El astro Rey intenta calentar el paisaje nevado pero su fuerza se intuye amortiguada. Envuelto en el agradable calor de la casa de Sinda, escuchando ruidos de máquinas en el exterior, me dispongo a hacer un pequeño esbozo de la situación.
A falta de menos de 24 horas para empezar a trabajar de monitor en la estación de esquí de La Molina me siento tranquilo y esperanzado, notablemente más optimista que los últimos días. Ayer fue una jornada diferente, ya que hicimos algo que hacía tiempo que no lográbamos: conseguir un objetivo. Salimos de Alàs con el objetivo de encontrar un lugar donde pasar los tres meses de temporada que todavía faltan.
Una casa, un piso o una habitación que nos permita vivir más cómodamente esperando la Primavera. Recorrimos el trayecto hasta Puigcerdà sin detenernos y cuando llegamos allí, al hacer la segunda rotonda en la entrada de la "vila", cambiamos el rumbo y nos dirigimos a un pueblo que había despertado mi intuición unos kilómetros antes. Se trataba del pueblo de All, pero antes de llegar a él hicimos varias paradas. En todos los bares abiertos que veíamos al lado de la carretera parábamos a pedir a los que allí se encontraban si sabían de alguna casa, piso o habitación para alquilar hasta final de temporada.
Mireia hizo unos cartelitos con el siguiente mensaje, que traduzco al castellano: Pareja joven busca casa o piso para alquilar o compartir. También hizo unos cortes en la hoja en los que escribió el número de teléfono. La primera parada la efectuamos en Bolvir. Luego siguieron Ger, Saga, All, Alp, y fuimos subiendo hacia la estación de esquí.
Las paradas se sucedían y la retórica era siempre la misma, únicamente variaba la respuesta; había gente que nos decía que no encontraríamos nada, otros que nos animaban a seguir buscando y luego los que nos facilitaban uno (o más) teléfonos de gente que tenía pisos para alquilar. Llegamos hasta el bar de Carlos Adsera, situado en un paisaje encantador. Un local con solera, lleno de fotos antiguas, forfaits de distintas estaciones nacionales y europeas.
En un rincón se amontonaban un montón de pares de esquís llenos de polvo, de esos que se usaban años ha. De bajada paramos un par de veces más y nos desviamos a la altura del xalet-refugi del C.E.C. Mi corazón se encogió un poco cuando lo ví cerrado y vallado. Más tarde sabríamos que unas obras habían provocado una brecha, tanto en el edificio como en la capilla adyacente, que se encontraba apuntalada.
Nos dirigimos a Puigcerdà para buscar el Hotel Alfonso, una pensión que nos habían aconsejado varias personas por la atención que el sr. Alfonso brinda a los que entran por la puerta. Preguntamos precios, tanto allí como en varios sitios más, llegando a la conclusión que el primero era el más económico y el de mejor trato. Aviso: no intentéis comprar gran cosa en Puigcerdà los lunes. ¡¡Lo encontrareis todo cerrado!!
Con unos cuantos telefonos apuntados nos volvimos hacia Alàs, para hacer las llamadas oportunas, preparar la última cena en casa de Sinda y despedirnos formalmente de Campanetes.En estos momentos finalizo esta crónica desde Ger, conectado por fin a la red virtual de Internet, después de muchos días ausente.
Mañana empezamos a trabajar, con la duda a estas horas de no saber donde pasaremos la noche y deseando ver pisos donde resguardarnos de las precipitaciones y el frío invierno que estamos teniendo.No puedo asegurar cuando se va a escribir el siguiente capítulo de este diario, tendréis que estar atentos.