Takesi, la ruta de los Incas a través de los Andes

Escribe: reyhur
La ruta del Takesi es uno de los varios caminos prehispánicos que actualmente pueden ser transitados. La caminata se inicia a una altura de 4170 msnm para ascender por los Andes a lo 4600 msnm, y luego bajar a una región subtropical a menos de 2600. Este paseo, de los Andes a los Yungas de Bolivia, es una inolvidable experiencia de dos dias de convivencia con la naturaleza, en un medio donde nuestro mundo cotidiano no existe.

 

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Capítulo 2

Del Takesi a la Chojlla

La Paz, Bolivia — jueves, 23 de abril de 2009

Son las seis de la mañana del sabado, todos los años tenemos por costumbre  ver el video de Jesus Christ Superstar, pero hoy estamos tan lejos de lo que llamamos civilización, aquí no existe el agitado comercio de venta de artículos relacionados con la pascua, y más aún la electricidad no es conocida, a pesar de que en estas zonas se aprovecha del caudal de los ríos para generarla con represas hidroeléctricas.
Tardo un poco en vestirme, mi ropa está mojada y a esta hora es como ponerse hielo encima. Lo único seco que tenemos son los pares de medias adicionales.
Al acercarme al río para proveerme de agua noto que su nivel ha bajado considerablemente a pesar de haber llovido casi toda la noche.
Preparo el desayuno mientras hacemos las mochilas. Desayunamos un rico chocolike con pan de batalla, luego levantamos la carpa, acomodamos todo y emprendemos nuevamente la caminata, son las siete de la mañana y estamos casi tan abrigados como el día anterior.
Salimos de la zona de camping y a los pocos metros nos topamos con una bella caída de agua que en su parte inferior forma pozas donde vemos a algunos viajeros aseándose, pensamos que hace mucho frío y que estas aguas lo son mucho más aún como para hacer lo mismo. Caminamos un poco y extraviamos el camino pero al rato lo volvemos a encontrar.
A pesar de que el sendero baja rápidamente el cauce del río lo hace mucho más y al poco rato vemos que estamos arriba en la ladera y que el río corre allí abajo.A una hora de camino el cambio de temperatura empieza a sentirse, nos detenemos al lado de un riachuelo para aligerar nuestra vestimenta y para asearnos, el contacto con el agua nos cae como una bendición.
Continuamos nuestro recorrido por una ladera de subidas y bajadas. Llegamos a una zona que está formada por arena fina, esto nos lleva a pensar en un mar antiguo cuyas orillas estaban situadas precisamente en este lugar donde ahora estamos, pensamos en fósiles o por lo menos conchillas pero no encontramos nada.
A medida que avanzamos la vegetación se va haciendo más exuberante, la temperatura va en incremento y empezamos a beber agua cada vez con más frecuencia. En el camino nos encontramos con portones que desorientan a más de un viajero, "¿un portón en el camino?, debe ser propiedad privada, equivocamos la ruta", pero no es así, son portones que delimitan haciendas pudiéndose transitar por ellas libremente.
Una escalinata del camino prehispánico nos lleva hasta un mirador desde el cual observamos allí abajo una represa.
Cerca de las once de la mañana llegamos a Cacapi, busco la iglesia colonial pero no logro encontrarla ahí donde se supone que debe estar, perdida en los cerros y la vegetación. Los habitantes de esta hacienda han improvisado rústicos restaurantes donde se puede almorzar y comprar bebidas gaseosas. Nos detenemos y compramos una Coca Cola de dos litros casi al doble de su precio, la sed es inminente y solo falta un poco para que la terminemos entre los dos, se me viene a la mente el dicho "ha bebido como camello", ahí me doy cuenta que solo el agua te quita la sed de manera efectiva.
