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Takesi, la ruta de los Incas a través de los Andes
Escribe: reyhur
La ruta del Takesi es uno de los varios caminos prehispánicos que actualmente pueden ser transitados. La caminata se inicia a una altura de 4170 msnm para ascender por los Andes a lo 4600 msnm, y luego bajar a una región subtropical a menos de 2600. Este paseo, de los Andes a los Yungas de Bolivia, es una inolvidable experiencia de dos dias de convivencia con la naturaleza, en un medio donde nuestro mundo cotidiano no existe.
De Ventilla a Takesi
La Paz, Bolivia — jueves, 16 de abril de 2009
El jueves santo por la noche preparamos nuestras mochilas. Compramos pan, esos fideos que solo necesitan que les agregues agua caliente y caramelos. Preparamos bolsas con azúcar, leche en polvo y chocolike, solo lo suficiente para dos días. Intentamos que nuestras mochilas fueran lo más livianas posible y finalmente quedamos con un peso de 10Kg, la vez anterior habíamos caminado con alrededor del doble de peso y fue una verdadera tortura.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano y luego de desayunar salimos a buscar un taxi que nos lleve a la calle Luis Lara y Venancio Burgoa. En ese momento olvido el nombre de estas calles que están próximas a la plaza Israel, para peor todavía confundo el nombre y digo "a la plaza Lira". El taxi nos lleva por calles desconocidas y muy lejos de nuestro objetivo. Finalmente aclarado el error nos conduce al lugar donde salen las movilidades a Ventilla. Una vez allí conseguimos un bus que no solo va a Ventilla sino que ofrece llevarnos hasta Chokecota. Esperamos alrededor de una hora hasta que complete sus pasajeros. Finalmente parte a las 8.00 A.M.
La localidad de Ventilla se ubica al este de la ciudad de La Paz, en dirección hacia el nevado Illimani. El trayecto transcurre por las serranías que circundan la ciudad.
En el recorrido vemos como el cielo se va despejando, la noche anterior llovió copiosamente. Al acercarnos a nuestro destino vemos una cumbre blanca y el conductor del bus nos comenta que la nevada cayó por la noche, eso lo sabe porque llevó unos caminantes que consideraban que caminaban mejor de noche que de día, riendose luego de buena gana, de seguro que imaginó las peripecias que pasaron estos imprudentes viajeros. La cumbre es extremadamente fría en el día, y arriesgarse a caminar de noche, considerando además la nieve, debe ser como para arrepentirse de toda culpa. Por otra parte, el camino es frecuentemente invadido por el agua que baja de la cordillera y es inevitable quedar mojado por lo menos hasta las pantorrillas. No quise imaginar las peripecias que tuvieron que pasar estos arriesgados amigos.
El bus nos deja un poco más allá de Chokecota por lo cual aumentamos 5Bs. al precio inicial convenido. Desde este lugar que se llama Aviadero iniciamos la caminata, una lluvia tímida nos acompaña pero estábamos muy abrigados y no sentimos el frío. Una hora más tarde llegamos al inicio del camino, hay un cartel que lo señala y que indica un tiempo de 6 horas hasta la aldea Takesi y 10 hasta Cacapi.
El ascenso a la cordillera es duro, inicia con una pendiente leve que poco a poco se incrementa. A la media hora alcanzamos la zona nevada, el frío es intenso y la fatiga grande. A más de 4200 msnm la falta de aire se hace evidente. Frecuentemente me siento mareado y con nauseas. De rato en rato me quito el pasamontañas de la cara para poder respirar mejor pero casi inmediatamente me lo vuelvo a colocar porque el frío es insoportable. La neblina cubre gran parte del trayecto y esta compuesta por gotas de agua congelada, solo se necesita de una pequeña brisa para que estas se claven en la cara como diminutas agujas de hielo.
