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South 920
Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.
Bolivia: Una Nación en silencio
La Paz, Bolivia — sábado, 21 de marzo de 2009
Con mi sello de salida del Perú en el pasaporte camine hacia al otro lado de la frontera, llegue corriendo a Bolivia pues comenzó a llover, una vez frente al oficial de inmigración Boliviano recordé algunas recomendaciones, no mostrar dinero porque suelen robártelo, no importa cuanto pregunten; tienen muy mala fama como ladrones.
Mientras los demás extranjeros recibían su sello de inmediato, mi pasaporte fue retenido sin explicación alguna, “otra aventura de frontera” pensé, pues tengo ya varias en mi haber, creo que se debe a la cara de idiota que a lo mejor tengo.
Yo era la única persona discriminada de todo el grupo conformado en casi un 100% por europeos, viajeros por naturaleza; bien nadie corría la misma suerte que yo pero eso no me importaba, de repente un grupo de brasileños cayeron en la misma red, pero el motivo era distinto, les exigían la vacuna internacional contra la fiebre amarilla, ellos tenían el certificado nacional pero eso no servia según el oficial de inmigración que no hacia sino repetir “vacina internacional, vacina internacional” con aquel acento andino inconfundible.
Los brasileños parecían asustados, eran un grupo de ocho personas pero eso no les bastaba aun así se sentían intimidados, la cobardía es generalmente una característica colectiva antes que individual. En todo caso, primero sellaron los pasaportes de todos antes de proceder a examinar nuestros casos, por fin me hicieron pasar a una oficina contigua donde después de examinar mi pasaporte con lupa, concluyeron: “este pasaporte es chimbo”, “esta falso este pasaporte”, “viajas con un pasaporte falso compañero” dijo uno de ellos, vaya tontería, si pensaban que con aquella historia me iban a obligar a darles algo de dinero se equivocaban.
Ya me había pasado algo parecido en Venezuela, aunque aquella vez si me asuste, un oficial de la guardia venezolana decía que mi visa era falsa y que como consecuencia yo iba a ser arrestado en una celda, el tono de su voz era realmente severo y al peso de sus palabras se sumaba el hecho de tener la prisión frente a mis ojos con un montón de gente lista para quedar a la sombra de los barrotes.
Aquella vez invente una historia, dije que yo era invitado especial del gobierno venezolano a las celebraciones de la batalla de Carabobo que se conmemoraba aquel 24 Junio, además que había sido invitado por el General Carneiro en persona (un general del alto mando en aquel entonces de quien yo había leído algo en un libro sobre los militares bolivarianos) y que no solo era absurdo que mi visa fuera falsa sino que además si me impedía el paso, yo presentaría una queja contra el oficial de inmigración responsable.
Todo fue bastante chistoso aun recuerdo como palideció aquel hombre mientras escuchaba semejante historia contada con un toque especial de habilidad teatral, pude continuar con mi viaje, el reacio oficial me devolvió mis papeles, luego del suceso las demás personas que viajaban conmigo rumbo a Maracaibo me miraban como a un alto dignatario y celebraban mi liberación.
Esta vez inventaría algo similar, era claro que querían algo de dinero de mi parte, pero yo no iba a darles ni siquiera un dólar esto era inaudito, les dije entonces que yo era un diplomático que viajaba de vacaciones por Sudamérica pero que era esperado en la Paz por mis colegas bolivianos, no viajaba con mi pasaporte diplomático porque no estaba en funciones, apoye mi historia mostrándoles una revista donde había escrito un articulo y que hacia un detallada descripción de mi perfil profesional, me dijeron que tendría que dejar aquel ejemplar de la revista allí, a lo que me negué: “debía ser entregado con urgencia en la cancillería boliviana” dije.
El oficial de más bajo rango que examinaba mis papeles procedió a mostrarle a un superior la revista y a contarle al oído la historia que yo le había mencionado minutos antes, el oficial se giro para mirarme con una expresión de asombro en su rostro, como si le hubieran contado una historia de fantasmas. Al termino de escuchar mi caso, ya tenia una expresión diferente, aun estaba frente a el la misma persona de aspecto desaliñado, con medio cuerpo mojado por la lluvia y los zapatos llenos de barro, pero entonces dirigía su mirada hacia mi como si estuviera en presencia de un rey.
