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Habana Vieja (Cuba) I. Segunda parte.
Escribe: Cosmos99
Plaza Vieja - Calle Marcaderes (hasta Obispo).
La Plaza Vieja y calle Mercaderes entre Teniente Rey y Obispo.
La Habana, Cuba — martes, 23 de febrero de 2010
Plaza Vieja
Ordenada su creación en 1587, no es hasta la segunda mitad del siglo XVII que cobró auge. Llamada inicialmente Plaza Nueva, se cambió por el actual al construirse la del Cristo.
A fines del siglo XVII era Plaza Mayor, sitio fundamental del comercio y área residencial de la élite criolla hasta el siglo XVIII. En 1835 se terminó en su centro el monumental Mercado de Cristina, en honor a la reina, sustituido en 1908 por un parque y luego por un aparcamiento semisoterrado.
La plaza, después de su restauración, recuperó su nivel de pavimentación original. Está centrada por una fuente de mármol de Carrara, interpretación de la que antaño se encontrara en este sitio, lo cual contribuye a rescatar su encanto inicial, y la rodean hermosas edificaciones de alto valor patrimonial, para conformar el conjunto más armónico de la antigua ciudad.
No olvidar que la Plaza Vieja queda delimitada por las calles Mercaderes y San Ignacio (paralelas entre sí y a la Calle de Los Oficios) y Teniente Rey y Muralla, perpendiculares a Oficios y por tanto, a las otras dos. Andando por la explanada sin rumbo fijo, dejando que la vista corra de un lado a otro, admirando las palomas que alegran aun más el escenario, nos sorprende un olor embriagador, tibio, penetrante. Es la esquina de Muralla y Mercaderes y allí está el café "El Escorial", pero su historia es más larga y al mismo tiempo, interesante. La antigua mansión de la familia Franchi Alfaro, también conocida como la "Casa de los Marqueses de la Real Proclamación", ha vuelto a ser intervenida por los especialistas de la Oficina del Historiador. Remozada en el presente, mantiene la misma función que se le otorgó en la década del 80. En planta baja, el local que ocupa el café "El Escorial" reanima este sitio y engalana el edificio, destinado a vivienda.
Se conoce que a mediados del siglo XVII pertenecía al Capitán Martín Sotomayor. En las primeras décadas del XVIII contaba con dos plantas de altura y varias accesorias, estando en poder del Capitán Francisco de la Parra. Hacia 1751 comenzó su reconstrucción. A finales de este siglo la adquiere D. Francisco Franchi Alfaro y Ponte para utilizarla como su vivienda, poseía el título de Segundo Marqués de la Real Proclamación, continuando en el siglo XIX en la sucesión de esta familia. De ahí que se le identifique con este nombre.
A mediados del propio siglo XIX sus techos de madera fueron sustituidos por los de azotea y a finales de esta centuria, el inmueble fue comprado en su totalidad por el Sr. Pedro Manuel Bances y Miranda, quedando después en poder de sus descendientes. Contaba con disímiles accesorias destinadas a diferentes funciones.
Una vez llegado el siglo XX se reparó en su totalidad y sufren transformaciones sus fachadas por ambas calles. Por esta época, ocupó la planta baja en esquina y su entresuelo el Café-Restaurante "El Escorial", inaugurado en 1913 siendo propiedad de Ramón Gutiérrez. En 1919 se había convertido en vivienda de múltiples familias, manteniendo el comercio esquinero.
Su interior sufrió serias transformaciones con el decursar del tiempo. Esta edificación se restauró en 1987 para seguir desempeñando como vivienda, asumiendo desde entonces la estrategia de beneficiar a la población residente en este sitio y no hacer del centro histórico una ciudad muerta. Se mantuvo en planta baja la accesoria esquinera con un local destinado a comercio que ocupó entonces, hasta la actualidad, la Cafetería "La Plaza Vieja", la misma que ahora brinda un mejor confort, retomando el nombre que antaño tuvo: Café "El Escorial".
Me resulta grato contemplar el proceso de tostado y molino del grano, realizado en presencia de los clientes. La buena noticia es que además de ofrecer una casi interminable carta de cafés, también ofrecen el polvo para llevar, envuelto en el papel que desde antaño se utilizó para esos fines, nada de bolsas de nylon ni ningún otro material sintético, así se garantiza la fragancia del producto. En materia de café, lo prefiero solo, es decir, como sus propias letras lo indican: Caliente, Amargo, Fuerte y Escaso, y por descontado, delicioso. Sorprende comprobar, una vez más, que aun cuando haya calor, una taza de café con esas características produce una sensación de frescura y de reparación de fuerzas. No soy de recomendar mucho, sino de mostrar y de dejar que los demás escojan, mas esta vez hago la excepción: le vendrá muy bien un café en su recorrido por la Plaza Vieja.