El trayecto de ascenso es penoso y la mayoría de los caminantes prefiere hacer cargar sus mochilas hasta la cumbre, para ello hay porteadores con mulas que realizan este penoso trabajo. Vemos a algunos que son transportados por las mulas junto con las mochilas, se trata generalmente de mujeres y niños que han perdido la fuerza para continuar con la exigente subida. Un porteador se nos acerca y nos ofrece cargar nuestras mochilas a lo que le replico que es semana santa y que las vamos a cargar nosotros mismos como penitencia, me mira azorado y me doy cuenta de que no entiende de lo que estoy hablando, Dennis se rie de buena gana, le doy un huevito de chocolate y le deseo una feliz pascua.
Parte del camino prehispánico puede ser observado en el ascenso, aquí se pueden ver como las grandes rocas que conforman la cordillera fueron esculpidas hasta darle forma de escaleras. El agua de los nevados baja a este camino y en algunos lugares lo inunda completamente. No metemos al agua sin pensarlo dos veces confiando en que nuestras botas nos protegerán de las heladas aguas.
Un tiempo más tarde el paisaje se transforma en un escenario totalmente blanco invadido por una densa neblina, a lo lejos se escucha una melancólica melodía interpretada por una quena dándole al lugar un aire místico y ancestral.
Hora y media más tarde llegamos a la cumbre a 4600 msnm. Descansamos solo un momento, el necesario para recobrar el aliento y luego bajamos por el otro lado casi corriendo.
El frío en estas alturas es insoportable y se lo siente aún estando bien abrigados. Vemos algunos caminantes que no llevan guantes, de seguro que la están pasando mal, me quito los míos para ayudarle a Dennis a asegurar las correas de su mochila y cinco minutos más tarde me los vuelvo a poner con desesperación, el frío es tan intenso que me hace doler las manos.
En la bajada nos encontramos con un grupo de llamas que nos siguen una buena parte del camino, este animal es en general pacífico pero cuando se irrita ataca con su largo cuello o escupe lo que va rumiando en su boca con una fuerza y precisión que son de mucho cuidado. Hacemos todo lo posible para no perturbarlas.
A los quince minutos llegamos a la laguna glaciar Luru Keri donde la neblina es densa y deja verla muy apenas. Continuamos el camino por una explanada. El agua que baja de la cordillera anega esta zona convirtiéndola en un inmenso barrial. Es inevitable caminar sobre agua y barro.
Más adelante volvemos a escuchar el lamento de la quena y divisamos a su intérprete que está como en trance en un intento de volverse parte armónica del lugar, es un hombre mayor. Pasamos por su lado tratando de no sacarlo de ese estado, no nos oye, ni siquiera nos ve acercarnos.
Cerca de la una de la tarde paramos para comer algo. Preparamos unos sandwichs con el pan que tenemos, unas carnes frías y queso. Dennis corta los panes y me los entrega para que arme el sándwich. Un momento de esos advirte que se ha cortado la mano, esta sangraba pero no le duele, está tan anestesiada por el intenso frío que ni siquiera sintió el corte. Afortunadamente contamos con un pequeño botiquín con desinfectantes y gasa, procedo a curarle.
Reanudamos la marcha y más adelante llegamos a un río que en general es manso y es posible de atravesarlo sin mojarse, solo basta con encontrar un lugar lo suficientemente angosto como para saltar sobre él, pero con la nevada de la noche anterior este ha crecido y está muy caudaloso, el saltar sobre él sería una imprudencia que podríamos lamentar.
El río al invadir el camino forma un remanso, nos aproximamos hasta él con el propósito de vadearlo. Alrededor hay como una veintena de viajeros todos observando y pensando como atravesarlo. Al final del remanso un grupo de rocas conforman un puente natural, sin embargo las aguas corren turbulentas sobre ellas y nadie se atreve a atravesarlo, solo un porteador con botas para el agua va transportando mochilas y una que otra chica que se anima a ser cargada, el resto observa tratando de encontrar una solución.