El oficial de más bajo rango regreso a la oficina y me devolvió el pasaporte con los demás documentos, dijo que podía pasar por mi sello haciendo una reverencia, -gracias a secas- dije. De vuelta frente al responsable de los sellos, le entregue una vez más mi pasaporte, lo volvió a mirar con incredulidad, se volteo hacia la oficina como pidiendo instrucciones y desde allá se escucho un grito: “esta limpio, esta limpio”, acto seguido sellaron mi pasaporte de un buen golpe, el sonido fue música para mis oídos, me quede mirando el sello por unos segundos lleno de felicidad, esto fue solo un pequeño tropiezo pero ya estaba en Bolivia y eso era todo lo que me importaba.
Abandone el lugar con la dignidad de un soberano, mientras tanto los brasileños palidecían, “vacina internacional, vacina internacional” era todo lo que les decían los de migración mientras ellos trataban desesperadamente de justificarse. Todos en el bus estaban llenos de curiosidad por saber que había pasado conmigo, minutos después llegaron los brasileños eufóricos como si hubieran escapado de un matadero, tuvieron que pagar diez dólares cada uno para poder entrar al país, tremenda injusticia.
El viaje transcurrió sin sobresaltos, después de unos minutos llegamos a Copacabana a las 12 del medio día. Me encontré con Myriam cerca del lago, me dijo que había un bote que salía a la 1.00PM hacia la isla del sol, quedamos de vernos en el muelle a esa hora. Fui a almorzar con un chico colombiano que viajaba rumbo a Buenos Aires para continuar sus estudios, después fui a comprar algunas provisiones para mi estadía en la isla y a recorrer un poco aquella población, creo que definitivamente es mejor pasar la noche en la isla.
A eso de la 1.00PM salí corriendo para el muelle, Myriam y Sebastián me hacían señas como queriendo decir apúrate, compre mi boleto por 20 bolivianos -$2.86 dólares- y me embarque hacia la isla, se tarda como un hora y media en llegar, el paisaje es recompensa para los sentidos. A escasos minutos de llegar observamos una balsa de totora que al estilo de un catamarán surcaba las aguas con la bandera boliviana en alto y con dos cabezas de imponentes felinos que imagino son para proteger la embarcación de los espíritus malignos que reposan bajo las aguas.
Llegar a Isla del sol es una gran experiencia, en el puerto de Saxamani decenas de niños se ofrecen como guías para los turistas, con la esperanza de recibir una propina por acomodarlos en determinados hoteles, ellos le dan a uno todas las opciones posibles antes que querer llevarlo a uno a un lugar determinado; nos decidimos llegar a la cima son casi treinta minutos de ascenso con todo a cuestas por un camino bastante empinado, llegamos muy cansados, nos hospedamos en el Hostal Templo del Sol por 18 bolivianos la noche -$2.57 dólares-, difícilmente hay un lugar mejor ubicado justo en frente de la Bahía Kona con vista hacia ambos lados del lago en la cumbre más alta de la montaña.
Después de descansar un poco fuimos los tres a caminar rumbo al norte, en un momento pudimos observar la cordillera real, que majestuosa se alza con sus picos nevados en la lejanía; caminamos hasta el atardecer que fue bellísimo el mejor durante mi estadía en la isla. Más adelante nos encontramos con unos chilenos y volvimos todos juntos al pueblo del sur; una vez el sol se oculta tras las montanas el frió y el viento se adueñan de la noche, que es lo suficientemente ardua como para atormentar a todo aquel que no se encuentre resguardado.
La isla es un lugar muy especial, si lo que buscas es un retiro espiritual este es el lugar adecuado, tiene un paisaje mediterráneo, playas bellísimas con aguas de un azul profundo, las aves cantan sin cesar, algunos borregos pastan por las praderas mientras el sol alumbra y el viento recorre la soledad de los caminos.