Cuando se habla de la esquina de Mercaderes y Muralla se trata, por supuesto, de cuatro esquinas, incluida la del Escorial. Cruzamos en diagonal, y llegamos al actual Museo del Naipe. Un uso peculiar abriga hoy la antigua Casa de Arrate, situada en el corazón del Centro Histórico habanero y formando parte de la calle Muralla donde se levantaron los edificios más antiguos que rodean la Plaza Vieja. El Museo del Naipe ocupa la planta baja de la edificación, uso que comparte con vivienda en planta alta.
En esta instalación puede encontrar el visitante la más variada gama en formas, tamaños, color y nacionalidad de juegos de naipes, atrapando el interés de todos los apasionados por el juego de las barajas. En la segunda mitad del siglo XVIII perteneció esta modesta residencia colonial a la familia Arrate y Acosta, el propio Don Martín Félix de Arrate, uno de nuestros primeros historiadores vivió aquí, es por esto que hasta el presente se le identifique por su nombre. Durante el siglo XIX fue habitada por importantes personalidades de la sociedad habanera de la época. La edificación se fue transformando y albergó en su interior diversas funciones, por esto llegó a nuestros días con cierta tendencia neoclásica en su apariencia exterior.
La Plaza Vieja da para toda una mañana, incluyendo una comida en la taberna donde se sirve cerveza recién fabricada en un alambique a la vista de todos. Allí hay que llegar temprano pues siempre está lleno, y la demanda crece. Así que enrumbo por la calle Mercaderes en busca de la de Obispo. Y me encuentro no más haber andado unos metros, con un lugar de ensueño: El Mesón de la Flota. El local, cuidadosamente diseñado, evoca las tradiciones de las tabernas españolas que existieron en la otrora villa de San Cristóbal durante la colonia, su ambiente se encuentra animado con simbología de la marinería, réplicas de navíos antiguos y banderas del código marítimo de señales. En el magnífico parador se degustan exquisitos platos, las muy renombradas tapas españolas, un amplio surtido de vinos internacionales y postres criollos y españoles. Su peculiar encanto se lo imprime la actuación en vivo de músicos y bailarines de la música flamenca, muy gustada en nuestro país.
El edificio que llegó a nuestros días corresponde a la tipología doméstico civil, por estar destinado a cumplir una doble función, comercio en planta baja -local que luego se vio ocupado por un almacén- y planta alta destinada a vivienda. Con el paso del tiempo sufrió un alto grado de deterioro. En los años 90 fue rehabilitado, manteniendo su animada vida hasta el presente.
Este lugar, en correspondencia con su glamour, resulta desde mi punto de vista más adecuado para un paseo nocturno. En el tiempo que me detuve allí "disfruté" de una sesión de canto flamenco interpretados por músicos que más bien parecían roqueros. Esto, unido a un dudoso sentimiento en la interpretación, me llevó a la conclusión de que resulta algo ilegítimo el espectáculo. Atribuyamos la discordancia al hecho de que los artistas mejores son reservados para las horas de la noche, y sonriamos pues, que andamos de paseo, ¿Vale?
Museo del chocolate (Mercaderes y Amargura):
En la célebre Casa de la Cruz Verde, otrora residencia de los Condes de Lagunilla, y punto de partida de la procesión del Santo Vía Crucis, radica desde noviembre del año 2003 el Museo del Chocolate.
La restauración de este inmueble marcó el inicio del proyecto Brujas, iniciativa de cooperación entre Cuba y Bélgica, a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que incluye la rehabilitación de 64 viviendas para familias del Centro Histórico de La Habana.
Inspirado en el Museo de la Plaza Real de Bruselas, en Bélgica, y nacido gracias al apoyo de madame Jo Draps, su directora, la institución patrimonial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana propone un recorrido por la historia del cacao, su cultivo, producción y comercialización.
En paneles colocados en las salas del museo se exponen textos con la historia del chocolate desde su descubrimiento por los españoles en América y su uso por los pobladores antes de la colonización europea, además de carteles de diferentes épocas de afamadas industrias y firmas chocolateras extranjeras y cubanas.
La muestra permanente exhibe una colección de tazas chocolateras de porcelana, procedentes de Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia, exponentes de la variedad de diseños de esos utensilios entre los siglos XIX y XX. Entre ellos, se distingue una taza bigotera francesa, con la cual los caballeros bebían el delicioso líquido sin mojar sus bigotes.
