Diarios de viaje > América del Sur
Presentes de lucha, pasados de gloria: Un viaje a través del tiempo, la resistencia y la libertad
Escribe: osorojo
La mística y el sentir revolucionario de una Bolivia que resiste y construye. El impacto frente a esa maravilla que es el Lago Titicaca. La sensación de quedarse sin palabras en cada centímetro del magnánimo Cusco. Sus calles esconden una historia y una cultura riquísimas. Machu Picchu, qué más agregar. Sólo contemplarlo con ojos bien abiertos, corazones dispuestos a latir y alas desplegándose para volar. Un sinfín de imágenes junto a la persona que más amo en el mundo. Un...
Que viva el SÍ
La Paz, Bolivia — domingo, 25 de enero de 2009
Los osos despertaron con sonrisas, y como sería costumbre a partir de ese entonces, con Maruchi anticipando a SeSe, debido al efecto sol a través de la ventana que claramente no afecta el sueño del escritor. Caminamos intensamente a lo largo del día con varias paradas, algunas acordes al horario y otras de acuerdo a la fiesta popular. Primera estación: desayuno. Previa: diarios La Prensa y Hora 25. En el acogedor bar donde nos sentamos, tomamos café con leche y dimos paso a las lecturas periodísticas, encontrándonos con un periódico ¿trostkista? que titulaba que el poder trasnacional quería dividir Bolivia en dos naciones, la Camba y la Kolla, y con otro que sin duda alguna, se ubicaba en rol de oposición al gobierno, desde un perfil de centroderecha, al estilo La Nación de Argentina. Después de las fotos que retrataban el lugar, salimos y continuamos nuestro intenso recorrido.
Fue un día de consumismo gráfico: Cambio, el pasquín oficialista (con 4 días de vida), Le Monde Diplomatique edición boliviana (con dossier acerca de los 50 años de la Revolución Cubana) y tres ediciones de Pukara (una de ellas para el amigo Ricky), el órgano de prensa cuyo subtítulo ambiciona alto: cultura, sociedad y política de los pueblos originarios. Licuaditos, Plaza San Francisco, Iglesia San Francisco (con que tiene un poco de oro y plata, no?), Avenida del Prado, Feria de la Alasita 90% cerrada, Avenida del Ejército, vista externa del Estadio Hernando Siles (donde la pelota no dobla) y segunda estación, almorzando un menú típico consistente en sopa y segundo (que no recuerdo si era milanesa).
Allí no sólo comimos, sino que también hicimos descansar nuestras piernas que, a no olvidarlo, se movían a 3600 metros de altura. Un mini Tiwanaku enfrente del imponente estadio, puentes que unen, Avenida Bolívar, un sol que rajaba la tierra, Avenida Camacho, el Illimani que nos observa tan nevado como sublime, el hostel que espera a los osos para brindarles su confortabilidad traducida en cama, dando paso a la tercera estación: una mini siesta a la espera de la boca de urna, cerrados los comicios. Al abrir los ojos, con el ingreso del solazo ventanal (que esta vez si repercutió en el oso), y luego de desperezarnos entre mates y tecito (Seba aún no cagaba), salimos a rodar nuevamente con un destino recontradefinido, la cuarta estación: Plaza Murillo. Allí, la expectativa era escuchar el discurso de Juan Evo Morales Ayma tras los datos que revelaban un triunfo importante en el referéndum (60-40 anunciaban los medios; los datos oficiales a lo largo de los días ampliarían el 60 a un 63 aún más contundente) acerca de la nueva Constitución Política del Estado y también respecto del límite de 5000 hectáreas para la tenencia de tierra.