Jueves 12 de Marzo
Me desperté temprano con la idea de visitar los lugares arqueológicos de la isla, madrugar se había ya convertido en un habito, me dirigí primero al sur hacia las ruinas de Pilko Kaina que significa “sitio donde descansa el ave”, me tarde al menos dos horas en llegar hasta allí, atravesando la escarpada geografía de la isla y guiándome por las indicaciones de una anciana que encontré en el bosque mientras llevaba sus animales a pastar. Pilko Kaina es una mansión Inca que se levanta a escasos metros de las aguas a unos 2 kilómetros del Pueblo del sur, era el lugar de descanso de Manco Capac, según los habitantes había un túnel que comunicaba con la Isla Chelteca, pero fue sellado con el tiempo.
Volví entonces hasta el hostal para descansar y tomar una siesta para recargar fuerzas. Desperté después de un liguero descanso, aliste las provisiones, las cámaras y me fui por el camino rumbo a las ruinas del norte a unos 8 kilómetros del pueblo, a unas cinco horas de camino. Cobran una módica tarifa para visitar las ruinas, lo primero que encontré fue una gran mesa de sacrificio, donde culturas pre-incaicas sacrificaban llamas en honor de sus dioses.
Todos los turistas que estaban allí, hacían la misma pregunta al guía aymará que nos narraba las historias ¿hacían sacrificios humanos en esa mesa? Preguntaban, esperando un si como respuesta listos para estremecerse, pero el guía aymará frenaba la sed de sangre humana, “no, solo llamas” decía para tranquilidad de los visitantes o quizás para su decepción.
Justo en frente esta el templo del sol, la piedra sagrada y la roca del puma, según la leyenda cuando ocurrió el gran diluvio, el sol y la luna se ocultaron en unos orificios en aquella gran roca mientras pasaba la tormenta, según los mitos Incas el sol fue visto por primera vez naciendo detrás de los Andes e iluminando una piedra con forma de Puma que se convertiría en un lugar sagrado, el nombre real de esta piedra es “Tixi Karka” que fue cambiado tiempo después por los conquistadores por “Titicaca” al no poder pronunciarlo correctamente, de allí viene el nombre del lago.
Las historias allí son muy interesantes, a escasos metros de la mesa de sacrificio esta el palacio del Inca, también conocido en aymará como las Ruinas de Chincana. El lugar esta conformado por dos secciones una conocida como el “laberinto” que en realidad no fue construido con ese propósito sino que se le utilizaba como una gran sección de depósitos donde almacenaban los alimentos producidos en las terrazas de la agricultura; la otra parte de la edificación estaba destinada a los cultos ceremoniales.
El palacio queda justo frente a una enorme playa de arenas blancas. Un grupo de turistas argentinos bajaron para bañarse pero al paso de una canoa decidieron marcharse navegando, el lugar quedo solitario, todo para mi. Entonces, frente aquel palacio real, decidido a aprovechar aquel momento me desvestí por completo y tome un delicioso baño desnudo, dedicado enteramente a la contemplación de aquel paraíso terrenal rodeado de todas sus placeres, lo necesario para abstraer los sentidos y enajenar la voluntad.
En un momento vi algunas personas en el palacio, sentí un poco de pena, pero era imposible que a esa distancia pudieran advertir mi desnuda mi humanidad. Una vez se fueron, me vestí y volví rápido a la entrada para ver si encontraba a Myriam y Sebastián que podrían estar esperándome, pero ya se habían ido tal vez me tarde demasiado, me di entonces a la tarea de regresar.
Las provisiones estaban agotadas, solo me quedaba un poco de agua, y tenia por delante unas cinco horas de camino, eran las 4.00PM y si no le apuraba al caer la noche la pasaría bien mal, decidí volver por los pueblos pasando por Cha’llapampa y Bahía Kea todo por recorrer un nuevo camino al ya conocido y extenso camino que une el norte de la isla con el sur por medio de cima de la montaña.
La isla lucia hermosa el sol brillaba con fuerte intensidad y el azul de las aguas creaba un paisaje mediterráneo realmente alucinante, en un pueblo pase junto a una humilde casa con un jardín lleno de flores y plantas de todo tipo, la mujer que cuidaba de dos pequeños niños parecía ser europea, seguro había decidió exiliarse para vivir más cerca de la naturaleza sin los apuros de la civilización, el lugar estaba muy bien ubicado, con una magnifica vista de la bahía Cha’lla, era realmente mágico; me intrigo saber más de su vida ¿quién seria su esposo? ¿esos eran sus hijos? ¿dónde estaba su marido? pero continué mi camino.
