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Cuba, ¿es que acaso existe el "Hombre Nuevo"?
Escribe: Alcione2
Entre Enero y Febrero de 2010, estube viajando 31 días por Cuba, interesado en conocer esa sociedad y ese pueblo tan distintos, alojándome siempre entre familias cubanas, a veces saliéndome de los circuítos turísticos y con suficiente tiempo para compartir con los cubanos; y puedo decir que no importan los prejuicios, o las ideas verdaderas o falsas que uno tenga: Cuba siempre te va a sorprender, si buscas conocer la vida de su gente y mantienes los sentidos alerta para conocer otro mundo.
Como Hemingway, pero sobrio
La Habana, Cuba — sábado, 17 de julio de 2010
La Habana, son una verdadera institución. Quizá el más lleno de tradiciones sea la “Bodeguita del Medio”, un lugar al que no se puede dejar de ir, pero no por que los sitios y personas interesadas en el turismo lo digan, si no por el historial de personajes que cuenta en su haber, y que se pueden encontrar en su interior. El escritor Ernest Hemingway acudía a ese lugar y se tomaba todo lo que había, era una cosa terrible, pero por alguna extraña razón, su borrachera terminaba inspirándolo (usted no lo haga), y por eso se lo perdonaba. Elogió mucho los “mojitos” que se preparan allí, y esto hizo famosa a la Bodeguita; desde entonces, no han parado de ir figuras de todo tipo: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Salvador Allende, Joan Manuel Serrat, Gabriel García Márquez, Joaquín Sabina, todos han ido a probar el famoso mojito.
Las paredes están llenas con las fotos de los personajes famosos, están las sillas que ocuparon Nat King Cole y otro que no me acuerdo, en fin, es un lugar que siempre está repleto de gente. Pero tuve suerte y estuve un rato solo con el barman del segundo piso, un tipo que tiene mil historias en los 14 años que lleva atendiendo ahí, así que conversamos bastante; entre otras cosas, me ayudó a ubicar la foto de Salvador Allende, que pasó más tiempo con los obreros de la cocina que tomando alcohol.
Cuando le pregunté por los famosos a los que había atendido, el primero que se le vino a la cabeza fue Robert Plant, cantante de Led Zeppelin; después me nombró a Arjona, Sabina, Serrat; a Victoria April, que llegó drogada y armó un gran escándalo, al presidente de Guatemala que nadie reconoció y que exigía un trato especial… hablamos también de la situación de Chile, ya que todos los cubanos tienen una excelente imagen de mi país, no se imaginan las cosas que pasan; también hablamos de otros países del continente, me dijo que le había llamado mucho la atención el cambio drástico de los argentinos después de la crisis económica. Aproveché de pedirle que me sacara una foto, ya que es tan buena onda… Después fui a estampar mi firma en la pared del local, en algún lugar que quedara disponible.
Continuaba sobrio. En el museo del Chocolate venden chocolate de verdad; lo mejor es que, si el cacao ha sido cultivado en Cuba, es una garantía de que no es chocolate transgénico; en ese museo uno se puede dar cuenta de que esa cosa también es como una droga, sube mucho el ánimo, creo que también inspira (Hemingway debió comer más de esto y beber menos de aquello, y no le hubiera dado cirrosis), y así se entiende mejor por qué, si al principio era amargo, le gustaba tanto a los aztecas y cayó tan bien en Europa. También hay un museo del Ron, donde explican cómo se hace; no me gusta mucho el ron, pero al final, con el único objetivo de que te vuelvas un ebrio peor que Hemingway, te dan a “probar” un ron añejado de 7 años, que no sé de donde lo sacan, debe ser el diablo el que lo añejó, pero es como un licor de chocolate (no me estaba confundiendo con el museo anterior), que explica la fama de ese licor tan mediocre. Para el que toma los añejados es un deleite, pero los demás son puras monerías, los demás toman ron mediocre por copiar o de puro borrachos. Menos mal que el ron bueno es caro, si no todos terminaríamos "inspirándonos".
El museo que más me gustó fue el de la Fábrica de Tabacos Partagás. Allí se puede ver todo el proceso real, en vivo y en directo, desde que llega la hoja hasta que sale el Habano empaquetado. Como la producción de Habanos es estatal, allí se produce para las distintas marcas, según las variedades de plantas, el tiempo de añejado, etc. Todo se hace completamente a mano, todo es natural, todo artesanal; uno a uno se van produciendo cada uno de los Habanos, que pasan por unas 6 o 7 manos antes de llegar a estar listo para el empaque.