La Plaza vibraba tímidamente entre una manada de fotógrafos oficiales y aficionados, una escasa multitud (la prensa hablaría luego de apenas 2000 personas) que mezclaba partidarios y turistas fervorosos, poseedora de un color inigualable propio de la combinación whilpala-bandera boliviana y el armado de una carpa que actuaría de escenario musical. La espera fue bastante larga pero se matizó relajadamente. Con la llegada de un auto al palacio de gobierno se armó un revuelo con el ingreso de personas al mismo, quizás era Evo y quizás milagrosamente le sacamos una foto, nos movimos con La Negra hacia un costado para fotografiar a la gente y un policía nos preguntó con escasa amabilidad si éramos de prensa, para, ante una inaudible respuesta negativa, invitarnos a salir del cerco; compramos whilpala para casita y bufandas al por mayor, foto por supuesto de los osos festejando, encuentro con Damián y Denise (parejita del MST, que venía viajando desde principios de enero); mensajitos de mucha alegría y "sonrisas que no entran en la cara" a la gente querida, cánticos de canciones proselitistas y emoción al por mayor con el grupo Kjarkas sonando de fondo en los altoparlantes. De repente y cuando el clamor popular se empezaba a sentir al grito de "Ole, ole, ole, ole, Evo, Evo", salió al balcón el primer presidente indígena de la historia de Bolivia, aquel que proclama (e intenta llevar adelante) una Revolución democrática y cultural en su país, acompañado de su vice y suponemos, del resto del gabinete.
Primeramente, el himno boliviano con la derecha en el corazón y el puño izquierdo alzado; y luego llegaría la hora del discurso, que ha sido atesorado en el grabador de periodista de Maru, donde Evito aseguró el triunfo y descartó cualquier noción de empate (más allá de que la disputa regional mantenga una división pronunciada) a su vez que anunció todo el peso de la ley para aquellos que desobedezcan al nuevo andamiaje constitucional del Estado.
Por otra parte, siento que fue muy medido (y hasta contradictorio) cuando sostuvo que había que aceitar la coordinación con alcaldes y prefectos para la aplicación de la CPE (no sé si refería a los propios o a los ajenos, con lo cual se abren dos posibilidades, ambas negativas: 1) si es a los primeros, expone las debilidades del MAS en referencia a su alarmante falta de cuadros o a la incapacidad política de algunos de ellos; 2) no hay nada que coordinar con la medialuna con respecto a la aplicación de la Constitución, se aplica o se aplica) además de que para mi gusto, la sensación a menos de lo que se esperaba - de lo que esperaba el oficialismo - provocó una baja exaltación de la victoria del tipo "les rompimos el culo", cuando considero que, les vienen sacudiendo el traste a lo lindo.
La emoción mayor se dio con el "Patria o muerte" final que concluyó al grito de "Venceremos". Poco después, llegó el turno del baile al ritmo de música nativa, conducido el pseudo festival por un animador muy jolgorioso, que vociferaba con una prepotencia simpatiquísima algunas conquistas del gobierno moralista, luego traducido parte de su hablar en quechua y aymara. Se subieron unos franceses al escenario, que musicalizaron la noche con ritmos balcánicos, al estilo Kusturica y luego de dos canciones de los galos, comenzamos la retirada. Queríamos sentarnos a cenar por primera vez en el viaje aunque antes de pegar el giro a la Plaza le compramos a una señora un poderoso y picante choripan. En el camino al hostel hallamos todo cerrado, pero media vuelta a la cercana Plaza San Francisco y nos sentimos atraídos por el olor de un puesto donde nos compramos "eso" (así le pedimos a la señora), que era un sanguche con carne, papitas, cebollita y algo más riquísimo, y la famosa salchipapa. Acompañamos con agüita grande y comimos poco después de las 22 (sí, bien temprano, como se haría usual de allí en adelante) en la mesita del patio hostelino.
Celebrando todavía el SÍ y atravesados por un hecho histórico en tiempo presente, nos dormimos abrazados, soñando con esta nueva Bolivia que se construye día a día y con imágenes imborrables de un anochecer emblemático y encantador.
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Publicado el 12/may/2009, 22.18 |
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Últimos comentarios
Graveran dice:
Buen diario, me gusto.
Publicado el 18/may/2009, 21.15
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