Le pido al porteador que me haga pasar sujetándome de su brazo y me dice que lo hará luego de transportar las mochilas, pero como soy impaciente me armo de valor y entro al río decidido a atravesarlo vadeando el remanso. A medida que me acerco a la parte central del mismo la fuerza de las aguas me empuja amenazando con hacerme caer si equivoco el paso. Desisto y doy media vuelta, el agua me llega más arriba de las rodillas.
Dennis al verme se mete también al agua, nos tomamos ambos de los brazos y cruzamos apoyados uno al otro. Cuando salimos al otro lado chorreamos agua y tenemos las botas inundadas, aligeramos el paso como una medida para evitar entumecernos. Minutos después se nos acoplan otros viajeros que tomando nuestro ejemplo lo cruzaron de la misma manera que lo hicimos nosotros
En el trayecto un niño se nos acerca y nos pide caramelos, le digo que abra la mano para darle sparkies, la abre y veo que tiene un par de caramelos con envoltorio que está cuidando como un tesoro, le doy una buena cantidad de sparkies los cuales inmediatamente se los lleva a la boca. Pienso que este es un trayecto muy singular, plagado de porteadores con mulas, pontones humanos y cazadores de caramelos.
Un par de horas más tarde llegamos a la aldea Takesi, habíamos planeado quedarnos a comer allí ya que los pobladores preparan comida para los caminantes, pero como estábamos mojados decidimos continuar hasta el lugar dedicado al camping, tememos que al llegar no encontrar espacio para plantar nuestra carpa y nos urge sacarnos la ropa mojada, ponernos más cómodos y descansar.
El trayecto de la aldea Takesi hasta el puente que conduce a la zona de camping es de alrededor de media hora. Faltando ya poco para llegar vemos un letrero que nos indica que estamos en una zona que se inunda y adivinen qué, esta inundada, y para nuestra sorpresa el camino ha desaparecido.
Al no encontrar el puente tememos que el agua se lo haya llevado, en cuyo caso debemos tomar las previsiones para retornar. No puedo imaginar lo que es la marcha reversa, solo se que debe ser una verdadera tortura.
En este lugar nos encontramos con otros caminantes intentando descubrir por donde continuar. Nos detenemos un momento y analizamos la situación, abajo el río turbulento e inundando el camino, arriba una pequeña colina muy rocosa. Tomamos la opción B y subimos a la colina con la esperanza de poder dominar desde ahí la vista del río y descubrir lo sucedido con el puente.
Luego de un rato de deambular por ahí divisamos un letrero que nos da la grata noticia que el camino continúa por ese lugar, doy media vuelta e informo a los otros viajeros que nos sigan porque hemos encontrado el camino. Bajamos hacia el camino y a los pocos minutos llegamos al puente, la zona de camping esta casi vacía, somos unos de los primeros en llegar.
Ubicamos un buen lugar y empezamos a armar la carpa, grande es nuestra sorpresa al descubrir que tenemos los parantes correctos y la carpa equivocada. Pensamos por un momento como solucionar nuestro problema y terminamos atando uno de los tiravientos a un árbol cercano.Solucionado el problema me dedico a hacer hervir agua con mi buena cocinilla de alcohol fabricada con latas de aluminio de gaseosas, siguiendo las buenas instrucciones bajadas del internet. Por su parte Dennis acomoda las mochilas dentro de la carpa y saca las bolsas de dormir. Con el agua ya hervida preparamos una bebida caliente mientras esperámos que nuestros fideos instantáneos estén listos.
A las seis de la tarde el cielo está nublado y eso nos apena porque no vamos a poder observar las estrellas. En estos parajes el cielo es maravilloso por la noche, no solo se puede observar la vía láctea con toda claridad sino que de rato en rato se ven estrellas fugaces y muy lejos allá arriba uno que otro satélite en su cíclico viaje. Entramos a la carpa y no tardamos en dormirnos, estamos muy cansados. Más tarde, a eso de las doce de la noche nos despiertan las luces de linternas de viajeros rezagados que recién están llegando. Una hora después cae una lluvia persistente y sentimos frío, después de todo estamos a 3600 msnm.
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