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El altiplano, la Sudamérica del color

Escribe: Alcione2
Por fin encontré un título para este diario de viajes; ahora iré publicando capítulo tras capítulo aquí. Recorro el altiplano conociendo su cultura, sus costumbres, su historia; la vida de las gentes del lugar, y todo lo trato de graficar con palabras e imágenes que espero compartir para distracción de los lectores y utilidad de quienes quieran viajar a estos lugares en el futuro.

 

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La Diosa Gruyère

La Serena, Chile — lunes, 31 de enero de 2011

En cuanto llegué a La Serena, me puse a buscar una batería para mi cámara fotográfica. Esto es algo que hay que tener en cuenta cuando se viaja a Chile: en las provincias, fuera de Santiago, es difícil encontrar baterías de cámaras y cargadores. Estuve dando vueltas y vueltas durante dos horas y no conseguí nada. Tenía que seguir con las dos baterías de siempre. Desde ahí me dirigí a Coquimbo, una de las ciudades de Chile que más me ha gustado; el pasaje desde La Serena cuesta 500 pesos, un dólar; quería recorrer sus calles y sus escenarios geográficos y humanos otra vez, como hace casi exactamente dos años.

La micro te deja en el centro de la ciudad, tan activo, tan expresionista debido en parte a su estrechez, pues está acosado muy de cerca por los cerros tapados de viviendas. Las calles son estrechas, las veredas también, no hay una avenida que lo cruce o lo surque; eso es parte de su atractivo. No hay que perderse la oportunidad de trepar alguna de esas calles, para, desde arriba, obtener hermosas imágenes de la Bahía de Coquimbo. Lo que podría llamarse el centro de la ciudad sería la Plaza Aníbal Pinto; siempre hay algún espectáculo ahí.
Lo imperdible en Coquimbo es su mercado de mariscos, un espectáculo por completo.

Es el mercado más activo y bullicioso que conozco: gente gritando sus productos, ofreciéndoselos a los transeúntes, todo impregnado de un fuerte olor a productos del mar; músicos cantando en el pasillo, borrachos durmiendo en el pasillo, semiebrios tratando de esquivar cosas imaginarias, mesas de restaurante colocadas al paso; los locatarios se molestan mutuamente, juegan casi como niños a vista y paciencia de los extranjeros; creo que para tener un puesto ahí, no se puede haber tenido problemas con la policía nunca. Estos locatarios y muchos de los clientes de este popular y barato mercado, pertenecen a una clase social que no vive para trabajar como la clase media, ni menos tiene los defectos de la oligarquía; pero tampoco tienen los defectos del lumpen, por que no lo son; es gente de esfuerzo cuya alegría y humor irónico ojalá entendieran todos los extranjeros.
Y todo en un espacio reducido y apretado, que hace que todo esté más presente. Luego el mercado desemboca en el muelle, donde se pueden abordar catamaranes para recorrer la bahía; a veces hay un espectáculo de lobos marinos allí, pero aunque no sea así, siempre hay mucha gente paseando entre los locales de artesanía y las empresas de turismo. Subirse al catamarán es toda una experiencia; es la tercera vez que lo hago. Se puede disfrutar de la navegación, mientras el guía-showman cuenta historias de Coquimbo; desde la bahía, la ciudad es una postal. Se pasa cerca de una isla donde sólo habitan lobos de mar; luego se entra un poco al mar, donde el catamarán se vuelve loco, salta y parece que se lo va a tragar una ola o que se va a hundir. Luego retorna tranquilamente.

Contraté un tour al Observatorio Astronómico Mamalluca, con la empresa Sottur, que se portó muy bien, puesto que realizaron todo tranquilamente; pasamos por Vicuña, ciudad donde estuvo haciendo
clases Gabriela Mistral, y lugar también donde se compran los tickets para subir al observatorio. Allí paseamos un rato por la ciudad a oscuras, muy bonita, el centro muy arreglado. Luego viene la subida hasta el observatorio; allí te reciben con una explicación, una disertación en PowerPoint; tiene una dificultad mediana, la gente que asiste tiene que saber algo de astronomía básica para entender. Yo tenía la actitud de un niño cuando le están contando un cuento. Luego se pasa a la sección de “Observación directa”, es decir, se va a la terraza a observar el cielo. Esta es la mejor parte. Nos tocó un tipo muy motivado por la enseñanza del tema; lo bombardié con decenas de preguntas, cuyas respuestas absorbí cual esponja.

Me entusiasmé por asistir un día en que no haya luna llena, puesto que es una experiencia totalmente distinta. Pero ese día había una luna redonda y grande, que infructuosamente trataba de captar con mi cámara. Observando a través del telescopio se veía maravillosa, era como estar ahí, se veían sus cráteres con toda claridad. Después observamos Júpiter, un planeta del cual había estado estudiando durante varios días, y ahora lo tenía frente a mis ojos, casi en directo, una imagen maravillosa, llena de misterio; ahí estaba el gran planeta de gas, se le podían notar algunas líneas; lo más extraordinario era que aparecía sereno y majestuoso junto a 3 de sus satélites.

