Viajes por el estado Bolívar, Venezuela

Escribe: fritz_sanchez
El estado Bolívar está ubicado en la región sur oriental de Venezuela y posee la mayor extensión territorial del país. Delimitado por el poderoso caudal del antiguo Huyaparí -río Orinoco-, el estado Bolívar guarda incalculables tesoros que superan los mitos de "El Dorado", al ser el albacea de algunos de los lugares más excepcionales del mundo, como el Auyantepui, Salto Ángel, la selva prístina del río Caura, Roraima tepui, la apasionante historia que yace en Ciudad Bolívar, el sob

 

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De camino a Canaima, travesía por la selva

La Paragua, Venezuela — miércoles, 26 de noviembre de 2008

Adentrándose por la selva existe un camino que conduce a uno  de los destinos más cotizado del estado Bolívar: Canaima, puerta de entrada al Salto Ángel. 
120 kilómetros de aventura tendremos que recorrer para lograr llegar a la Laguna de Canaima, en un excursión sin más guía turístico que una antigua trocha minera en medio de la selva, rodeados de una exuberante flora y fauna. 
Desde el terminal de autobuses de Ciudad Bolívar se toma el transporte para dirigirse a la población de La Paragua, municipio Raúl Leoni. Aproximadamente 2 horas de carretera.
En esta población existen varias posadas producto de la reconversión minera que el Estado venezolano impulsó como alternativa sustentable a la actividad aurífera que se desarrolló en esta región durante siglos. Historias y anécdotas de buscadores de oro y diamante tendrán oportunidad de escuchar si deciden pernoctar en este pequeño pueblo.
De lo contrario, nos dirigiremos al puerto fluvial local para contratar un bote a fin cruzar el  ancho río Paragua y comenzar la caminata de aproximadamente 24 kilómetros hasta el río Chiguao por un camino de granza, sin pendientes pero sin tomas de agua. 
Llegado al río Chiguao, contratamos los servicios de Ildemaro, el chalanero, para cruzar este río (si es época de invierno julio-noviembre), ya que en verano se puede cruzar a pie (diciembre-abril). 
Cabe destacar que Ildemaro y su esposa María tienen un sencillo campamento turístico que es el punto de pernocta, Isla María. 
Este campamento ofrece servicio de hamacas en churuatas y cocina tradicional paragüera al viajero que a diferencia de nosotros, visita la localidad por su excelente reputación para la pesca deportiva del pavón y la payara. 
Cruzando el río Chiguao, dejamos atrás las comodidades para adentrarnos en la selva.
Recibidos por tucanes en las copas de los árboles, el camino, lejos de generar temor por los recurrentes relatos de tigres (jaguares) que hacen vida en la zona; llena a los viajeros de emoción al ver tan magnificas aves volar con libertad. A pocos metros, el Sol comienza a esconderse entre la densa vegetación y el camino se convierte literalmente en dos rieles fangosos por donde transitan eventuales vehículos 4x4 llevando combustible a comunidades indígenas y algunas mineras todavía presentes en la región. 
Al ser temporada de invierno, el recorrido incrementa su dificultad por los constantes pasos inundados e innumerables barriales. Huellas frescas de jaguares, así como aves paujís, pavas, loros y guacamayas volando entre los árboles, nos indican lo poco transitado de la vía. 
Un mundo de descubrimiento, donde los sentidos se agudizan para no perder detalle de la diversidad de avifauna, insectos y anfibios presentes en la selva circundante llena de matices rojos, naranjas y amarillos, entre un abrumador verde vida, reinante en la espesura de la selva.
Entorno que no deja cabida a la fatiga a pesar de tener más de 6 horas de camino fangoso. 
Sin embargo, nuestra meta inicial la alcanzaremos a pocos minutos en una breve pausa de la selva: en la comunidad indígena de Tierra Blanca, ubicada entre dos lotes boscosos. 
Indígenas kamaracotos hacen vida en este punto, y nos invitaron a instalar el campamento en una de sus churuatas o casitas con techo de palma de Moriche. 
Un refrescante baño en un morichal próximo reactivó las energías para cocinar y disfrutar de miles de estrellas en el firmamento. 
En la mañana, luego de apreciar como el sol dispersa la bruma en el bosque, reiniciamos la travesía. 
Erróneamente pensamos que el camino mejoraría sus condiciones, pero a pocos metros, los zapatos, aún húmedos, volvieron a llenarse de agua, arena y arcilla roja.
Colibríes de diversos tamaños y colores hicieron presencia para alentar al equipo hasta lograr superar la tupida selva tras llegar al tope del cerro “La Neverita”.
Desde su cumbre, un descenso prolongado por un camino de granza condujo en menos de dos horas al paso de “Arekuna” demarcado por una churuata, en la cual, levantamos el campamento. 
Con el amanecer emprendimos la marcha y los morichales y los riachuelos cristalinos, que anteriormente eran escasos, se hicieron frecuentes, al igual que huellas de cunaguaros –situación que nos causó más alegría que susto, al estar la especie en peligro de extinción en Venezuela. 
A mitad de mañana ya se divisaba la comunidad pemón Las Bonitas. Sin embargo, al no contar ésta con algún indígena con curiara y motor, se reanudó la marcha rumbo a la comunidad indígena de La Candelaria -ubicada a 25 kilómetros más adelante. 
Una travesía por extensas sabanas y arenas blancas con abundantes riachuelos nos condujo a “La Guardia”, comunidad intermedia, donde habita una amable y numerosa familia pemón. 
Luego de un breve descanso, los morrales ya reposaban sobre los hombros y la vista panorámica del Nonoi Tepui hizo redoblar el paso; no obstante, sería entrada la noche, cuando arribamos a La Candelaria. 
Una pequeña comunidad pemón, próxima a la ribera del río Caroní, donde pasaríamos la noche, para al cruzar al día siguiente el referido río y estar a pocas horas de la Laguna de Canaima.
Aproximadamente 25 minutos de navegación tardamos en alcanzar el puerto de Canaima, desde este punto, 3 horas más de caminata por un sendero bien marcado nos llevó a superar el cerro Tautén para divisar, en el horizonte la Laguna de Canaima. 
Haciendo caso omiso al inclemente sol, salimos indetenibles a la sabana y en menos de 30 minutos ya estábamos haciendo entrada al aeropuerto de Canaima. 
La celebración no se hizo esperar y dejando los morrales nos embarcamos en un tours local para conocer el Salto El Sapo y demás atractivos de la Laguna de Canaima. 
Al día siguiente emprendidos navegación al Kerepacupai Merú –popularmente conocido como Salto Ángel. 
El ímpetu del río Carrao impone respeto, mientras la tupida selva con el Auyantepui divisándose cada vez más cerca, emanaba admiración. 
Tras 4 horas de navegación tocamos puerto en Isla Ratón y a poco menos de una hora de caminata estábamos frente al majestuoso Kerepacupai Merú, maravilla natural que alberga Venezuela para el mundo.


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En el recorrido fluvial por el río Paragua hasta el Chiguao

   

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