Diarios de viaje > América del Sur
Presentes de lucha, pasados de gloria: Un viaje a través del tiempo, la resistencia y la libertad
Escribe: osorojo
La mística y el sentir revolucionario de una Bolivia que resiste y construye. El impacto frente a esa maravilla que es el Lago Titicaca. La sensación de quedarse sin palabras en cada centímetro del magnánimo Cusco. Sus calles esconden una historia y una cultura riquísimas. Machu Picchu, qué más agregar. Sólo contemplarlo con ojos bien abiertos, corazones dispuestos a latir y alas desplegándose para volar. Un sinfín de imágenes junto a la persona que más amo en el mundo. Un...
Pasajero(s) en trance
La Paz, Bolivia — viernes, 23 de enero de 2009
El trayecto en el taxi se desarrolló sin inconvenientes por una ruta despejada con la única y brevísima interrupción que implicó comprar una Villa del Sur naranja en un kiosco, previa subida a la autopista. A las 16:30, tal como había propuesto, arribamos al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Mientras mi viejo desesperaba por un instante debido a la pérdida (que no fue tal) del papel del estacionamiento y Maru ya bajaba para sacar la mochila del baúl, quien escribe hurgaba en su morral en pos de trasladar al bolsillo de su pantalón los papeles necesarios para volar.
En el transcurso de lo que pudieron haber sido unos larguísimos segundos llegué a una cruel y tristísima verdad: no tenía el pasaporte conmigo. Maru no lo podía creer, mi viejo sufría un verdadero ataque de nervios y qué decir de mí, buscaba todos los adjetivos posibles para vapulearme, además del leve asomo de unas lágrimas en mis ojos. Ante semejante cuadro de situación había que apostar a la calma. Y ahí apareció Maru con su ponderado sentido práctico de las cosas para buscar una solución. Salimos corriendo hacia adentro del aeropuerto mientras mi viejo esperaba con los equipajes puertas afuera. Al ingresar al mismo, nos topamos con las otras 3 personas que venían a despedirnos - ojalá - : Fidelina (la mamá de Maru), mi vieja y Norberto. Saludos rápidos y semi angustiantes; y con el corazón en la boca, era el momento de preguntar. Seba no podía con su alma así que Maru cargó con toda la responsabilidad. Tanto en TACA como en Migraciones obtuvimos la respuesta que nos satisfacía: no era requisito necesario el pasaporte para ingresar a Perú. De cualquier manera, la excelente noticia no me relajaba del todo.
En tanto que Fide, mi vieja y Norber bancaban la parada, fui tras mi viejo y el equipaje. Decisión tomada: los osos acelerarían los trámites y mi viejo iría maratónicamente en busca del pasaporte (seguramente en el cotidiano morral verde que acostumbro a usar y que esta vez se quedó porteño). Por si no llegaba a tiempo, entró al Ministro Pistarini y nos saludó a ambos. Ya realizado el check-in vía Internet, acortamos un paso, descargamos los equipajes en la balanza juzgadora, abonamos la tasa de uso aeroportuaria de U$S 18 por cabeza y descubrimos que no teníamos nada para declarar en AFIP. Faltaba poco y nada. El trío de despedidores se sentó en uno de los carísimos establecimientos del "no lugar" y con La Negra les seguimos los pasos. La subsiguiente etapa implicaba adiós definitivo ya que ingresábamos en zona exclusiva de pasajeros. Siendo las 17:30 mi viejo me confirmó que el pasaporte estaba en mi fucking morral y generó el primer alivio de la jornada. Sería recién el primero. Peligrosamente se aproximaban las 18, horario más que razonable para realizar los pasos finales antes de abordar: control de equipaje de mano y trámite migratorio. Había que darle una oportunidad a mi viejo, que había apostado todo por la hazaña y que no estaba lejos. Aunque Maru pensase razonablemente: "ya zafamos de ésta, no podemos ser tan boludos de perdernos el avión por un pasaporte innecesario".
Por suerte, mientras nos sacábamos unas fotos de despedida, y tras 2 breves llamados inquisidores, vimos subir a mi viejo por la escalera mecánica (nos encontrábamos en el 1er piso). Completamente transpirado y visiblemente agitado, se merecía el abrazo gigante que Maru y su hijo le propinaron antes de partir. Fue muy conmovedor su gesto provocando las gracias totales y la emoción. El pasaporte ya estaba en mi mano, más allá de que hasta ese momento era una forma de decir, dado que Maru llevaba - inspirándome en la seguridad y la confianza que generaba en los dos - toda la papelería correspondiente. Rápidos adioses al resto y adentro. Sólo quedaban los osos rojos. Sencillo chequeo del equipaje de mano, larga pero veloz cola de Migraciones y camino a la puerta 9. El Airbus nos esperaba grandilocuente y expectante. Siendo las 18:30, comenzaron a llamar a los pasajeros, de atrás para adelante, para que aborden el vuelo.