Moldes de baquelita y un envase para confituras, donados por el Museo de la Plaza Real de Bruselas, enriquecen la colección conformada también por chocolateras de cerámica ordinaria, cazuelas, cántaros y tazones de loza inglesa hallados en excavaciones arqueológicas del Centro Histórico, que evidencian la presencia de ese tipo de artículos en los entornos domésticos y religiosos habaneros de los siglos XVIII y XIX.
En el Museo del Chocolate el visitante puede apreciar las técnicas aplicadas para la fabricación artesanal de bombones, o degustar la exquisita bebida preparada de la manera tradicional o según la elaboraban los aztecas. Yo disfruto de un vaso de chocolate frío, exquisito, e igual lo recomiendo, pues no se debe olvidar que hay que ir recuperando las energías de continuo, y esta bebida aporta calorías en grado sumo.
Restaurante "La Torre de Marfil" (Mercaderes entre Obraría y Obispo)
Como bien anuncia su carta de presentación, en La Torre de Marfil todavía queda la sabiduría y la precisión con que aquellos primeros emigrantes cantoneses preparaban las comidas de sus días de fiesta hace más de 150 años.
A la cultura también se llega por los sentidos y es que con buen gusto se puede agradecer los magníficos platos ahumados en el lugar con carbón vegetal, el clásico pollo Tip Pan, la tradicional sopa china y en general, las recetas de la comida cantonesa para todo tipo de cliente.
Igual forman parte de su oferta, la presencia de los tonos rojos y dorados de la fiesta china y una delicada vajilla que adorna la comida servida en ocasiones por descendientes de aquellos chinos que llegaron a La Habana, primero como mano de obra barata, y luego como comerciantes.La parcela de terreno que ocupa, por su ubicación muy próxima al núcleo fundacional de la ciudad, debe haberse edificado desde época temprana.
El inmueble actual data del siglo XVIII, aunque sus evidencias aseveran transformaciones en los siglos XIX y XX.
Su uso doméstico alternó con el civil, al tener un establecimiento comercial en planta baja.
Se conoce que en 1918 esta estaba ocupada por la Ferretería La Numancia y su almacén.
Por esta fecha, su propietario Teodoro Carvajal, había solicitado Licencia a la Alcaldía Municipal para realizar modificaciones en esta casa.
Llegó a la actualidad sumida en el deterioro y la sobreexplotación familiar hasta que se recuperó en 1992, para acoger en planta baja al restaurante La Torre de Marfil, -hasta entonces en la parcela vecina- en tanto, los altos se destinaron a vivienda y residencia especial de la Oficina del Historiador. La Torre de Marfil, con el rescate de la cultura culinaria de esta región asiática, deviene cumplido a aquellos primeros chinos cuya entrada masiva se produjo a partir de 1847.
Según afirmaciones del doctor Juan Pérez de La Riva, estos llegaron a la Isla como parte de un experimento de la burguesía esclavista cubana para dar solución a la carencia de mano de obra en los ingenios, ya para entonces cara y escasa por las persecuciones inglesas a la trata de negros.
Ellos serían los primeros contratados o culíes, que trajeron consigo su idioma, sus costumbres, sus creencias y cultura en general, que aportaron un legado más a la nuestra.
Permanecen sus rasgos somáticos en la población cubana que pronto se mezcló, las frases hechas con su idiosincrasia, la confianza en su medicina, su participación en las guerras de independencia, y entre tantas otras, la preferencia por su comida ligera, variada y nutritiva que trascendió los límites de un "chinatown" o las fórmulas de los chinos que luego vinieran de California, para revelarse -desde entonces y para siempre- en cada hogar cubano.
En esa misma manzana, la casa-museo de Asia testimonia un importante pasado arquitectónico que entremezcla elementos constructivos originales con su función doméstica y su rica historia familiar. Construida desde 1688, su genealogía se asocia con apellidos de la aristocracia habanera como Castellón, Luque y Hermosilla.
En el siglo XX la propiedad deviene ciudadela con sus espacios deteriorados. En la década de los 90 se inician los trabajos de restauración y rehabilitación, luego de los cuales el inmueble sería identificado como casa-museo de Asia en 1997.
La institución evoca, mediante su programa sociocultural, los vínculos históricos, culturales y comerciales que distinguieron las relaciones de Cuba con el Oriente desde el siglo XVII, y se consolidaron a mediados del XIX y el XX con la inmigración y permanencia de las comunidades chinas y japonesas primero, y otras de origen asiático después.
Un recorrido por las salas de exposiciones permanentes de la Casa de Asia, muestra al Galeón de Manila surcando las aguas del Océano Pacífico cargado de exóticas mercaderías; suntuosos objetos destinados a enriquecer las arcas de la metrópoli española, que dejaron su impronta en Cuba y específicamente en la ciudad, al ser el puerto de La Habana punto obligado de reunión de la flota que custodiaba y trasladaba las grandes riquezas a España.