En la siguiente población encontré a unos leñadores, les pregunte a cuanto estaba de camino del pueblo del sur, se miraron y dijeron: “por ahí a unas ocho horas de camino, yendo rápido”, había tomado un camino encantador, pero ciertamente equivocado, después de las 7.00PM el clima es inhóspito, soplan vientos tan fuertes que bastan para congelarle a uno el rostro; me alarme, tendría que volver por el viejo camino, para ello y haciendo uso de mi buen sentido de la orientación comencé a trepar la montaña.
Fue una cuesta bastante dura, yo estaba supremamente cansado, había caminado ya unos 800 metros hacia el camino pero no lo encontraba, de repente antes de arribar a la ultima cumbre, se cruzaron en mi camino varias ovejas y vacas, logre tomarles una foto espectacular, aquello fue la recompensa a mi terquedad, una foto.
El sol me acompaño hasta las cercanías del pueblo, lo demás lo pude caminar con la luz de la luna sin ningún problema, es absolutamente necesario llevar linterna y ropa para el frió si se piensa caminar en las noches, resulta fácil perderse y con las temperaturas tan bajas se pueden pasar momentos bien desagradables en las noches.
Por fin llegue al hostal, había una nueva huésped una joven francesa de unos 26 años estaba dando la vuelta al mundo, intercambiamos algunas palabras, risitas y el natural coqueteo que es casi obligatorio entre cualquier chica francesa y yo. Poco tiempo después me encontré con Myriam y Sebastián, salimos juntos para cenar, pero antes de ordenar yo recordé que le había prometido a un señor quechua que había conocido en la lancha ir a su restaurante, el me había invitado muy cordialmente así que me separe de mis amigos, mejor para ellos una noche romántica en pareja.
El propietario del restaurante es el señor Moisés Ramos, el lugar se llama Alaya, que en quechua significa “arriba”; queda muy cerca del hostal templo del sol. Apenas cruce la puerta Moisés me reconoció y me dio la bienvenida, yo estaba contento de verle, estaba cumpliendo una promesa pero esperaba que la comida seria buena.
En el mismo lugar había un grupo de argentinos, una chica me clavo la mirada desde el primer momento, yo le correspondía solo para comprobar el malestar que esto causaba en su acompañante masculino, fue divertido. No hay mucho para escoger allí, así que pedí la tradicional sopa de quinua y una la trucha arco iris que ellos mismos pescan en el lago, era un placer culinario que no me podía perder, no me gusta el pescado pero solo tenia una oportunidad de probar la “trucha del Tixi Karka”, era además mi ultima noche.
Viernes 13 de Marzo
Pase una noche excelente dormí muy bien y estaba listo para reanudar el viaje, por la mañana compre unos huevos para cocinarlos en agua, y tome el desayuno del hostal, sin embargo la chica de la cocina no dejo los huevos el tiempo suficiente para que quedaran duros, ambos quedaron mal preparados fue un despropósito. Me despedí entonces de Myriam y Sebastián, ya no los volvería a encontrar, ellos dejarían la isla el mismo día pero tomarían la lancha de la 1PM mientras yo viajaría a las 10AM.
La lancha iba repleta de turistas, todos iban con una expresión de cansancio, menos la guapa chica francesa que había encontrado la noche anterior en mi hotel, conversamos un poco, no había visitado las ruinas, ninguna, aquello me dejo algo desconcertado, “de que sirve darle la vuelta al mundo si no te tomas el tiempo para saborear los lugares que visitas” pensé; seguía siendo la misma encantadora y atractiva mujer de siempre, pero el hecho de no haber visitado las ruinas nos alejo sentimentalmente y perdí todo interés en ella.
De regreso en Copacabana encontré una chica colombiana, hacia su practica de medicina allí, me pregunto por mi viaje, quedo aterrada y pronto paso del asombro a la adoración, me resulto fastidiosa, rara vez me fijo en una mujer que me convierte en su objeto de admiración, esta por supuesto no fue la excepción así que me despedí muy cordialmente para regresar al confort de mi soledad.