Teníamos asientos en la parte de atrás del aeroplano, más precisamente en la fila 27. Ventana para Maru y a su lado, el autor de este diario. Diecinueve diez, tras el ingreso de todos los pasajeros y las indicaciones de seguridad por parte de las azafatas el avión comenzó lentamente a moverse por tierra. El aviso del capitán fue la señal apropiada: estábamos a punto de despegar. Larga carrera por la pista a toda velocidad, y de repente, las alas adquirieron su máxima fuerza y esplendor para dar lugar al vuelo. Dejábamos atrás Buenos Aires. Para no extrañarla tanto, la miraríamos un rato desde bien arriba. Bien alto, como diría La Renga. Vendrían algunos momentos visuales maravillosos, como por ejemplo la vista casi nocturna del desierto de Atacama, sobrevolando Chile. La comida del Airbus consistió en tallarines con una micro-ensalada, un alfajor Cabsha de postre y cada uno de los osos se tomó una copita de vino.
Excepto la bebida, todo lo demás inmerso en un simpático pack. Poco después una segunda tanda nos ofreció de beber nuevamente, eligiéndome un ron con Coca mientras que la Osa optó por un sano jugo de durazno. Dormimos algo y a las 20:45 hora de Lima, Perú (3 horas menos que en la Argentina del Este), adonde volveríamos sobre los capítulos finales del viaje, aterrizamos por primera vez - y exitosamente - en nuestra historia. En el gigantesco aeropuerto limeño, paraíso de la conectividad latinoamericana, nos convertimos en pasajeros en tránsito, nos chequearon otra vez el equipaje de mano (esta vez teniendo que sacarme el cinturón y poniendo el mp3 y el celular en la caja deslizante) y esperamos el nuevo abordaje, entre observaciones del free-shop y visitas al baño. Ni una hora transcurrió antes de ingresar a otro Airbus camino al Aeropuerto Internacional de El Alto.
Ya empezábamos a estar cancheros en los sentidos aéreos, nos acomodamos un poco más adelante que en el avión interior, fila 20 con inversión de asientos (A: ventana para señor Oso; B: medio para Doña Osa), sandwichito, ensalada y magdalena para seguir alimentándonos, pantalla con promociones sobre la sugerente Colombia (la Osa se emocionaba con un futuro viaje allí; ojo, "el riesgo es que te quieras quedar"), tarjeta que hubo que completar para ingresar a Bolivia y así nomás (hora y media exacta) el piloto anunciaba el aterrizaje, no sin antes señalar que en El Alto había precipitaciones, 4°C de temperatura, lo cual, en una rápida auto-observación de mi vestimenta, me permitió darme cuenta al instante que me iba a cagar de frío por lo menos unos minutos. Todo lo habitual (sumándole el retiro del equipaje grosso), mini abrigo con una remera de manga larga que arranqué de la mochila más la increíble mantita que Maru se afanó del avión, rápida salida, taxi por 50 bolivianos y bajando 500 metros nos encontrábamos en La Paz.
Rebotamos en un hostel de la calle Murillo porque no tenían más habitaciones y dentro de la misma cuadra, hallamos una recepción vital cuando se aproximaban las 2 de la matina. Hostel Sleep, u hotel de Constitución como supimos denominarlo, nos cobijó esa primera noche. El requerimiento fundamental por esas horas era una cama de dos plazas. La encontramos. Al día siguiente, el asunto se sofisticaría un poco más. De un pasajero en trance a pasajeros en tránsito. De una Maru muy solidaria y compañera a un Seba que todavía no sabía, pero empezaba a sospecharlo, que nunca leyó en el diccionario la palabra precavido. Del primer vuelo al segundo aterrizaje. De Argentina a Bolivia, pasando por Perú. Jornada intensa, que reclamaba un descanso reparador. Bienvenidos.
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Publicado el 12/may/2009, 21.03 |
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Últimos comentarios
DudaOriginal dice:
Nadie ha dejado comentarios ¡Sé el primero! ????
Si acabo de dejar uno!!!
Como es esto?
me iré enterando, bah, espero
Publicado el 3/jun/2009, 19.49
yofabz dice:
jajajaj por la pinta bolivia es como que igual con todos los turistas ah! jajaja
Publicado el 24/jul/2009, 12.35
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Capítulos de este diario
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1
Pasajero(s) en trance
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En La Paz...
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