Seguimos por la calle Mercaderes, reitero, buscando a Obispo. Muy cercanas, dos opciones curiosas: un mercado de especias y otro de productos del Oriente.Así mismo: una ruta de las especias se abrió en la Habana Vieja con la inauguración de la tienda Marco Polo.
A los conocidos condimentos se unen otros más exóticos que se incorporarán como aromáticos ingredientes de los más diversos platos.
En el tentador establecimiento no falta el comino con su peculiar sabor, el orégano como complemento de las pastas, el pimentón cual excelente adobo para los embutidos y la albahaca de habitual uso en la cocina andaluza.
Especias menos empleadas en Cuba invitan a degustar platos de otras culturas.
Así, el curry incita a condimentar las carnes, el pescado y las ensaladas con esta mezcla de distintas especias como el clavo, la canela, el jengibre y la pimienta.
Guisos, cocidos y asados podrán aromatizarse con el eneldo de preferencia en las cocinas inglesa, alemana, hebrea y musulmana.
El estragón, con su penetrante sabor, traerá la influencia de los franceses que gustan emplearlo en sopas, tortillas, salsas, comidas braseadas y al horno.
Muy codiciado en el mundo, el azafrán se presenta como principal ingrediente del famoso Arroz amarillo de azafrán, plato preferido de los andaluces.
Entre las sugerencias de la tienda Marco Polo, la Saltimbocca alla romana sobresale como una de las recetas que requiere de la salvia.
En una salsa de vino tinto, se cuece la ternera con el jamón crudo y las hojas frescas de esta especia, también empleada en Italia para dar sabor a otros platos de carnes y aves.
Elemento esencial de muchas recetas chinas, el jengibre servirá de aderezo a galletas y panes.
Para agregar a los dulces la nueva tienda habanera propone el ajonjolí, el anís y la canela, esta última de uso indispensable en arroz con leche y en piezas de pastelería.
El clavo, por su parte, se integra a las galletas navideñas, compotas, mermeladas, papillas y pasteles.
Hierbas con propiedades medicinales ocupan espacio en las estanterías de la tienda Marco Polo. No lo olvide: Mercaderes 111 entre Obraría y Obispo.
La hierbabuena, complemento de los conocidos mojitos, nos descubre su uso medicinal en los problemas de digestión.
La manzanilla alivia los problemas gástricos y los dolores de cabeza; y la tila con su agradable fragancia se revela como un relajante muscular, además de ayudar a eliminar el insomnio, la migraña y las palpitaciones cardíacas.
Sin dudas, la nueva ruta de las especias otorga un especial aroma a la habanera calle Mercaderes.
De martes a sábado, de nueve de la mañana a cinco de la tarde, y los domingos, de nueve de la mañana a una de la tarde, abrirán las puertas del singular recinto.
Siguiendo los pasos del célebre aventurero, al caminante no le quedará otra alternativa que involucrarse en esta expedición culinaria.
Sin prisas y con las pausas necesarias llego a la esquina de Mercaderes y Obispo. Allí se levanta, fascinante, el Hotel "Ambos Mundos". Sólo él daría para un Diario, así que por el mismo continuará la siguiente parte de este recorrido por la Habana Vieja. Aun queda mucho por ver y comentar.
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Últimos comentarios
elisabethcarreraspaz dice:
Gracias por tu diario, recorri imaginariamente esos lugares.
Publicado
un viajero dice:
El paseo, gráfico y didáctico, el café excelente.
Gracias por él.
Publicado
dice:
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Cosmos99 dice:
Gracias a mis buenos amigos que me leen y me escriben. Les prometo que habrá más experiencias por relatar de esa maravillosa Habana Vieja, encanto y pasión de muchos.
Publicado
EvaLuna1 dice:
Muy bueno!
Deseo estar ya en Cuba,ojalá me alcance el tiempo y sobre todo el dinero para hacer todos los recorridos.
Sueño con cantar al compás de una guitarra de la cual se desprenden melodías de la buena trova.
Publicado
Magui_arg dice:
Un relato completísimo y de excelente calidad, pude pasear a tu lado por los distintos lugares que describiste, tomé un rico café recien molido, degusté un sabroso chocolate, y hasta percibí el aroma de las distintas hierbas y especias que nombras! Realmente un encantador paseo, por lugares con mucha historia y colorido!
Espero la continuación del paseo! (Mientras tanto tomaré un mojito a tu salud! Te mando un besito
Publicado
babydollspain dice:
Eugenio, un placer auténtico degustar esta Habana de olores y sabores que muestras!!
Gracias.
Publicado
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