El bus partió a la hora convenida, después de unos cuarenta minutos llegamos a San Pedro de Tiquina, un pequeño pueblo donde hay un estrecho paso entre las aguas, todos los pasajeros tuvimos que descender para cruzar en lanchas mientras el bus cruza en un gran planchon, cuando bajamos del bus vi que una joven se quedo dormida en el asiento, seguro esta es otra forma de pasar ahorrándose de paso el boleto de lancha.
Una vez al otro lado reanudamos el viaje, pero el bus se varo a los diez minutos de recorrido, tardamos un buen rato en reiniciar el viaje, después de cinco horas llegamos a la Paz. La ciudad esta ubicada como en un hueco, al menos esa es la impresión desde el alto, tome un taxi desde el lugar donde nos dejaron hacia el centro, el taxi hizo un recorrido fantástico, el conductor me contó todo acerca del alto, la población en la cima de la montaña; según me dijo, los pobladores de aquel sector son de un carácter regio, resulta difícil intimidarlos e incluso la policía tiene sus problemas cuando trata de lidiar con las gentes del alto, que historia fantástica.
Por fin llegamos a mi destino, un hotel que no recuerdo su nombre y donde fui cortésmente rechazado por ser Colombiano, no me importo demasiado, era un lugar agradable, pero lo único que dolió fue abandonar a una hermosa chica rubia que me abrió la puerta del hotel y que resulto ser una joven turista europea, apenas me vio me sonrió y me invito a pasar con su encantador acento.
Como no pude quedarme en este hotel, camine varias cuadras hasta encontrar el Hotel Torino (Socabaya 457) 35 bolivianos la noche -$5 dólares- el hotel queda media cuadra de la Plaza de Murillo, el palacio presidencial y legislativo, deje todo el equipaje y me fui a almorzar, eran como las 4.30PM y tenia el hambre de un león.
Después de almorzar recorrí la Avenida Mariscal Santa Cruz, hasta la plaza Venezuela, volvía hacia la plaza Murillo cuando me invitaron a entrar a un salón del ministerio de las culturas, hacían el lanzamiento de un libro sobre la situación de las mujeres en Bolivia, el salón estaba lleno de fotos aéreas de algunos parques naturales de Chile, aquello me mantuvo entretenido así que permanecí en el lugar hasta que dio inicio al evento. Se hizo presente la viceministra de interculturalidad Maria Esthela Vargas quien a pesar de ser una autoridad no recibía el trato correspondiente por parte de las demás mujeres del panel, intelectuales y funcionarias de tez blanca, que exhibían un aire de superioridad en su actitud.
Al termino del evento pude saludar a la vice ministra, ataviada con sus ropas indígenas, también hable con otras mujeres, estas militantes del MNR, el glorioso partido de Víctor Paz Estenssoro que lidero la nación inmediatamente después de la revolución de 1952, pero que hacia oposición al gobierno de Evo Morales. Aquellas mujeres parecían bastante entusiasmadas conmigo, querían arreglarme una cita con el jefe de las juventudes del MNR, les deje mi teléfono del hotel y numero de la habitación, acto seguido me dedique a disfrutar de las empanadas y el vino que sirvieron al final del evento. Luego regrese al hotel para contestar algunos correos y reportarme, enseguida me fui a dormir.
Sábado 14 de Marzo
Amanecí un poco adolorido, no pude dormir muy bien aquella noche, las camas del hotel no son para nada confortables, pensaba en mis planes de viaje pero no tenia nada decidido, revisaba mi guía, planeaba actividades, estimaba el tiempo y el dinero necesario, entonces ya me preguntaba de que forma pensaba volver a Colombia pero eso era aun más difícil de planear. Lo mejor seria salir, caminar al aire libre me daría las respuestas, visite la Iglesia San Francisco, muy bonita pero esta vez aparte del interés arquitectónico hice una pequeña oración por mi familia, mi salud y mi viaje, aun tenia varios miles de kilómetros que deseaba recorrer.