A partir de Cacapi el camino desciende en zigzag hasta un río muy caudaloso, esta es una zona subtropical y se nota por la temperatura y la vegetación. El trayecto es inundado por riachuelos que hacen que se forme barro resbaladizo en algunos lugares, y en otros, donde aflora la roca, la acción del agua la pule de tal forma que es como caminar sobre una pista de patinaje. Caigo como tres veces, luego me doy cuenta que este angosto sendero tiene a un lado la montaña y al otro el precipicio, afortunadamente el lado que da al precipicio está resguardado por arbustos que llegarían a evitar una caída al vacío, hay algunos lugares donde esta vegetación no existe y es ahí que me inquieta el solo pensarlo.
Una hora más tarde llegamos al río, es muy caudaloso y el puente está caído. Hay un letrero que advierte tomar precauciones y no atravesarlo en grupos, esta precaución es para evitar accidentes por pérdida de equilibrio ya que se trata de un puente colgante. Esta era una estructura de hormigón en ambos lados y cables de acero sujetando el paso colgante. Según puede verse fue concluido el 2001, me detengo un momento a observarlo y pienso que los constructores no tomaron en cuenta en su diseño a un grupo de colegiales imprudentes que lo utilizaron como columpio hasta romperlo y caer al agua. A un lado del camino se pueden ver un par de cruces con los nombres de los infortunados. Dennis me dice que no es la caída lo peligroso sino que es casi imposible salir del río. Dejamos este triste paraje y ascendemos nuevamente por la ladera y desde la cima divisamos allá a lo lejos el campamento minero de Chojlla.
Descendemos para luego llegar a otro río también caudaloso pero menos ancho y con un puente de hormigon. Al llegar encontramos a muchos viajeros que han acampado y disfrutan de sus orillas donde las aguas son menos turbulentas . La pesca es permitida y la trucha es uno de los habitantes principales.
Continuamos por un paraje casi plano emboscados totalmente por la vegetación, este es el lugar más maravilloso en el que he estado y es el que recuerdo con más frecuencia, la belleza y paz del lugar son indescriptibles.
Una hora más tarde llegamos a Chojlla, nos detenemos a comer algo y aprovechamos para descansar. La vegetación en este lugar es bastante alta y alrededor se puede observar una jungla de árboles de los cuales cuelgan lianas.
Emprendemos nuevamente el camino y una hora después estamos en las faldas de la mina Chojlla, allí un gran cartel nos muestra el camino recorrido y nos indica la ruta hacia el campamento minero y la localidad de Yanacachi, optamos por ir a Yanacachi. En el trayecto pasamos por la bocamina, el lugar está desolado por el feriado.
Un bus ofrece llevarnos a Yanacachi, lo abordamos y a los pocos minutos estamos en el poblado.
Para nuestra sorpresa el hostal donde pensábamos quedarnos está cerrado, y al acercarnos a preguntar donde encontrar hospedaje un grupo de personas nos ofrecen transporte a La Paz, tienen un minibús al cual le están cambiando la llanta y nos dicen que una vez realizado esto emprenderemos el viaje. Aceptamos y esperamos como dos horas, finalmente salimos hacia La Paz cerca de las siete y está oscureciendo.
La salida desde Yanacachi se la realiza por un camino de ripio de una sola vía, el cual bordea los cerros de los Yungas dejando ver precipicios profundos que dan lugar al vértigo. Esta ruta es utilizada también por las agencias que ofrecen ciclismo de aventura, la denominan "Ruta de la muerte", y debe serlo porque en bicicleta por estos lugares de seguro que te da un infarto.
El trayecto nos inquieta, más aún porque la niebla se apodera del camino de rato en rato y no deja ver nada, ruego porque el conductor no se distraiga, un error y tranquilamente caeríamos más de cien metros.
Dos horas más tarde estamos en Unduavi, aqui la carretera es totalmente asfaltada y de dos vias, eso nos tranquiliza a pesar de que la niebla persiste. Dennis agotado es vencido por el sueño, a mi también me ataca pero me resisto, no confío en el conductor.
Una hora más tarde estamos en Villa Fátima, agotados, con hambre pero contentos de haber realizado esta increiblemente bella travesía.


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