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El hombre propone y Dios dispone

Escribe: Cebre
No siempre lo planeado sale como uno quiere, a veces sale mejor

 

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El caso del odontólogo Barreda

La Plata, Argentina — sábado, 11 de diciembre de 2010

Por calle 48 comenzamos a caminar, con el paraguas en mano, por las dudas que otra vez el cielo jugara con nosotros y largara por unos minutos, esos inmensos gotones, para mojarnos apenas y luego sonriera celeste, como si nada.
Al llegar a la cuadra de 48 entre 11 y 12, pasamos por un frente oscuro, debido al paso del tiempo sin que lo tocara un pincel o una hidrolavadora.
También los grafitis, contribuyeron a aumentar la negrura propia del alma de esa casa, del sabor amargo que le quedara, después de la muerte de todas las mujeres que la habitaban; a manos de Ricardo “Conchita” Barreda, el domingo 15 de noviembre de 1992.
Ese maldito día, discutió como tantas otras veces con Gladys Mc Donald, su mujer. Tomó la escopeta calibre 16,5 que le había regalado su suegra y asesinó a las cuatro mujeres que vivían con él en esta casa: su hija Adriana, de 24 años, su esposa, su suegra y su otra hija Cecilia de 26.

Más tarde, después de ir al zoológico y al cementerio, volvió a revolver la casa, para simular un asalto y salió nuevamente, como cualquier otro día, a encontrarse con su amante, Hilda Bono. Estuvo con ella dos horas y media en un hotel alojamiento. A la noche, fueron a comer pizza y la acompaño hasta su casa.
Tres días después, la Policía lo detuvo. Fue condenado a reclusión perpetua en el juicio oral y público con mayor audiencia de la historia penal argentina; por el delito de triple homicidio calificado y homicidio simple.
Ya en la cárcel, dijo: "Lo volvería a hacer porque vivía en un infierno y me tenían loco". Durante el juicio oral, el odontólogo quiso justificar su brutal comportamiento: "eran ellas o yo", declaró. Según su abogado defensor, Carlos Irisarri, hoy el odontólogo sigue pensando que "si no las mataba, ellas lo hubieran matado a él".

En muchas páginas encontrarán la historia completa de este caso, que dio que hablar a toda la ciudad y en este momento a nosotras, que nos detuvimos en el frente, a sacar fotos, mientras yo le contaba a mi hija, lo que sabía del tema.
En una, están las sombras chinescas desde su calabozo, que representan sus crímenes y sobre los que habla con total desparpajo.  
No creo que sean las mismas en las que se inspiró Serrat.

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Esta es la casa de Ricardo "Conchita" Barreda, habitada para amar y formar una familia, que el odio destruiría

   

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