Es complicado el horario, por que los señoritos trabajadores laboran un rato no más. Existen distintos niveles de operarios, algunos pueden llegar a producir 80 habanos buenos, pero otros pueden llegar a 160 habanos excelentes por día; y a esos, que producen más del doble, que tienen más experiencia y más años de trabajo, sólo se les paga un poco más. Y creo que si se les pagara más del doble o mucho más, se formarían clases dentro de la empresa y no existiría el ambiente jocoso casi indescriptible que hay entre los trabajadores, que trabajan duro, pero se gritan cosas de un lado a otro, o los que deben andar caminando por la fábrica mandan mensajes, parece que todos se conocieran con todos, cuando la guía (no sé cómo una persona puede conocer a tanta gente) entraba a un lugar, las bromas entre obreros duraban más que sus explicaciones.
Al frente está el Capitolio, que también lo visité. Es una copia del que existe en Washington, lo hicieron en una época en que Cuba quería ser como Estados Unidos, e incluso habían grupos que querían que fuera un estado de ese país, igual que Puerto Rico. Ahí se nota el derroche que hacían las clases altas a principios del siglo XX, mientras el resto de la población vivía en la semiesclavitud. Adentro todo es solemne, todo es lujo, todo es grande. Fue un insulto a la sociedad cubana de aquella época, pero los mismos pobres estaban contentos de que su país tuviera un edificio como ese, construido con el sacrificio de casi todos para el disfrute de unos pocos.
En los alrededores del parque habían niños jugando béisbol, pero también, en la vereda de atrás del capitolio, habían otros jugando fútbol con los pies, sí, el mismo que juegan los niños de Sudamérica. Está cobrando popularidad este deporte; de curiosidad me quedé observando, para ver cómo son los cubanos cuando juegan con los pies, y son bastante buenos.
Mientras tanto, salían los trabajadores del capitolio esquivando la pelota; eran varios, no sé que oficinas habría allí, me parece que es un museo nada más, aparte de las salas que ahora se usan para exposiciones artísticas y el cibercafé que atiende hasta las 5 de la tarde. A las 5 y cuarto salió el primero y se puso a observar el partido de fútbol, me hizo unos comentarios (no me conoce) relacionados con el lisiado que hacía de árbitro; otros fueron saliendo y pasó lo inevitable, se formó el grupito que se pone a bromear en la forma un tanto escandalosa en que lo hacen los cubanos, totalmente despreocupados de que la cuadra se entere de los chistes de su trabajo. Al igual que los trabajadores administrativos que vi salir del puerto, o los de la empresa de telecomunicaciones, ellos se visten bien, se parecen, no sólo en la ropa, si no también en el estilo, y muchas veces también en el promedio del color de la piel, a un grupo de profesionales de clase media chilenos. Como en tantos otros trabajos que he visto, afuera los esperaba el bus de la empresa para llevarlos a sus casas. La última que salió llegó preguntando a qué hora era la fiesta (y era un día lunes).
Cerca de allí está el Barrio Chino, del que ya les hablé en un capítulo anterior. Pero ahora voy a complementar un poco. Sucede que es un espacio que se ha dejado a la iniciativa de empresarios privados; entonces, los locales tienen que competir por los clientes. Por eso las mujeres que atienden allí tienen que ser muy cariñosas si el cliente se los pide, para que acepte volver. La situación se presta para cualquier cosa. En los restaurantes de los hoteles se puede ver a los extranjeros acompañados de una cubana; la naturalidad de la personalidad de los cubanos hace posible que las parejas de “extranjero-prostituta” se paseen por la ciudad sin ningún inconveniente. Todo eso contribuye a que la prostitución sea tan vistosa. Esta situación contrasta con el hecho de que no se ven tantas parejas de cubanos jóvenes en las calles. Es muy raro ver una pareja de adolescentes cubanos.
Fui al Parque Lennon (también hay un Parque Lenin), más que nada para conocer otro barrio. Allí está la estatua de John, el de los Beattles, sentado en un banco de la plaza, conversando con una persona imaginaria, después de fumarse quizá que cosa. En el camino hacia allá, vi a un grupo de niños en una plaza practicando una marcha mezclada con gritos que parecían de guerra. Como me estaba alojando al lado de un colegio, a la mañana los había escuchado en la formación gritar algo en nombre de la Revolución. Para los cubanos que apoyan la Revolución, gritar eso es como si los alumnos sudamericanos gritaran algo en nombre de la República. Pero los niños de la plaza estaban gritando por Fidel y por Raúl, estaban gritando por seres vivos, por personas y no por ideas o instituciones. Yo sabía que podía ver eso si venía a Cuba, pero de todas formas es chocante, para mí es inaceptable, es de lo peor que he visto aquí. En esto, los cubanos retroceden a la época de los clanes y las tribus, cuando se confiaba en las capacidades del líder guerrero para que el grupo sobreviviera.