Impresionante. También observamos cúmulos de estrellas y nebulosas. No estaba para nada satisfecho con los resultados de mi cámara, hasta que pensé que el zoom del telescopio quizá tendría muchas más “x” que mi modesta camarita. Pregunté si se podía colocar mi cámara en el lugar donde uno observa la luna, y comencé a sacar algunas fotos extraordinarias, hasta que apareció grandota y redonda nuestro satélite. Después de un largo rato de concentración, muy necesaria, logré sacarle una foto a Júpiter y sus satèlites; no lo podía creer; sé que muchos no lo entenderán, pero siento una atracción especial por la astronomía, que no puedo satisfacer por que tengo otras atracciones; pero cada vez que he venido a estos observatorios me he recreado como loco. Luego despedimos la noche con música andina.

Al otro día me dirigí a Andacollo, para conocer este pueblito tan religioso, que recibe a tanta gente para las fiestas de la primera semana de Octubre y para Navidad. Resulta que aquí, en donde está la Iglesia, se le apareció la virgen a un poblador aborigen, lo que motivó una gran veneración por parte de toda la región del norte chico. Lamentablemente, había un museo arqueológico pero según me
informaron, estaba cerrado hace varios días. Pero de todas formas pude ver en el museo de las donaciones, parte de lo que ha recibido como ofrenda la virgen, de parte de mineros, países, organizaciones, etc.

El pueblito es polvoriento y como cada vez llueve menos, sus canales y ríos están secos y es una ironía que una de sus avenidas se llame “Costanera”; está a gran altura, considerando que está cerca de la costa. Nadie pensaría que en ese lugar, después de subir una cuesta muy, pero muy larga, aparecería detrás de un cerro, a más de 1.000 metros, en la cordillera de la costa, un pueblo que prácticamente gira en torno al turismo religioso y profano.

Al retorno me esperaba un nuevo tour a otro observatorio astronómico, Collowara. En este caso la atención por parte del guía-chofer también fue excelente; mientras maneja va explicando la formación de la ciudad de Coquimbo, la historia de sus distintos barrios, la formación de haciendas, de pequeños trapiches, los nombres de los lugares por donde pasamos. Así llegamos hasta el observatorio. Nos recibieron con un video en el que explican más o menos lo mismo que en el observatorio anterior. Después subimos al telescopio de la cúpula giratoria; otra vez pude ver Júpiter, pero en otra posición, mostrando de forma distinta sus satélites; otra vez hice preguntas, dudas que me quedaban del día anterior; otra vez me entusiasmé como niño en juguetería.

También vimos las Tres Marías y cúmulos de estrellas. Pero allí no dejan sacar fotos utilizando como zoom el telescopio. Bajamos a la terraza a observar constelaciones y la que seguía siendo la protagonista de aquellos días: la luna llena. Aquí sí que pudimos sacar todas las fotos que quisimos de la luna; es un poco difícil hacer calzar bien el objetivo de una cámara con el del telescopio, por eso algunas fotos salen mal, pero después de mucho intentarlo se logran fotos espectaculares.

Al día siguiente debía partir a San Pedro, pero antes me dediqué a pasear por La Serena. Visité la antiquísima iglesia de San Francisco y subí a la parte alta de la ciudad, hasta llegar al regimiento, desde donde se pueden tomar las mejores fotos panorámicas; luego bajé a almorzar a “La Recova”, el mercado central de la ciudad, donde siempre está lleno de turistas y locales; allí se venden artesanías, ropa, comida, libros, y también se puede comer en un restaurant. Escogí uno desde donde pudiera observar el mercado; desde un balcón se escucha todo el ruido de la gente que lo recorre, se ven los niños jugando con la fuente de agua, los adultos haciendo lo mismo, los turistas sacando foto a todo lo que se puede, los mercaderes gritando; es como una puesta en escena en vivo y en directo, pero sin director.
Tenía muchas horas de viaje hasta San Pedro. Iba pensando y mirando las fotos… lo más extraño que se me ocurrió, al ver las fotos de la luna, es ¿cómo podemos estar tan seguros de que no es una Diosa?

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Últimos comentarios

buvar dice:
Me gusto tu pasada por Serena y tambien que hayas disfrutado de Coquimbo, un puerto, a mi juicio con muchos atractivos. Te sigo a San pedro.
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anilou dice:
me dejo llevar por el ritmo y riqueza de tu relato....
Publicado

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La Diosa Gruyère, vista a través del telescopio de terraza del observatorio Collowara.

   

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