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La Rochelle (Francia)

Escribe: Malogarcia
preciosa localidad situada en la costa atlántica francesa, que goza de agradables veranos, tiene bonitas playas en la contigua Isla de Ré, y un ambiente callejero que deja buen recuerdo a todos sus visitantes.

 

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Capítulo 1
 

Capítulo 1

La Rochelle, Francia — viernes, 21 de agosto de 2009

Al pasar la frontera que separa España de Francia, comienzo a percatarme de que  estamos en un país con una diferente cultura de conducción por carretera. Cuanto más subo hacia el norte, más cómodo me siento en el volante y en ningún momento me encuentro en la situación habitual de conducción agresiva y con otro coche demasiado pegado a mi maletero, o metiéndole las luces para que me aparte. Las autopistas francesas tienen muchas áreas de descanso, en algunos casos las he visto cada 7 ó 9 kilómetros, y muchas de ellas con servicios y agua corriente.

El paso de la frontera también nos hace notar en que en Francia la gasolina es en estos momentos como un 50% más cara que en España, lo que repercute demasiado en nuestra economía cuando se trata de recorrer unos 3000 kilómetros. Tenía miedo de pasar por Burdeos y resultó mucho más fácil de lo previsto, pues la circunvalación, que podría equivaler a la famosa M-40 de Madrid, es particularmente bonita en cuanto a que el hormigón está disimulado por muchas plantas y árboles y la circulación –abundantísima- es sosegada y la convivencia entre vehículos no resulta tan estresante como en las grandes ciudades españolas. Se necesita saber con antelación la salida que hemos de tomar para no encontrarnos con sorpresas desagradables al pasarla de largo.

Desde Burdeos a La Rochelle es una autovía gratuita muy agradable de utilizar, ya que tiene muchísimas áreas de descanso. Nosotros paramos en una que tenía sombra y a la vez era un observatorio de aves. Al poco de abandonar esta área de descanso, ya llegamos a La Rochelle. En esta localidad, contratamos un hotel que está a tres kilómetros del centro urbano y que resultó todo un acierto, pues al estar en pleno campo tenemos un aparcamiento gratuito, no hay ruidos y además posee en su planta baja un restaurante muy bueno y económico en el que se puede cenar en una terraza que hay en el exterior. Las habitaciones son sencillas pero limpias, y el desayuno buffet resultó bastante correcto y variado. Después de asearnos, fuimos en coche al centro urbano y tras dar muchísimas vueltas, logramos aparcarlo en una especie de plazoleta. Hay que señalar que en este lugar el aparcamiento es difícil y de pago.

Para empezar, se confirmó la impresión que habíamos tenido ya por la autovía de que la sensación climática era de pleno verano, a pesar de ser un 28 de abril. Nos encontramos con una temperatura de 29 grados y unas calles llenas de gente en pantalón corto y sandalias que nos miraban con asombro, ya que íbamos vestidos muy serios y con ropa de invierno. En el caso de mi mujer, toda de negro. Menos mal que en este lugar ya conocieron hace siglos al Cardenal Richelieu y a la Inquisición. La playa tenía mucha gente, como en pleno verano. Nosotros dimos nuestra nota de negro en medio de tanto bañador de colores y sombrillas. Después de mirar con envidia tanto cuerpo bronceado, paseamos por las murallas y llegamos al puerto, donde la animación es extraordinaria. Hay muchos puestos de chucherías y frutos secos, pero a unos precios que se pasan bastante de lo acostumbrado para nosotros.

Con nuestra negra ropa y de pie en una acera corríamos riesgo de que nos confundiesen con unos mimos actuando, así que preferimos sentarnos en una de las numerosas terrazas que hay en el puerto. Era difícil coger sitio y cuando lo logramos nos atendió un camarero (otro que vestía de negro como nosotros), con el que yo intenté entenderme, dada mi ignorancia en idiomas, expresándome en un rústico francés. El camarero no me entendía y menos mal que mi esposa me dijo que me dirigiese a él en español porque me comprendería mejor; entonces fue cuando me di cuenta de que el camarero era ecuatoriano. Resuelto el problema de idiomas, nos dedicamos a disfrutar de la entretenida vista que ofrecen estas terrazas, que están animadas por muchísimos músicos callejeros que pululan por ellas. La verdad es que al cabo de un rato, ya empieza a cansar el tener un acordeonista pertinaz dando la coña en la mesa. A través de un precioso arco entramos en el casco viejo de la ciudad, que se recorre pronto.

Especialmente hermoso es el edificio del Ayuntamiento, situado en una plaza. La Rochelle tiene una larga calle que al anochecer se llena de mesas en las que se puede degustar un buenísimo marisco con unas cartas de vinos franceses excelentes. Eso sí, la cartera puede quedar muy delgada después de pagar estas distracciones. A lo largo de todo el puerto hay muchas terrazas, pero algunas de ellas no ofrecen la calidad de vida en cuanto a atención y limpieza. El auténtico espectáculo de esta localidad son sus paseos y animadas terrazas, los músicos callejeros, los jardines y mansiones de las afueras, su casino y las cenas nocturnas en medio de la calle, hacerse fotos en sus murallas y faros, y si el tiempo alcanza, llegarse a la isla de Ré, que podría decirse es una visita obligada. También hay otros entretenimientos, como un museo oceanográfico que dicen que es muy interesante.

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Últimos comentarios

un viajero dice:
Es una bonita zona de Francia, espero poder ir algún día. Felicidades por el diario.

Un saludo

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Malogarcia dice:
es una localidad con muchos recursos, a la que volveré el 24 de septiembre
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babydollspain dice:
Ninguna anécdota que contar "extraña"¿¿¿ Me tienes muy mal acostumbrada jajajaja
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Malogarcia dice:
no lo leiste bien, porque aunque sencilla, tengo la anécdota del acuatoriano
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pibaes dice:
si y que por cierto es muy buena, encontrarse con otro señor de negro e intentar que entendiera tu francés cuando era ecuatoriano....jejejee..tu mujer tiene buen ojo....jejejeje...las fotos son muy bonitas, la verdad es que no me extraña que todo el mundo os mirara...jejejeje...ibais muy negros para ser casi primeros de Mayo, mejor que sobre que no que falte..jejeeje....si la visitas en septiembre no dudes en contarnos tus aventura.s..
Un abrazo

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un viajero dice:
Muy lindo el paseo!!!! qué suerte que les tocó con calor...bueno por lo menos yo lo prefiero...Me encantaron esos fuertes o castillos, tomar fotos en las murallas...y el puerto!!!!....
Bueno, si había que llevar billetera abultada, hubiese sido bueno contar con la amistad de aquella dama de venezia. la que regala relojes y zapatos de cuero... no????
saludos Marino!!!

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Malogarcia dice:
no confundas los papeles Graciela, que yo ya no estoy para damas como la de Venecia. Ahora me toca a mí hacer regalos e ir con jovencitas. Casi lo tengo todo a punto. Sólo tengo que esperar a que me toque la lotería para tener liquidez y poder pagar los caprichos de las nenas.
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