También hice una especie de excursión a la sede del Partido Socialdemócrata cubano, un partido de oposición al régimen de Fidel y Raúl Castro. Queda dentro de la ciudad de La Habana, pero está alejado de los lugares turísticos. Así tuve la oportunidad de conocer otro barrio, los Altos de El Vedado. En muchas esquinas de La Habana hay basureros grandes, que son como containers de basura que son retirados a cierta hora. Tienen pintado el nombre de la calle donde están; pero el que está en la esquina de la sede del Partido Socialdemócrata, no lleva escrito el nombre de la calle, si no las frases “fuera yanquis!”, y “abajo los payasos!”. Lo que pasa es que muchos opositores al gobierno reciben dinero de Estados Unidos, un país que se ha declarado oficialmente enemigo de Cuba. La casona que corresponde a la dirección del partido no tiene nada escrito por fuera, parece abandonada, la hierba crece a su alrededor.
En la esquina había un auto particular con dos señores adentro que tenían anteojos negros. Probablemente están ahí por el propio bien de los opositores, para evitar los linchamientos y el escándalo internacional que produciría ese linchamiento. No me atreví a sacar la cámara y tomar fotografías, por que me la podrían haber quitado. Me acordé de los niños gritando los nombres de Fidel y de Raúl. Me acordé de que aquí hay un gobierno que está, por lo menos, en un régimen especial. Así que no tengo fotos del lugar. La Policía Nacional Revolucionaria ya se había molestado por que le tomé una foto a un logo de su organización, aunque no me quitaron la cámara, simplemente hicieron sonar su silbato y me hicieron un gesto con el dedo (sin obscenidad).
Ese barrio es muy distinto de Habana Vieja y de Centro Habana. En Cuba, se puede decir que hay dos clases sociales, dejando de lado los turistas, los que vienen a hacer negocios, los extranjeros que trabajan en las embajadas o las empresas foráneas, que obviamente no manejan un auto Lada. Entre cubanos, como decía, hay dos clases sociales. Está la clase que tiene peor aspecto, por que no tienen acceso al Peso Convertible (al dólar), y que, al igual que todos, tienen acceso a la cartilla de racionamiento, que les alcanza para 10 o 15 días, y después, con su sueldo deben comprar lo que falta de alimentos para el resto del mes. Viven en la parte vieja de la Habana, en casas que han sido ocupadas, muchos son de familias que llegaron del campo y ocuparon edificios viejos de esas zonas. Sus casas tienen un pésimo aspecto, y en algunos casos tienen muy pocas cosas adentro, por que el sueldo no les alcanza para más. Es una lucha para ellos tratar de conseguir cosas para arreglar lo poco que tienen, para ir evitando que se les eche a perder la casa. Su gran problema es que no tienen acceso a los famosos Pesos Convertibles.
La otra clase social, es esa que se parece a la clase media de los países capitalistas, los que he visto salir del Capitolio, de los ministerios, del puerto, de las empresas de comunicaciones, y los que reciben importantes cantidades de dinero de sus familiares en el extranjero, o los que trabajan en el sector turismo; en una palabra, los que manejan alguna cantidad de “Pesos Convertibles”, se diferencian porque visten bien, no se visten con ropa americana. Pueden ir a comprar, con cierta frecuencia, a las tiendas que venden en esa moneda fuerte, y que venden ropa de calidad, e incluso, algo de ropa de marca internacional, y por eso se diferencian de los demás. También pueden tener acceso en esas tiendas a productos que no se consiguen en el mercado local, como helados Nestlé, restaurantes elegantes, cerveza importada…
Ahora las diferencias entre estas dos clases van a aumentar, por que se va a reformar el sistema de visas y van a poder viajar, y además, se están haciendo los últimos toques para instalar fibra óptica en la isla y así los cubanos van a poder tener Internet en sus casas. Hasta ahora, la conexión es por módem y se les ha dado preferencia a los médicos (que sí tienen Internet en sus casas) y a los colegios, hospitales, oficinas, etc.