Desayune en un lugar muy bueno que recomiendo, queda muy cerca de la Plaza San Francisco se llama 100% Natural (Sagárnaga 345), el desayuno completo cuesta 18 bolivianos –$2.57 dólares-. Al salir entre a un centro comercial donde había un letrero de llamadas internacionales a un buen precio, entre y llame a mi mama, no me reconoció la voz, hacia tiempo no hablábamos, me pregunto como estaba y como seguía de salud, le dije que me encontraba bien, me pregunto cuales eran mis planes, “no se mama” le dije, estuve feliz de hablarle. Al finalizar la llamada el encargado del lugar me cobro 25 bolivianos –$3.57 dólares-, aquello era absurdo resultaba más caro que mi desayuno, “usted me dijo que si llamaba a teléfono fijo me resultaba más barato” le dije molesto, “no era al revés” respondió aquel joven con su patética voz, no tuve más remedio que pagar.
Quería descender en bicicleta por la ruta la Cumbre - Coroico, más conocida como la “carretera de la muerte”. Supe que en 1995 el Banco interamericano de desarrollo bautizo a esta carretera como “la carretera más peligrosa del mundo”, la razón es muy simple, los accidentes son cosa de todos los días, la cantidad de victimas humanas es alarmante, cada mes decenas de personas pierden la vida por transitar por aquel endemoniado lugar. Peligro, justo lo que me hacia falta después de las tranquilidades del Titicaca.
Por la calle Sagárnaga hay varias oficinas turísticas que ofrecen los codiciados planes de descenso, las frecuencias son casi las mismas, pero los precios varían según la calidad del operador: las bicicletas son mejores, el guía es más experimentado, algunas no tienen record de accidentes, entre otras bondades que te explican en detalle, en todo caso escuchar que no han tenido accidentes resulta un poco contradictorio, la emoción de recorrer la carretera más peligrosa del mundo reside justamente en la posibilidad de que algo inesperado pueda ocurrir en cualquier momento.
Estuve bastante tentado de alistarme en aquella aventura, no solo por el peligro que se puede sentir sino también por el espectáculo natural que aquella ruta ofrece, el contraste es quizás la cualidad más acusada de la ruta: nieves perpetuas de los picos andinos en la parte superior; extensos bosques subtropicales en la zona baja del itinerario. Mientras se desciende se pueden observar rebaños de llamas, viejos poblados, bancos de niebla, bonitas cascadas, ah eso si barro y precipicios mortales por todas partes. En resumen, una expedición fantástica para cualquiera viajero.
Tarde varios minutos pensándolo, hacer la ruta del peligro seria una experiencia inolvidable, sin embargo en mi caso el riesgo era doble, una sola caída seria suficiente para quebrarme un hueso y como aun sufría el dolor de la costilla y me dolía al respirar decidí no hacerlo, sin embargo, en mi próxima visita a Bolivia “la carretera más peligrosa del mundo” estará entre mis prioridades sin duda alguna.
Me dirigí entonces al Mercado de la Hechicería, muy cerca de allí, son varias cuadras donde las tiendas venden únicamente artículos relacionados con la brujería: velas, jabones, esencias, muñecos, osamentas de animales momificados, y toda clase de ingredientes para preparar pociones con las cuales se pueden alcanzar las cosas deseadas. Es posible incluso arreglar alguna cita con alguien del lugar para pedir encargos y hacer pócimas, genial, pócimas a la medida de la gente, interesante.
Camine un buen rato por aquel lugar, todo aquello es un mundo realmente fantástico, dudo de la efectividad de las brujerías que puedan hacer en aquel lugar, pero el solo hecho de que exista este mercado, sugiere la entrada a un mundo de encantamientos y hechizos, donde todo es posible de alcanzar, basta solo con preparar algunos mágicos ingredientes y listo, aquello se me antojo espectacular, la próxima vez me preparare un pócima personal.
Muy cerca de allí queda el mercado negro, un intrincado laberinto de tiendas improvisadas sobre las calles, locales y centros comerciales, allí se puede conseguir prácticamente cualquier cosa, los paceños van allí para comprar a buen precio ropas y artículos para el hogar. En una improvisada tienda encontré trajes de paño, en realidad estaban muy bien diseñados, el precio increíble, un traje azul costaba 175 bolivianos aproximadamente -$25 dólares- logre negociar el precio hasta los 150 bolivianos, quise comprarlo pero no tenia espacio en mi mochila, ¿además para que quería un traje? quizás para luego decir que lo compre a un precio increíble.
