaje, comienza en Ecuador y espero se extienda por todo el continente sudamericano o incluso... En apariencias otro día mas pero no era así, llego el día de partir.La mañana amaneció gris y salí de la cama con pereza (ya que era la última mañana en MI CAMA) me disponía a rematar los asuntos pendientes, preparar la furgo para su nuevo dueño y algún papel que tenia pendiente...

 

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Una visita rapida

Lago Agrio, Ecuador — sábado, 13 de febrero de 2010

El despertador sonó a las 09.00, teníamos que aprovechar el día, ya que era el único que pensábamos estar por aquí antes de dirigirnos a Tulcán, frontera con Colombia.
 
El gallo ya llevaba un rato despierto, seguía intentando recuperar cosas del ordenador.
Sobre las 10.00 bajamos a desayunar a un hotel cercano y allí le estuvimos preguntando un poco al camarero sobre que podíamos visitar de la ciudad y él andaba más perdido que nosotros.
 
Luego en la calle, fuimos en busca de la cámara de turismo, por si estaba abierta y le preguntamos a unos policías metropolitanos, pero ni ellos sabían donde estaba. Ya nos imaginábamos que o lo hacíamos por nuestra cuenta, o lo teníamos claro.
 
Gracias a un callejero que conseguimos a través del hotel y otro que traíamos desde Coca, nos ubicamos y nos fuimos en busca del parque de la laguna Julio Marin. Estuvimos esperando en la parada del bus, cerca de media hora hasta que llegó, 0.25$ cada uno, como casi todos los interurbanos.
 
Llegamos a la laguna y vimos que no era nada más que eso, una laguna con un paseo alrededor y se podía dejar los datos el la garita del guardia y coger un pequeño bote y darse un paseo por ella.
 
Como yo ya estaba sudado, le dije a Javi que me limitaría a sacarle fotos mientras el se daba una vueltita y así fue. Justo cuando estaba en medio de la laguna se puso a caer un aguacero de narices y el gallo ahí en medio, jejeje que casualidad.
 
Yo me di una vuelta a la laguna y de paso saque alguna foto. El gallo convenció a unos chiquillos que le miraban mucho y los invito a seguir con él el paseo hasta la otra orilla.
 
Cuando llegó a la orilla, ya había dejado de llover, así que nos quedamos charlando con el guardia un buen rato mientras esperábamos que el bus volviera.
 
Tomamos el bus y pusimos rumbo a la terminal para informarnos de cómo ir a Tulcán desde aquí. Solo había dos horarios, 10.30 y 22.40. Ninguno de ellos nos parecía cómodo, así que nos sentamos a tomar una cerveza mientras estudiábamos las posibilidades.
 
Decidimos salir de noche así que regresamos al hotel para ver que pasaba con el equipaje de mientras. Le ofrecimos a la mujer pagarle la mitad de la habitación por estar en ella hasta las 21.00 y accedió, así que subimos a la habitación a relajarnos un rato, el día no estaba despejado pero el calor era agobiante.
 
Estuvimos un par de horas a la bartola esperando que pasara el calorazo y volvimos a cambiar de planes, en vez de ir a Tulcán directos, pararíamos en El Dorado de los Cascales, para hacer allí otra noche y así visitar la cascada de San Rafael, (vía Baeza) que es famosa por sus 150 metros de caída y después ya subiríamos a frontera.
 
Como el calor ya no era tan intenso, salimos a pasear por la ciudad y la verdad es que poco a poco nos la pateamos casi entera de parque en parque. Nos sentamos en el parque de la madre a descansar un rato, mientras veíamos a los chiquillos como se mojaban entre ellos y a los viandantes, pues es carnaval y aquí lo que se lleva es empapar al que te encuentres. Había un grupo de jóvenes que estaba dando vueltas por la ciudad, subidos en la parte trasera de un camión, con un depósito inmenso de agua y llenaban calderos de agua y reza para que no te coja. Había que ir andando por las calles mirando a todos los lugares.
 
Luego nos cruzamos hasta el municipio y allí nos sentamos en otro garito a tomar una cerveza fresquita y seguir viendo las mojaduras de la gente. Los que peor suerte tenían eran los motoristas (aquí hay muchísimos) ya que se comían desde globos de agua, hasta calderos desde los tejados.
 
Tras unas buenas risas y conversar un rato, regresamos al hotel a soltar las mochilas, decirla que al final nos quedamos a dormir y buscar algo para cenar.
 
Como de costumbre, a la hora de la cena no encontramos comedores que nos agraden, así que otra pateada de narices hasta conseguir algo medianamente dentro de nuestra apetencia.
 
Ya con el estomago lleno regresamos al hotel, como este ya llevaba una buena sesión de ordenata, lo cogí yo para ponerme al día con los diarios y antes de que me diera cuenta, el gallo ya roncaba.
 
Yo me lié hasta media noche y aun tenía que preparar la mochila para mañana, así que buenas noches.

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