En un país gobernado por quienes llegaron al poder para establecer la igualdad social, también es chocante ver estas diferencias. Hay muchos profesionales que se han involucrado en el sector turismo para tener acceso a esos famosos “Pesos Convertibles”, y no ejercen la profesión para la que estudiaron. Pero que quede claro, a estas dos clases no las separa un abismo ni mucho menos, están cerca una de otra, pero el aspecto exterior sí es bien distinto.
He visto un Mall en Cuba, sí señor, donde está aquello que muchos cubanos anhelan, algo distinto, y aunque no siempre las cosas sean de mejor calidad, siempre, siempre son cosas más bonitas. Allí quieren ir a pasear con la familia, allí van con la novia. Allí van a mostrarse. Los que no tienen pesos convertibles, desean tenerlos para tener acceso a todas esas cosas.
Le gente se queja: la ropa de bebé cubana no dura para nada, son ropa fea, no pueden comer esos dulces ricos que se compran con los pesos convertibles, quieren ir a esos lugares, comprarse buenos zapatos, tener un DVD… ¿se los puede culpar de querer esas cosas? Sí se los puede culpar; si cuando se mueran todos los líderes que hicieron la Revolución, en vez de aprovechar la preciosa, la invalorable oportunidad que tendrían de establecer una democracia mil veces mejor que la que tienen los demás países (una democracia sin dinero de por medio), si además de establecer la libertad de prensa y de organización, y en vez de seguir intentando solucionar sus problemas racionalmente y poco a poco, se abandonan, se entregan a la creación de las condiciones económicas y sociales que multipliquen la ropa de marca y los espejitos de colores, entonces sí se los podrá culpar a ellos, al pueblo cubano, de haber olvidado sus victorias y echado a perder lo valioso que tenían.
En el próximo capítulo, el último día de la estadía en La Habana y el viaje a Santiago de Cuba.
Opiniones:
| Servicio | |
| Comida | |
| Ambiente | |
| Precio/calidad |
La Bodeguita del Medio
Comida: Comida Autóctona en La Habana, Cuba
Gran ambiente; los que atienden son todos cosmopolitas. En reiteradas ocaciones, hay música en vivo con participación ciudadana. Los precios son un poco elevados, pero no tanto como sería de esperar siendo el bar más buscado de Cuba. Si se va en grupos, hay que reservar con anticipación.
Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Entretenimiento, Ocasiones especiales
Plato sugerido: El Mojito
| Servicio | |
| Ubicación | |
| Limpieza | |
| Precio/calidad |
Ana Colonial House
Alojamiento: Casa en La Habana, Cuba
Grato ambiente, piezas independientes con baño privado, televisión y aire acondicionado. En el centro mismo de Habana Centro. Las personas que viven allí son cordiales, y tienen muchos contactos que pueden servir en otras ciudades del país. Calle Concordia 760 entre Aramburu y Hospital Teléfono 870 7181 Habana Centro, La Habana
Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos
| Calificación general |
Museo Del Ron
Actividades: Museo en La Habana, Cuba
Agradable explicación de todo lo relacionado con la elaboración de la bebida más famosa de Cuba.
Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos
| Calificación general |
Real Fábrica de Tabacos Partagás
Actividades: Lugar de Interés en La Habana, Cuba
Excelente forma de conocer todo lo relacionado con los Habanos cubanos. Imperdible para conocer la cultura del trabajo que existe en Cuba.
Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas, Grupos
| Servicio | |
| Comida | |
| Ambiente | |
| Precio/calidad |
Museo del Chocolate
Comida: Panadería/Repostería en La Habana, Cuba
La muestra sobre historia del chocolate y sobre cómo se prepara, no es tan extensa, pero el chocolate que sirven es riquísimo y hay una gran variedad.
Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Cocina local, Buena vista
Plato sugerido: Chocolate caliente
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Publicado |
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Últimos comentarios
Graveran dice:
5*
Publicado
argonauta2006 dice:
Salud Compañero!!!
con Habana 7
Publicado
excursio dice:
buenisimos tus relatos con vivencias semejantes a las que he vivido casi en la misma fecha, le agregaria: durante el horario escolar es imposible ver un niño en la calle.
Publicado
Rubendario14 dice:
Perfecto relato.
Felicitaciones.
Publicado
campurriano dice:
Que buena ruta hiciste....je,je.
Como siempre maravilloso como lo cuentas....
Publicado
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En la entrada del Callejón Hamel, se encuentra esta obra llamada "Suspenso", que muestra las asignaturas que todos los...
Capítulos de este diario
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Habana la jóven, desde adentro
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El miedo es la clave
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Como Hemingway, pero sobrio
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