De regreso a la avenida Mariscal pregunte en varias agencias de viajes por vuelos, tenia que ir pensando en como regresaría a Colombia, pregunte por un trayecto hacia Bogota desde varias ciudades: Santiago, Buenos Aires, o Sao Paulo, iría a aquella donde me resultara más barato volar de regreso, tome nota de los vuelos pero no hice reservación alguna. Volví caminando hasta el hotel con la idea de dejar la ciudad aquella misma tarde, ya había dejado todo empacado, solo fue cuestión de salir a la calle y tomar un taxi para el terminal, mi próximo destino Oruro a unas tres horas de camino.
La llegada a la ciudad es muy diciente, hay un gran monumento de un casco que significa seguramente que se trata de una ciudad de mineros. Una vez allí tome un taxi que me llevo hasta el Pub la Alpaca muy cerca de la Plaza Ranchería (Avenida la Paz 690), quizás el más cómodo hotel que había visto durante todo el viaje, es una gran casa, en el primer piso funciona un bar, y en el segundo están las habitaciones, con amplias y acolchadas camas, baños grandes y ventanales inmensos por donde entra la luz del sol.
Deje la maleta principal y me fui de inmediato a recorrer la ciudad, me dirigí a la estación de tren para averiguar la próxima salida a Potosí -un destino obligatorio- en mi viaje, pero el tren salía como dentro de dos días así que dicha posibilidad se desvaneció por completo. Recorrí el mercado Campero y luego fui caminando por la calle Bolívar hasta la plaza 10 de febrero, los comerciantes hacían lo suyo vendiendo toda clase de artefactos unos que bien podrían ser clasificados en la categoría de inservibles, como pedazos descuartizados de muñecos de plástico y otros bastante sofisticados como televisores plasma y memorias usb de gran capacidad.
Sin embargo, y a pesar de la constante actividad del mercado, la ciudad se encontraba bastante apaciguada, es quizás esta una característica común de toda ciudad dedicada a la minería, los esfuerzos del hombre se los traga las entrañas de la madre tierra al punto que cuando los hombres vuelven a la superficie solo quieren descansar. El ambiente en general es bastante tranquilo, excepto por el carnaval, más conocido como La diablada, una fiesta de diablos donde la danza se combina con el espectáculo que brindan los lugareños ataviados con máscaras coloridas del diablo, este carnaval fue declarado por la UNESCO como obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad, sin duda es una actividad altamente recomendada en esta ciudad.
Quería visitar la casa en la que nació Evo Morales, Leonel me había contado algo al respecto en montanita, pregunte a varias personas pero nadie parecía saber nada del tema, volví al hotel, de vuelta en mi habitación de inmediato albergue la idea de abandonar la ciudad, era demasiado tranquila ya había tenido un mini retiro espiritual en la isla del sol, la actividad era lo único que perseguía; tome mis cosas y descendí la escalera, me voy le dije al propietario del lugar quien asombrado me pregunto a donde iba tan de prisa, vuelve cuando quieras me dijo mientras yo me retiraba.
Tome un taxi hasta el terminal y compre mi boleto para Potosí, el bus salía a las 8.30PM así que disponía de un par de horas, fui a Internet respondí varios mensajes y luego fui a cenar a una taberna cercana. El bus salió a la hora convenida, unas 6 horas nos separaban de Potosí, como llegaríamos a la madrugada nos dijeron a todos los pasajeros que el bus esperaría a que amaneciera, así que podríamos dormir unas horas en el vehículo hasta el amanecer.
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Últimos comentarios
MochileroPeru dice:
En algunos paises existe cierta discriminacion hacia nosotros mismos como hermanos latinoamericanos, lo mismo me paso en Ecuador yo como peruano fui el unico en bajar del bus y los hdp buscaban en mi mochila como si llevara droga. Distinto fue el trato en Colombia donde si me senti bien, los controles fueron normales e iguales para todos. thanks Colombia.
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